26-11-2013, 01:23 AM
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadbent
Un escritor culto del siglo X, Muschag, fue sumamente impresionado con la enseñanza de los thonraks, considerando como un acto despreciable y no cristiano el de simplemente condenar a esas personas. Él creía que había encontrado entre ellos un verdadero cristianismo apostólico.
Al escuchar de cierto caso de persecución contra ellos, Muschag dijo que su porción en la vida era digna de envidia.
No existe evidencia para sustentar la acusación contra estos cristianos, paulicianos, thonraks, búlgaros, bogomilos o cómo se les quisiera llamar, de que eran culpables de prácticas malvadas; y los informes dados por sus enemigos acerca de sus doctrinas no tienen fundamento. Más bien, por lo general era reconocido, incluso por sus adversarios, que su nivel de vida, su moralidad y su diligencia eran superiores a los que prevalecían a su alrededor. Y era esto, en gran parte, lo que atraía a su grupo a muchos que no lograban encontrar en la Iglesia del estado algo que les satisficiera .
La persecución bizantina empujó a muchos de los creyentes en dirección oeste hacia Serbia, y el poder de la Iglesia Ortodoxa en Serbia los obligó a ir más allá, hacia Bosnia. Su actividad se mantuvo en la parte oriental de la península y en Asia Menor. En el año 1140, fue encontrada una supuesta herejía bogomila en los escritos de Constantino Chrysomalus y fue censurada en un Sínodo que tuvo lugar en Constantinopla. La enseñanza objetada fue que el bautismo de la Iglesia es ineficaz; que nada de lo que hacen las personas incrédulas, aunque sean bautizadas, tiene algún valor (...)
En 1143, un Sínodo en Constantinopla depuso a dos obispos capadocios bajo la acusación de ser bogomilos, y en el siglo siguiente el patriarca Gemadius se quejó de su propagación en la propia Constantinopla, donde, se decía, ellos entraban en las casas privadas y convertían a las personas. Por otra parte, sus iglesias continuaron en Bulgaria.
Todavía en el siglo XVII quedaban congregaciones conocidas como “pavlicani” (paulicianos)7 en Philippopolis (actual Plovdiv) y en otras partes de Bulgaria, incluso al norte del Danubio. Estas congregaciones fueron tildadas por la Iglesia Ortodoxa de “herejes convencidos”, y ellas, a su vez, condenaban a la Iglesia Ortodoxa como idólatra. Luego vinieron los misioneros franciscanos desde Bosnia y trabajaron con mucho entusiasmo entre ellos, a pesar de los muchos peligros que se derivaron de la cólera desatada entre el clero ortodoxo. Aprovechándose de la persecución sufrida por los paulicianos a manos de la Iglesia Ortodoxa, los misioneros poco a poco los convencieron de ponerse a sí mismos bajo la protección de la Iglesia Católica Romana y así fue como los ganaron para Roma. Sin embargo, mucho después de esto, ellos todavía continuaban con algunas de sus prácticas anteriores, especialmente su costumbre de reunirse para cenar juntos. Pero poco a poco se fueron integrando a la práctica romana, acogieron las imágenes en sus iglesias, y ahora se conocen como los Búlgaros Católicos para distinguirlos de los búlgaros en general, que son ortodoxos o pomaks, es decir, descendientes de gente que fue convertida forzosamente al Islam.
No obstante, fue en Bosnia donde tuvo lugar su mayor desarrollo. Ya en el siglo XII eran muy numerosos allí, y se extendieron hasta Split y Dalmacia donde entraron en conflicto con la Iglesia Católica Romana.
El título de los gobernantes de Bosnia era Ban, siendo Kulin Ban el más eminente de todos ellos. En 1180, este gobernante fue calificado por el Papa como un partidario fiel de la Iglesia, pero para 1199 ya era un hecho conocido que él, su esposa, su familia y diez mil bosnios se habían unido a la herejía de los bogomilos o patarinos, es decir, las iglesias de creyentes existentes en Bosnia.
