Muchas instituciones religiosas siguen enseñando la existencia del infierno tradicional, como lugar o estado donde los pecadores impenitentes son condenados a sufrir por toda la eternidad. Esto implica lo siguiente:
En vista de estas implicaciones, es natural sentir que el castigo del infierno tradicional es por lo menos una reacción cruel y desmesurada, muy contraria a lo que se espera de un Dios amoroso. Por eso, conviene preguntarse: ¿Habla la Biblia de una divinidad cruel o de un Dios amoroso?
A través de sus páginas, la Biblia nos descubre la personalidad de Dios. Muchas veces declara las cualidades de Dios de forma explícita. Todavía en más ocasiones nos revela cómo es Dios a través de sus actos y tratos con la humanidad. Y por último, se manifiesta de forma absoluta a través de la conducta de su Hijo (Juan 14:9).
Empecemos examinando las declaraciones directas sobre la personalidad de Dios.
¿Cuántos pasajes bíblicos califican a Dios como cruel?
… … … ninguno
¿Cuántos pasajes bíblicos califican a Dios como amoroso?
Muchísimos. Así lo comprobamos cuando leemos que Dios “es tardo a la cólera y rico en bondad” (Números 14:18); “que no deja de mostrar su bondad hacia los vivos y los muertos” (Rut 2:20); que “es bueno y ama a todos en el mundo” (Tito 3:4); que es “clemente y compasivo” (Deuteronomio 4:31; 2 Crónicas 30:9; Nehemías 9:31; Salmos 116:5); “lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad” (Éxodo 34:6; Nehemías 9:17; Salmos 86:15); “rico en misericordia” (Efesios 2:4); que tiene “inmensa ternura” (Samos 51:3; 69:17) y “amor eterno” (1 Crónicas 16:41; 2 Crónicas 5:13)… y así podríamos encontrar multitud de referencias directas al amor de Dios.
Todavía es más significativo descubrir como la personalidad de Dios es revelada por Sus tratos con la humanidad. ¿Existen relatos bíblicos que muestren que Dios es capaz de comportarse cruelmente con sus criaturas humanas?
Quienes enseñan el infierno tradicional presentan unos cuantos pasajes de las Escrituras para intentar probar las horribles consecuencias por desobedecer a Dios. Por ejemplo, uno de los más utilizados es Marcos 9:47-49, que dice: “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.”
Los defensores del infierno tradicional presentan este y otros textos similares como prueba irrefutable de que los desaprobados por Dios serán echados al infierno donde estarán quemándose por siempre. Si fuera así, estaríamos ante una decisión cruel por parte de Dios. Pero ¿De verdad dice eso? ¿Está diciendo el pasaje explícitamente, que en el infierno la gente está siempre quemándose? No, en ningún lugar dice eso. Esa afirmación eso es solo una de varias interpretaciones que se han dado.
Por otra parte, es importante notar que estamos ante un pasaje “oscuro”. Esto quiere decir que por sí solo carece de un significado claro. Por ejemplo, habla de ‘sacarse un ojo’ para no caer, o un ‘gusano que no muere’. Obviamente, estas expresiones necesitan una explicación porque por sí mismas no se entienden. Así que, nos encontramos ante un texto que se puede prestar a muchas y variadas interpretaciones; y por esta razón no es el mejor fundamento para establecer una verdad bíblica.
Por otra parte ¿Existen pasajes “claros” que demuestren la actitud misericordiosa de Dios? ¡Muchos! Un ejemplo muy ilustrativo es el siguiente pasaje que habla de la relación de Dios con los israelitas:
“Ni siquiera cuando se hicieron un becerro de metal fundido y dijeron: “Este es tu Dios que te sacó de Egipto”, y cometieron grandes blasfemias, tú, en tu gran compasión, no los abandonaste en el desierto […]
Ellos obraron con soberbia y no escucharon tus mandamientos, sino que pecaron contra tus ordenanzas […] Sin embargo, tú los soportaste por muchos años, y los amonestaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no prestaron oído.
Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras. Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo.” (Nehemías 9:18-19; 29-31)
¿Dice el texto que Dios es clemente y compasivo? ¡Sin lugar a dudas! Afirmar que este pasaje está diciendo que “Dios es clemente y compasivo” no es una interpretación, es mencionar justo lo que está diciendo. Además, precisamente ese es el sentido del texto: Se está confesando los graves pecados de Israel; y después de ejercer gran paciencia, Dios los castigó dejando que fueran conquistados por otros pueblos; pero no los abandonó ¿Por qué? Precisamente este es el mensaje que quiere transmitir: Porque Dios es clemente y compasivo. Esta reacción desmiente la actitud inmisericorde que a Dios se le supone según la enseñanza del infierno tradicional.
Insistimos: Decir que “Dios es clemente y compasivo” no es una interpretación; es sencillamente reconocer lo que el pasaje está diciendo, tanto explícita como implícitamente. A diferencia del pasaje de Marcos, aquí estamos ante un pasaje muy “claro”, que utiliza términos exactos e inequívocos, que no ofrecen ninguna duda en su significado. Debido a la pureza del sentido, este texto contribuye a fundamentar una verdad bíblica: Dios es amor. (1 Juan 4:8)
Pero una verdad no se fundamenta en un único texto o pasaje, sino que ha de ser evidente por toda la Biblia. Por eso, es destacable la abundancia de pasajes “claros” donde de manera explícita e implícita presentan el amor y la misericordia cómo rasgos intrínsecos e invariables de Dios. A continuación, algunos de los más representativos:
La indulgencia a Manasés
Manasés, un rey que por muchos años pecó gravemente contra Dios: hizo altares en Jerusalén a dioses falsos, adoró a los cuerpos celestes, practicó la hechicería, la adivinación, la brujería y trató con médium y espiritistas; incluso, hizo pasar por el fuego a sus hijos; “ofendió tanto al Señor, que provocó su indignación” (2 Crónicas 33:2-7). Pero después que Dios lo castigara, Manasés “imploró al Señor su Dios, y se humilló grandemente”. Y “Dios se conmovió por su ruego, oyó su súplica y lo trajo de nuevo a Jerusalén” (2 Crónicas 33:12-13) Notemos que “Dios se conmovió por su ruego”, a pesar de sus muchas y grandes ofensas contra Dios. Una muestra de la indulgencia de Dios aún con aquellos que pecan gravemente contra Él.
La clemencia con Nínive
Debido a la maldad que existía, Dios tuvo el propósito de arrasar a la gran ciudad de Nínive (Jonás 1:2). Sin embargo, “Al ver Dios […] cómo se habían convertido de su mala conducta, tuvo compasión de ellos y no llevó a cabo el mal con el que los había amenazado” (Jonás 3:10)
Un ejemplo significativo de la clemencia y compasión de Dios. Mediante su profeta, Dios les anunció la inminente destrucción; pero como dijo Jonás: “tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas” (Jonás 4:2); o como dijo el profeta Joel: “él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal.” (Joel 2:13)
El amor de Dios supera al de cualquier padre humano
Dios nos dotó con la facultad de amar, y cuando hablamos de amar, frecuentemente se tomamos como modelo el amor que los padres tienen a sus hijos. Apoyándose en esta experiencia, Jesús nos da esta enseñanza:
“¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13)
Jesús enseñó que sólo a Dios se le puede llamar Bueno (Marcos 10:18) Entendemos entonces que, comparativamente a los padres humanos se les califique como “malos”. De esto extraemos una importante lección: El amor paternal de Dios está muy por encima del que puede experimentar cualquier padre humano.
Ahora pensemos: ¿A qué padre normal se le ocurriría infringir un castigo de sufrimiento eterno, por muy depravada que haya sido la conducta del hijo? Si el amor de padres comparativamente “malos” les impide siquiera contemplar ese castigo ¿Cómo podemos imaginarle a nuestro Buen Padre celestial realizar semejante acción a cualquiera de sus hijos?
El paralítico de Betzatá
Veamos otro caso donde, de un modo muy perceptible se muestra la compasión de Jesús. Se trata de la curación del paralítico de Betzatá:
Se encontraba un hombre inválido que llevaba enfermo treinta y ocho años. “Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo: ‘¿Quieres ser sano?’” Cuando el enfermo le respondió, “Jesús le dijo: ‘Levántate, toma tu camilla y anda.’ Al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y comenzó a andar.”
