07-07-2014, 05:16 PM
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadben
Los viajes de Wesley, Whitefield y otros fueron incesantes. Ellos viajaron por toda Inglaterra y Gales, la mayoría de las veces a caballo y expuestos a toda clase de intemperie.
Uno de los mayores avivamientos se logró por medio de la predicación de Whitefield en Escocia; en Irlanda, Norte y Sur, los resultados fueron los mismos.
Whitefield visitó a Nueva Inglaterra en repetidas ocasiones, y allí se manifestó el mismo poder. Fue precisamente mientras predicaba allí que murió en 1770. Sin embargo, Juan Wesley continuó su obra incansable hasta su octogésimo octavo año en 1790, sin sufrir, casi hasta el final, “ninguna de las enfermedades de la vejez”. Ya en su lecho de muerte, recobró fuerzas y, levantando los brazos y la voz entre los que lo rodeaban, clamó dos veces: “Lo mejor de todo es que Dios está con nosotros”.
Carlos Wesley, su hermano, compartió su labor y, además, escribió; más de seis mil himnos. Muchos de ellos son de tal belleza poética y valor espiritual que los ubica entre los mejores jamás escritos.
Aunque Wesley fue ayudado grandemente por los moravos al principio, poco a poco llegó a no estar de acuerdo con ellos en algunos puntos. Su relación histórica con los “hermanos bohemios” les daba tendencias que él consideraba como místicas y quietistas, poco atractivas para su naturaleza práctica y agresiva. La asamblea en Fetter Lane, donde los moravos y los metodistas acostumbraban reunirse, se dividió en 1740. Los moravos se quedaron allí y los metodistas se trasladaron a un lugar llamado la “Foundry”. (…)
La adherencia resuelta de Wesley a la Iglesia oficial le impidió ver aquellos principios que son enseñados en la Escritura con respecto a las iglesias de Dios. Por eso nunca intentó consolidar su predicación del Evangelio por medio de la formación de iglesias de aquellos que creían en el modelo del Nuevo Testamento. Sin embargo, en 1746, escribió: “En el camino leí el relato del Lord King acerca de la iglesia primitiva. A pesar del prejuicio vehemente de mi educación, estuve dispuesto a creer que este era un borrador justo e imparcial; pero de ser así, se debe concluir que los obispos y los presbíteros son (en lo esencial) uno solo y que originalmente cada congregación cristiana era una iglesia independiente de todas las demás”.
Wesley organizó lo que en su opinión eran métodos prácticos para darle permanencia a la obra. Sus “Bandas” y “Sociedades” no profesaron ser grupos de creyentes, sino más bien grupos de buscadores. Su fundamento para el compañerismo enfocaba más las experiencias que las doctrinas, y el requisito para ser miembro era un deseo de huir de la ira venidera y de ser salvo. Los miembros eran libres de asistir a distintos lugares de adoración según su preferencia y podían sostener sus propias opiniones sobre diferentes puntos; sin embargo, no se les permitía contender sobre ellas. En 1740, un miembro fue expulsado debido a que insistió en discutir sobre la elección y la reprobación.
De vez en cuando, Wesley depuraba las sociedades de los miembros indignos, como él lo estimaba conveniente. Mientras estuvo vivo controló la organización, y la “Conferencia” que él mismo fundó, para que dirigiera después de él, era en su totalidad un cuerpo clerical. Sus esfuerzos por mantener el movimiento dentro de la Iglesia Anglicana fracasaron, en parte porque la Iglesia oficial no lo reconoció y sistemáticamente se oponía al movimiento, y por otra parte debido a que no era posible que la nueva vida y energía se contuvieran bajo semejantes restricciones.
Inevitablemente, llegó el momento en que tuvo lugar la separación formal. La Conferencia no fue capaz de mantener la unidad de las sociedades metodistas de Wesley. Al ser un cuerpo clerical, era —como todos los cuerpos semejantes— celoso por sus privilegios, y su resistencia al esfuerzo por introducir una representación laica condujo a la formación de la Nueva iglesia metodista.
Posteriormente, su intento por dominar las predicaciones al aire libre y su expulsión de algunos que celebraron “campamentos cristianos” sin su permiso, dieron origen a ese muy activo y devoto cuerpo, los metodistas primitivos.
