22-01-2014, 12:23 AM
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadbent
En el conflicto entre el Emperador Ludwig de Baviera y el Papa, el conocido dominico, Dr. Johannes Tauler, atrevidamente se puso de parte del emperador. Él no sólo era altamente estimado y querido en Estrasburgo, donde sus sermones atraían a multitudes de personas, sino que su fama como predicador y maestro se difundió en otros países. Cuando (1338) a causa del interdicto, la mayoría del clero abandonó Estrasburgo, Tauler se quedó allí al ver que la necesidad de la ciudad aumentaba y con ella las oportunidades de servicio.
Tauler también visitó otros lugares que estaban sufriendo de la misma manera que Estrasburgo, pasándose algún tiempo en Basilea y en Colonia.
Diez años más tarde, la peste devastó a Estrasburgo y nuevamente Tauler se mantuvo firme, y, con dos amigos, un monje agustino y otro cartujo, sirvieron al pueblo sufrido y aterrorizado. Estos tres publicaron cartas en las cuales justificaban su servicio hacia aquellos bajo la prohibición. Ellos alegaban que Cristo murió por todos, y por lo tanto, el Papa no podía cerrarle el camino de la salvación a nadie sólo porque negara su autoridad y fuera fiel a su verdadero Rey. Por esta razón, los tres amigos fueron expulsados de Estrasburgo.
Se retiraron al convento vecino del cual el monje cartujo era prior, y desde allí continuaron enviando sus escritos. Más tarde Tauler vivió en Colonia, y predicaba en la iglesia de Santa Gertrudis. Después pudo regresar a Estrasburgo donde murió (1361), a los setenta años de edad, después de una penosa enfermedad.
Durante el tiempo de su enfermedad fue atendido por su hermana en el convento donde ella era monja.
Durante su vida, Tauler fue acusado de pertenecer a las “sectas”, ante lo cual él se defendía diciendo que pertenecía a los “amigos de Dios”. Él dijo: “El Príncipe de este mundo en la actualidad ha estado sembrando malas hierbas entre las rosas, al punto de que las rosas a menudo se ahogan o son gravemente heridas por las zarzas.
Hijos, se requiere una fuga o una distinción, una especie de separación, ya sea dentro o fuera de los claustros, y el hecho de que los "amigos de Dios" profesen ser diferentes a los amigos del mundo no los hace ser parte de una secta.” Cuando su enseñanza fue llamada la de los begardos, él respondió advirtiendo a la “gente ilusa e inconsciente” cuya confianza era el haber hecho todo “lo que la Santa Iglesia les había ordenado”, que “después de haber hecho todo eso, todavía no tendrían paz en sus corazones a menos que la divina y eterna Palabra del Padre celestial los renovara interiormente y verdaderamente hiciera de ellos una nueva criatura.
En lugar de esto ellos descansan en una seguridad falsa y dicen: ‘Pertenecemos a una orden sagrada y tenemos la santa hermandad y oramos y leemos’. Estos ciegos creen que se puede jugar con los sufrimientos de nuestro Señor Jesucristo y su preciosa sangre derramada, sin ver las consecuencias. No, hijos, no puede ser así… y si alguien viene y los advierte con relación al peligro espantoso en el cual viven y les dice que morirán en el temor, ellos se burlan de sus palabras y responden: ‘Así hablan los begardos’. Esto es lo que les dicen a los que no soportan ver los sufrimientos de su prójimo, y que a la vez les señalan el camino correcto.” Tauler dijo que son los miembros del clero los que piensan altamente de sí mismos y consideran que ellos y sus propios métodos son necesariamente perfectos. Ellos son los verdaderos “fariseos” y los que destruyen a los “amigos de Dios”.
El General de los jesuitas ordenó (1576) que los libros de Tauler no deberían leerse, y el Papa Sixto V (1590) ubicó los sermones de Tauler a la lista de libros prohibidos. Aquellos escritos de Tauler considerados altamente heréticos fueron destruidos, y los que quedan han sido alterados.
Por otra parte, tanto a Eckart como a Tauler les atribuyen obras que evidentemente no fueron escritas por ellos.
