"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadbent
Esta situación duró algunos años, durante los cuales Lucas fue incansable en su obra de consolar y alentar a su gente, hasta que lo capturaron y lo encarcelaron.
Poco a poco la buena reputación de los “hermanos” hizo que disminuyera la persecución —algunos de sus enemigos más implacables murieron de maneras extrañas y repentinas, lo cual hizo que otros temieran continuar su obra. El propio rey de Bohemia murió, y las disputas entre los católicos romanos y los utraquistas desviaron su atención de los “hermanos”, quienes nuevamente comenzaron a disfrutar tranquilidad.
Al mismo tiempo, llegaban las noticias procedentes de Alemania acerca de las grandes hazañas de Lutero en Wittenberg, y tan pronto pudieron, los “hermanos” enviaron representantes y se pusieron en contacto con los reformistas. Lucas, ya en libertad, sintió ciertas dudas al escuchar lo que a su parecer era un estilo alborotador por parte de Lutero y los estudiantes de Wittenberg, muy diferente de la vida rígida que él había introducido en las comunidades de los “hermanos”, donde cada acto estaba regido por una regla. Sin embargo, los “hermanos” en general saludaron con entusiasmo a tan inesperados aliados. Lutero, por su parte, se mostró dudoso con relación a los “hermanos”, pero en 1520 le escribió a Spalatino: “Hasta ahora, aunque inconscientemente, he proclamado lo mismo que Hus predicó y sostuvo. Juan Staupitz también sostuvo lo mismo inconscientemente; en una palabra, todos somos husitas y no lo sabíamos. ¡Los mismos Pablo y Agustín son husitas en todo el sentido de la palabra! Consideren la horrible miseria que nos sobrevino por no aceptar al doctor bohemio como nuestro líder…”
El próximo gran líder de los “hermanos unidos”, Juan Augusta, quien a los treinta y dos años fue hecho obispo, y fue reconocido como su guía más capaz, estuvo a favor de una cooperación total con los protestantes en Alemania.
En 1526, la antigua casa real bohemia llegó a su fin, y el reino quedó en manos de la familia católica romana de Hapsburgo, de manera que Fernando I anexionó el territorio bohemio a sus muchos otros territorios.
Muchos de los miembros de la nobleza bohemia habían hecho amistad con los “hermanos”, y algunos aun eran parte de ellos. Su ayuda a los hermanos por medio de ofrecerles lugares de refugio en sus dominios en tiempos de adversidad había sido incalculable. Juan Augusta se valió de uno de ellos, Conrado Krajek (quien había construido uno de los centros principales de los “hermanos” en Jungbunzlau), en sus negociaciones con el nuevo y maldispuesto rey. Estas negociaciones fueron exitosas, por lo que el tiempo de prosperidad continuó por un rato.
En 1546 estalló la guerra entre la Liga de Smalkalda o “Liga de los príncipes protestantes” de Alemania, bajo el liderazgo del Elector de Sajonia y el Emperador Carlos V, hermano del rey de Bohemia —los protestantes contra los poderes católicos romanos. Fernando solicitó a los nobles y al pueblo de Bohemia, como sus súbditos, que lo apoyaran; el Elector de Sajonia apeló a los “hermanos unidos” para que ayudaran en la lucha por la fe protestante. Algunos de los más poderosos de la nobleza bohemia pertenecían a los “hermanos”, quienes eran muy numerosos e influyentes en todo el país. Luego tuvo lugar una reunión en la casa de uno de los nobles, y se decidió pelear del lado de los protestantes.
En la batalla de Mühlberg (1547) los protestantes fueron derrotados, Fernando regresó a Praga victorioso, y comenzó la supuesta aniquilación de los “hermanos”. Cuatro de los nobles fueron ejecutados públicamente en Praga, las propiedades de otros fueron confiscadas, los locales donde se llevaban a cabo las reuniones fueron cerrados, y se decretó una orden que declaraba que cualquiera que se negara a unirse a la Iglesia Católica Romana o a la Iglesia Utraquista tendría que abandonar el país en un plazo de seis semanas.