Minoslav, Príncipe de Herzegovina, adoptó la misma actitud que el Obispo Católico Romano de Bosnia. El país dejó de ser Católico y experimentó un período de prosperidad que desde entonces se recuerda. No había sacerdotes, o más bien se reconocía el sacerdocio de todos los creyentes. Las iglesias eran dirigidas por los ancianos, que a su vez eran elegidos mediante un sorteo, y había varios de ellos en cada iglesia; un supervisor (llamado abuelo), y los hermanos ministradores llamados líderes y ancianos. Las reuniones podían celebrarse en cualquier casa, y los lugares de reunión eran por lo general muy sencillos, sin campanario, sin altar, sólo una mesa sobre la cual podía haber un mantel blanco y una copia de los Evangelios. Una parte de los ingresos de los hermanos se apartaba para ayudar a los hermanos enfermos y los pobres, así como para el mantenimiento de los que viajaban para predicar el Evangelio entre los inconversos. El Papa Inocencio III, con la ayuda del rey de Hungría, logró que se ejerciera tal presión sobre Kulin Ban que, en un encuentro (celebrado en 1203, en la corte de Kulin, en Bjelopoje [“la llanura blanca”]), entre el Ban, acompañado por los magnates de Bosnia, y los enviados del Papa, los líderes bosnios accedieron a someterse a la Iglesia Romana. Estos prometieron nunca más reincidir en una herejía, construir un altar y una cruz en cada uno de los lugares de adoración, así como contar con la presencia de sacerdotes que dijeran la misa, escucharan las confesiones y administraran el sacramento dos veces al año. Accedieron a guardar los ayunos y los días sagrados, y que el laicado dejaría de ocuparse de las funciones espirituales, teniendo en cuenta que el único responsable de ministrar estos asuntos era el clero, cuyos miembros usarían capuchas y serían llamados hermanos para distinguirse del laicado. Además, acordaron que cuando estos eligieran a un prior, recurrirían al Papa para su confirmación. Los herejes nunca más serían tolerados en Bosnia. Aunque el Ban y los gobernantes del país llegaron a dicho acuerdo presionados por la amenaza de guerra, el pueblo se negó rotundamente a aceptarlo o someterse en ninguna manera. Los hermanos en Bosnia tenían contacto con sus hermanos en la fe en Italia, en el sur de Francia, en Bohemia, junto al Rin y en otras partes, llegando incluso hasta Flandes e Inglaterra. Cuando el Papa declaró una cruzada contra los albigenses, y Provenza estaba siendo destruida, los fugitivos encontraron refugio en Bosnia. Los ancianos de Bosnia y Provenza se reunían para dialogar asuntos doctrinales. Pronto corrieron los rumores de que los movimientos espirituales en Italia, Francia y Bohemia estaban todos relacionados con un “Papa hereje” en Bosnia. Esto fue sólo imaginario, ya que no existió semejante persona, pero demostró que desde Bosnia se extendió una fuerte influencia.
Reniero Sacconi, un inquisidor italiano que vivía en el reino de Kulin, y que por haber sido también un “hereje” sabía más sobre ellos que la mayoría, los llamó la iglesia de los cathatri, es decir, “los que viven vidas puras”, nombre usado desde antes de la época del Emperador Constantino, y dijo, además, que se encontraban desde el Mar Negro hasta el Atlántico.
La paz que Kulin Ban adquirió al rendirse a Roma no fue de larga duración debido a que él no pudo obligar a su pueblo a cumplir los términos del acuerdo. A raíz de su muerte (1216), el Papa nombró a un Ban Católico Romano, y envió una misión para convertir a los bosnios. Sin embargo, las iglesias del país incrementaron aun más, y se propagaron hacia Croacia, Dalmacia, Istria, Carniola y Eslovenia.