“Después de esto Jesús lo halló en el templo y le dijo: ‘Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor.’” (Juan 5:5-9; 14)
Antes de considerar este relato, es conveniente notar que, casi todos los milagros registrados en los evangelios, Jesús los hizo previa solicitud del propio enfermo o de sus familiares o amigos. Pero en este caso no. Este paralítico no le pidió que lo curara; de hecho, ni siquiera sabía que se trataba de Jesús. Fue cuando se enteró del mucho tiempo que llevaba paralítico, que Jesús tomo la iniciativa y le curó. ¿Qué le motivó a hacerlo? La compasión. Jesús no pudo tolerar la idea de que ese hombre siguiera en tal lamentable situación después de tanto tiempo.
Ahora pensemos: Si Jesucristo no soportó que ese hombre continuara afligido por su situación ¿Podemos concebir que Dios esté impasible ante el sufrimiento eterno de sus criaturas? Pero los defensores del infierno tradicional enseñan no sólo que Dios permite esa situación eternamente, sino que él lo ha decidido así ¿No es sencillamente aberrante atribuir a nuestro Buen Padre celestial semejante actuación?
Los que defienden el infierno tradicional, enseñan que es el merecido castigo para los pecadores impenitentes. Sin embargo, notemos que las palabras finales de Jesús denotan que la enfermedad del hombre fue provocada precisamente por haber practicado el pecado: “no peques más, para que no te suceda algo peor”. El que el hombre practicara el pecado no impidió a Jesús compadecerse de él, sacándole del sufrimiento que durante tanto tiempo estaba experimentado.
El supremo acto de amor por la humanidad
Y tenemos el más grande ejemplo del amor de Dios por toda la humanidad:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16) Es tanto el amor que Dios siente por la humanidad, que demostró “su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8)
A fin de poder rescatar de la muerte a la humanidad obediente, Dios hizo un sacrificio que la mayoría de los padres no estarían dispuestos a hacer. Se separó de su Hijo unigénito para que viviera como hombre; y probándose fiel y sin pecado, se dejara asesinar en una muerte redentora. El motivo de este gran sacrificio no fue otro que el gran amor que tuvo por todo el mundo. Sí, tan grande es el amor que Dios siente por nosotros.
Amar a Dios con todo el corazón
Los relatos bíblicos considerados tan solo son unos pocos ejemplos donde, sin ningún género de duda, se percibe la personalidad amorosa y compasiva de Dios. Después de considerarlos, se podría calificar de aberrante blasfemia siquiera insinuar que Dios decida y mantenga un lugar o estado, donde sus criaturas sufran por los siglos de los siglos sin posibilidad de remisión. Pero aparte de aberrante, la enseñanza del infierno tradicional es a toda luz contradictoria al más básico sentido común que Dios nos ha proporcionado. Para verlo, examinemos una declaración de Jesús, que con toda propiedad podríamos calificar como la esencia del cristianismo:
Cuando alguien le preguntó a Jesús cuál es el gran mandamiento de la Ley, Jesús contestó: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento.” (Mateo 22:27-38)
El amor es un sentimiento personal libre y espontáneo; y amar a alguien con todo el corazón y mente significa amarle sin reservas y sin temor. Solo podemos amar a Dios cuando lo conocemos y nos sentimos atraídos por Su amorosa personalidad; algo absolutamente imposible si existiera un infierno de sufrimiento eterno, donde además, probablemente estarían algunos de nuestros familiares y conocidos.
Conclusión
Considerándolo todo, la Biblia presenta claras y abundantes muestras del carácter amoroso y benévolo de Dios; y por supuesto, no se encuentra ningún señal que, siquiera remotamente, haga pensar en un dios vengativo y cruel capaz de enviar a sus criaturas a una situación de eterno sufrimiento.
Por eso, estamos ante una gran difamación inspirada y extendida por el padre de la mentira, el diablo (Juan 8:44); cuyo propósito es impedir que conozcamos realmente a Dios; Quien está ‘cercano de los quebrantados de corazón’ (Salmos 34:14), ‘sanando sus heridas’ (Salmos 147:3); que no quiere “que ninguno perezca” (2 Pedro 3:9). Sí, el Único que merece que le amemos con todo nuestro corazón, alma y mente.
- Dios tomó la decisión irrevocable de infringir sufrimiento a sus hijos desobedientes.
