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Historia de la Iglesia (57)
#1
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadben

/// Tales enseñanzas, provenientes de semejante fuente, suscitaron un gran debate, y Cirilo Lucas se vio involucrado en un conflicto tenaz. Cinco veces fue desterrado y la misma cantidad de veces se le pidió regresar. El Gran Visir del Sultán confiaba en él y lo apoyaba, pero esto, mientras le permitía mantener su posición, dañaba su testimonio, debido a que se consideraba incompatible que un maestro cristiano dependiera del apoyo de un político musulmán.

En un Sínodo de la Iglesia Griega celebrado en Belén, se llegó a una confirmación de la antigua orden en la Iglesia Ortodoxa, la cual desaprobó la reforma. Pero la oposición más eficaz a este reformista griego provino de la Iglesia Latina, la cual por medio de las intrigas de los jesuitas en reiteradas ocasiones obstaculizó su obra y finalmente, al calumniarlo en su ausencia ante el Sultán Amurath, quien se acercaba a Bagdad para sitiarla, obtuvo una orden apresurada para ejecutarlo.

Cirilo Lucas fue estrangulado con la cuerda de un arco en Constantinopla, y su cuerpo fue echado al mar. Después de su muerte, Sínodo tras Sínodo condenó sus doctrinas.

En 1812, el Zar Alejandro I fomentó el establecimiento de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera en Rusia, otorgándole privilegios especiales, por lo que una gran cantidad de filiales fueron inauguradas, extendiéndose hasta las regiones más remotas del Imperio. Había un deseo genuino de adquirir las Escrituras en los distintos idiomas hablados en el Imperio, especialmente entre los que hablaban ruso, y la distribución aumentó constantemente.

El efecto de esta lectura de las Escrituras fue extraordinario; una gran cantidad de personas se apartó de la ignorancia y del pecado para convertirse en seguidores sinceros y diligentes del Señor Jesucristo. Por supuesto, esto produjo oposición y el “santo sínodo” desempeñó un papel activo al impedir por todos los medios posibles la divulgación de las Escrituras.

No obstante, hasta el establecimiento del Gobierno Bolchevique en aquel país existieron muchas facilidades para proveer la Palabra de Dios a este pueblo lleno de anhelo de recibirla.

A las reuniones de los colonos alemanes se les llamaba en su propio idioma "Stunden", y como los rusos comenzaron a reunirse para la lectura de las Escrituras y la oración, se les llamó a modo de reproche “estundistas”, o sea, aquellos que dejan su iglesia oficial por las “reuniones”. Ellos mismos no usaban este nombre, sino que se llamaban hermanos los unos a los otros. Para estos rusos la lectura de las Escrituras resultó ser una revelación y un poder extraordinario. Ellos se dieron cuenta de que el sistema religioso en el cual habían sido educados los había mantenido en ignorancia de Dios y alejados de su salvación en Cristo. El arrepentimiento por sus pecados, los cuales eran muchos, fue total y sin reserva. Su aceptación de Cristo como su Salvador y Señor tuvo lugar en abundancia de fe y amor.

Al percatarse del total desacuerdo existente entre la Iglesia Rusa y las enseñanzas de la Escritura, ellos abandonaron la primera y se aferraron a la última según todo su conocimiento.

El bautismo fue practicado de diferentes formas por los colonos alemanes, pero al principio ninguno de ellos bautizaba por inmersión; a cambio, en la Iglesia Griega el bautismo era por inmersión, pero era administrado a los infantes. Los creyentes rusos fueron directo a la Palabra de Dios y, sin dejarse influenciar por las prácticas que predominaban a su alrededor, llegaron en seguida a la convicción de que la enseñanza y el modelo del Nuevo Testamento era el bautismo de creyentes por inmersión.

Su costumbre de actuar con valentía hizo que de inmediato llevaran esto a la práctica, y se convirtió en una norma universal entre los creyentes.

También comprendieron que la partición del pan era un mandato del Señor limitado a los creyentes, por lo que también actuaron sobre esta convicción. El sistema clerical de la Iglesia Ortodoxa desapareció cuando ellos comprendieron a partir de las Escrituras la constitución de la iglesia y las iglesias, el sacerdocio de todos los creyentes, la morada del Espíritu Santo, los dones y la libertad de ministerio que él da para la dirección en las iglesias, para edificar a los santos y para divulgar el Evangelio entre todos los hombres.