A causa de la persecución que imperaba en ese tiempo, generalmente se ocultaba la verdadera autoría de muchos libros. Lo que poseemos de la enseñanza de Tauler muestra su solidaridad íntima con los hermanos y las iglesias cristianas.
El libro titulado Historia de la conversión de Tauler, ha sido siempre vinculado a los sermones de Tauler. Pero se ha demostrado que no fue escrito por él ni proviene de él. Sin embargo, es un libro que bien merece la amplia circulación que ha tenido. Dicho libro relata la conversión de un sacerdote y destacado predicador por medio de los consejos de un laico devoto. El libro también guarda relación con otra obra de gran influencia, "Las Nueve rocas", cuyo autor se desconoce. Por mucho tiempo se creyó que esta obra había sido escrita por Suso, pero en realidad este tomó su edición de una copia hecha por el adinerado ciudadano de Estrasburgo, Rulman Merswin, uno de los amigos más íntimos de Tauler. En su edición, Suso omite un pasaje que habría resultado ofensivo debido a ciertas sensibilidades Católico Romanas, pero que era algo característico de la enseñanza de los hermanos. El pasaje decía: Les digo que hacen bien cuando oran a Dios para que tenga misericordia de la pobre cristiandad, sabiendo que por muchos centenares de años la cristiandad nunca ha sido tan pobre y tan malvada como en estos tiempos; pero les digo, considerando que ustedes dicen que los judíos malvados y los paganos están todos perdidos, que eso no es cierto. Les digo que en estos días, hay una parte de los paganos y los judíos que Dios prefiere mucho más que a muchos de los que llevan el nombre de cristiano y, sin embargo, viven contrario a todo orden cristiano… en tanto que el judío o pagano, que en cualquier parte del mundo, posee una mente buena y temerosa de Dios, en simplicidad y honestidad, y en su razonamiento y juicio no conoce otra fe mejor que aquella en la que nació, pero estaría dispuesto y deseoso de dejarla si le dieran a conocer alguna otra fe que fuese más aceptable a Dios, y obedecería a Dios aunque por causa de ello arriesgue su cuerpo y bienes; les digo, donde hay un judío o pagano así tan sincero en su vida, oiga, ¿no será acaso mucho más querido por Dios que los malvados y falsos cristianos que han recibido el bautismo y a sabiendas actúan contrario a Dios?
Suso también alteró un pasaje donde se atribuye la persecución de los judíos a la codicia de los cristianos, y lo hace ver como la codicia de los judíos; un cambio que se ajusta a sus lectores en general.
De las muchas personas devotas con quien Tauler tuvo contacto, una de las más interesantes es conocida como el “amigo de Dios del Oberland”; su verdadero nombre es desconocido. La primer mención que se hace de él fue en 1340, cuando ya era uno de aquellos “apóstoles” ocultos del mundo a causa de la persecución, aunque ejercía una autoridad e influencia extraordinaria.
Él hablaba italiano y alemán, visitó a los hermanos en Italia y Hungría, y en 1350 aproximadamente, llegó a Estrasburgo. Dos años más tarde repitió la visita. Fue en Estrasburgo que conoció a Rulman Merswin y le dio el libro de Las nueve rocas para que lo copiara.
En 1356, después de un terremoto que tuvo lugar en Basilea, el “amigo de Dios” escribió una Carta a la cristiandad, recomendando la opción de seguir a Cristo como el único remedio para todos los males. Después de esto él y algunos de sus compañeros se establecieron en un lugar lejano en las montañas, y desde allí mantuvieron correspondencia con los hermanos de las distintas regiones. El “amigo de Dios del Oberland” había tenido una buena posición, pero cuando decidió dejar el mundo renunció a todas sus posesiones. Él no repartió todo su dinero de una sola vez, sino que por un tiempo lo usó como un préstamo de Dios, y poco a poco lo empleó todo en obras piadosas. Él se quedó soltero. Al escribir a una “Casa de Dios” fundada por Rulman Merswin cerca de Estrasburgo, él describe el pequeño asentamiento en las montañas como un grupo de “hermanos cristianos modestos, buenos y sencillos”, y dice que todos ellos estaban convencidos de que Dios estaba a punto de hacer algo hasta ese entonces oculto, y que mientras no se revelara debían permanecer donde estaban, pero luego tendrían que separarse hasta los confines de la cristiandad. Él solicita las oraciones de sus lectores, pues dice que los “amigos de Dios están en apuros”.
