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Historia de la Iglesia (67)
#1
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadben

Capítulo 18

Conclusiones

La pregunta con relación a la iglesia, o sea, la cuestión de si podemos y debemos continuar llevando a cabo la enseñanza y el ejemplo del Nuevo Testamento en lo referente al orden y la estructura de las iglesias, ha sido contestada de diferentes maneras:

1. La teoría del “desarrollo” no recomendaría hacer esto, porque, de acuerdo con la opinión promulgada por las iglesias ritualistas como la Iglesia de Roma, la Iglesia Griega Ortodoxa y otras similares, se ha alcanzado algo mejor que lo que se practicó al principio, y además, las Escrituras han sido modificadas, y hasta suplantadas, por la tradición.

2. El racionalismo ofrece la misma respuesta, considerando como algo retrógrado el hecho de regresar al modelo original, ya que niega que las Escrituras proveen una autoridad permanente.

3. Los reformistas de las iglesias actuales han intentado desarrollar una posición intermedia para regresar en parte, aunque no del todo, al modelo reconocido por Lutero, Spener y otros.

4. Algunos han abandonado el intento, como fue el caso de los místicos, quienes, en lugar de intentar regresar al modelo original, se dedicaron a la búsqueda de la santidad personal y la comunión con Dios, ejemplos de los cuales son Molinos, Madame Guyon y Tersteegen. Además, está el caso de los “amigos”, que dejaron a un lado las ordenanzas externas del bautismo y la Cena del Señor y se ocuparon más con el testimonio de la luz interna que con las Escrituras externas.
Otros, como Darby y sus seguidores, repudiaron la obligación y la reemplazaron por un testimonio de “la ruina de la iglesia.”

5. El avivamiento evangélico dejó de lado esta pregunta como algo sin importancia, concentrándose en la conversión de pecadores y organizando lo que resultara conveniente a fin de satisfacer las necesidades prácticas, como fue el caso de las Sociedades Metodistas de Wesley, o el Ejército de Salvación.

6. Sin embargo, en todos los tiempos ha habido hermanos que han contestado con un “sí” a la pregunta, aunque han sido llamados por muchos nombres: cátaros, novacianos, paulicianos, bogomilos, albigenses, valdenses, lolardos, anabaptistas, menonitas, estundistas y otros nombres innumerables, también muchas congregaciones de bautistas e independientes, así como asambleas de “hermanos”. Todos ellos han sido uno en su esfuerzo por actuar sobre la base del Nuevo Testamento y por seguir el ejemplo de las iglesias del Nuevo Testamento.
Existe otra pregunta muy relacionada con la anterior: ¿Será posible en la actualidad predicar el Evangelio como se hizo en el principio, y no es cierto que al hacer esto se pudiera lograr una difusión del Evangelio mucho más rápida?
Verdaderamente, la pregunta se amplía y se nos hace urgente: ¿Acaso no es sólo por medio de un regreso a las Escrituras que puede manifestarse la unidad de los hijos de Dios y puede lograrse la evangelización del mundo?
Al principio del Evangelio no había distinción entre la obra “local” y la “extranjera”. Poco a poco la difusión espontánea del Evangelio, indistintamente del país y la nacionalidad, fue modificada por el cambio de las iglesias apostólicas primitivas a la organización que se desarrolló a partir de ellas, y las “misiones” comenzaron a enviar misioneros que representaban la autoridad central que los había enviado.
Al multiplicarse las denominaciones cristianas organizadas, las misiones hacia otras tierras aumentaron, cada una predicando a Cristo, pero representando también su propio esquema y desarrollo del cristianismo, e introdujeron así entre los paganos la confusión del conflicto entre las sectas bajo la cual sufre el cristianismo.