Así fue como comenzó una gran emigración. De todas partes, los exiliados, con sus largas hileras de carretas, siguieron los caminos que conducían a Polonia. La gente en el camino se compadecía de los viajeros, les permitían pasar sin pagar, les daban de comer y los hospedaban. Pero se les negó el permiso para establecerse en Polonia o en la Prusia polaca, y fue hasta después de seis meses de viaje que se les dio un lugar de descanso en la ciudad de Königsberg, en Prusia Oriental, que era luterana.
Un joven herrero que se encontraba entre ellos, Jorge Israel, un hombre de una energía extraordinaria tanto de fe como de fortaleza física, superó todos los obstáculos y obtuvo para los “hermanos” un lugar en Polonia en el poblado de Ostrorog. Al establecerse allí, ellos convirtieron este lugar en un centro desde el cual su obra se difundió por todo el país. Allí no sólo predicaron el Evangelio, sino que hicieron mucho por agrupar a los diferentes sectores de protestantes en el país.
En 1556, al convertirse Fernando en emperador, el trono de Bohemia pasó a su hijo, Maximiliano, y bajo su mando a los “hermanos” se les permitió regresar para reconstruir sus lugares de reunión y reanudar sus reuniones. Ellos de ningún modo habían sido desarraigados de Bohemia, y pronto sus iglesias fueron reestablecidas en Bohemia y Moravia, además de que ya Polonia había sido agregada.
Juan Augusta, encarcelado por mucho tiempo y a menudo torturado, al final se unió a la Iglesia Utraquista, creyendo que de esa manera podría llevarla a unirse con los “hermanos”.
En efecto, muchos de los utraquistas se habían hecho protestantes, y Bohemia y Moravia eran en su mayoría naciones protestantes.
Los líderes principales entre los “hermanos” fueron dos nobles, Wenzel de Budowa y Carlos de Zerotín. Ambos tenían extensos territorios, en un estado casi de realeza, y fueron hombres piadosos en cuyos hogares la lectura de la Palabra de Dios y la oración ocuparon su lugar importante. El país prosperó; la educación se generalizó. Un miembro de la nobleza polaca, al llegar en 1571 a uno de los asentamientos de los “hermanos”, dijo: “¡Oh, Dios inmortal, qué regocijo se despertó en mi corazón! Cuando observé y pregunté acerca de todo, me imaginé que me encontraba en la iglesia de Éfeso o Tesalónica, o en alguna otra iglesia apostólica; aquí vi con mis propios ojos y escuché con mis propios oídos cosas semejantes a las que leemos en las cartas apostólicas…”
Desde 1579 hasta 1593, se llevó a cabo la gran obra de traducir la Biblia de sus lenguas originales al idioma checo, y esta “Biblia Kralitz” es la base de la traducción en uso todavía hoy. Dicha Biblia se convirtió en el fundamento de la literatura checa.
Era la ambición de los nobles que la iglesia de los “hermanos unidos” pudiera dejar de ser simplemente tolerada, y dejara de estar expuesta a una persecución renovada en cualquier momento; ellos aspiraban a convertirla en la Iglesia Nacional de Bohemia. Cuando el Emperador Rodolfo II (1603) le solicitó a la Dieta bohemia, o Parlamento, dinero para su anunciada campaña contra los turcos, Wenzel de Budowa exigió la revocación del Edicto de San Santiago, y que se le diera al pueblo una completa libertad religiosa. Sólo bajo esa condición sería aprobada la entrega del dinero. Los nobles protestantes de todos los sectores lo apoyaron, y la gente se mantuvo de su parte de manera entusiasta. El emperador, en una posición entre los protestantes y los jesuitas, prometió y se retractó en reiteradas ocasiones, y no hubo ningún progreso. Entonces Wenzel convocó a los nobles, reunió hombres y provisiones y juró recurrir a la fuerza si sus demandas no eran cumplidas. El emperador se rindió, firmó la Carta de Bohemia que concedía total libertad religiosa, y hubo un regocijo general entre la población. Se formó entonces una junta de veinticuatro “defensores” para que se ocupara de la puesta en práctica de los términos de la Carta. Todas las partes protestantes y los “hermanos unidos” firmaron la Confesión General Protestante Nacional de Bohemia.