Al cabo de unos seis años, el Papa, desesperada de tratar de convertir a los bosnios mediante métodos no forzosos, y, alentado por el éxito de su cruzada en Provenza, le ordenó al rey de Hungría que invadiera Bosnia. Los bosnios depusieron a su Ban Católico Romano y eligieron a Ninoslav, un bogomilo. La guerra continuó durante años con resultados variables. Ninoslav cedió ante las circunstancias y se convirtió en un Católico Romano, pero ningún cambio en sus gobernantes afectó la fe y confesión de la gran mayoría del pueblo.
El país fue devastado, pero cada vez que los ejércitos invasores se retiraban, las iglesias se encontraban aún con vida, y la diligencia del pueblo rápidamente restablecía la prosperidad. Se construyeron fortalezas a lo largo de todo el país “para la protección de la Iglesia Católica Romana y su religión”. Entonces el Papa puso al país en manos de Hungría, que lo gobernó por mucho tiempo. Pero, como su pueblo aún se aferraba a su fe, finalmente el Papa convocó a “todo el mundo cristiano” a una cruzada contra el pueblo bosnio, y se estableció así la Inquisición (1291) en la cual los hermanos franciscanos y dominicanos compitieron por aplicar los horrores de esta contra las iglesias fieles.
Mientras tanto, la presión constante del Islam iba convirtiéndose en un peligro creciente para Europa, y Hungría se encontraba en el frente de batalla; sin embargo, los países Católicos no se dieron cuenta de la locura que estaban cometiendo al destruir la barrera existente entre ellos y su enemigo más peligroso. El Papa le escribió al Ban de Bosnia (1325), diciéndole: Conociendo que usted es un hijo fiel de la Iglesia, es por ello que le encargamos exterminar a los herejes que se encuentran en sus dominios, y brindarle ayuda y apoyo a Fabián, nuestro Inquisidor, ya que un gran número de herejes de diversas partes ha confluido en el principado de Bosnia con la esperanza de sembrar sus errores indecentes y vivir allí a salvo. Estos hombres, inculcados por la astucia del diablo, y armados con el veneno de su falsedad, corrompen las mentes de los Católicos por medio de una apariencia de humildad y una presunción mentirosa del nombre de cristianos; sus palabras avanzan lentamente como un cangrejo y se muestran humildes, pero matan en secreto y son lobos con vestidos de ovejas, ocultando su furia bestial para de esa manera poder engañar a las ovejas sencillas de Cristo.
Bosnia experimentó un período de resurgimiento político durante el reinado de Tvrtko, primer Ban en adquirir el título de rey. Él y Kulin fueron los dos gobernantes más sobresalientes de Bosnia. Tvrtko toleró a los bogomilos, gran cantidad de los cuales prestaron sus servicios en sus ejércitos, y durante este tiempo logró extender ampliamente su reino.
Para finales de su reinado, la batalla de Kosovo (1389) llevó a los turcos a gobernar a Serbia, con lo que los musulmanes se convirtieron en una amenaza aun mayor para Europa. Ni siquiera esto bastó para detener la persecución, y el Papa nuevamente alentó al rey de Hungría, prometiéndole ayuda en su lucha contra los turcos y los “maniqueos y arrianos bosnios”.
El Rey Sigismund de Hungría logró vencer al ejército bosnio bajo el mando de los sucesores de Tvrtko, y capturó a 126 magnates bosnios a quienes decapitó y lanzó desde las rocas de Doboj al Río Bosna (1408). Luego los bosnios, al borde de la desesperación, recurrieron a los turcos en busca de protección. Su líder, Hrvoja, le advirtió al rey de Hungría: “Hasta ahora no he buscado otra protección ya que mi único refugio ha sido el rey; pero si las cosas siguen como van, buscaré protección donde sea necesario, ya sea para bien o para mal. Los bosnios desean tenderle su mano a los turcos, y y ya han avanzado en ese sentido.”
Poco después, los turcos y los bosnios bogomilos, unidos por primera vez, le propinaron una gran derrota a Hungría en la batalla de Usora, a pocos kilómetros de Doboj (1415).