En el transcurso de los conflictos y divisiones posteriores, la Conferencia poco a poco llegó a aceptar algunas de las innovaciones a las cuales se había opuesto al principio.
Los movimientos metodistas y misioneros del Imperio Británico y de los Estados Unidos, estimulando a un gran número de personas para que se dedicaran a la eliminación de los abusos, a la práctica de la justicia y a la liberación de los oprimidos, demuestra resultados mayores. Este avivamiento espiritual incentivó el mejoramiento de la legislación, la libertad de conciencia, la abolición de la esclavitud, la reforma del sistema carcelario y la actividad misionera.
La Iglesia oficial también se benefició en gran medida al convertirse en el escenario de los avivamientos evangélicos en los cuales los grandes males, que por tanto tiempo habían prevalecido, desaparecieron.
Las iglesias, ya sea bautistas o congregacionalistas, también se beneficiaron del avivamiento general, y sus actividades aumentaron.
El hecho de que, después de tantos siglos, el mandamiento del Señor de “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” permaneciera sin cumplirse, y que millones de hombres nunca hubieran tenido la oportunidad de escuchar el Evangelio, había pesado en las conciencias de muchos cristianos de diferentes épocas. Algunos se habían dedicado por entero a alcanzar las regiones necesitadas del mundo.
Un gran avivamiento de este sentido de la responsabilidad y del amor por Cristo y por la humanidad fue ocasionado por medio de Guillermo Carey, un zapatero de pueblo, quien además era pastor de la “Iglesia bautista particular” en Moulton donde con dificultad mantenía a su familia, estudiaba idiomas y recopilaba información en cuanto al estado del mundo pagano. En su taller podía verse un gran mapa, hecho de hojas de papel pegadas, en el cual se mostraba cada país del mundo. Sobre el mapa anotaba todo lo que pudiera averiguar sobre la condición de cada país. Este mapa era su libro de oración y su tema de conversación y predicación.
En una reunión de ministros en Northampton, en la cual se le dio la oportunidad a los más jóvenes de sugerir algún tema para el diálogo, Carey propuso “que si el mandamiento dado a los apóstoles de enseñar a todas las naciones no era obligatorio para todos los ministros sucesivos hasta el fin del mundo, ya que la promesa acompañante era de igual alcance”. Esto fue rechazado como un tema completamente indebido, ya que el calvinismo extremista, de la mayoría en aquel círculo, les impedía ver la necesidad de una obediencia activa a este mandamiento de Cristo.
Los sermones de Andrés Fuller ayudaron a vencer este obstáculo. Carey publicó Una investigación sobre las obligaciones de los cristianos de buscar los medios para la conversión de los paganos, en la cual el estado religioso de las diferentes naciones del mundo, el éxito de obras anteriores y la factibilidad de obras futuras son considerados por Guillermo Carey. Luego de exponer los principios implicados y de referirse a la obra ya realizada por algunos, él trata con una serie de objeciones que podrían hacerse a tal idea. Entre estas aparece el “estilo de vida bárbaro y poco civilizado” de algunos de los paganos. Él argumenta: “Esto no puede ser objeción para nadie, excepto para aquellos cuyo amor por una vida fácil les impide estar dispuestos a exponerse a las inconveniencias por el bien de los demás. ¡No fue una objeción para los apóstoles y sus sucesores quienes estuvieron entre las poblaciones bárbaras de Alemania y Gales, y los británicos aun más bárbaros!
Ellos no esperaron a que los antiguos habitantes de estos países se civilizaran antes de convertirlos a Cristo, sino que simplemente fueron con la doctrina de la cruz; y descubrieron que una recepción cordial del Evangelio produjo aquellos resultados felices que la más duradera de las relaciones con los europeos sin Cristo jamás hubiera podido alcanzar”.
Carey sugiere en su obra que al menos debían ir dos hermanos, preferiblemente casados, y que pudieran hacerse acompañar por otros que pronto fueran capaces, por medio de la agricultura u otras actividades según la experiencia lo requiera, de ganar lo suficiente para suplir las necesidades de todos. (...)
