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Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo que había a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, para que pidiesen misericordias del Dios del cielo sobre este misterio.Daniel 2: 17
El poder de la oración colectiva
Dirigir nuestras peticiones a Dios es nuestro primer deber, «en todo» (Filipenses 4: 6).
Daniel les pide a sus tres amigos que unan sus súplicas a las suyas. ¡Qué privilegio es compartir una dificultad con amigos cristianos para presentarla juntos al Señor! Y, ¡cuán eficaz es hacerlo así pues de esta manera nos ponemos bajo la bendición de la promesa de Mateo 18: 19! «Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre...
Dios no permaneció indiferente a las oraciones de estos hombres piadosos. Reveló Su secreto a su siervo (Salmo 25: 14), quien luego agradeció inmediatamente a Dios y le adoró: ...por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo (v.19).
Recién entonces Daniel se dejó conducir ante Nabucodonosor. Vemos brillar en Daniel una de las mejores cualidades: su humildad. Daniel no se atribuyó ningún mérito sino que dio toda la gloria a Dios (Daniel 2:30). Cuando el Señor nos emplea en algún servicio, aprendamos a saber humillarnos, para dejarle a Dios todo el honor de los resultados.
_Adaptación LSP _