- Si se concibe el infierno como tormento físico, significaría que Dios ha de transformar la naturaleza física de los condenados, de manera que experimenten continuamente el dolor del fuego pero sin llegar a morir; es decir, Dios les privaría de la muerte como única salida a su eterna angustia.
- Sin importar el tiempo transcurrido, Dios jamás intervendrá para evitar el sufrimiento de sus propias criaturas.
En vista de estas implicaciones, es natural sentir que el castigo del infierno tradicional es por lo menos una reacción cruel y desmesurada, muy contraria a lo que se espera de un Dios amoroso. Por eso, conviene preguntarse: ¿Habla la Biblia de una divinidad cruel o de un Dios amoroso?
A través de sus páginas, la Biblia nos descubre la personalidad de Dios. Muchas veces declara las cualidades de Dios de forma explícita. Todavía en más ocasiones nos revela cómo es Dios a través de sus actos y tratos con la humanidad. Y por último, se manifiesta de forma absoluta a través de la conducta de su Hijo (Juan 14:9).
Empecemos examinando las declaraciones directas sobre la personalidad de Dios.
¿Cuántos pasajes bíblicos califican a Dios como cruel?
… … … ninguno
¿Cuántos pasajes bíblicos califican a Dios como amoroso?
Muchísimos. Así lo comprobamos cuando leemos que Dios “es tardo a la cólera y rico en bondad” (Números 14:18); “que no deja de mostrar su bondad hacia los vivos y los muertos” (Rut 2:20); que “es bueno y ama a todos en el mundo” (Tito 3:4); que es “clemente y compasivo” (Deuteronomio 4:31; 2 Crónicas 30:9; Nehemías 9:31; Salmos 116:5); “lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad” (Éxodo 34:6; Nehemías 9:17; Salmos 86:15); “rico en misericordia” (Efesios 2:4); que tiene “inmensa ternura” (Samos 51:3; 69:17) y “amor eterno” (1 Crónicas 16:41; 2 Crónicas 5:13)… y así podríamos encontrar multitud de referencias directas al amor de Dios.
Todavía es más significativo descubrir como la personalidad de Dios es revelada por Sus tratos con la humanidad. ¿Existen relatos bíblicos que muestren que Dios es capaz de comportarse cruelmente con sus criaturas humanas?
Quienes enseñan el infierno tradicional presentan unos cuantos pasajes de las Escrituras para intentar probar las horribles consecuencias por desobedecer a Dios. Por ejemplo, uno de los más utilizados es Marcos 9:47-49, que dice: “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.”
Los defensores del infierno tradicional presentan este y otros textos similares como prueba irrefutable de que los desaprobados por Dios serán echados al infierno donde estarán quemándose por siempre. Si fuera así, estaríamos ante una decisión cruel por parte de Dios. Pero ¿De verdad dice eso? ¿Está diciendo el pasaje explícitamente, que en el infierno la gente está siempre quemándose? No, en ningún lugar dice eso. Esa afirmación eso es solo una de varias interpretaciones que se han dado.
Por otra parte, es importante notar que estamos ante un pasaje “oscuro”. Esto quiere decir que por sí solo carece de un significado claro. Por ejemplo, habla de ‘sacarse un ojo’ para no caer, o un ‘gusano que no muere’. Obviamente, estas expresiones necesitan una explicación porque por sí mismas no se entienden. Así que, nos encontramos ante un texto que se puede prestar a muchas y variadas interpretaciones; y por esta razón no es el mejor fundamento para establecer una verdad bíblica.
Por otra parte ¿Existen pasajes “claros” que demuestren la actitud misericordiosa de Dios? ¡Muchos! Un ejemplo muy ilustrativo es el siguiente pasaje que habla de la relación de Dios con los israelitas:
“Ni siquiera cuando se hicieron un becerro de metal fundido y dijeron: “Este es tu Dios que te sacó de Egipto”, y cometieron grandes blasfemias, tú, en tu gran compasión, no los abandonaste en el desierto […]
Ellos obraron con soberbia y no escucharon tus mandamientos, sino que pecaron contra tus ordenanzas […] Sin embargo, tú los soportaste por muchos años, y los amonestaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no prestaron oído.
Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras. Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo.” (Nehemías 9:18-19; 29-31)
¿Dice el texto que Dios es clemente y compasivo? ¡Sin lugar a dudas! Afirmar que este pasaje está diciendo que “Dios es clemente y compasivo” no es una interpretación, es mencionar justo lo que está diciendo. Además, precisamente ese es el sentido del texto: Se está confesando los graves pecados de Israel; y después de ejercer gran paciencia, Dios los castigó dejando que fueran conquistados por otros pueblos; pero no los abandonó ¿Por qué? Precisamente este es el mensaje que quiere transmitir: Porque Dios es clemente y compasivo. Esta reacción desmiente la actitud inmisericorde que a Dios se le supone según la enseñanza del infierno tradicional.
Insistimos: Decir que “Dios es clemente y compasivo” no es una interpretación; es sencillamente reconocer lo que el pasaje está diciendo, tanto explícita como implícitamente. A diferencia del pasaje de Marcos, aquí estamos ante un pasaje muy “claro”, que utiliza términos exactos e inequívocos, que no ofrecen ninguna duda en su significado. Debido a la pureza del sentido, este texto contribuye a fundamentar una verdad bíblica: Dios es amor. (1 Juan 4:8)
Pero una verdad no se fundamenta en un único texto o pasaje, sino que ha de ser evidente por toda la Biblia. Por eso, es destacable la abundancia de pasajes “claros” donde de manera explícita e implícita presentan el amor y la misericordia cómo rasgos intrínsecos e invariables de Dios. A continuación, algunos de los más representativos:
La indulgencia a Manasés
Manasés, un rey que por muchos años pecó gravemente contra Dios: hizo altares en Jerusalén a dioses falsos, adoró a los cuerpos celestes, practicó la hechicería, la adivinación, la brujería y trató con médium y espiritistas; incluso, hizo pasar por el fuego a sus hijos; “ofendió tanto al Señor, que provocó su indignación” (2 Crónicas 33:2-7). Pero después que Dios lo castigara, Manasés “imploró al Señor su Dios, y se humilló grandemente”. Y “Dios se conmovió por su ruego, oyó su súplica y lo trajo de nuevo a Jerusalén” (2 Crónicas 33:12-13) Notemos que “Dios se conmovió por su ruego”, a pesar de sus muchas y grandes ofensas contra Dios. Una muestra de la indulgencia de Dios aún con aquellos que pecan gravemente contra Él.
La clemencia con Nínive
Debido a la maldad que existía, Dios tuvo el propósito de arrasar a la gran ciudad de Nínive (Jonás 1:2). Sin embargo, “Al ver Dios […] cómo se habían convertido de su mala conducta, tuvo compasión de ellos y no llevó a cabo el mal con el que los había amenazado” (Jonás 3:10)
Un ejemplo significativo de la clemencia y compasión de Dios. Mediante su profeta, Dios les anunció la inminente destrucción; pero como dijo Jonás: “tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas” (Jonás 4:2); o como dijo el profeta Joel: “él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal.” (Joel 2:13)
El amor de Dios supera al de cualquier padre humano
Dios nos dotó con la facultad de amar, y cuando hablamos de amar, frecuentemente se tomamos como modelo el amor que los padres tienen a sus hijos. Apoyándose en esta experiencia, Jesús nos da esta enseñanza:
“¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13)
Jesús enseñó que sólo a Dios se le puede llamar Bueno (Marcos 10:18) Entendemos entonces que, comparativamente a los padres humanos se les califique como “malos”. De esto extraemos una importante lección: El amor paternal de Dios está muy por encima del que puede experimentar cualquier padre humano.
Ahora pensemos: ¿A qué padre normal se le ocurriría infringir un castigo de sufrimiento eterno, por muy depravada que haya sido la conducta del hijo? Si el amor de padres comparativamente “malos” les impide siquiera contemplar ese castigo ¿Cómo podemos imaginarle a nuestro Buen Padre celestial realizar semejante acción a cualquiera de sus hijos?
El paralítico de Betzatá
Veamos otro caso donde, de un modo muy perceptible se muestra la compasión de Jesús. Se trata de la curación del paralítico de Betzatá:
Se encontraba un hombre inválido que llevaba enfermo treinta y ocho años. “Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo: ‘¿Quieres ser sano?’” Cuando el enfermo le respondió, “Jesús le dijo: ‘Levántate, toma tu camilla y anda.’ Al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y comenzó a andar.”