En 1616, Fernando II se convirtió en rey de Bohemia. Él estaba completamente bajo la influencia de los jesuitas, y, aunque en el momento de su coronación juró cumplir con el contenido de la Carta, inmediatamente después comenzó a romper su juramento. Sus dos ministros principales, Martinitz y Slawata, tomaron medidas contundentes contra las libertades de los protestantes, y la actitud adoptada por las dos partes religiosas, una contra otra, se hizo cada vez más amenazante. La crisis inevitable estalló en relación a una disputa acerca de la propiedad de la Iglesia. Una iglesia que pertenecía a los protestantes fue, por orden del rey, embargada y destruida. Después de este acontecimiento los defensores entraron por la fuerza al castillo real de Praga, donde el consejo del rey se encontraba reunido. El altercado violento que tuvo lugar allí terminó con Martinitz y Slawata siendo lanzados por la ventana, y sólo un montón de estiércol que rompió su caída de dieciocho metros pudo salvarlos de daños serios. Los defensores reclutaron un ejército, depusieron al Rey Fernando, y nombraron rey a Federico, elector palatino, yerno de Santiago I de Inglaterra. Los jesuitas fueron expulsados y la misa de los católicos romanos fue objeto de burla.
La batalla decisiva entre las dos partes, la batalla de la Montaña Blanca (1620), tuvo lugar en un cerro en las afueras de Praga, y resultó en la completa derrota de los defensores. El 21 de junio de 1621, en la Gran Plaza de Praga, en uno de cuyos lados se encuentra la Iglesia Tyne, y en el otro el Municipio, veintisiete miembros de la nobleza protestante, incluyendo a Wenzel de Budowa, fueron públicamente decapitados. A cada uno de ellos le ofrecieron su vida a cambio de aceptar la fe católica romana, pero todos la rechazaron. Durante este período se le dio rienda suelta a toda clase de asesinato y violencia en la tierra. Treinta y seis mil familias abandonaron Bohemia y Moravia, y la población de Bohemia fue reducida de tres millones a un millón. De este modo la religión husita y la independencia bohemia desaparecieron juntas.
La Guerra de los Treinta Años había comenzado su curso devastador sobre extensas regiones de Europa. Juan Amos Comenius, conocido después por el mundo por su reforma en la educación, se convierte en una figura heroica en esta época de aflicción. Él no aprobaba la forma en que los “hermanos” se habían involucrado en la política y la guerra.
En el tiempo del gran desastre, él sólo había estado tres años como ministro de la congregación de “hermanos” en Fulneck en Moravia, y este lugar fue saqueado y destruido por los soldados españoles, obligándolo a huir. Fue entonces cuando se refugió en el castillo de Carlos de Zerotín, donde se convirtió en el líder del grupo de refugiados que allí se reunió. Estando allí, escribió un libro, "El laberinto del mundo y el paraíso del corazón", en que, de forma alegórica, enseñaba que la paz no se puede hallar en el mundo, sino por la presencia de Cristo en el corazón. Siendo expulsado del castillo de Zerotín, Comenius guió al último grupo de fugitivos de Moravia. Él lo había perdido todo. Su esposa e hijo murieron a causa de
las privaciones del camino. Cuando el grupo se despedía de su tierra natal, Comenius alentó la fe de ellos para que creyeran que Dios conservaría allí una “semilla oculta” que con el tiempo crecería y daría fruto. Finalmente, apareció un lugar de descanso en Lissa en Polonia (1628), donde Comenius se convirtió en director de la escuela, y, partiendo de allí visitó a Inglaterra (1641), porque fue invitado a reorganizar la educación en aquel lugar. La guerra civil en Inglaterra lo llevó a realizar viajes posteriores a Suecia y otras partes.
