15-02-2014, 08:07 PM
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadbent
Cheltschizki relata como “en Basilea en 1433 el representante papal dijo que si bien había muchas cosas dignas de alabanza en la iglesia primitiva, esta era muy simple y pobre. Y que así como el templo siguió al tabernáculo, la belleza actual y la gloria de la Iglesia han seguido a su simplicidad original. Por otra parte, muchas cosas desconocidas para la iglesia primitiva ahora han llegado a conocerse.”
Sobre estas palabras Cheltschizki comenta: “El canto sería bueno si no fuera una mentira”.
Él enseñaba que el “el gran sacerdote” (refiriéndose al Papa) deshonra al Salvador al otorgarse a sí mismo el poder divino para perdonar pecados, lo cual Dios ha reservado sólo para sí.
“ Dios ha testificado que él mismo remite los pecados y borra las iniquidades de los hombres por medio de Cristo quien murió por los pecados de los hombres. En cuanto a esto, el testimonio de fe es que él es el Cordero de Dios que quitó los pecados y perdona al mundo, teniendo en sí mismo el único derecho de perdonar los pecados, porque el es Dios y hombre al mismo tiempo. Y por esto él murió como un hombre por los pecados y se entregó a Dios en la cruz como una ofrenda por los pecados. De ese modo, Dios obró el perdón de los pecados del mundo por medio de él y sus sufrimientos. Él es el único que tiene el poder y el derecho de perdonar a los hombres sus pecados.
Por lo tanto, "el gran sacerdote", con toda su ostentosidad con que se levanta por encima de todo lo que se llama Dios, como un ladrón se ha adueñado de estos derechos de Cristo. Él ha establecido la peregrinación a Roma por medio de la cual se debe quitar los pecados. Por lo tanto, multitudes ebrias van allí desde todas las partes del mundo, y él, el padre de toda maldad, distribuye sus bendiciones a las multitudes desde un lugar alto para que ellos puedan tener el perdón de todos los pecados y la liberación de todo juicio. Él salva del infierno y el purgatorio, y no hay razón por qué alguien deba ir allí. Él también envía boletos a todas las naciones, por dinero, los cuales aseguran la liberación de todos los pecados y sufrimientos; las personas ni siquiera necesitan molestarse en venir a él, sólo tienen que enviar el dinero y todo les es perdonado. Este funcionario se ha adueñado de lo que sólo le pertenece al Señor, recibe la alabanza que le pertenece a su Señor y se enriquece por medio de la venta de estas cosas.
En tal caso, ¿qué otra cosa puede hacer Cristo por nosotros cuando su "representante" nos libera de juicio y todo pecado y nos puede hacer justos y santos?
Nuestros pecados son el único estorbo para nuestra salvación. Si el "gran sacerdote" remite todo esto, ¿qué hará el pobre Señor Jesús?
¿Por qué el mundo abandona así al Señor y no busca la salvación en él? Sencillamente porque "el gran sacerdote" eclipsa al Señor con su majestad y lo hace oscuridad en el mundo, mientras él, "el gran sacerdote", tiene un gran nombre y una fama sin igual, para que el Señor Jesús, ya crucificado, sea expuesto a la burla del mundo y sólo "el gran sacerdote" esté en boca de todos, y el mundo busque y encuentre la salvación en él.”
El Arzobispo utraquista, Rokycana, predicando en la famosa Iglesia Tyne en Praga, recomendó elocuentemente las enseñanzas de Cheltschizki y denunció los males existentes en la Iglesia de Roma. Sin embargo, él no obró según lo que predicó. No obstante, muchos de sus oyentes decidieron vivir los principios que habían aprendido, y, agrupándose alrededor de un hombre de buena reputación llamado Gregorio, conocido como el Patriarca, se separaron de Rokycana y fundaron una comunidad en el noreste de Bohemia (1457), en la villa de Kunwald, en el castillo de Lititz.
Muchos se unieron a ellos; algunos seguidores de Cheltschizki, otros provenientes de las iglesias valdenses, además de algunos estudiantes de Praga y muchos más.
Aunque mantuvieron una relación con la iglesia utraquista, en muchas cosas ellos regresaron a la enseñanza de la Escritura y a la práctica de las iglesias primitivas. Ellos tenían a un sacerdote utraquista por pastor, pero también eligieron ancianos; también había algunos entre ellos que, según la antigua costumbre valdense, eran llamados “los perfectos”; estos renunciaban a todas sus propiedades.