El cristianismo original no dependió nunca de las riquezas materiales, sino del poder del Espíritu Santo, y siempre estuvo relacionado con la pobreza. Los métodos que se han desarrollado son costosos, porque los dones del Espíritu Santo, quien mora en el creyente más nuevo y suple las necesidades para el testimonio aun del más pequeño grupo de discípulos, no son reconocidos, sino que en su lugar se establece una “misión” para suplir todas las necesidades. Dicha misión tiene que ser patrocinada, y se hace necesario solicitar dinero de los que están en “casa” o, donde se cree que actuar así constituye una falta de fe, se recurre a la publicación de incidentes conmovedores o necesidades angustiosas para despertar interés en la obra. De esta manera, también, la dirección y apoyo de la obra “en el extranjero”, al estar en gran medida en las manos de aquellos “en casa” o de sus representantes, continúa siendo una institución extranjera en el lugar donde se lleva a cabo, y de ese modo se obstaculiza la difusión del Evangelio hasta un grado incalculable.

Seguir a Cristo y negarse a uno mismo implica estar dispuesto a romper los más queridos vínculos que nos atan a nuestras organizaciones denominacionales, así como encontrar los medios para practicar una hermandad genuina con todo el pueblo de Dios, practicando tanta tolerancia los unos con los otros como nuestra debilidad actual nos lo exija. Si todos guardáramos las enseñanzas de las Escrituras, entonces podríamos ponerlas en las manos de los hombres de todas las naciones y, por medio de preceptos y ejemplo, podríamos mostrarles que la misma es para ellos tanto como para nosotros, en la certeza de que Dios los protegerá, los guiará y les dará su lugar como iglesias independientes así como su herencia entre los santos.

No sabemos qué dones el Espíritu Santo pueda despertar en lugares fuera del ámbito de las actividades misioneras actuales y en las circunstancias que de forma manifiesta se presenten más allá de nuestro poder para controlarlas.
Por ejemplo, las iglesias rusas perseguidas tienen experiencias superiores a las nuestras, y se aviva
un celo y una devoción entre ellas que resulta desconocido para la mayoría de los cristianos profesos en circunstancias más cómodas. Puede darse el caso de que en medio de estas circunstancias se logren milagros de unidad y testimonio que nosotros no hemos alcanzado.

Del mundo pagano pudieran surgir líderes tan llenos del Espíritu Santo que fueran capaces de dejar atrás tanto las divisiones como las riquezas de las misiones americanas y europeas y experimentar conversiones y el crecimiento de iglesias de Dios en sus propios pueblos, iglesias que bien pudieran tener que aprender de sus propios errores, pero que estarán libres de los nuestros. Con Dios nada es imposible. Él pudiera llamar, incluso del Islam, a discípulos de Cristo devotos y sumisos, a quienes podría usar en su servicio en medio de ese pueblo.
Todo esto no es para hacer a un lado el valor incalculable de la dedicación y el servicio que durante mucho tiempo ha fluido, y que aún fluye, hacia el mundo a través de las instituciones y sociedades misioneras, sino que su visión son las multitudes todavía sin alcanzar (y que permanecerán no alcanzadas al ritmo actual de progreso), señalando la única forma de lograr un avivamiento, es decir, un regreso al camino de la Palabra.

Dios se manifiesta en Cristo por medio del Espíritu Santo como el Amante, el Buscador, el Salvador y el Guardián de la humanidad perdida. No existe revelación más eficaz que esta, que la naturaleza de Dios es tal que la miseria del hombre caído lo ha obligado a hacer a un lado su gloria celestial a fin de convertirse en Hombre, para llevar todos nuestros pecados y más que todas nuestras penas, y conquistar la muerte por medio de la muerte para darles a los pecadores moribundos vida eterna y divina.