En 1656, una derrota de los suecos a manos de los polacos resultó en la quema de los “nidos herejes” en Lissa por los polacos. Nuevamente, Comenius lo perdió todo, incluyendo los manuscritos que había preparado para su publicación, los cuales eran el fruto de años de trabajo. La Paz de Westfalia en 1648 ya había destruido la última esperanza de un restablecimiento de los “hermanos” de bohemia. Se les negó todo tipo de tolerancia, tanto por parte de los católicos como de los protestantes. Bajo estas circunstancias de pérdida total Comenius escribió, dando un consejo a los “hermanos” y al mundo que sólo puede provenir de la experiencia del alma que continúa confiando en Dios aun cuando toda ayuda terrenal ha fracasado.
En Lissa en 1650, él escribió "El testamento de la madre moribunda", en el cual aconseja a los predicadores de la iglesia en Moravia, abandonados sin ningún vínculo de hermandad, que acepten las invitaciones para ministrar la Palabra de Dios en las iglesias evangélicas; no para halagar a sus oyentes ni fomentar las divisiones, sino con el objetivo de despertar el amor y lograr una unidad de pensamiento. Él aconseja a aquellos “huérfanos” que no eran predicadores, que si ellos encontraban congregaciones donde sus miembros no eran obligados a seguir a los hombres, sino instruidos a seguir a Cristo, y donde vieran la verdad del Evangelio de Jesús, a unirse a ellos, a orar por su paz y buscar su crecimiento y progreso en lo que es bueno, dándoles un ejemplo sobresaliente y guiándolos con afecto y oración, para que, al menos de ellos pudiera ser desviada la ira del Dios Todopoderoso que ha de sobrevenirle a la cristiandad.
Bibliografía:
Foxe’s Book of Martyrs, John Foxe.
—A Short History of the English People, John Richard Green.
—England in the Age of Wycliffe, George Macaulay Trevelyan.
John Wycliff and His English Precursors, Lechler traducido por Lorimer.
The Dawn of the Reformation: The Age of Huss H. B. Workman, M.A.
John Huss and His Followers, Jan Herben (1926).
Ulrich von Richental. Chronik des Konzils zu Konstanz (1414–1418),
Herausgegeben von Dr. Otto H. Brandt. R. Voigtländers Verlag in Leipzig
mit 18 Nachbildungen nach der Aulendorfer Handschrift (Voigtänders
Quellenbücher Bd. 48).
Jahrbücher für Kultur und Geschichte der Slaven, N. F. Band v. Heft 1, 1929, E.
Perfeckïj.
Das Netz des Glaubens, Peter Cheltschizki; traducido del antiguo idioma checo
al alemán por Dr. Karl Vogel (Einhorn Verlag in Dachau bei München).
History of the Moravian Church, J. E. Hutton.
Die Reformation und die älteren Reformparteien, Dr. Ludwig Keller.
Das Testament der Sterbenden Mutter, von J. A. Comenius. Escrito en bohemo,
en 1650, en el pueblo de Lissa. Traducido al alemán por Dora Perina en
Leitmeritz. Monatsschriften der C. G. XVI Band, Heft 1. Herausgegeben von
Ludwig Keller, Berlin. Weidmannsche Buchhandlung.
Stimme der Trauer, von J. A. Comenius. Traducido del bohemo al alemán por
Frauz Slamenik. Monatschriften der Comenius-Gesell-schaft XVII Band, Heft
Herausgegeben von Ludwig Keller. Verlag von Eugen Diederichs, Jena,
1908.
Unum Necessarium, J. A. Comenius.