Al escribir acerca de estar muerto al mundo, él explica: Lo que queremos decir no es que uno salga del mundo y se convierta en monje, sino que se debe quedar en el mundo, pero no debe consumir su corazón y sentimientos en amigos y honores mundanos.
Debe reconocer que cuando él tenía ese estilo de vida, buscaba sus cosas y su propio honor más que las cosas y el honor de Dios. Que renuncie, pues, a ese honor mundano y que busque el honor de Dios en todos sus actos, como el mismo Dios le ha aconsejado tantas veces. Luego, estoy seguro de que Dios en su sabiduría divina lo iluminará, y con esa sabiduría en apenas una hora él sabrá mejor cómo dar un buen consejo que anteriormente en un año entero.
Al ser consultado por Merswin en lo referente a su manera de usar el dinero, el “amigo de Dios del Oberland” le respondió: “¿Acaso no sería mejor ayudar a los pobres que construir un convento?”
En 1380, trece de los “amigos de Dios” se reunieron en un lugar oculto en las montañas. Entre ellos se encontraba un hermano procedente de Milán y otro de Génova, un comerciante que había repartido todas sus riquezas por causa de Cristo. También dos hermanos de Hungría. Después de pasar mucho tiempo en oración, todos tomaron juntos la Cena del Señor. Luego, ante la reanudación de la persecución y las circunstancias en que se encontraban los creyentes, estos hermanos se consultaron mutuamente sobre qué sería lo mejor hacer. Más tarde enviaron sus recomendaciones a los amigos secretos en diversas regiones, como era el caso de Merswin en Estrasburgo, y otros. Más adelante, todos se dispersaron, yendo cada cual por su rumbo, y según se sabe, todos murieron por causa de su testimonio.
(Comtinuará)
Por Edmund Hamer Broadbent
En el conflicto entre el Emperador Ludwig de Baviera y el Papa, el conocido dominico, Dr. Johannes Tauler, atrevidamente se puso de parte del emperador. Él no sólo era altamente estimado y querido en Estrasburgo, donde sus sermones atraían a multitudes de personas, sino que su fama como predicador y maestro se difundió en otros países. Cuando (1338) a causa del interdicto, la mayoría del clero abandonó Estrasburgo, Tauler se quedó allí al ver que la necesidad de la ciudad aumentaba y con ella las oportunidades de servicio.
Tauler también visitó otros lugares que estaban sufriendo de la misma manera que Estrasburgo, pasándose algún tiempo en Basilea y en Colonia.
Diez años más tarde, la peste devastó a Estrasburgo y nuevamente Tauler se mantuvo firme, y, con dos amigos, un monje agustino y otro cartujo, sirvieron al pueblo sufrido y aterrorizado. Estos tres publicaron cartas en las cuales justificaban su servicio hacia aquellos bajo la prohibición. Ellos alegaban que Cristo murió por todos, y por lo tanto, el Papa no podía cerrarle el camino de la salvación a nadie sólo porque negara su autoridad y fuera fiel a su verdadero Rey. Por esta razón, los tres amigos fueron expulsados de Estrasburgo.
Se retiraron al convento vecino del cual el monje cartujo era prior, y desde allí continuaron enviando sus escritos. Más tarde Tauler vivió en Colonia, y predicaba en la iglesia de Santa Gertrudis. Después pudo regresar a Estrasburgo donde murió (1361), a los setenta años de edad, después de una penosa enfermedad.
Durante el tiempo de su enfermedad fue atendido por su hermana en el convento donde ella era monja.
Durante su vida, Tauler fue acusado de pertenecer a las “sectas”, ante lo cual él se defendía diciendo que pertenecía a los “amigos de Dios”. Él dijo: “El Príncipe de este mundo en la actualidad ha estado sembrando malas hierbas entre las rosas, al punto de que las rosas a menudo se ahogan o son gravemente heridas por las zarzas.
