Pregunta:
¿Qué enseñanza práctica se puede sacar del relato sobre Noé y sus hijos en Génesis 9:18-27?
Respuesta:
A través de esta penosa circunstancia en la vida de Noé, se puede considerar de qué modo un hombre, que por muchos años había sido pregonero de justicia, fue vencido fácilmente por el pecado de la intemperancia.
Luego del diluvio, Dios hizo un pacto con Noé, (Gé.9: 9/117) entregándole el dominio de la creación (“en vuestra mano son entregados” vs.2) Pero Noé no pudo dominar ni siquiera los apetitos de su propia carne. Eso nos enseña algo: Ni su gran sabiduría ni su vasta experiencia lo hicieron inmune al asalto del mal. Noé había pasado un tiempo de constante comunión con Dios y había presenciado el juicio del diluvio sobre los hombres pecadores, pero ahora cae fácilmente vencido por el exceso de alcohol. “El que cree estar firme, mire que no caiga” (1ª Co.10:12) “Velad y orad para que no entréis en tentación”. (Mr.14:38)
En cuanto al incidente con los hijos, podemos encontrar una gran enseñanza práctica: El modo en que cada uno consideró la desventura de su padre.
Por lo que hicieron en la ocasión, cada uno de los hijos reveló su verdadero carácter. Cam miró sobre la caída figura de su padre, acaso sin respeto, ni pena, ni dolor, y sin hacer más que deshonrarlo “fue y lo dijo a sus hermanos que estaban afuera”. Pero, por otro lado, Sem y Jafet “tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros”, y caminando hacia atrás con reverente delicadeza la pusieron sobre el cuerpo de su padre dormido.
La forma en que las personas tratan el pecado de los demás, siempre es una señal de su carácter. Aquellos que consideran la borrachera u otro pecado, como mero asunto de chanza, y los que gozan mirando escenas vergonzosas (en la vida real o en la ficción) son los verdaderos “descendientes” de Cam. Éstos dejan desnudo al caído, sin llevar “sobre sus propios hombros” la ropa para cubrirlo. Es decir, no se comprometen en su restauración, pero se recrean en los detalles íntimos del pecado del caído, contemplan maliciosamente su desnudez, y divulgan sus miserias sin consideración alguna.
Quien posee el genuino amor del Señor procura ocultar las faltas de otros, pero si por su gravedad es necesario tratarlas, lo hace con consideración y respeto, buscando sólo el bien, y sin la intención de infamar al hermano caído, porque es un miembro de la familia de Dios. (Ef.2:19) “El amor cubrirá multitud de pecados” (1ª Pedro 4:8).
Las profecías que Noé pronunció sobre sus hijos (con efectos sobre sus descendientes), revelan las consecuencias de las actitudes distintas que éstos tuvieron ante el pecado de su padre: maldición para uno (que sólo publicó la falta) y bendición para los otros (que la corrigieron con respeto y reverencia)
Pese a que no debemos pasar por alto el contexto histórico en el que ocurrió el incidente de Noé, el relato bíblico nos enseña verdades fundamentales que son sencillamente aplicables a nuestra vida cristiana.
¿Qué enseñanza práctica se puede sacar del relato sobre Noé y sus hijos en Génesis 9:18-27?
Respuesta:
A través de esta penosa circunstancia en la vida de Noé, se puede considerar de qué modo un hombre, que por muchos años había sido pregonero de justicia, fue vencido fácilmente por el pecado de la intemperancia.
Luego del diluvio, Dios hizo un pacto con Noé, (Gé.9: 9/117) entregándole el dominio de la creación (“en vuestra mano son entregados” vs.2) Pero Noé no pudo dominar ni siquiera los apetitos de su propia carne. Eso nos enseña algo: Ni su gran sabiduría ni su vasta experiencia lo hicieron inmune al asalto del mal. Noé había pasado un tiempo de constante comunión con Dios y había presenciado el juicio del diluvio sobre los hombres pecadores, pero ahora cae fácilmente vencido por el exceso de alcohol. “El que cree estar firme, mire que no caiga” (1ª Co.10:12) “Velad y orad para que no entréis en tentación”. (Mr.14:38)
En cuanto al incidente con los hijos, podemos encontrar una gran enseñanza práctica: El modo en que cada uno consideró la desventura de su padre.
Por lo que hicieron en la ocasión, cada uno de los hijos reveló su verdadero carácter. Cam miró sobre la caída figura de su padre, acaso sin respeto, ni pena, ni dolor, y sin hacer más que deshonrarlo “fue y lo dijo a sus hermanos que estaban afuera”. Pero, por otro lado, Sem y Jafet “tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros”, y caminando hacia atrás con reverente delicadeza la pusieron sobre el cuerpo de su padre dormido.
La forma en que las personas tratan el pecado de los demás, siempre es una señal de su carácter. Aquellos que consideran la borrachera u otro pecado, como mero asunto de chanza, y los que gozan mirando escenas vergonzosas (en la vida real o en la ficción) son los verdaderos “descendientes” de Cam. Éstos dejan desnudo al caído, sin llevar “sobre sus propios hombros” la ropa para cubrirlo. Es decir, no se comprometen en su restauración, pero se recrean en los detalles íntimos del pecado del caído, contemplan maliciosamente su desnudez, y divulgan sus miserias sin consideración alguna.
Quien posee el genuino amor del Señor procura ocultar las faltas de otros, pero si por su gravedad es necesario tratarlas, lo hace con consideración y respeto, buscando sólo el bien, y sin la intención de infamar al hermano caído, porque es un miembro de la familia de Dios. (Ef.2:19) “El amor cubrirá multitud de pecados” (1ª Pedro 4:8).
Las profecías que Noé pronunció sobre sus hijos (con efectos sobre sus descendientes), revelan las consecuencias de las actitudes distintas que éstos tuvieron ante el pecado de su padre: maldición para uno (que sólo publicó la falta) y bendición para los otros (que la corrigieron con respeto y reverencia)
Pese a que no debemos pasar por alto el contexto histórico en el que ocurrió el incidente de Noé, el relato bíblico nos enseña verdades fundamentales que son sencillamente aplicables a nuestra vida cristiana.