Por Edmund Hamer Broadbent
Esta situación duró algunos años, durante los cuales Lucas fue incansable en su obra de consolar y alentar a su gente, hasta que lo capturaron y lo encarcelaron.
Poco a poco la buena reputación de los “hermanos” hizo que disminuyera la persecución —algunos de sus enemigos más implacables murieron de maneras extrañas y repentinas, lo cual hizo que otros temieran continuar su obra. El propio rey de Bohemia murió, y las disputas entre los católicos romanos y los utraquistas desviaron su atención de los “hermanos”, quienes nuevamente comenzaron a disfrutar tranquilidad.
Al mismo tiempo, llegaban las noticias procedentes de Alemania acerca de las grandes hazañas de Lutero en Wittenberg, y tan pronto pudieron, los “hermanos” enviaron representantes y se pusieron en contacto con los reformistas. Lucas, ya en libertad, sintió ciertas dudas al escuchar lo que a su parecer era un estilo alborotador por parte de Lutero y los estudiantes de Wittenberg, muy diferente de la vida rígida que él había introducido en las comunidades de los “hermanos”, donde cada acto estaba regido por una regla. Sin embargo, los “hermanos” en general saludaron con entusiasmo a tan inesperados aliados. Lutero, por su parte, se mostró dudoso con relación a los “hermanos”, pero en 1520 le escribió a Spalatino: “Hasta ahora, aunque inconscientemente, he proclamado lo mismo que Hus predicó y sostuvo. Juan Staupitz también sostuvo lo mismo inconscientemente; en una palabra, todos somos husitas y no lo sabíamos. ¡Los mismos Pablo y Agustín son husitas en todo el sentido de la palabra! Consideren la horrible miseria que nos sobrevino por no aceptar al doctor bohemio como nuestro líder…”
El próximo gran líder de los “hermanos unidos”, Juan Augusta, quien a los treinta y dos años fue hecho obispo, y fue reconocido como su guía más capaz, estuvo a favor de una cooperación total con los protestantes en Alemania.
En 1526, la antigua casa real bohemia llegó a su fin, y el reino quedó en manos de la familia católica romana de Hapsburgo, de manera que Fernando I anexionó el territorio bohemio a sus muchos otros territorios.
Muchos de los miembros de la nobleza bohemia habían hecho amistad con los “hermanos”, y algunos aun eran parte de ellos. Su ayuda a los hermanos por medio de ofrecerles lugares de refugio en sus dominios en tiempos de adversidad había sido incalculable. Juan Augusta se valió de uno de ellos, Conrado Krajek (quien había construido uno de los centros principales de los “hermanos” en Jungbunzlau), en sus negociaciones con el nuevo y maldispuesto rey. Estas negociaciones fueron exitosas, por lo que el tiempo de prosperidad continuó por un rato.
En 1546 estalló la guerra entre la Liga de Smalkalda o “Liga de los príncipes protestantes” de Alemania, bajo el liderazgo del Elector de Sajonia y el Emperador Carlos V, hermano del rey de Bohemia —los protestantes contra los poderes católicos romanos. Fernando solicitó a los nobles y al pueblo de Bohemia, como sus súbditos, que lo apoyaran; el Elector de Sajonia apeló a los “hermanos unidos” para que ayudaran en la lucha por la fe protestante. Algunos de los más poderosos de la nobleza bohemia pertenecían a los “hermanos”, quienes eran muy numerosos e influyentes en todo el país. Luego tuvo lugar una reunión en la casa de uno de los nobles, y se decidió pelear del lado de los protestantes.
En la batalla de Mühlberg (1547) los protestantes fueron derrotados, Fernando regresó a Praga victorioso, y comenzó la supuesta aniquilación de los “hermanos”. Cuatro de los nobles fueron ejecutados públicamente en Praga, las propiedades de otros fueron confiscadas, los locales donde se llevaban a cabo las reuniones fueron cerrados, y se decretó una orden que declaraba que cualquiera que se negara a unirse a la Iglesia Católica Romana o a la Iglesia Utraquista tendría que abandonar el país en un plazo de seis semanas.