Pero no los dejaron vivir en paz por mucho tiempo. Al cabo de unos pocos años el poblado de Kunwald fue disuelto, y la iglesia utraquista los persiguió implacablemente. Un tal Jacob Hulava fue quemado, y los hermanos se escondieron en las montañas y los bosques. No obstante, la cantidad de hermanos iba en aumento, y poco a poco disminuyó la persecución.
En 1463, en las montañas de Reichenau, y nuevamente en 1467 en Lhota, hubo reuniones de hermanos en las cuales estuvieron presentes muchas personas de rango e influencia, y donde discutieron de nuevo los principios de la iglesia.
Una de las primeras cosas que hicieron fue bautizar a los presentes, ya que el bautismo de creyentes por inmersión era común para los valdenses y para la mayoría de los hermanos de las distintas partes, aunque había sido interrumpido por la presión de la persecución.
Ellos, además, declararon formalmente su separación de la Iglesia de Roma. También adoptaron el nombre de Jednota Bratrskâ (la iglesia de la hermandad) o Unitas Fratrum, (los “hermanos unidos”).
Ellos no deseaban con esto fundar un nuevo grupo ni separarse, en ninguna manera, de las muchas otras iglesias de hermanos en muchos lugares. Su deseo era que su ejemplo pudiera animar a otros hermanos para que dieran a conocer más definitivamente su separación del sistema de la Iglesia Romana.
Antes de concluir sus reuniones, nueve hombres fueron elegidos de entre los presentes, unos sesenta aproximadamente. De estos nueve, tres fueron elegidos por medio de echar suertes, y de estos tres fue elegido uno, que resultó ser Matías de Kunwald, a quien enviaron para que fuera ordenado en Austria por el obispo valdense Esteban. De este modo se reiteró su relación continua con los hermanos valdenses.
Ellos no consideraban esta ordenación como esencial, sino deseable; en su opinión. En el tiempo de Silvestre la Iglesia Romana había perdido cualquier forma de sucesión apostólica que alguna vez pudo haber tenido, y creían que si aún existía alguna, tendría que haberse preservado entre los cátaros, los paulicianos y los valdenses.
Los hermanos le comunicaron sus decisiones al Arzobispo Rokycana. Cuando Rokycana, desde el púlpito, los denunció, ellos le dieron más explicación por escrito, comunicándole que su acción no era la formación de algo nuevo, sino un regreso a la verdadera iglesia de los primeros cristianos, la cual siempre se había mantenida entre los valdenses.
Acusados de que al separarse condenaron a todos los que no pertenecían a sus círculos y les negaron la posibilidad de salvación, respondieron que nunca habían sostenido que el verdadero cristianismo estuviera sujeto a formas y opiniones particulares.
También dijeron que conocían a cristianos verdaderos entre aquellos que no pertenecían a sus asambleas, y que consideraban como un pecado por parte de la Iglesia de Roma el hecho de que esta les negaba la salvación a los que no se sometían al Papa.
Un sobrino del Arzobispo, que se encontraba entre los hermanos, escribió: “Nadie puede decir que nosotros condenamos y excluimos a todos los que permanecen obedientes a la Iglesia Romana. (…) Eso no es de ninguna manera nuestra persuasión. (…) Así como nosotros no excluimos a los elegidos en las iglesias griegas e indias, tampoco condenamos a los elegidos entre las romanas…”
Ellos insistían en la santidad de vida como enseñaban el Señor y los apóstoles, siendo ayudados por la disciplina de la iglesia como se muestra en las Escrituras. Se recomendaba la simplicidad entre los hermanos en el estilo de vida. No debía haber sufrimiento por causa de la pobreza, porque los ricos debían estar siempre dispuestos a ayudar a los pobres.
La doctrina de la justificación por medio de la fe fue enseñada con mayor claridad que antes.
Después de un tiempo el Papa, Alejandro VI, tuvo éxito en persuadir al rey de Bohemia de que el creciente poder de los “hermanos” ponía en peligro su trono. Fue así como en 1507 se promulgó el Edicto de San Santiago, el cual exigía que todas las iglesias deberían unirse a la Iglesia Católica Romana o a la Iglesia Utraquista. De lo contrario, debían abandonar el país.
Una vez más los “hermanos” fueron objeto de persecución, los lugares de reunión fueron cerrados, sus libros quemados, y ellos mismos fueron encarcelados, exiliados o asesinados cruelmente.
