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Historia de la Iglesia (48)
#1
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadben

Por otra parte, Teelinck y Voet consideraban que la iglesia era un campo donde el poder del Evangelio debía hacerse eficaz, y el propósito de su obra era la conversión de sus miembros, para luego encaminarlos a una vida piadosa.
A van Lodensteyn le hubiera gustado llamar la Iglesia “hacia la Reforma” (Reformanda) en vez de un cuerpo “Reformado” (Reformata). Él y Voet esperaban abrir un camino en medio de los dos ideales.

Al otro extremo había un sector de la población que opinaba que la iglesia había caído tanto que ya no era posible encontrarla en el mundo, y que lo único que restaba era esperar la venida de Cristo.
Poco después de llegar a Middelburg, Labadie se sintió decepcionado al ver el bajo nivel espiritual al que tanto las asambleas francesas como las holandesas habían descendido. La disciplina de la Iglesia se había descuidado y la Iglesia estaba lejos del ideal cristiano. (…)

Bajo su dirección la asamblea se esforzó por llevar a cabo los principios del Nuevo Testamento, mostrando que sólo un grupo de personas realmente nacidos de nuevo puede considerarse una iglesia verdadera; donde todos, por medio del Espíritu Santo, son unidos en un cuerpo y donde todos los miembros de la asamblea son guiados por el Espíritu de Cristo.

Su enseñanza ganó los corazones de una gran cantidad de personas, no sólo en Middelburg sino también en todos los Países Bajos. Al mismo tiempo se hizo cada vez más evidente que, de ser seguida, dicha enseñanza cambiaría completamente el carácter de las Iglesias Reformadas, haciendo hincapié en la vida interna de comunión con Dios de una manera a la que aquellas congregaciones no estaban acostumbradas.

Ellas temían que tal énfasis pondría en peligro el descanso del alma en la obra de Cristo, haciendo más de Cristo en ella que de Cristo por ella, exaltando las obras a costa de la fe, insistiendo más en la santificación que en la justificación.

Las Iglesias Reformadas también se dieron cuenta de que la libertad de ministerio permitida podría afectar el poder de dirigir y la influencia de los ministros ordenados de la iglesia. La oposición a lo que Labadie consideraba como reforma necesaria, pero que en opinión de la mayoría de los líderes de la Iglesia traía cambios perturbadores y extraños, llegó a ser definitiva, organizada e implacable.

En un Sínodo francés celebrado en Amsterdam en 1667, se le exigió a Labadie que firmara la Confesión Belga. Él rehusó hacer esto, alegando que ahora él encontraba muchas expresiones no bíblicas en ella, aunque anteriormente había firmado la idéntica Confesión Francesa en Montauban, Orange y Ginebra. Esto fortaleció tanto la oposición hacia él que, en un Sínodo posterior celebrado en Leiden, se decidió que si él no firmara la Confesión Belga en el próximo Sínodo, a celebrarse en Vlissingen, y de no comprometerse a conformarse a las costumbres de la Iglesia Reformada, sería suspendido de su oficio.

El pueblo de Middelburg se indignó tanto por esto, que el magistrado se vio obligado a tomar medidas, y, como resultado, cuando el Sínodo se reunió en Vlissingen, los allí presentes tuvieron que retirar las quejas contra Labadie de las actas del Sínodo de Leiden.

Por este tiempo se publicó un libro por un doctor de Amsterdam, Ludwig Meijer, el cual argumentaba que el entendimiento natural debía ser la base de toda exégesis bíblica. Esta enseñanza racionalista produjo tal oposición entre todas las personas en Holanda que creían en la inspiración de las Escrituras, que las autoridades civiles nombraron al erudito y conocido profesor Coccejus para que escribiera una refutación.

Otros también escribieron, y entre ellos Ludwig Wolzogen, predicador de la Iglesia Reformada francesa en Utrecht. Sin embargo, el libro de Wolzogen, aunque aparentemente fue escrito en oposición al racionalismo, divergía tanto de la enseñanza aceptada por la Iglesia, que quienes creían en la inspiración de la Biblia consideraron este libro más bien como una defensa de la enseñanza objetada.

Labadie también escribió, y el Concilio de la Iglesia francesa en Middelburg determinó que su libro era una refutación tan convincente de la enseñanza racionalista, que decidió presentar una moción en el próximo Sínodo en Vlissingen en busca de una condena formal del libro de Meijer.

Como consecuencia de esto, el Sínodo nombró a los Concilios de las iglesias de tres ciudades, entre ellas Middelburg, a fin de que prepararan un informe sobre el libro para el próximo Sínodo a celebrarse en Naarden (1668).