La reunión de ministros de 1792 fue celebrada en la casa de una viuda, la señora Wallis, en Kettering, y allí se fundó una sociedad para animar el avance del Evangelio en otras tierras.
Se redactó un breve informe de sus objetivos y fue firmado por doce personas. Al cabo de unos pocos meses ya Carey se encontraba haciendo rumbo hacia la India, mientras que Fuller, hasta donde su capacidad y su celo le permitieron, se dispuso a estimular a los cristianos de Gran Bretaña para que comprendieran la responsabilidad que sobre ellos recaía en cuanto a la divulgación del Evangelio en todo el mundo.
Las dificultades que parecían ser insuperables fueron superadas con paciencia, y poco a poco el éxito de la labor se aseguró en las bendiciones que trajo tanto en la India como en Gran Bretaña.
No fue hasta después de siete años de constante trabajo y oración que comenzaron a verse los primeros frutos entre los indios. Krishna Pal, con su familia, confesó a Cristo y se convirtió en un predicador eficaz del Evangelio así como en un compositor de himnos.
De esta manera, el interés suscitado condujo a la formación, en 1795, de la sociedad misionera londinense. Al principio fue no sectario, pero luego llegó a ser congregacionalista, mientras que en 1799 se organizó la sociedad de las iglesias misioneras. La sociedad misionera metodista wesleyana amplió el ámbito de sus actividades, y otras sociedades hicieron lo mismo.
La devoción y la capacidad dirigidas por estas organizaciones han dado abundantes frutos en muchas partes del mundo. Sus informes contienen algunos de los relatos más inspiradores en la historia de la humanidad.
Sin embargo, esta forma de llevar el cristianismo a otras naciones también ha llevado consigo las divisiones y los desarrollos históricos religiosos de Europa entre los pueblos paganos. De este modo se ha debilitado el testimonio del Evangelio, y ha tenido la tendencia de establecer misiones que representan las diferentes sociedades misioneras y dependen de ellas, en lugar de establecer iglesias independientes que se propagan por medio de su propio testimonio entre su propio pueblo, como fue el caso de las iglesias fundadas en los días apostólicos.
(Continuará)
Por Edmund Hamer Broadben
Los viajes de Wesley, Whitefield y otros fueron incesantes. Ellos viajaron por toda Inglaterra y Gales, la mayoría de las veces a caballo y expuestos a toda clase de intemperie.
Uno de los mayores avivamientos se logró por medio de la predicación de Whitefield en Escocia; en Irlanda, Norte y Sur, los resultados fueron los mismos.
Whitefield visitó a Nueva Inglaterra en repetidas ocasiones, y allí se manifestó el mismo poder. Fue precisamente mientras predicaba allí que murió en 1770. Sin embargo, Juan Wesley continuó su obra incansable hasta su octogésimo octavo año en 1790, sin sufrir, casi hasta el final, “ninguna de las enfermedades de la vejez”. Ya en su lecho de muerte, recobró fuerzas y, levantando los brazos y la voz entre los que lo rodeaban, clamó dos veces: “Lo mejor de todo es que Dios está con nosotros”.
Carlos Wesley, su hermano, compartió su labor y, además, escribió; más de seis mil himnos. Muchos de ellos son de tal belleza poética y valor espiritual que los ubica entre los mejores jamás escritos.
Aunque Wesley fue ayudado grandemente por los moravos al principio, poco a poco llegó a no estar de acuerdo con ellos en algunos puntos. Su relación histórica con los “hermanos bohemios” les daba tendencias que él consideraba como místicas y quietistas, poco atractivas para su naturaleza práctica y agresiva. La asamblea en Fetter Lane, donde los moravos y los metodistas acostumbraban reunirse, se dividió en 1740. Los moravos se quedaron allí y los metodistas se trasladaron a un lugar llamado la “Foundry”. (…)
La adherencia resuelta de Wesley a la Iglesia oficial le impidió ver aquellos principios que son enseñados en la Escritura con respecto a las iglesias de Dios. Por eso nunca intentó consolidar su predicación del Evangelio por medio de la formación de iglesias de aquellos que creían en el modelo del Nuevo Testamento. Sin embargo, en 1746, escribió: “En el camino leí el relato del Lord King acerca de la iglesia primitiva. A pesar del prejuicio vehemente de mi educación, estuve dispuesto a creer que este era un borrador justo e imparcial; pero de ser así, se debe concluir que los obispos y los presbíteros son (en lo esencial) uno solo y que originalmente cada congregación cristiana era una iglesia independiente de todas las demás”.