Todo el que por medio de la fe recibe esta vida llega a tener el mismo anhelo que Aquel de quien la recibió, de modo que, cada cristiano es misionero por naturaleza. Como un mandato obligatorio resuenan en su alma las palabras: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

En el Nuevo Testamento no hay distinción entre el clero y el laicado; todos los santos son sacerdotes. De igual forma, no hay distinción entre los misioneros y los que no son misioneros —cada cristiano es “enviado”, o tiene la “misión” de ser testigo de Cristo en el mundo. La formación de una clase misionera aparte, agrupada en sociedades misioneras, apoyada por fondos especiales para misiones, que obra a partir de una misión, aunque ha llevado a cabo mucho trabajo, se adquiere a un alto costo, porque le permite a la gran mayoría de los cristianos no ser misioneros y estar contentos con eso, y por otra parte empaña la visión de cada cristiano de entregarse completamente al Señor en cada circunstancia y dedicarse a su servicio de principio a fin.

El propósito del Evangelio es que los pecadores se conviertan en santos, y que luego se congreguen para formar iglesias. Ya que cada miembro de una iglesia es llamado a ser un misionero, o testigo de Cristo, cada iglesia es una “sociedad misionera”, una sociedad de personas que de forma colectiva se dedican al testimonio del Evangelio.
La diferencia entre una misión y una iglesia es que una misión, junto con la sociedad misionera de la cual es una rama, es el centro en torno al cual los naturales de un país se reúnen en busca de dirección y suministros. Por su parte, una iglesia según el Nuevo Testamento, es, desde sus inicios, cuando dos o tres se congregan en el nombre del Señor Jesús, basados sobre el mismo fundamento que la iglesia más vieja jamás establecida, y tienen el mismo Centro, los mismos principios. Tal iglesia, aunque es diferente, se sustenta de la misma Fuente. Además, llega a ser el instrumento más adecuado para la difusión del Evangelio entre el pueblo del cual ha sido llamada, y conoce perfectamente los conceptos, idioma, costumbres y necesidades de dicho pueblo.

Una misión puede ser de gran valor, pero no debe convertirse nunca en el centro alrededor del cual se forma una iglesia: ese centro es Jesucristo.

Existe, además, una diferencia entre una iglesia y una institución como un hospital o una escuela. Las instituciones pueden resultar muy importantes, complementando el Evangelio, ganándose la confianza del pueblo; pero si un hospital o una escuela, de origen foráneo, llega a considerarse como el centro alrededor del cual la iglesia se forma, y del cual depende, no podrá desarrollarse una iglesia conforme al modelo del Nuevo Testamento. La misma se convierte en una religión extranjera, dependiente de los suministros del extranjero. Tal obra seguirá siendo una religión extranjera, dependiente del patrocinio extranjero. Incluso puede desarrollar un sistema de “evangelistas naturales” asalariados, lo cual es perjudicial para la iglesia y su dependencia de Dios, y obstaculiza el crecimiento en lo que es el conocimiento de Dios.

La Escritura no nos hace creer que el Evangelio prevalecerá hasta producir la conversión del mundo entero; por el contrario, se nos enseña a esperar una creciente desviación respecto de Dios, la cual traerá un terrible juicio sobre toda la tierra. La venida del Señor Jesucristo en su gloria es la esperanza que se pone ante la iglesia. Al esperar ese gran acontecimiento, recordamos la última oración del Señor por sus discípulos: “Para que todos sean uno (…) para que el mundo crea que tú me enviaste”.

Estas dos cosas, es decir, la unidad del pueblo de Dios y el hecho de dar a conocer al Salvador en el mundo, son el deseo de todos los que están en comunión con el Señor. La historia de la iglesia demuestra que el avivamiento llega por medio de un regreso a la obediencia a la Palabra de Dios. Ciertamente esta oración del Señor es, además, una promesa; esta promesa se cumplirá como él oró. Sin duda, el total cumplimiento de ella será cuando él venga, pero puede ser que el último gran avivamiento sea un indicio, incluso aquí en la tierra, de lo que está por acontecer tanto en el cielo como en la tierra.

Cuando los discípulos del Señor se arrepienten y renuncian a las formas que los conducen a una desviación de su Palabra, y se congregan como iglesias en una dependencia inmediata de él, libres de las ataduras de las federaciones y organizaciones humanas, y libres para recibir a todos los que pertenecen a él, es entonces que ellos experimentan su suficiencia, tal como lo experimentaron aquellos que transitaron ese mismo sendero antes que ellos; por una parte, son librados del compañerismo con los incrédulos y, por la otra, se termina cualquier separación entre ellos y sus hermanos en la fe.