Los informes de los tres Concilios se diferenciaban considerablemente, pero fue una sorpresa cuando una gran mayoría del Sínodo declaró que el libro de Meijer era ortodoxo y justificó a Wolzogen. Labadie salió del Sínodo para consultar con el Concilio de su iglesia en Middelburg, pero entre tanto el Sínodo procedió a suspenderlo de su oficio provisionalmente, por haber introducido enseñanzas y prácticas extrañas a la Iglesia.

Otros cargos fueron presentados en su contra: que él había enseñado que el tiempo presente es el reino de la gracia y que el reino milenario de Cristo no comenzará hasta que él haya vencido a todos los enemigos y haya cumplido el propósito de la creación, a pesar de la caída del hombre, y haya llevado a cabo la restitución de todas las cosas al estado en que Dios las creó.

Si Labadie no se sometía, finalmente sería expulsado de su oficio. Aconteció, pues, que una comisión del Sínodo fue enviada a Middelburg con autoridad para suspender a cualquier miembro del Concilio de la Iglesia que se opusiera a su decreto, pero el Concilio de la iglesia de Middelburg se negó a aceptar el decreto del Sínodo, alegando que Labadie no había sido hallado culpable de haberse apartado de la enseñanza y del orden de la Iglesia. Por lo tanto, todo el Concilio fue suspendido. Se decidió que en el próximo Sínodo a Labadie debería prohibírsele predicar.

De él se opinaba que era muy peligroso, más aún debido a sus dones extraordinarios. Él mismo nunca pensó rendirse, sino que continuó predicando, y declaró mediante un escrito que él no podía tener hermandad con el Sínodo, ya que había caído por completo en el error y la maldad. Labadie no sólo encontró error en la Confesión Belga, sino que afirmó que el Sínodo rechazaba la enseñanza de 1 Corintios 14. Además, condenó el sistema completo de los Sínodos y los Consistorios, las formas litúrgicas estereotipadas, la lectura de la Escritura sin explicación, el uso indebido de los sacramentos al aceptar a aquellos que no eran nacidos de nuevo como testigos en los bautismos y como partícipes de la Cena del Señor. También señaló que en los matrimonios de personas notoriamente impías, eran obligadas a hacer votos cristianos y luego se les prometía la bendición de Dios; que las autoridades de la Iglesia se adueñaban de poderes papales y que limitaban las conciencias de la gente con sus ordenanzas.

Labadie dijo que no existe autoridad en la iglesia aparte de la del Espíritu Santo y la Palabra de Dios, es decir, aquella contenida en las Sagradas Escrituras y el testimonio personal de la Palabra de Dios que corresponde con ellas. Por lo tanto, dado que la conciencia del cristiano sólo es guiada por medio de la autoridad de la Palabra de Dios, no constituye rebelión rechazar las ordenanzas de los Sínodos y otras instituciones humanas cuando estas son contrarias a la Biblia.
Por el contrario, es más bien el deber de la asamblea cristiana hacer esto en beneficio de la libertad cristiana y oponerse al establecimiento de un nuevo papado que actuaría como si estuviera por encima de la Palabra de Dios.

El tan esperado Sínodo se celebró en Dortrecht en el año 1669. Labadie y el Concilio de la iglesia de Middelburg, con algunos miembros de la iglesia, esperaron una semana en Dortrecht para poder apelar contra el trato que habían recibido. No se les dio la oportunidad. El Sínodo confirmó la expulsión de Labadie y de todos sus partidarios, “debido a que ellos habían demostrado ser desobedientes a las leyes de la Iglesia e intentaban provocar una división”.

Labadie estaba seguro de que había sido llamado por Dios para reestablecer las iglesias según el modelo apostólico. Hasta los cuarenta años de edad, se mantuvo trabajando en pos de la reforma de la Iglesia de Roma, y luego durante veinte años por la reforma de la Iglesia Reformada.
Él había dedicado sus excelentes dones y toda su vida a ambas cosas con entusiasmo y regocijo. Ahora todo parecía haber fracasado. Esto lo llevó a la conclusión de que “es imposible reformar los cuerpos existentes de la Iglesia, y que la restauración de la iglesia apostólica sólo puede lograrse separándose de ellos”.

Él inmediatamente introdujo este principio en la iglesia de Middelburg, y unos trescientos miembros se separaron de ella y formaron una nueva congregación. Varios ancianos y tres pastores se encargaron de la supervisión; las reuniones se celebraban dos veces al día y tres
veces los domingos. El lugar de reunión no tenía más que bancos, ni siquiera un púlpito. Uno de los bancos era un poquito más alto que los demás y en este se sentaban los ancianos y los predicadores, todos los cuales tenían la costumbre de hablar en las reuniones. Ellos no se nombraron “Reformados”, sino que prefirieron darse a conocer como “Evangélicos”. Podían ser miembros sólo los que daban razón de creer que fueran nacidos de nuevo.