Wesley organizó lo que en su opinión eran métodos prácticos para darle permanencia a la obra. Sus “Bandas” y “Sociedades” no profesaron ser grupos de creyentes, sino más bien grupos de buscadores. Su fundamento para el compañerismo enfocaba más las experiencias que las doctrinas, y el requisito para ser miembro era un deseo de huir de la ira venidera y de ser salvo. Los miembros eran libres de asistir a distintos lugares de adoración según su preferencia y podían sostener sus propias opiniones sobre diferentes puntos; sin embargo, no se les permitía contender sobre ellas. En 1740, un miembro fue expulsado debido a que insistió en discutir sobre la elección y la reprobación.
De vez en cuando, Wesley depuraba las sociedades de los miembros indignos, como él lo estimaba conveniente. Mientras estuvo vivo controló la organización, y la “Conferencia” que él mismo fundó, para que dirigiera después de él, era en su totalidad un cuerpo clerical. Sus esfuerzos por mantener el movimiento dentro de la Iglesia Anglicana fracasaron, en parte porque la Iglesia oficial no lo reconoció y sistemáticamente se oponía al movimiento, y por otra parte debido a que no era posible que la nueva vida y energía se contuvieran bajo semejantes restricciones.
Inevitablemente, llegó el momento en que tuvo lugar la separación formal. La Conferencia no fue capaz de mantener la unidad de las sociedades metodistas de Wesley. Al ser un cuerpo clerical, era —como todos los cuerpos semejantes— celoso por sus privilegios, y su resistencia al esfuerzo por introducir una representación laica condujo a la formación de la Nueva iglesia metodista.
Posteriormente, su intento por dominar las predicaciones al aire libre y su expulsión de algunos que celebraron “campamentos cristianos” sin su permiso, dieron origen a ese muy activo y devoto cuerpo, los metodistas primitivos.
En el transcurso de los conflictos y divisiones posteriores, la Conferencia poco a poco llegó a aceptar algunas de las innovaciones a las cuales se había opuesto al principio.
Los movimientos metodistas y misioneros del Imperio Británico y de los Estados Unidos, estimulando a un gran número de personas para que se dedicaran a la eliminación de los abusos, a la práctica de la justicia y a la liberación de los oprimidos, demuestra resultados mayores. Este avivamiento espiritual incentivó el mejoramiento de la legislación, la libertad de conciencia, la abolición de la esclavitud, la reforma del sistema carcelario y la actividad misionera.
La Iglesia oficial también se benefició en gran medida al convertirse en el escenario de los avivamientos evangélicos en los cuales los grandes males, que por tanto tiempo habían prevalecido, desaparecieron.
Las iglesias, ya sea bautistas o congregacionalistas, también se beneficiaron del avivamiento general, y sus actividades aumentaron.
El hecho de que, después de tantos siglos, el mandamiento del Señor de “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” permaneciera sin cumplirse, y que millones de hombres nunca hubieran tenido la oportunidad de escuchar el Evangelio, había pesado en las conciencias de muchos cristianos de diferentes épocas. Algunos se habían dedicado por entero a alcanzar las regiones necesitadas del mundo.
Un gran avivamiento de este sentido de la responsabilidad y del amor por Cristo y por la humanidad fue ocasionado por medio de Guillermo Carey, un zapatero de pueblo, quien además era pastor de la “Iglesia bautista particular” en Moulton donde con dificultad mantenía a su familia, estudiaba idiomas y recopilaba información en cuanto al estado del mundo pagano. En su taller podía verse un gran mapa, hecho de hojas de papel pegadas, en el cual se mostraba cada país del mundo. Sobre el mapa anotaba todo lo que pudiera averiguar sobre la condición de cada país. Este mapa era su libro de oración y su tema de conversación y predicación.
