06-03-2026, 08:14 PM
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...Más yo oraba. Salmo 109: 4
«Si quieres humillar a un creyente, pregúntale sobre su vida de oración», escribió un autor cristiano. ¡Cuán cierto es que nuestra vida de oración suele ser muy pobre! Es, sin dudas, una de las razones de nuestra falta de crecimiento espiritual, nuestro corazón dividido y nuestro servicio débil.
En cambio el Señor Jesús, como Hombre, vivía en constante dependencia de Su Padre celestial, lo cual se demostraba particularmente en Su vida de oración. Una y otra vez buscaba la presencia de Dios en oración y encontraba fuerzas en ella. El Evangelio según San Lucas presenta al Señor Jesús como Hombre perfecto y menciona con mucha frecuencia que Él oraba.
El ministerio público de Jesús comenzaba y terminaba con oración. En Su bautismo en el Jordán, oró, y en su último aliento en la Cruz también: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 3: 21, 23: 46).
Su vida diaria se caracterizaba por la oración. Temprano por la mañana, cuando aún estaba muy oscuro, buscaba el silencio para hablar con Su Padre (Marcos 1:35), y en las noches también terminaba con oración (Mateo 14:23) Antes de tomar una decisión importante, ¡pasaba una noche entera orando! (Lucas 6: 12)
Sus oraciones eran llenas de confianza, poder e intensidad. Los discípulos, al oírlo orar, expresaron el deseo: Señor, enséñanos a orar (Lucas 11:1).
_Que el ejemplo del Señor Jesús nos anime a orar con más intensidad y constancia, para profundizar nuestra comunión con Dios y cultivarla con devoción._
_Adaptación DHIN 2026_