(Continuará)
Por Edmund Hamer Broadbent
Un escritor culto del siglo X, Muschag, fue sumamente impresionado con la enseñanza de los thonraks, considerando como un acto despreciable y no cristiano el de simplemente condenar a esas personas. Él creía que había encontrado entre ellos un verdadero cristianismo apostólico.
Al escuchar de cierto caso de persecución contra ellos, Muschag dijo que su porción en la vida era digna de envidia.
No existe evidencia para sustentar la acusación contra estos cristianos, paulicianos, thonraks, búlgaros, bogomilos o cómo se les quisiera llamar, de que eran culpables de prácticas malvadas; y los informes dados por sus enemigos acerca de sus doctrinas no tienen fundamento. Más bien, por lo general era reconocido, incluso por sus adversarios, que su nivel de vida, su moralidad y su diligencia eran superiores a los que prevalecían a su alrededor. Y era esto, en gran parte, lo que atraía a su grupo a muchos que no lograban encontrar en la Iglesia del estado algo que les satisficiera .
La persecución bizantina empujó a muchos de los creyentes en dirección oeste hacia Serbia, y el poder de la Iglesia Ortodoxa en Serbia los obligó a ir más allá, hacia Bosnia. Su actividad se mantuvo en la parte oriental de la península y en Asia Menor. En el año 1140, fue encontrada una supuesta herejía bogomila en los escritos de Constantino Chrysomalus y fue censurada en un Sínodo que tuvo lugar en Constantinopla. La enseñanza objetada fue que el bautismo de la Iglesia es ineficaz; que nada de lo que hacen las personas incrédulas, aunque sean bautizadas, tiene algún valor (...)
En 1143, un Sínodo en Constantinopla depuso a dos obispos capadocios bajo la acusación de ser bogomilos, y en el siglo siguiente el patriarca Gemadius se quejó de su propagación en la propia Constantinopla, donde, se decía, ellos entraban en las casas privadas y convertían a las personas. Por otra parte, sus iglesias continuaron en Bulgaria.
Todavía en el siglo XVII quedaban congregaciones conocidas como “pavlicani” (paulicianos)7 en Philippopolis (actual Plovdiv) y en otras partes de Bulgaria, incluso al norte del Danubio. Estas congregaciones fueron tildadas por la Iglesia Ortodoxa de “herejes convencidos”, y ellas, a su vez, condenaban a la Iglesia Ortodoxa como idólatra. Luego vinieron los misioneros franciscanos desde Bosnia y trabajaron con mucho entusiasmo entre ellos, a pesar de los muchos peligros que se derivaron de la cólera desatada entre el clero ortodoxo. Aprovechándose de la persecución sufrida por los paulicianos a manos de la Iglesia Ortodoxa, los misioneros poco a poco los convencieron de ponerse a sí mismos bajo la protección de la Iglesia Católica Romana y así fue como los ganaron para Roma. Sin embargo, mucho después de esto, ellos todavía continuaban con algunas de sus prácticas anteriores, especialmente su costumbre de reunirse para cenar juntos. Pero poco a poco se fueron integrando a la práctica romana, acogieron las imágenes en sus iglesias, y ahora se conocen como los Búlgaros Católicos para distinguirlos de los búlgaros en general, que son ortodoxos o pomaks, es decir, descendientes de gente que fue convertida forzosamente al Islam.
No obstante, fue en Bosnia donde tuvo lugar su mayor desarrollo. Ya en el siglo XII eran muy numerosos allí, y se extendieron hasta Split y Dalmacia donde entraron en conflicto con la Iglesia Católica Romana.
El título de los gobernantes de Bosnia era Ban, siendo Kulin Ban el más eminente de todos ellos. En 1180, este gobernante fue calificado por el Papa como un partidario fiel de la Iglesia, pero para 1199 ya era un hecho conocido que él, su esposa, su familia y diez mil bosnios se habían unido a la herejía de los bogomilos o patarinos, es decir, las iglesias de creyentes existentes en Bosnia.
