Hola Willy y hermanos:
Mientras esperamos la respuesta puntual de Francisco, quisiera hacer unos comentarios generales respecto del movimiento que se conoció como “la Reforma”.
Como sabemos la organización religiosa católica romana se inició con la pretendida “conversión” del emperador romano Constantino, quien “legalizó” el cristianismo en el Edicto de Milán en el año 313 d.C.
Más tarde, en el 325 d.C. Constantino convocó al Concilio de Nicea en un intento por unificar la cristiandad, y visualizó el cristianismo como una religión que pudiera unir al Imperio Romano, el cual en ese tiempo comenzaba a fragmentarse y dividirse. En el intento, promovió una mezcla de cristianismo y paganismo romano, y creencias completamente paganas y totalmente antibíblicas le dieron nuevas identidades a tal “cristianismo”, acentuándose los errores hasta el presente.
Baste señalar, como ejemplo, el Culto a Isis, una religión de la madre-diosa egipcia, que fue absorbida dentro del cristianismo, reemplazando a Isis con María. Muchos de los títulos que fueron usados por Isis, tales como “Reina del cielo”, “Madre de Dios”, y “theotokos” (quien dio vida a Dios) fueron adjudicados a María. Se le concedió a María un exaltado papel en la fe, mucho más allá de lo que la Biblia describe de ella, para atraer a los adoradores de Isis a la fe católica, que de otro modo no la hubieran adoptado. Las primeras claras señales de la Mariología católica ocurrieron en los escritos de Origen, quien vivió en Alejandría, Egipto, el cual resultaba ser el punto focal de la adoración a Isis.
En esa realidad de constantes desviaciones, el proceso de reforma empezó en Alemania cuando el monje agustino Martin Lutero denuncio, en 1517, la venta de “indulgencias” que, a cambio de limosnas, otorgaban el perdón de los pecados a los contribuyentes. Fue el papa León X quien instituyó semejante perversión con el objeto de contribuir a pagar los gastos con motivo de la construcción de la basílica de San Pedro.
Lutero, que pertenecía a la religión católica, publicó acertadamente sus 95 tesis en la catedral de Wittemberg,
pero, aunque llegó a tener luz a través de las Escrituras y contribuyó de muchas maneras a la causa de Cristo, en su afán de promover el movimiento reformista, echó mano de los métodos erróneos que había aprendido en los claustros católicos y terminó aliándose con los poderes políticos para obligar a los súbditos a convertirse al luteranismo.
En ese sentido, Lutero no es nuestro referente, y como cristianos no nos identificamos como reformados ni con la doctrina reformada. Tampoco nos identificamos como protestantes, pues los mal llamados “protestantes” salieron del seno católico, mientras que la verdadera Iglesia de Cristo, nunca fue contaminada por el catolicismo, pero sí atrozmente diezmada por ese sistema. No obstante, la iglesia peregrina y triunfante, esparcida por todo el mundo desde Jerusalén, no pudo ni puede ser destruida, a pesar de nuestros altibajos y debilidades, toda vez que los verdaderos siervos de Dios supieron y saben cómo conducirse “en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1ªTi. 3:15)
Otro de los padres de la reforma fue Juan Calvino, que con poco más de 20 años adoptó los puntos de vista de Lutero: Negación de la autoridad de la iglesia de Roma por derecho divino, impugnando la sucesión apostólica desde el apóstol Pedro, y dando primordial importancia a la Biblia como única regla de fe y conducta («Sola fides, sola Scriptura»), destacando la doctrina de la justificación del hombre por medio de la gracia.
En sus escritos, Calvino terminó por sistematizar gran parte de la Teología Reformada que comenzó con Martín Lutero. No obstante, la doctrina bíblica no se aprende con Calvino sino a la luz de las Escrituras y con la guía del Espíritu Santo. Entonces, carece de sentido identificarse como Luterano, Calvinista o con cualquier otro mortal. Sólo el Señor Jesucristo es nuestro referente como que es nuestro Salvador y Señor, y Cabeza de Su Iglesia, la que integramos por Su Gracia.
Al igual que Lutero en Alemania, en Suiza surge el reformador Zwinglio, que comete el mismo error de Lutero al aliarse con el poder político, e imponer compulsivamente su sistema religioso.
Lo ocurrido en Inglaterra merece un párrafo aparte, pues la iglesia Anglicana surge cuando Enrique VIII es excomulgado por el papa romano, a causa de su divorcio y recasamiento. No vale la pena ahondar en mayores detalles, pero fue la reina Isabel la que finalmente impuso el anglicanismo como religión oficial.
Para terminar, la Reforma tuvo su importancia, y muchos católicos se convirtieron a Cristo, pero la Iglesia Cristiana no se originó en la reforma de los católicos sino que es la continuidad de la verdadera Iglesia que el Señor construye desde el principio, como ya lo hemos señalado antes, sin haber pertenecido nunca al sistema romano.
Cualquier otra historia es tendenciosa.