Así fue como comenzó una gran emigración. De todas partes, los exiliados, con sus largas hileras de carretas, siguieron los caminos que conducían a Polonia. La gente en el camino se compadecía de los viajeros, les permitían pasar sin pagar, les daban de comer y los hospedaban. Pero se les negó el permiso para establecerse en Polonia o en la Prusia polaca, y fue hasta después de seis meses de viaje que se les dio un lugar de descanso en la ciudad de Königsberg, en Prusia Oriental, que era luterana.
Un joven herrero que se encontraba entre ellos, Jorge Israel, un hombre de una energía extraordinaria tanto de fe como de fortaleza física, superó todos los obstáculos y obtuvo para los “hermanos” un lugar en Polonia en el poblado de Ostrorog. Al establecerse allí, ellos convirtieron este lugar en un centro desde el cual su obra se difundió por todo el país. Allí no sólo predicaron el Evangelio, sino que hicieron mucho por agrupar a los diferentes sectores de protestantes en el país.
En 1556, al convertirse Fernando en emperador, el trono de Bohemia pasó a su hijo, Maximiliano, y bajo su mando a los “hermanos” se les permitió regresar para reconstruir sus lugares de reunión y reanudar sus reuniones. Ellos de ningún modo habían sido desarraigados de Bohemia, y pronto sus iglesias fueron reestablecidas en Bohemia y Moravia, además de que ya Polonia había sido agregada.
Juan Augusta, encarcelado por mucho tiempo y a menudo torturado, al final se unió a la Iglesia Utraquista, creyendo que de esa manera podría llevarla a unirse con los “hermanos”.
En efecto, muchos de los utraquistas se habían hecho protestantes, y Bohemia y Moravia eran en su mayoría naciones protestantes.
Los líderes principales entre los “hermanos” fueron dos nobles, Wenzel de Budowa y Carlos de Zerotín. Ambos tenían extensos territorios, en un estado casi de realeza, y fueron hombres piadosos en cuyos hogares la lectura de la Palabra de Dios y la oración ocuparon su lugar importante. El país prosperó; la educación se generalizó. Un miembro de la nobleza polaca, al llegar en 1571 a uno de los asentamientos de los “hermanos”, dijo: “¡Oh, Dios inmortal, qué regocijo se despertó en mi corazón! Cuando observé y pregunté acerca de todo, me imaginé que me encontraba en la iglesia de Éfeso o Tesalónica, o en alguna otra iglesia apostólica; aquí vi con mis propios ojos y escuché con mis propios oídos cosas semejantes a las que leemos en las cartas apostólicas…”
Desde 1579 hasta 1593, se llevó a cabo la gran obra de traducir la Biblia de sus lenguas originales al idioma checo, y esta “Biblia Kralitz” es la base de la traducción en uso todavía hoy. Dicha Biblia se convirtió en el fundamento de la literatura checa.
Era la ambición de los nobles que la iglesia de los “hermanos unidos” pudiera dejar de ser simplemente tolerada, y dejara de estar expuesta a una persecución renovada en cualquier momento; ellos aspiraban a convertirla en la Iglesia Nacional de Bohemia. Cuando el Emperador Rodolfo II (1603) le solicitó a la Dieta bohemia, o Parlamento, dinero para su anunciada campaña contra los turcos, Wenzel de Budowa exigió la revocación del Edicto de San Santiago, y que se le diera al pueblo una completa libertad religiosa. Sólo bajo esa condición sería aprobada la entrega del dinero. Los nobles protestantes de todos los sectores lo apoyaron, y la gente se mantuvo de su parte de manera entusiasta. El emperador, en una posición entre los protestantes y los jesuitas, prometió y se retractó en reiteradas ocasiones, y no hubo ningún progreso. Entonces Wenzel convocó a los nobles, reunió hombres y provisiones y juró recurrir a la fuerza si sus demandas no eran cumplidas. El emperador se rindió, firmó la Carta de Bohemia que concedía total libertad religiosa, y hubo un regocijo general entre la población. Se formó entonces una junta de veinticuatro “defensores” para que se ocupara de la puesta en práctica de los términos de la Carta. Todas las partes protestantes y los “hermanos unidos” firmaron la Confesión General Protestante Nacional de Bohemia.