Además, al llevar el Evangelio a los pueblos de todas las naciones y razas, ellos comprenderán que toda la Palabra de Dios es para otros lo mismo que para ellos; que todos los que creen llegan a experimentar la misma relación con Dios, y que ninguna diferencia de nacionalidad puede afectar la posición de una iglesia delante de él.

La obra del Espíritu Santo en todos, manifestará la verdad que Pedro había aprendido y manifestó cuando dijo: “Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. (...) Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos) de igual modo que ellos.”

Al repasar el ya largo sendero recorrido por la iglesia peregrina, aparecen ciertos puntos principales. Estos puntos que sobresalen por encima de todos los detalles que tanto conmovieron a aquellos cuyas vidas en aquel tiempo los trazaron, con razón llaman la atención, ya que convierten las experiencias del camino que queda atrás en dirección para el sendero que se extiende por delante.

1. La iglesia peregrina ha encontrado en las Escrituras una guía segura y capaz para todo el camino desde Pentecostés hasta nuestros días) y tiene la certeza de que también será suficiente hasta que la antorcha que alumbra en lugar oscuro resulte tenue ante la gloria de la aparición de él que es la Palabra viva (2 Pedro 1.19).

2. La iglesia peregrina está separada del mundo; aunque se encuentra en el mundo no es del mundo. Ella nunca se convierte en una institución terrenal. Aunque es un testimonio y una bendición para el mundo, sin embargo, puesto que el mundo que crucificó a Cristo no cambia, y al discípulo le basta ser como su Maestro, los peregrinos aún se exhortan los unos a los otros con las palabras: "Salgamos, pues, a él, fuera del campamento,.llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13.13–14).

3. La iglesia es una. En tanto que nos consideramos miembros de la iglesia peregrina, reconocemos como nuestros hermanos peregrinos a todos aquellos que transitan por el Camino de la Vida. Las diferencias pasajeras, por más agudas que parezcan en el momento, se hacen mínimas cuando consideramos toda la peregrinación que se extiende ante nosotros. En la más profunda humildad, al pensar en la pequeñez de nuestro aporte, y con un gozo entrañable por nuestros hermanos, nos declaramos hermanos. Sus sufrimientos son nuestros, su testimonio es nuestro, porque su Salvador, Líder, Señor y Esperanza es nuestro. Por medio de la iluminación del Espíritu Santo hemos aprendido, con ellos, a regocijarnos con el Padre cuando dice: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3.17). Con ellos, también, nos regocijamos en la esperanza de ese día en que el Hijo se nos presentará a sí mismo “una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante” (Efesios 5.27).

FIN
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#2
Amén. Muy edificante el material compartido. Gracias Heriberto.
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#3
Gracias por tu opinión, Caminito!

Creo que es importante prestar atención a la verdadera historia de la Iglesia cristiana verdadera, pues, en muchos aspectos, hoy se vuelve a repetir, incluyendo los aspectos referidos a la persecución de los creyentes. Por supuesto que se emplean métodos más sutiles, de modo que no se empañe la imagen de falsa "libertad" que los gobiernos corruptos pretenden proyectar.

Si consideramos que el Espíritu Santo, morando en la Iglesia del Señor, al presente detiene el misterio de iniquidad, es obvio que la iglesia sea blanco de los ataques más arteros por parte de los líderes corruptos de este mundo.

Un abrazo,
Heriberto
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#4
Gracias hermano, su reflexión es de gran valor para cada miembro del cuerpo de Cristo, que es la iglesia.
  Responder
#5
Hola estimado hermano:

Qué bueno que sepamos que no te fuiste...  Espero que puedas encontrar un tiempito para seguir participando por aquí
para nuestra mutua edificación.
Que disfrutes de las bendiciones del Señor! 
Heriberto
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