Hijos, se requiere una fuga o una distinción, una especie de separación, ya sea dentro o fuera de los claustros, y el hecho de que los "amigos de Dios" profesen ser diferentes a los amigos del mundo no los hace ser parte de una secta.” Cuando su enseñanza fue llamada la de los begardos, él respondió advirtiendo a la “gente ilusa e inconsciente” cuya confianza era el haber hecho todo “lo que la Santa Iglesia les había ordenado”, que “después de haber hecho todo eso, todavía no tendrían paz en sus corazones a menos que la divina y eterna Palabra del Padre celestial los renovara interiormente y verdaderamente hiciera de ellos una nueva criatura.
En lugar de esto ellos descansan en una seguridad falsa y dicen: ‘Pertenecemos a una orden sagrada y tenemos la santa hermandad y oramos y leemos’. Estos ciegos creen que se puede jugar con los sufrimientos de nuestro Señor Jesucristo y su preciosa sangre derramada, sin ver las consecuencias. No, hijos, no puede ser así… y si alguien viene y los advierte con relación al peligro espantoso en el cual viven y les dice que morirán en el temor, ellos se burlan de sus palabras y responden: ‘Así hablan los begardos’. Esto es lo que les dicen a los que no soportan ver los sufrimientos de su prójimo, y que a la vez les señalan el camino correcto.” Tauler dijo que son los miembros del clero los que piensan altamente de sí mismos y consideran que ellos y sus propios métodos son necesariamente perfectos. Ellos son los verdaderos “fariseos” y los que destruyen a los “amigos de Dios”.
El General de los jesuitas ordenó (1576) que los libros de Tauler no deberían leerse, y el Papa Sixto V (1590) ubicó los sermones de Tauler a la lista de libros prohibidos. Aquellos escritos de Tauler considerados altamente heréticos fueron destruidos, y los que quedan han sido alterados.
Por otra parte, tanto a Eckart como a Tauler les atribuyen obras que evidentemente no fueron escritas por ellos.
A causa de la persecución que imperaba en ese tiempo, generalmente se ocultaba la verdadera autoría de muchos libros. Lo que poseemos de la enseñanza de Tauler muestra su solidaridad íntima con los hermanos y las iglesias cristianas.
El libro titulado Historia de la conversión de Tauler, ha sido siempre vinculado a los sermones de Tauler. Pero se ha demostrado que no fue escrito por él ni proviene de él. Sin embargo, es un libro que bien merece la amplia circulación que ha tenido. Dicho libro relata la conversión de un sacerdote y destacado predicador por medio de los consejos de un laico devoto. El libro también guarda relación con otra obra de gran influencia, "Las Nueve rocas", cuyo autor se desconoce. Por mucho tiempo se creyó que esta obra había sido escrita por Suso, pero en realidad este tomó su edición de una copia hecha por el adinerado ciudadano de Estrasburgo, Rulman Merswin, uno de los amigos más íntimos de Tauler. En su edición, Suso omite un pasaje que habría resultado ofensivo debido a ciertas sensibilidades Católico Romanas, pero que era algo característico de la enseñanza de los hermanos. El pasaje decía: Les digo que hacen bien cuando oran a Dios para que tenga misericordia de la pobre cristiandad, sabiendo que por muchos centenares de años la cristiandad nunca ha sido tan pobre y tan malvada como en estos tiempos; pero les digo, considerando que ustedes dicen que los judíos malvados y los paganos están todos perdidos, que eso no es cierto. Les digo que en estos días, hay una parte de los paganos y los judíos que Dios prefiere mucho más que a muchos de los que llevan el nombre de cristiano y, sin embargo, viven contrario a todo orden cristiano… en tanto que el judío o pagano, que en cualquier parte del mundo, posee una mente buena y temerosa de Dios, en simplicidad y honestidad, y en su razonamiento y juicio no conoce otra fe mejor que aquella en la que nació, pero estaría dispuesto y deseoso de dejarla si le dieran a conocer alguna otra fe que fuese más aceptable a Dios, y obedecería a Dios aunque por causa de ello arriesgue su cuerpo y bienes; les digo, donde hay un judío o pagano así tan sincero en su vida, oiga, ¿no será acaso mucho más querido por Dios que los malvados y falsos cristianos que han recibido el bautismo y a sabiendas actúan contrario a Dios?