Este movimiento, llamado estundista por los demás, rápidamente se hizo tan extenso (cada grupo de conversos se convirtió inmediatamente en una iglesia y en un centro desde el cual el testimonio se extendía a todas partes) que era evidente que la obra del Espíritu manifestado entre los colonos extranjeros no había sido otra cosa sino la introducción y el comienzo de una obra de mucho mayor alcance que se afianzaba entre las masas del pueblo ruso.

Pero la libertad de culto garantizada a los colonos no fue concedida a los ciudadanos natales del país, y las iglesias rusas tuvieron que soportar la persecución desde el comienzo, aunque esta no pudo frenar su entusiasmo paciente.

Aunque los menonitas fueron un medio tan importante para introducir el Evangelio que predominaría a través de las extensas regiones de Europa y Asia, ellos no fueron el único medio empleado. Bohnekämper, enviado por la Misión de Basilea al Cáucaso y expulsado de esa región, ocupó el cargo de pastor en una colonia alemana cerca de Odessa, donde él realizaba lecturas de la Biblia en ruso para los obreros que venían desde muchas partes a trabajar en las cosechas. Estos luego se llevaban a sus hogares la Palabra de Dios que habían recibido.

Miembros de la Sociedad de los Amigos, como Étienne de Grellet, Guillermo Allen y otros, visitaron San Petersburgo y allí hicieron contacto con el Zar Alejandro I para influenciarlo a favor de la terminación de la traducción de la Biblia al idioma ruso. El Zar les relató a estos Amigos que no había visto una Biblia hasta que tuvo cuarenta años de edad, pero que cuando en ese tiempo fue instruido a leerla, la devoró al descubrir allí la expresión de todos sus problemas como si se los hubiera descrito él mismo. También les comentó que de la Biblia él había recibido la luz interna y que había descubierto que esta era la única fuente de conocimiento que salva. Esta experiencia lo hizo estar dispuesto a apoyar la propuesta hecha por los Amigos y a ofrecerles las facilidades para la introducción y venta de las Escrituras en Rusia, las cuales resultaron ser de un valor incalculable.

Un escocés, Melville, conocido en Rusia como Vassilij Ivanovitch, representante de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, dedicó sesenta años de su vida a la distribución de las Escrituras en el Cáucaso y en el sur de Rusia. No sólo se dedicó a la distribución de los libros, sino también a la aplicación de su contenido a las conciencias de aquellos que los compraban. Melville permaneció soltero e hizo de la divulgación de la Palabra de Dios su único objetivo, en el cual se destacó como líder y ejemplo a muchos distribuidores de Biblias devotos que seguirían sus pisadas.

La llegada de un Nuevo Testamento a un distrito ha sido a menudo el medio de la conversión de almas, la formación de una iglesia y la posterior divulgación del Evangelio; todo esto antes de descubrir la existencia de otros hermanos que también cumplen las Escrituras. Ejemplos de este tipo han sido corroborados en muchos lugares desde Siberia del norte hasta la costa sur del Caspio.

Procedente de otra región vino Kascha Jagub, un nestoriano de Persia que, con la ayuda de la Misión Americana, llegó a Rusia, desarrolló un gran talento para la evangelización, especialmente entre los pobres, y, bajo el nombre ruso de Jakov Deljakovitch, viajó y predicó por toda Rusia y Siberia durante casi treinta años, esto a finales del siglo XIX.

Otra clase social fue alcanzada por medio de los esfuerzos de Lord Radstock (1833–1913) quien, partiendo de Inglaterra en 1866, visitó muchas tierras, dando a conocer el Evangelio, y llegó a San Petersburgo. Allí llevó a cabo lecturas de la Biblia en las casas de algunos miembros de la aristocracia y se manifestó una obra poderosa del Espíritu Santo. Numerosas personas pertenecientes a los rangos más altos de la sociedad se convirtieron cuando escucharon sus sencillas y sinceras exposiciones de la Escritura, reforzadas con ejemplos ilustrativos. Muchas almas llegaron a conmoverse incluso en la casa y familia imperial. Estos creyentes llevaron a cabo las enseñanzas de la Palabra de Dios con la misma fidelidad que los granjeros y los obreros en el sur, con quienes ellos pronto desarrollaron relaciones fraternales.

Ellos fueron bautizados y cumplieron con la partición del pan. En sus palacios los cristianos más pobres e ignorantes se sentaron junto a las personalidades de mayor rango en el país, unidos por los lazos de una vida común en Cristo.