Un abrazo,
Heriberto
Mientras esperamos la respuesta puntual de Francisco, quisiera hacer unos comentarios generales respecto del movimiento que se conoció como “la Reforma”.
Como sabemos la organización religiosa católica romana se inició con la pretendida “conversión” del emperador romano Constantino, quien “legalizó” el cristianismo en el Edicto de Milán en el año 313 d.C.
Más tarde, en el 325 d.C. Constantino convocó al Concilio de Nicea en un intento por unificar la cristiandad, y visualizó el cristianismo como una religión que pudiera unir al Imperio Romano, el cual en ese tiempo comenzaba a fragmentarse y dividirse. En el intento, promovió una mezcla de cristianismo y paganismo romano, y creencias completamente paganas y totalmente antibíblicas le dieron nuevas identidades a tal “cristianismo”, acentuándose los errores hasta el presente.
Baste señalar, como ejemplo, el Culto a Isis, una religión de la madre-diosa egipcia, que fue absorbida dentro del cristianismo, reemplazando a Isis con María. Muchos de los títulos que fueron usados por Isis, tales como “Reina del cielo”, “Madre de Dios”, y “theotokos” (quien dio vida a Dios) fueron adjudicados a María. Se le concedió a María un exaltado papel en la fe, mucho más allá de lo que la Biblia describe de ella, para atraer a los adoradores de Isis a la fe católica, que de otro modo no la hubieran adoptado. Las primeras claras señales de la Mariología católica ocurrieron en los escritos de Origen, quien vivió en Alejandría, Egipto, el cual resultaba ser el punto focal de la adoración a Isis.
En esa realidad de constantes desviaciones, el proceso de reforma empezó en Alemania cuando el monje agustino Martin Lutero denuncio, en 1517, la venta de “indulgencias” que, a cambio de limosnas, otorgaban el perdón de los pecados a los contribuyentes. Fue el papa León X quien instituyó semejante perversión con el objeto de contribuir a pagar los gastos con motivo de la construcción de la basílica de San Pedro.
Lutero, que pertenecía a la religión católica, publicó acertadamente sus 95 tesis en la catedral de Wittemberg,
pero, aunque llegó a tener luz a través de las Escrituras y contribuyó de muchas maneras a la causa de Cristo, en su afán de promover el movimiento reformista, echó mano de los métodos erróneos que había aprendido en los claustros católicos y terminó aliándose con los poderes políticos para obligar a los súbditos a convertirse al luteranismo.
En ese sentido, Lutero no es nuestro referente, y como cristianos no nos identificamos como reformados ni con la doctrina reformada. Tampoco nos identificamos como protestantes, pues los mal llamados “protestantes” salieron del seno católico, mientras que la verdadera Iglesia de Cristo, nunca fue contaminada por el catolicismo, pero sí atrozmente diezmada por ese sistema. No obstante, la iglesia peregrina y triunfante, esparcida por todo el mundo desde Jerusalén, no pudo ni puede ser destruida, a pesar de nuestros altibajos y debilidades, toda vez que los verdaderos siervos de Dios supieron y saben cómo conducirse “en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1ªTi. 3:15)
Otro de los padres de la reforma fue Juan Calvino, que con poco más de 20 años adoptó los puntos de vista de Lutero: Negación de la autoridad de la iglesia de Roma por derecho divino, impugnando la sucesión apostólica desde el apóstol Pedro, y dando primordial importancia a la Biblia como única regla de fe y conducta («Sola fides, sola Scriptura»), destacando la doctrina de la justificación del hombre por medio de la gracia.
En sus escritos, Calvino terminó por sistematizar gran parte de la Teología Reformada que comenzó con Martín Lutero. No obstante, la doctrina bíblica no se aprende con Calvino sino a la luz de las Escrituras y con la guía del Espíritu Santo. Entonces, carece de sentido identificarse como Luterano, Calvinista o con cualquier otro mortal. Sólo el Señor Jesucristo es nuestro referente como que es nuestro Salvador y Señor, y Cabeza de Su Iglesia, la que integramos por Su Gracia.
Al igual que Lutero en Alemania, en Suiza surge el reformador Zwinglio, que comete el mismo error de Lutero al aliarse con el poder político, e imponer compulsivamente su sistema religioso.
Lo ocurrido en Inglaterra merece un párrafo aparte, pues la iglesia Anglicana surge cuando Enrique VIII es excomulgado por el papa romano, a causa de su divorcio y recasamiento. No vale la pena ahondar en mayores detalles, pero fue la reina Isabel la que finalmente impuso el anglicanismo como religión oficial.
Para terminar, la Reforma tuvo su importancia, y muchos católicos se convirtieron a Cristo, pero la Iglesia Cristiana no se originó en la reforma de los católicos sino que es la continuidad de la verdadera Iglesia que el Señor construye desde el principio, como ya lo hemos señalado antes, sin haber pertenecido nunca al sistema romano.
Cualquier otra historia es tendenciosa.
Un abrazo,
Heriberto