Suso también alteró un pasaje donde se atribuye la persecución de los judíos a la codicia de los cristianos, y lo hace ver como la codicia de los judíos; un cambio que se ajusta a sus lectores en general.
De las muchas personas devotas con quien Tauler tuvo contacto, una de las más interesantes es conocida como el “amigo de Dios del Oberland”; su verdadero nombre es desconocido. La primer mención que se hace de él fue en 1340, cuando ya era uno de aquellos “apóstoles” ocultos del mundo a causa de la persecución, aunque ejercía una autoridad e influencia extraordinaria.
Él hablaba italiano y alemán, visitó a los hermanos en Italia y Hungría, y en 1350 aproximadamente, llegó a Estrasburgo. Dos años más tarde repitió la visita. Fue en Estrasburgo que conoció a Rulman Merswin y le dio el libro de Las nueve rocas para que lo copiara.
En 1356, después de un terremoto que tuvo lugar en Basilea, el “amigo de Dios” escribió una Carta a la cristiandad, recomendando la opción de seguir a Cristo como el único remedio para todos los males. Después de esto él y algunos de sus compañeros se establecieron en un lugar lejano en las montañas, y desde allí mantuvieron correspondencia con los hermanos de las distintas regiones. El “amigo de Dios del Oberland” había tenido una buena posición, pero cuando decidió dejar el mundo renunció a todas sus posesiones. Él no repartió todo su dinero de una sola vez, sino que por un tiempo lo usó como un préstamo de Dios, y poco a poco lo empleó todo en obras piadosas. Él se quedó soltero. Al escribir a una “Casa de Dios” fundada por Rulman Merswin cerca de Estrasburgo, él describe el pequeño asentamiento en las montañas como un grupo de “hermanos cristianos modestos, buenos y sencillos”, y dice que todos ellos estaban convencidos de que Dios estaba a punto de hacer algo hasta ese entonces oculto, y que mientras no se revelara debían permanecer donde estaban, pero luego tendrían que separarse hasta los confines de la cristiandad. Él solicita las oraciones de sus lectores, pues dice que los “amigos de Dios están en apuros”.
Al escribir acerca de estar muerto al mundo, él explica: Lo que queremos decir no es que uno salga del mundo y se convierta en monje, sino que se debe quedar en el mundo, pero no debe consumir su corazón y sentimientos en amigos y honores mundanos.
Debe reconocer que cuando él tenía ese estilo de vida, buscaba sus cosas y su propio honor más que las cosas y el honor de Dios. Que renuncie, pues, a ese honor mundano y que busque el honor de Dios en todos sus actos, como el mismo Dios le ha aconsejado tantas veces. Luego, estoy seguro de que Dios en su sabiduría divina lo iluminará, y con esa sabiduría en apenas una hora él sabrá mejor cómo dar un buen consejo que anteriormente en un año entero.
Al ser consultado por Merswin en lo referente a su manera de usar el dinero, el “amigo de Dios del Oberland” le respondió: “¿Acaso no sería mejor ayudar a los pobres que construir un convento?”
En 1380, trece de los “amigos de Dios” se reunieron en un lugar oculto en las montañas. Entre ellos se encontraba un hermano procedente de Milán y otro de Génova, un comerciante que había repartido todas sus riquezas por causa de Cristo. También dos hermanos de Hungría. Después de pasar mucho tiempo en oración, todos tomaron juntos la Cena del Señor. Luego, ante la reanudación de la persecución y las circunstancias en que se encontraban los creyentes, estos hermanos se consultaron mutuamente sobre qué sería lo mejor hacer. Más tarde enviaron sus recomendaciones a los amigos secretos en diversas regiones, como era el caso de Merswin en Estrasburgo, y otros. Más adelante, todos se dispersaron, yendo cada cual por su rumbo, y según se sabe, todos murieron por causa de su testimonio.
(Comtinuará)