Entre estos conversos se encontraba un terrateniente rico, el Coronel Vassilij Alexandrovitch Paschkov, quien dispuso el salón de baile de su palacio para las reuniones. Vassilij predicó el Evangelio en todas partes, en las prisiones y en los hospitales así como en los lugares de reunión y en las casas. Usó su gran riqueza en la distribución de las Escrituras; publicó tratados y libros, ayudó a los pobres y de cualquier modo posible ayudó a extender el reino de Dios. Luego, se le prohibió celebrar reuniones en su casa (1880). Pero como no desistió, fue desterrado debido a la influencia del Santo Sínodo, primero de San Petersburgo y luego de Rusia. La mayor parte de sus propiedades fueron confiscadas.

Los “bautistas alemanes” se habían dispersado en Rusia procedentes de Alemania y se habían hecho numerosos en Polonia y en muchas otras partes, pero gozaban de cierta libertad sólo bajo la condición de que limitaran su ministerio a los alemanes o a otros no pertenecientes a la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, con el tiempo su influencia condujo al establecimiento de congregaciones de “bautistas rusos” las cuales también se difundieron con gran rapidez. La principal diferencia entre estas y las otras iglesias era que las iglesias bautistas pertenecían a una determinada federación u organización de iglesias, mientras que las otras consideraban a cada iglesia como una congregación independiente; cada una dependía directamente del Señor. Estas últimas mantenían la comunión entre las varias iglesias por medio del contacto personal y las visitas de los hermanos que ministraban. Además, entre los bautistas cada iglesia tenía, tanto como fuese posible, un pastor designado, mientras que entre las otras iglesias había libertad de ministerio y los ancianos eran reconocidos entre ellos mismos.

De modo que el Evangelio llegó a aquellos enormes territorios a través de diferentes medios, pero una vez recibido, fue adoptado por los propios rusos, y nunca fue una “misión extranjera” o una institución extranjera entre ellos. Ellos comprendieron desde un inicio que la Palabra de Dios era para ellos directamente, sin la mediación de ninguna Sociedad o Misión, y que la responsabilidad del ministerio de reconciliación recaía sobre ellos.

Esta responsabilidad la acometieron con todas las consecuencias y los sufrimientos que implicaba, con un celo sincero que nada ni nadie pudo detener. Como resultado de todo esto el Evangelio se difundió y continúa difundiéndose por todos esos continentes de una manera totalmente distinta de lo que sería posible donde la obra es mantenida y controlada por una Sociedad Misionera extranjera.
En la actualidad las iglesias en Rusia se cuentan por miles y sus miembros por millones.

Desde sus comienzos estas iglesias fueron sometidas a una persecución irregular, pero con el paso del tiempo la persecución se generalizó y llegó a ser más severa debido a la evolución de los acontecimientos políticos.

La forma autocrática del gobierno, con su consecuente supresión violenta de la libertad individual, condujo a la formación de sociedades secretas cuyo objetivo era derrocar la tiranía existente, valiéndose de cualquier medio, sin importar cuan brutal fuera. Los asesinatos y los atentados de estos nihilistas aterrorizaron tanto a la clase dominante que motivaron la aplicación de medidas de represión aun más drásticas.

El Zar, Alejandro II, personalmente deseaba una reforma, aunque no se daba cuenta de la gravedad de la tormenta de resentimiento e indignación acumulada durante siglos de opresión desenfrenada. Con todo, se encontraba seriamente ocupado a fin de traer cambios importantes en este sentido cuando, en 1881, fue despedazado por una bomba nihilista en las calles de San Petersburgo. Se produjo una reacción violenta hasta el más total despotismo. Sus sucesores, con sus consejeros, se dedicaron a aniquilar no sólo a los revolucionarios desesperados, sino también a toda clase de divergencia contraria a su ideal de una Rusia santa con un gobierno autocrático absoluto tanto en el estado como en la Iglesia. Los disidentes políticos, los elementos no-rusos en la población del Imperio, especialmente los judíos, las universidades también y muchos otros cayeron bajo la opresión. Y era evidente que las iglesias de creyentes fuera de la Iglesia Ortodoxa no serían perdonadas.

En Pobiedonóstsef, procurador general del Santo Sínodo, estas iglesias encontraron un adversario implacable y constante. El encarcelamiento, las multas y el exilio fueron su suerte, mientras que los sacerdotes incitaban a la gente a atacarlos, maltratarlos y destruir sus hogares y bienes. Sus reuniones fueron prohibidas, y cuando se les descubría reuniéndose secretamente para la oración y la lectura de las Escrituras, eran dispersados por la fuerza, seguidos por el arresto y el castigo.

Cada vez más hermanos, especialmente de los ancianos y líderes de las iglesias, eran desterrados a Siberia o el Cáucaso.

Esto resultó ser un medio de difundir el testimonio, ya que adondequiera que estos exiliados iban, testificaban de Cristo.

(Continuará)
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