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Historia de la Iglesia (10)
#1
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadbent

Después de esto, Martín y Ambrosio se negaron a tener comunión de cualquier índole con Hidacio y con los otros Obispos responsables de lo sucedido, y cuando el Emperador Máximo fue derrotado, la tortura y el asesinato de estas personas santas fue registrado como un acto repugnante.
Por otra parte, Itaco fue privado de su obispado. Los cuerpos de Prisciliano y de sus compañeros fueron traídos a España donde fueron honrados como mártires.

Sin embargo, un Sínodo en Tréveris aprobó lo que se había hecho, otorgándole así la autorización oficial a la Iglesia Romana para realizar ejecuciones. Esto fue confirmado por el Sínodo de Braga, celebrado 176 años más tarde, para que la Iglesia dominante no sólo persiguiera a aquellos que llamaba priscilianistas, sino también para dejar constancia en la historia de que Prisciliano y los partidarios de su creencia habían sido castigados por sostener la doctrina gnóstica y maniquea y por la maldad de sus vidas.
Esta continuó siendo la opinión generalizada acerca de ellos a través de los siglos.
Aunque Prisciliano había escrito de manera voluminosa, se creía que todos sus escritos habían desaparecido, porque habían sido destruidos con tanta diligencia.
En 1886, Georg Schepss encontró en la biblioteca de la Universidad de Würzburg once de las obras de Prisciliano, las cuales, según lo que él describe, estaban “contenidas en un precioso manuscrito uncial (…) del que hasta ahora no se sabía”. Este manuscrito uncial está escrito en un Latín muy antiguo, y constituye uno de los manuscritos más antiguos en latín que se haya conocido. El manuscrito consta de once tratados (aunque faltan algunas partes), de los cuales los cuatro primeros relatan los detalles del juicio de Prisciliano, y los siete restantes contienen sus enseñanzas.
La lectura de estos manuscritos de Prisciliano, escritos de su propio puño y letra, muestra que la imputación que le hicieron fue totalmente falsa, que él era de carácter santo, sano en doctrina, un reformista enérgico, y que los que se relacionaron con él eran hombres y mujeres que resultaron ser verdaderos y devotos seguidores de Cristo.
Sin embargo, las autoridades de la Iglesia, no satisfechas con haber asesinado y exiliado a estas personas, además de haber confiscado sus bienes, ha insistido en calumniar su memoria.

El estilo empleado en el escrito de Prisciliano es vivo y revelador; cita continuamente las Escrituras para apoyar sus planteamientos, y muestra un conocimiento íntimo de todo el contenido tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. No obstante, Prisciliano defendió el derecho del cristiano de leer otro tipo de literatura, lo cual algunos aprovecharon para acusarlo de pretender incluir los libros apócrifos en el canon de las Escrituras, cosa que él no hizo.
Él, además, se defiende a sí mismo y a sus amigos por su costumbre de realizar lecturas de la Biblia en las que los obreros laicos participaban activamente y las mujeres tomaban parte, así como por su oposición a compartir la Cena del Señor con personas mundanas y frívolas.
Para Prisciliano, las discusiones teológicas en la Iglesia tenían poco valor, pues él conocía el don de Dios, y lo había aceptado mediante una fe viva. Él no discutiría en lo concerniente a la Trinidad, estando satisfecho con saber que en Cristo encontramos al único Dios verdadero por medio de la ayuda del Espíritu Divino.
Él enseñaba que el propósito de la redención es que nos volvamos a Dios. Luego, que resulta necesaria una separación activa del mundo para que nada pueda impedir la comunión con Dios. Esta salvación no es un suceso mágico producido por cierto sacramento, sino un acto espiritual.
Bien es cierto que la iglesia hace pública la confesión, bautiza a los hombres y les comunica los mandamientos o la Palabra de Dios, pero cada uno debe decidir y creer por sí mismo. Si la comunión con Cristo se rompe, es la tarea de cada cual restablecerla por medio del arrepentimiento personal.

No existe tal cosa como una gracia oficial; los laicos poseen el Espíritu Santo tanto como el clero.