(Continuará)
Por Edmund Hamer Broadbent
Cheltschizki relata como “en Basilea en 1433 el representante papal dijo que si bien había muchas cosas dignas de alabanza en la iglesia primitiva, esta era muy simple y pobre. Y que así como el templo siguió al tabernáculo, la belleza actual y la gloria de la Iglesia han seguido a su simplicidad original. Por otra parte, muchas cosas desconocidas para la iglesia primitiva ahora han llegado a conocerse.”
Sobre estas palabras Cheltschizki comenta: “El canto sería bueno si no fuera una mentira”.
Él enseñaba que el “el gran sacerdote” (refiriéndose al Papa) deshonra al Salvador al otorgarse a sí mismo el poder divino para perdonar pecados, lo cual Dios ha reservado sólo para sí.
“ Dios ha testificado que él mismo remite los pecados y borra las iniquidades de los hombres por medio de Cristo quien murió por los pecados de los hombres. En cuanto a esto, el testimonio de fe es que él es el Cordero de Dios que quitó los pecados y perdona al mundo, teniendo en sí mismo el único derecho de perdonar los pecados, porque el es Dios y hombre al mismo tiempo. Y por esto él murió como un hombre por los pecados y se entregó a Dios en la cruz como una ofrenda por los pecados. De ese modo, Dios obró el perdón de los pecados del mundo por medio de él y sus sufrimientos. Él es el único que tiene el poder y el derecho de perdonar a los hombres sus pecados.
Por lo tanto, "el gran sacerdote", con toda su ostentosidad con que se levanta por encima de todo lo que se llama Dios, como un ladrón se ha adueñado de estos derechos de Cristo. Él ha establecido la peregrinación a Roma por medio de la cual se debe quitar los pecados. Por lo tanto, multitudes ebrias van allí desde todas las partes del mundo, y él, el padre de toda maldad, distribuye sus bendiciones a las multitudes desde un lugar alto para que ellos puedan tener el perdón de todos los pecados y la liberación de todo juicio. Él salva del infierno y el purgatorio, y no hay razón por qué alguien deba ir allí. Él también envía boletos a todas las naciones, por dinero, los cuales aseguran la liberación de todos los pecados y sufrimientos; las personas ni siquiera necesitan molestarse en venir a él, sólo tienen que enviar el dinero y todo les es perdonado. Este funcionario se ha adueñado de lo que sólo le pertenece al Señor, recibe la alabanza que le pertenece a su Señor y se enriquece por medio de la venta de estas cosas.
En tal caso, ¿qué otra cosa puede hacer Cristo por nosotros cuando su "representante" nos libera de juicio y todo pecado y nos puede hacer justos y santos?
Nuestros pecados son el único estorbo para nuestra salvación. Si el "gran sacerdote" remite todo esto, ¿qué hará el pobre Señor Jesús?
¿Por qué el mundo abandona así al Señor y no busca la salvación en él? Sencillamente porque "el gran sacerdote" eclipsa al Señor con su majestad y lo hace oscuridad en el mundo, mientras él, "el gran sacerdote", tiene un gran nombre y una fama sin igual, para que el Señor Jesús, ya crucificado, sea expuesto a la burla del mundo y sólo "el gran sacerdote" esté en boca de todos, y el mundo busque y encuentre la salvación en él.”
El Arzobispo utraquista, Rokycana, predicando en la famosa Iglesia Tyne en Praga, recomendó elocuentemente las enseñanzas de Cheltschizki y denunció los males existentes en la Iglesia de Roma. Sin embargo, él no obró según lo que predicó. No obstante, muchos de sus oyentes decidieron vivir los principios que habían aprendido, y, agrupándose alrededor de un hombre de buena reputación llamado Gregorio, conocido como el Patriarca, se separaron de Rokycana y fundaron una comunidad en el noreste de Bohemia (1457), en la villa de Kunwald, en el castillo de Lititz.
Muchos se unieron a ellos; algunos seguidores de Cheltschizki, otros provenientes de las iglesias valdenses, además de algunos estudiantes de Praga y muchos más.
Aunque mantuvieron una relación con la iglesia utraquista, en muchas cosas ellos regresaron a la enseñanza de la Escritura y a la práctica de las iglesias primitivas. Ellos tenían a un sacerdote utraquista por pastor, pero también eligieron ancianos; también había algunos entre ellos que, según la antigua costumbre valdense, eran llamados “los perfectos”; estos renunciaban a todas sus propiedades.