En 1616, Fernando II se convirtió en rey de Bohemia. Él estaba completamente bajo la influencia de los jesuitas, y, aunque en el momento de su coronación juró cumplir con el contenido de la Carta, inmediatamente después comenzó a romper su juramento. Sus dos ministros principales, Martinitz y Slawata, tomaron medidas contundentes contra las libertades de los protestantes, y la actitud adoptada por las dos partes religiosas, una contra otra, se hizo cada vez más amenazante. La crisis inevitable estalló en relación a una disputa acerca de la propiedad de la Iglesia. Una iglesia que pertenecía a los protestantes fue, por orden del rey, embargada y destruida. Después de este acontecimiento los defensores entraron por la fuerza al castillo real de Praga, donde el consejo del rey se encontraba reunido. El altercado violento que tuvo lugar allí terminó con Martinitz y Slawata siendo lanzados por la ventana, y sólo un montón de estiércol que rompió su caída de dieciocho metros pudo salvarlos de daños serios. Los defensores reclutaron un ejército, depusieron al Rey Fernando, y nombraron rey a Federico, elector palatino, yerno de Santiago I de Inglaterra. Los jesuitas fueron expulsados y la misa de los católicos romanos fue objeto de burla.
La batalla decisiva entre las dos partes, la batalla de la Montaña Blanca (1620), tuvo lugar en un cerro en las afueras de Praga, y resultó en la completa derrota de los defensores. El 21 de junio de 1621, en la Gran Plaza de Praga, en uno de cuyos lados se encuentra la Iglesia Tyne, y en el otro el Municipio, veintisiete miembros de la nobleza protestante, incluyendo a Wenzel de Budowa, fueron públicamente decapitados. A cada uno de ellos le ofrecieron su vida a cambio de aceptar la fe católica romana, pero todos la rechazaron. Durante este período se le dio rienda suelta a toda clase de asesinato y violencia en la tierra. Treinta y seis mil familias abandonaron Bohemia y Moravia, y la población de Bohemia fue reducida de tres millones a un millón. De este modo la religión husita y la independencia bohemia desaparecieron juntas.
La Guerra de los Treinta Años había comenzado su curso devastador sobre extensas regiones de Europa. Juan Amos Comenius, conocido después por el mundo por su reforma en la educación, se convierte en una figura heroica en esta época de aflicción. Él no aprobaba la forma en que los “hermanos” se habían involucrado en la política y la guerra.
En el tiempo del gran desastre, él sólo había estado tres años como ministro de la congregación de “hermanos” en Fulneck en Moravia, y este lugar fue saqueado y destruido por los soldados españoles, obligándolo a huir. Fue entonces cuando se refugió en el castillo de Carlos de Zerotín, donde se convirtió en el líder del grupo de refugiados que allí se reunió. Estando allí, escribió un libro, "El laberinto del mundo y el paraíso del corazón", en que, de forma alegórica, enseñaba que la paz no se puede hallar en el mundo, sino por la presencia de Cristo en el corazón. Siendo expulsado del castillo de Zerotín, Comenius guió al último grupo de fugitivos de Moravia. Él lo había perdido todo. Su esposa e hijo murieron a causa de
las privaciones del camino. Cuando el grupo se despedía de su tierra natal, Comenius alentó la fe de ellos para que creyeran que Dios conservaría allí una “semilla oculta” que con el tiempo crecería y daría fruto. Finalmente, apareció un lugar de descanso en Lissa en Polonia (1628), donde Comenius se convirtió en director de la escuela, y, partiendo de allí visitó a Inglaterra (1641), porque fue invitado a reorganizar la educación en aquel lugar. La guerra civil en Inglaterra lo llevó a realizar viajes posteriores a Suecia y otras partes.