Prisciliano expuso ampliamente, con base en las Escrituras, la mala influencia y la falsedad de las enseñanzas del maniqueísmo sobre las Escrituras, y se opuso totalmente a esa doctrina. No consideró el ascetismo como algo fundamental en sí mismo, sino que lo supuso como una ayuda para lograr la total unión de la persona con Dios o Cristo, de la cual el cuerpo no puede excluirse debido a su condición de morada del Espíritu Santo. Esto es el descanso en Cristo, una experiencia de amor y dirección divina, una bendición incorruptible. La fe en Dios, quien se ha manifestado a sí mismo, es un acto personal en el que todo el ser reconoce su dependencia de Dios para vida y para todo asunto. La fe trae consigo el deseo y la decisión de consagrarse completamente a él. Las obras morales resultan como una consecuencia automática porque al recibir la nueva vida, el creyente recibe aquello que contiene la esencia misma de la moralidad. La Escritura no es sólo verdad histórica, sino también el medio a través del cual se imparte gracia. El espíritu se alimenta de ella y encuentra que cada parte de la misma contiene revelación, instrucción y dirección para la vida diaria.
Para captar el significado alegórico de la Escritura, no se requiere un entrenamiento técnico, sino fe. El significado mesiánico figurativo del Antiguo Testamento, y el progreso histórico del Nuevo Testamento destacan en sus escritos, y esto no sólo como simple información, sino para demostrar que no sólo algunos, mas todos los cristianos son llamados a la santificación completa.

Tales enseñanzas pronto pusieron en conflicto a estos círculos con los de la Iglesia Romana, especialmente los representados por un Obispo tan político e intrigante como Hidacio.
El clero veía en la vida santa del creyente común una amenaza a su posición privilegiada. El poder de la “sucesión apostólica” y del oficio sacerdotal fue sacudido por la enseñanza que insistía en la santidad y en una vida constantemente renovada por medio del Espíritu Santo y la comunión con Dios.
La distinción entre el clero y el laicado empezó a resquebrarse, especialmente cuando se cambió la obra "mágica" de los sacramentos por una posesión viva de la salvación mediante la fe.

El conflicto era irremediable debido a los dos conceptos distintos acerca de la iglesia. Ya no se trataba solamente de suprimir las reuniones o de oponerse a los que amenazaban con convertirse en
una orden de monjes apartada de la Iglesia, sino de una diferencia total de principios.
La política de Hidacio procuraba fortalecer el poder de los Metropolitanos como representantes de la Sede Romana, con miras a consolidar la organización centralizadora romana.
Hasta este momento, no se había logrado una centralización completa. La idea misma no era bien vista en España, y enfrentaba la oposición de los obispos de menor importancia. Los círculos con los que Prisciliano se asoció también se opusieron totalmente a esto. Su dedicación al estudio de las Escrituras y la aceptación de éstas como su guía en todo. los llevó a desear la independencia de cada congregación, cosa que ya estaban poniendo en práctica.

Después de la muerte de Prisciliano y sus compañeros, los círculos formados por aquellos que compartían su fe se incrementaron rápidamente, pero, aunque Martín de Tours consiguió moderar la primera ola de persecución que siguió a aquel trágico suceso, ésta continuó y fue severa.
No obstante, no fue hasta dos siglos más tarde que las reuniones fueron finalmente disipadas.

Bibliografía:

East and West Through Fifteen Centuries, Br.-General G. F. Young, C.B.
A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church,
traducido al inglés y anotado por J.C. Pilkington, M.A. Redactado por Philip
Schaff.
Dictionary of Christian Biography, Smith & Wace.
Monasticism, Adolph von Harnack.
Latin Christianity, Dean Milman. Tomo 4.
Irland in der Kirchengeschichte, Kattenbusch.
Priscillian ein Neuaufgefundener Lat. Schriftsteller des 4 Jahrhunderts.
Vortrag gehalten am 18 mai, 1886, in der Philologisch-Historischen
Gesellschaft zu Würzburg von Dr. Georg Schepss K. Studienlehrer am
Humanist. Gymnasium Mit einem Blatt in Originalgrosse Faksimiledruck des
Manuscriptes, Würzburg. A. Stuber’s Verlagbuchhandlung, 1886.
Las citas son de una traducción anterior a la de la Vulgata de Jerónimo.
Priscillianus Ein Reformator des Vierten Jahrhunderts. Eine Kirchengeschichtliche
Studie zugleich ein Kommentar zu den Erhaltenen Schriften Priscillians, von
Friedrich Paret Dr. Phil. Repetent am Evang.-Theol. Seminar in Tübingen.
Würzburg A. Stuber’s Verlagsbuchhandlung. 1891.

(Fin del Capítulo 2)
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