Pero no los dejaron vivir en paz por mucho tiempo. Al cabo de unos pocos años el poblado de Kunwald fue disuelto, y la iglesia utraquista los persiguió implacablemente. Un tal Jacob Hulava fue quemado, y los hermanos se escondieron en las montañas y los bosques. No obstante, la cantidad de hermanos iba en aumento, y poco a poco disminuyó la persecución.
En 1463, en las montañas de Reichenau, y nuevamente en 1467 en Lhota, hubo reuniones de hermanos en las cuales estuvieron presentes muchas personas de rango e influencia, y donde discutieron de nuevo los principios de la iglesia.
Una de las primeras cosas que hicieron fue bautizar a los presentes, ya que el bautismo de creyentes por inmersión era común para los valdenses y para la mayoría de los hermanos de las distintas partes, aunque había sido interrumpido por la presión de la persecución.
Ellos, además, declararon formalmente su separación de la Iglesia de Roma. También adoptaron el nombre de Jednota Bratrskâ (la iglesia de la hermandad) o Unitas Fratrum, (los “hermanos unidos”).
Ellos no deseaban con esto fundar un nuevo grupo ni separarse, en ninguna manera, de las muchas otras iglesias de hermanos en muchos lugares. Su deseo era que su ejemplo pudiera animar a otros hermanos para que dieran a conocer más definitivamente su separación del sistema de la Iglesia Romana.
Antes de concluir sus reuniones, nueve hombres fueron elegidos de entre los presentes, unos sesenta aproximadamente. De estos nueve, tres fueron elegidos por medio de echar suertes, y de estos tres fue elegido uno, que resultó ser Matías de Kunwald, a quien enviaron para que fuera ordenado en Austria por el obispo valdense Esteban. De este modo se reiteró su relación continua con los hermanos valdenses.
Ellos no consideraban esta ordenación como esencial, sino deseable; en su opinión. En el tiempo de Silvestre la Iglesia Romana había perdido cualquier forma de sucesión apostólica que alguna vez pudo haber tenido, y creían que si aún existía alguna, tendría que haberse preservado entre los cátaros, los paulicianos y los valdenses.
Los hermanos le comunicaron sus decisiones al Arzobispo Rokycana. Cuando Rokycana, desde el púlpito, los denunció, ellos le dieron más explicación por escrito, comunicándole que su acción no era la formación de algo nuevo, sino un regreso a la verdadera iglesia de los primeros cristianos, la cual siempre se había mantenida entre los valdenses.
Acusados de que al separarse condenaron a todos los que no pertenecían a sus círculos y les negaron la posibilidad de salvación, respondieron que nunca habían sostenido que el verdadero cristianismo estuviera sujeto a formas y opiniones particulares.
También dijeron que conocían a cristianos verdaderos entre aquellos que no pertenecían a sus asambleas, y que consideraban como un pecado por parte de la Iglesia de Roma el hecho de que esta les negaba la salvación a los que no se sometían al Papa.
Un sobrino del Arzobispo, que se encontraba entre los hermanos, escribió: “Nadie puede decir que nosotros condenamos y excluimos a todos los que permanecen obedientes a la Iglesia Romana. (…) Eso no es de ninguna manera nuestra persuasión. (…) Así como nosotros no excluimos a los elegidos en las iglesias griegas e indias, tampoco condenamos a los elegidos entre las romanas…”
Ellos insistían en la santidad de vida como enseñaban el Señor y los apóstoles, siendo ayudados por la disciplina de la iglesia como se muestra en las Escrituras. Se recomendaba la simplicidad entre los hermanos en el estilo de vida. No debía haber sufrimiento por causa de la pobreza, porque los ricos debían estar siempre dispuestos a ayudar a los pobres.
La doctrina de la justificación por medio de la fe fue enseñada con mayor claridad que antes.
Después de un tiempo el Papa, Alejandro VI, tuvo éxito en persuadir al rey de Bohemia de que el creciente poder de los “hermanos” ponía en peligro su trono. Fue así como en 1507 se promulgó el Edicto de San Santiago, el cual exigía que todas las iglesias deberían unirse a la Iglesia Católica Romana o a la Iglesia Utraquista. De lo contrario, debían abandonar el país.
Una vez más los “hermanos” fueron objeto de persecución, los lugares de reunión fueron cerrados, sus libros quemados, y ellos mismos fueron encarcelados, exiliados o asesinados cruelmente.
(Continuará)