Las diferencias entre la Iglesia Reformada y esta congregación recién fundada indujeron a las autoridades de la ciudad a pedirles a los miembros de esta última que abandonaran Middelburg.
Apenas se dio a conocer esto la ciudad de Ter Veere, a una hora de distancia, invitó a la iglesia exiliada a trasladarse allí. La invitación fue bien recibida, pero el magistrado principal de Middelburg pronto se dio cuenta de que había cometido un error, ya que una gran cantidad de gente viajó en tropel hacia TerVeere para escuchar la predicación de Labadie, mientras que Middelburg quedó desierta. Enfadado por la pérdida material que esto implicaba, el magistrado de Middelburg persuadió a las más altas autoridades del distrito para que le ordenaran al magistrado de Veere que expulsara a Labadie e Yvon con motivo de que ellos habían causado división en la Iglesia y disturbio entre la gente.

El magistrado de Middelburg armó a sus hombres para hacer cumplir el decreto, pero el pueblo de Veere se alzó en armas como un solo hombre para resistir a sus adversarios. La guerra civil era inminente. Entonces Labadie se presentó y dijo que no debía haber derramamiento de sangre por su culpa; que él veía que era la mano de Dios que los sacaba de Veere y pensaba pasar a Amsterdam, con aquellos que desearan acompañarlo. Hubo consternación en Veere, pero Labadie se mantuvo firme y los ciudadanos tuvieron que rendirse. El magistrado declaró que él sólo le permitía marcharse “de mala gana y a causa de la mayor necesidad”.

Labadie y sus tres amigos, con algunos otros simpatizantes, se mudaron a Amsterdam donde fueron bien recibidos y se les prometió protección y libertad religiosa. La influencia de la obra de Labadie había sido tal que en Amsterdam hubo miles que se unieron a la nueva iglesia y se abstuvieron de tomar la Cena del Señor en la Iglesia Reformada. Lo mismo tuvo lugar en todas las iglesias más numerosas del país, mientras que muchos que no se unieron abiertamente a estos grupos fueron influenciados sobremanera por ellos.

Esta amenaza seria a su sistema indujo a los líderes de la Iglesia Reformada a solicitar la ayuda del gobierno, pero bajo la dirección del eminente gobernador, Jan de Witt, se garantizó la libertad religiosa y no se pudo tomar ninguna medida. Sin embargo, desafortunadamente los eventos en su propia mente y en su círculo cercano perjudicaron más el testimonio de Labadie que lo que pudo haber hecho cualquier ataque externo.
Por experiencia propia y de la Palabra de Dios, Labadie había concluido que no es posible reformar una ciudad o un sistema de Iglesia como para traerlo a la condición que él aspiraba. Pero no se conformó con la formación de iglesias del modelo apostólico —grupos de personas realmente salvas y separadas del mundo circundante, pero muchas de ellas débiles y faltas de un cuidado paciente y constante. De manera que Labadie decidió formar una iglesia en una casa donde la casa y la iglesia serían lo mismo y donde sería posible, como él esperaba, conocer a cada miembro y guiar a cada uno a un discipulado verdadero de Cristo y unión con Dios. Se alquiló, pues, una casa en Amsterdam donde había cabida para aproximadamente cuarenta personas, y quedó formado así el nuevo hogar. Allí se celebraban reuniones regulares y todos compartían una cena semanal. A las reuniones asistían muchas personas de afuera, y cuando se hablaba en francés se traducía al holandés.

Yvon, Dulignon y Menuret salieron en expediciones de predicación a través de los Países Bajos y los países vecinos.
Ana María van Schürman se trasladó a Amsterdam, alquiló un apartamento en la casa y se unió a la suerte del nuevo hogar.

Ella era considerada la mujer más ilustre de su tiempo. Ella mantenía correspondencia en varios idiomas con los literatos más famosos en Europa, y su opinión y consejo eran ambicionados y apreciados por aquellos que eran expertos en las artes y en las ciencias.

Desde su niñez, ella había sido una cristiana devota. En su libro, Eukleria, escrito en latín, ella relata: “Siendo una niña de apenas cuatro años de edad yo me sentaba con mi niñera a la orilla de un río. Ella me repetía las palabras, ‘Yo no soy dueña de mí misma, sino que pertenezco a mi verdadero Salvador, Jesucristo"

Continuará)
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