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Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23: 43
Una de las mayores bendiciones que el alma puede tener es poder entrar en el consuelo que el Señor Jesucristo tuvo mientras estuvo en la tierra. _Eso hace que la escena entre Él y el ladrón moribundo sea tan preciosa:_ no sólo que este pobre hombre encontrara la salvación, sino que su Salvador vio en él uno de los frutos del trabajo de Su alma.
Esto es sumamente solemne para quienes somos miembros de Su Cuerpo y un solo Espíritu con Él. El ojo del Señor nos escudriña por completo y conoce todas las intenciones y pensamientos del corazón y mente. Si no fuera así, _no podríamos contar con la bendición de tener a Alguien que vive eternamente para interceder por nosotros._ En cuanto el Señor ve algo que lo amerite, intercefe ante Dios; y no sólo lo ve, sino que nos lo revela. _Todo nos es descubierto: cada debilidad, cada señal de enfermedad espiritual, para que conozcamos cuál es el camino de restauración..._
¡Es una bendición tan grande la manera en que el Señor nos enseña acerca de Sí mismo! Y el lugar donde más experimentamos esto es en el desierto. Todos anhelamos ver al Señor en el Cielo, pero no sería lo mismo si no lo hubiésemos _visto y conocido primero El es el objetivo en quién Dios manifiesta Su carácter,mientras atravesamos las dificultades de la vida. ¿Qué puede fortalecernos y ayudarnos más que ver al Cristo vivo que intercede por nosotros? Cuando nos lleva a la luz y nos muestra que toda carne es hierba, _¡cuánto nos sostiene y tranquiliza el corazón, saber que el Señor se ocupa de nosotros!_
_Adaptación TLN
Wigram_

