08-02-2014, 11:36 PM
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadbent
Acerca del canto de los coristas en las iglesias, Erasmo escribe: “La música moderna de la Iglesia está compuesta de la manera que la congregación no puede distinguir una palabra (…) Un grupo de criaturas que deberían estarse lamentando por sus pecados se imaginan que pueden agradar a Dios, gorjeando con sus gargantas.”
Al presentar su Nuevo Testamento Griego, Erasmo escribe acerca de Cristo y las Escrituras: Si lo hubiéramos visto con nuestros ojos, no tendríamos un conocimiento tan íntimo como el que ellas nos dan acerca de Cristo cuando él habla, sana, muere y es resucitado, como si fuera en nuestra propia presencia (…) Si se nos muestran las huellas de Cristo en algún lugar, nos arrodillamos y las adoramos. ¿Por qué más bien no veneramos su imagen, viva y con aliento, en estos libros? (...) Yo deseo que incluso la mujer más débil pueda leer los Evangelios y las Epístolas del apóstol Pablo. Deseo que fueran traducidas a todos los idiomas para que fueran leídas y comprendidas, no sólo por los escoceses y los irlandeses, sino incluso por los sarracenos y los turcos. Pero el primer paso para que sean leídas es hacerlas entendibles al lector. Anhelo el día en que el esposo cantará partes de las Escrituras mientras sigue el arado, el tejedor las tarareará al compás del sonido de su lanzadera, el viajero pasará el tiempo de aburrimiento de su viaje leyendo sus historias.
Erasmo fue uno de los muchos que tenían la esperanza de una reforma pacífica del cristianismo. Las condiciones parecían favorables. El sanguinario Papa Julio había sido sucedido por León X de la famosa familia de Médicis. Esta familia irreligiosa, pero dedicada al arte y la literatura, dio su aprobación al Nuevo Testamento Griego de Erasmo.
Francisco I, rey de Francia, había resistido a toda Europa antes que rendir las libertades de Francia al Papa Julio. Enrique VIII de Inglaterra estaba de manera entusiasta a favor de la reforma, y se había echo rodear de los mejores y más capaces hombres de la misma mentalidad: Colet, el Sir Tomás More, Arzobispo Warham, Dr. Fisher. Los otros gobernantes de Europa, en el imperio y en España, estaban a favor. Pero las grandes instituciones no cambian fácilmente. Estas se resienten por la crítica y se oponen a la reforma. Nunca existió una posibilidad real de que la Corte Romana estaría de acuerdo con la enseñanza y el ejemplo de Cristo. Se requería algún tipo de agencia nueva y poderosa para llevar a cabo la reforma, y esta estaba siendo preparada silenciosamente en el mismo centro de los círculos de monjes. El descubrimiento fue hecho por alguien considerado como el líder del movimiento de reforma, Johann von Staupitz. Johann era Vicario General de los agustinos, y en un viaje (1505) de inspección de las casas de esta orden, encontró en Erfurt a un joven monje, Martín Lutero, que estaba profundamente preocupado por la salvación de su alma. Staupitz se ganó su confianza al mostrarse sinceramente preocupado por ayudarlo, y le aconsejó que estudiara las Sagradas Escrituras, que leyera la obra de Agustín, los escritos de Tauler y los místicos. Martín Lutero siguió este consejo, y al hacerlo la luz iluminó
su vida, y la doctrina de la justificación por medio de la fe se convirtió en la experiencia de su alma.
(Fin Capítulo 6)
Bibliografía:
* Die Reformation and die älteren Reformparteien, Dr. Ludwig Keller.
Nicolaus von Basel Leben und Ausgewählte Schriften, Dr. Karl Schmidt. (Wien, 1866).
* Die Reformation and die älteren Reformparteien, Dr. Ludwig Keller.
* Life and Letters of Erasmus, J. A. Froude.
Por Edmund Hamer Broadbent
Acerca del canto de los coristas en las iglesias, Erasmo escribe: “La música moderna de la Iglesia está compuesta de la manera que la congregación no puede distinguir una palabra (…) Un grupo de criaturas que deberían estarse lamentando por sus pecados se imaginan que pueden agradar a Dios, gorjeando con sus gargantas.”
Al presentar su Nuevo Testamento Griego, Erasmo escribe acerca de Cristo y las Escrituras: Si lo hubiéramos visto con nuestros ojos, no tendríamos un conocimiento tan íntimo como el que ellas nos dan acerca de Cristo cuando él habla, sana, muere y es resucitado, como si fuera en nuestra propia presencia (…) Si se nos muestran las huellas de Cristo en algún lugar, nos arrodillamos y las adoramos. ¿Por qué más bien no veneramos su imagen, viva y con aliento, en estos libros? (...) Yo deseo que incluso la mujer más débil pueda leer los Evangelios y las Epístolas del apóstol Pablo. Deseo que fueran traducidas a todos los idiomas para que fueran leídas y comprendidas, no sólo por los escoceses y los irlandeses, sino incluso por los sarracenos y los turcos. Pero el primer paso para que sean leídas es hacerlas entendibles al lector. Anhelo el día en que el esposo cantará partes de las Escrituras mientras sigue el arado, el tejedor las tarareará al compás del sonido de su lanzadera, el viajero pasará el tiempo de aburrimiento de su viaje leyendo sus historias.
Erasmo fue uno de los muchos que tenían la esperanza de una reforma pacífica del cristianismo. Las condiciones parecían favorables. El sanguinario Papa Julio había sido sucedido por León X de la famosa familia de Médicis. Esta familia irreligiosa, pero dedicada al arte y la literatura, dio su aprobación al Nuevo Testamento Griego de Erasmo.
Francisco I, rey de Francia, había resistido a toda Europa antes que rendir las libertades de Francia al Papa Julio. Enrique VIII de Inglaterra estaba de manera entusiasta a favor de la reforma, y se había echo rodear de los mejores y más capaces hombres de la misma mentalidad: Colet, el Sir Tomás More, Arzobispo Warham, Dr. Fisher. Los otros gobernantes de Europa, en el imperio y en España, estaban a favor. Pero las grandes instituciones no cambian fácilmente. Estas se resienten por la crítica y se oponen a la reforma. Nunca existió una posibilidad real de que la Corte Romana estaría de acuerdo con la enseñanza y el ejemplo de Cristo. Se requería algún tipo de agencia nueva y poderosa para llevar a cabo la reforma, y esta estaba siendo preparada silenciosamente en el mismo centro de los círculos de monjes. El descubrimiento fue hecho por alguien considerado como el líder del movimiento de reforma, Johann von Staupitz. Johann era Vicario General de los agustinos, y en un viaje (1505) de inspección de las casas de esta orden, encontró en Erfurt a un joven monje, Martín Lutero, que estaba profundamente preocupado por la salvación de su alma. Staupitz se ganó su confianza al mostrarse sinceramente preocupado por ayudarlo, y le aconsejó que estudiara las Sagradas Escrituras, que leyera la obra de Agustín, los escritos de Tauler y los místicos. Martín Lutero siguió este consejo, y al hacerlo la luz iluminó
su vida, y la doctrina de la justificación por medio de la fe se convirtió en la experiencia de su alma.
(Fin Capítulo 6)
Bibliografía:
* Die Reformation and die älteren Reformparteien, Dr. Ludwig Keller.
Nicolaus von Basel Leben und Ausgewählte Schriften, Dr. Karl Schmidt. (Wien, 1866).
* Die Reformation and die älteren Reformparteien, Dr. Ludwig Keller.
* Life and Letters of Erasmus, J. A. Froude.