Minoslav, Príncipe de Herzegovina, adoptó la misma actitud que el Obispo Católico Romano de Bosnia. El país dejó de ser Católico y experimentó un período de prosperidad que desde entonces se recuerda. No había sacerdotes, o más bien se reconocía el sacerdocio de todos los creyentes. Las iglesias eran dirigidas por los ancianos, que a su vez eran elegidos mediante un sorteo, y había varios de ellos en cada iglesia; un supervisor (llamado abuelo), y los hermanos ministradores llamados líderes y ancianos. Las reuniones podían celebrarse en cualquier casa, y los lugares de reunión eran por lo general muy sencillos, sin campanario, sin altar, sólo una mesa sobre la cual podía haber un mantel blanco y una copia de los Evangelios. Una parte de los ingresos de los hermanos se apartaba para ayudar a los hermanos enfermos y los pobres, así como para el mantenimiento de los que viajaban para predicar el Evangelio entre los inconversos. El Papa Inocencio III, con la ayuda del rey de Hungría, logró que se ejerciera tal presión sobre Kulin Ban que, en un encuentro (celebrado en 1203, en la corte de Kulin, en Bjelopoje [“la llanura blanca”]), entre el Ban, acompañado por los magnates de Bosnia, y los enviados del Papa, los líderes bosnios accedieron a someterse a la Iglesia Romana. Estos prometieron nunca más reincidir en una herejía, construir un altar y una cruz en cada uno de los lugares de adoración, así como contar con la presencia de sacerdotes que dijeran la misa, escucharan las confesiones y administraran el sacramento dos veces al año. Accedieron a guardar los ayunos y los días sagrados, y que el laicado dejaría de ocuparse de las funciones espirituales, teniendo en cuenta que el único responsable de ministrar estos asuntos era el clero, cuyos miembros usarían capuchas y serían llamados hermanos para distinguirse del laicado. Además, acordaron que cuando estos eligieran a un prior, recurrirían al Papa para su confirmación. Los herejes nunca más serían tolerados en Bosnia. Aunque el Ban y los gobernantes del país llegaron a dicho acuerdo presionados por la amenaza de guerra, el pueblo se negó rotundamente a aceptarlo o someterse en ninguna manera. Los hermanos en Bosnia tenían contacto con sus hermanos en la fe en Italia, en el sur de Francia, en Bohemia, junto al Rin y en otras partes, llegando incluso hasta Flandes e Inglaterra. Cuando el Papa declaró una cruzada contra los albigenses, y Provenza estaba siendo destruida, los fugitivos encontraron refugio en Bosnia. Los ancianos de Bosnia y Provenza se reunían para dialogar asuntos doctrinales. Pronto corrieron los rumores de que los movimientos espirituales en Italia, Francia y Bohemia estaban todos relacionados con un “Papa hereje” en Bosnia. Esto fue sólo imaginario, ya que no existió semejante persona, pero demostró que desde Bosnia se extendió una fuerte influencia.
Reniero Sacconi, un inquisidor italiano que vivía en el reino de Kulin, y que por haber sido también un “hereje” sabía más sobre ellos que la mayoría, los llamó la iglesia de los cathatri, es decir, “los que viven vidas puras”, nombre usado desde antes de la época del Emperador Constantino, y dijo, además, que se encontraban desde el Mar Negro hasta el Atlántico.
La paz que Kulin Ban adquirió al rendirse a Roma no fue de larga duración debido a que él no pudo obligar a su pueblo a cumplir los términos del acuerdo. A raíz de su muerte (1216), el Papa nombró a un Ban Católico Romano, y envió una misión para convertir a los bosnios. Sin embargo, las iglesias del país incrementaron aun más, y se propagaron hacia Croacia, Dalmacia, Istria, Carniola y Eslovenia.