“Después de esto Jesús lo halló en el templo y le dijo: ‘Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor.’” (Juan 5:5-9; 14)
Antes de considerar este relato, es conveniente notar que, casi todos los milagros registrados en los evangelios, Jesús los hizo previa solicitud del propio enfermo o de sus familiares o amigos. Pero en este caso no. Este paralítico no le pidió que lo curara; de hecho, ni siquiera sabía que se trataba de Jesús. Fue cuando se enteró del mucho tiempo que llevaba paralítico, que Jesús tomo la iniciativa y le curó. ¿Qué le motivó a hacerlo? La compasión. Jesús no pudo tolerar la idea de que ese hombre siguiera en tal lamentable situación después de tanto tiempo.
Ahora pensemos: Si Jesucristo no soportó que ese hombre continuara afligido por su situación ¿Podemos concebir que Dios esté impasible ante el sufrimiento eterno de sus criaturas? Pero los defensores del infierno tradicional enseñan no sólo que Dios permite esa situación eternamente, sino que él lo ha decidido así ¿No es sencillamente aberrante atribuir a nuestro Buen Padre celestial semejante actuación?
Los que defienden el infierno tradicional, enseñan que es el merecido castigo para los pecadores impenitentes. Sin embargo, notemos que las palabras finales de Jesús denotan que la enfermedad del hombre fue provocada precisamente por haber practicado el pecado: “no peques más, para que no te suceda algo peor”. El que el hombre practicara el pecado no impidió a Jesús compadecerse de él, sacándole del sufrimiento que durante tanto tiempo estaba experimentado.
El supremo acto de amor por la humanidad
Y tenemos el más grande ejemplo del amor de Dios por toda la humanidad:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16) Es tanto el amor que Dios siente por la humanidad, que demostró “su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8)
A fin de poder rescatar de la muerte a la humanidad obediente, Dios hizo un sacrificio que la mayoría de los padres no estarían dispuestos a hacer. Se separó de su Hijo unigénito para que viviera como hombre; y probándose fiel y sin pecado, se dejara asesinar en una muerte redentora. El motivo de este gran sacrificio no fue otro que el gran amor que tuvo por todo el mundo. Sí, tan grande es el amor que Dios siente por nosotros.
Amar a Dios con todo el corazón
Los relatos bíblicos considerados tan solo son unos pocos ejemplos donde, sin ningún género de duda, se percibe la personalidad amorosa y compasiva de Dios. Después de considerarlos, se podría calificar de aberrante blasfemia siquiera insinuar que Dios decida y mantenga un lugar o estado, donde sus criaturas sufran por los siglos de los siglos sin posibilidad de remisión. Pero aparte de aberrante, la enseñanza del infierno tradicional es a toda luz contradictoria al más básico sentido común que Dios nos ha proporcionado. Para verlo, examinemos una declaración de Jesús, que con toda propiedad podríamos calificar como la esencia del cristianismo:
Cuando alguien le preguntó a Jesús cuál es el gran mandamiento de la Ley, Jesús contestó: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento.” (Mateo 22:27-38)
El amor es un sentimiento personal libre y espontáneo; y amar a alguien con todo el corazón y mente significa amarle sin reservas y sin temor. Solo podemos amar a Dios cuando lo conocemos y nos sentimos atraídos por Su amorosa personalidad; algo absolutamente imposible si existiera un infierno de sufrimiento eterno, donde además, probablemente estarían algunos de nuestros familiares y conocidos.
Conclusión
Considerándolo todo, la Biblia presenta claras y abundantes muestras del carácter amoroso y benévolo de Dios; y por supuesto, no se encuentra ningún señal que, siquiera remotamente, haga pensar en un dios vengativo y cruel capaz de enviar a sus criaturas a una situación de eterno sufrimiento.
Por eso, estamos ante una gran difamación inspirada y extendida por el padre de la mentira, el diablo (Juan 8:44); cuyo propósito es impedir que conozcamos realmente a Dios; Quien está ‘cercano de los quebrantados de corazón’ (Salmos 34:14), ‘sanando sus heridas’ (Salmos 147:3); que no quiere “que ninguno perezca” (2 Pedro 3:9). Sí, el Único que merece que le amemos con todo nuestro corazón, alma y mente.