En una reunión de ministros en Northampton, en la cual se le dio la oportunidad a los más jóvenes de sugerir algún tema para el diálogo, Carey propuso “que si el mandamiento dado a los apóstoles de enseñar a todas las naciones no era obligatorio para todos los ministros sucesivos hasta el fin del mundo, ya que la promesa acompañante era de igual alcance”. Esto fue rechazado como un tema completamente indebido, ya que el calvinismo extremista, de la mayoría en aquel círculo, les impedía ver la necesidad de una obediencia activa a este mandamiento de Cristo.
Los sermones de Andrés Fuller ayudaron a vencer este obstáculo. Carey publicó Una investigación sobre las obligaciones de los cristianos de buscar los medios para la conversión de los paganos, en la cual el estado religioso de las diferentes naciones del mundo, el éxito de obras anteriores y la factibilidad de obras futuras son considerados por Guillermo Carey. Luego de exponer los principios implicados y de referirse a la obra ya realizada por algunos, él trata con una serie de objeciones que podrían hacerse a tal idea. Entre estas aparece el “estilo de vida bárbaro y poco civilizado” de algunos de los paganos. Él argumenta: “Esto no puede ser objeción para nadie, excepto para aquellos cuyo amor por una vida fácil les impide estar dispuestos a exponerse a las inconveniencias por el bien de los demás. ¡No fue una objeción para los apóstoles y sus sucesores quienes estuvieron entre las poblaciones bárbaras de Alemania y Gales, y los británicos aun más bárbaros!
Ellos no esperaron a que los antiguos habitantes de estos países se civilizaran antes de convertirlos a Cristo, sino que simplemente fueron con la doctrina de la cruz; y descubrieron que una recepción cordial del Evangelio produjo aquellos resultados felices que la más duradera de las relaciones con los europeos sin Cristo jamás hubiera podido alcanzar”.
Carey sugiere en su obra que al menos debían ir dos hermanos, preferiblemente casados, y que pudieran hacerse acompañar por otros que pronto fueran capaces, por medio de la agricultura u otras actividades según la experiencia lo requiera, de ganar lo suficiente para suplir las necesidades de todos. (...)
La reunión de ministros de 1792 fue celebrada en la casa de una viuda, la señora Wallis, en Kettering, y allí se fundó una sociedad para animar el avance del Evangelio en otras tierras.
Se redactó un breve informe de sus objetivos y fue firmado por doce personas. Al cabo de unos pocos meses ya Carey se encontraba haciendo rumbo hacia la India, mientras que Fuller, hasta donde su capacidad y su celo le permitieron, se dispuso a estimular a los cristianos de Gran Bretaña para que comprendieran la responsabilidad que sobre ellos recaía en cuanto a la divulgación del Evangelio en todo el mundo.
Las dificultades que parecían ser insuperables fueron superadas con paciencia, y poco a poco el éxito de la labor se aseguró en las bendiciones que trajo tanto en la India como en Gran Bretaña.
No fue hasta después de siete años de constante trabajo y oración que comenzaron a verse los primeros frutos entre los indios. Krishna Pal, con su familia, confesó a Cristo y se convirtió en un predicador eficaz del Evangelio así como en un compositor de himnos.
De esta manera, el interés suscitado condujo a la formación, en 1795, de la sociedad misionera londinense. Al principio fue no sectario, pero luego llegó a ser congregacionalista, mientras que en 1799 se organizó la sociedad de las iglesias misioneras. La sociedad misionera metodista wesleyana amplió el ámbito de sus actividades, y otras sociedades hicieron lo mismo.
La devoción y la capacidad dirigidas por estas organizaciones han dado abundantes frutos en muchas partes del mundo. Sus informes contienen algunos de los relatos más inspiradores en la historia de la humanidad.
Sin embargo, esta forma de llevar el cristianismo a otras naciones también ha llevado consigo las divisiones y los desarrollos históricos religiosos de Europa entre los pueblos paganos. De este modo se ha debilitado el testimonio del Evangelio, y ha tenido la tendencia de establecer misiones que representan las diferentes sociedades misioneras y dependen de ellas, en lugar de establecer iglesias independientes que se propagan por medio de su propio testimonio entre su propio pueblo, como fue el caso de las iglesias fundadas en los días apostólicos.
(Continuará)