Al cabo de unos seis años, el Papa, desesperada de tratar de convertir a los bosnios mediante métodos no forzosos, y, alentado por el éxito de su cruzada en Provenza, le ordenó al rey de Hungría que invadiera Bosnia. Los bosnios depusieron a su Ban Católico Romano y eligieron a Ninoslav, un bogomilo. La guerra continuó durante años con resultados variables. Ninoslav cedió ante las circunstancias y se convirtió en un Católico Romano, pero ningún cambio en sus gobernantes afectó la fe y confesión de la gran mayoría del pueblo.
El país fue devastado, pero cada vez que los ejércitos invasores se retiraban, las iglesias se encontraban aún con vida, y la diligencia del pueblo rápidamente restablecía la prosperidad. Se construyeron fortalezas a lo largo de todo el país “para la protección de la Iglesia Católica Romana y su religión”. Entonces el Papa puso al país en manos de Hungría, que lo gobernó por mucho tiempo. Pero, como su pueblo aún se aferraba a su fe, finalmente el Papa convocó a “todo el mundo cristiano” a una cruzada contra el pueblo bosnio, y se estableció así la Inquisición (1291) en la cual los hermanos franciscanos y dominicanos compitieron por aplicar los horrores de esta contra las iglesias fieles.
Mientras tanto, la presión constante del Islam iba convirtiéndose en un peligro creciente para Europa, y Hungría se encontraba en el frente de batalla; sin embargo, los países Católicos no se dieron cuenta de la locura que estaban cometiendo al destruir la barrera existente entre ellos y su enemigo más peligroso. El Papa le escribió al Ban de Bosnia (1325), diciéndole: Conociendo que usted es un hijo fiel de la Iglesia, es por ello que le encargamos exterminar a los herejes que se encuentran en sus dominios, y brindarle ayuda y apoyo a Fabián, nuestro Inquisidor, ya que un gran número de herejes de diversas partes ha confluido en el principado de Bosnia con la esperanza de sembrar sus errores indecentes y vivir allí a salvo. Estos hombres, inculcados por la astucia del diablo, y armados con el veneno de su falsedad, corrompen las mentes de los Católicos por medio de una apariencia de humildad y una presunción mentirosa del nombre de cristianos; sus palabras avanzan lentamente como un cangrejo y se muestran humildes, pero matan en secreto y son lobos con vestidos de ovejas, ocultando su furia bestial para de esa manera poder engañar a las ovejas sencillas de Cristo.
Bosnia experimentó un período de resurgimiento político durante el reinado de Tvrtko, primer Ban en adquirir el título de rey. Él y Kulin fueron los dos gobernantes más sobresalientes de Bosnia. Tvrtko toleró a los bogomilos, gran cantidad de los cuales prestaron sus servicios en sus ejércitos, y durante este tiempo logró extender ampliamente su reino.
Para finales de su reinado, la batalla de Kosovo (1389) llevó a los turcos a gobernar a Serbia, con lo que los musulmanes se convirtieron en una amenaza aun mayor para Europa. Ni siquiera esto bastó para detener la persecución, y el Papa nuevamente alentó al rey de Hungría, prometiéndole ayuda en su lucha contra los turcos y los “maniqueos y arrianos bosnios”.
El Rey Sigismund de Hungría logró vencer al ejército bosnio bajo el mando de los sucesores de Tvrtko, y capturó a 126 magnates bosnios a quienes decapitó y lanzó desde las rocas de Doboj al Río Bosna (1408). Luego los bosnios, al borde de la desesperación, recurrieron a los turcos en busca de protección. Su líder, Hrvoja, le advirtió al rey de Hungría: “Hasta ahora no he buscado otra protección ya que mi único refugio ha sido el rey; pero si las cosas siguen como van, buscaré protección donde sea necesario, ya sea para bien o para mal. Los bosnios desean tenderle su mano a los turcos, y y ya han avanzado en ese sentido.”
Poco después, los turcos y los bosnios bogomilos, unidos por primera vez, le propinaron una gran derrota a Hungría en la batalla de Usora, a pocos kilómetros de Doboj (1415).
(Continuará)