En 1656, una derrota de los suecos a manos de los polacos resultó en la quema de los “nidos herejes” en Lissa por los polacos. Nuevamente, Comenius lo perdió todo, incluyendo los manuscritos que había preparado para su publicación, los cuales eran el fruto de años de trabajo. La Paz de Westfalia en 1648 ya había destruido la última esperanza de un restablecimiento de los “hermanos” de bohemia. Se les negó todo tipo de tolerancia, tanto por parte de los católicos como de los protestantes. Bajo estas circunstancias de pérdida total Comenius escribió, dando un consejo a los “hermanos” y al mundo que sólo puede provenir de la experiencia del alma que continúa confiando en Dios aun cuando toda ayuda terrenal ha fracasado.
En Lissa en 1650, él escribió "El testamento de la madre moribunda", en el cual aconseja a los predicadores de la iglesia en Moravia, abandonados sin ningún vínculo de hermandad, que acepten las invitaciones para ministrar la Palabra de Dios en las iglesias evangélicas; no para halagar a sus oyentes ni fomentar las divisiones, sino con el objetivo de despertar el amor y lograr una unidad de pensamiento. Él aconseja a aquellos “huérfanos” que no eran predicadores, que si ellos encontraban congregaciones donde sus miembros no eran obligados a seguir a los hombres, sino instruidos a seguir a Cristo, y donde vieran la verdad del Evangelio de Jesús, a unirse a ellos, a orar por su paz y buscar su crecimiento y progreso en lo que es bueno, dándoles un ejemplo sobresaliente y guiándolos con afecto y oración, para que, al menos de ellos pudiera ser desviada la ira del Dios Todopoderoso que ha de sobrevenirle a la cristiandad.
Bibliografía:
Foxe’s Book of Martyrs, John Foxe.
—A Short History of the English People, John Richard Green.
—England in the Age of Wycliffe, George Macaulay Trevelyan.
John Wycliff and His English Precursors, Lechler traducido por Lorimer.
The Dawn of the Reformation: The Age of Huss H. B. Workman, M.A.
John Huss and His Followers, Jan Herben (1926).
Ulrich von Richental. Chronik des Konzils zu Konstanz (1414–1418),
Herausgegeben von Dr. Otto H. Brandt. R. Voigtländers Verlag in Leipzig
mit 18 Nachbildungen nach der Aulendorfer Handschrift (Voigtänders
Quellenbücher Bd. 48).
Jahrbücher für Kultur und Geschichte der Slaven, N. F. Band v. Heft 1, 1929, E.
Perfeckïj.
Das Netz des Glaubens, Peter Cheltschizki; traducido del antiguo idioma checo
al alemán por Dr. Karl Vogel (Einhorn Verlag in Dachau bei München).
History of the Moravian Church, J. E. Hutton.
Die Reformation und die älteren Reformparteien, Dr. Ludwig Keller.
Das Testament der Sterbenden Mutter, von J. A. Comenius. Escrito en bohemo,
en 1650, en el pueblo de Lissa. Traducido al alemán por Dora Perina en
Leitmeritz. Monatsschriften der C. G. XVI Band, Heft 1. Herausgegeben von
Ludwig Keller, Berlin. Weidmannsche Buchhandlung.
Stimme der Trauer, von J. A. Comenius. Traducido del bohemo al alemán por
Frauz Slamenik. Monatschriften der Comenius-Gesell-schaft XVII Band, Heft
Herausgegeben von Ludwig Keller. Verlag von Eugen Diederichs, Jena,
1908.
Unum Necessarium, J. A. Comenius.

