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¿Como destruir los malos hábitos? – Parte 1
#1
“…LAS ARMAS DE NUESTRA MILICIA… SON… PODEROSAS EN DIOS PARA LA DESTRUCCIÓN DE FORTALEZAS…” (2 Corintios 10:4)

¿Como destruir los malos hábitos? – Parte 1

Todos luchamos con malos hábitos. ¿Cuál es el tuyo? ¡Sé sincero! Para muchos de nosotros es la actitud que nos impide crecer, sobresalir y elevarnos a las alturas que Dios preparó para nosotros (Ver Salmo 139:23,24). Los malos hábitos son “maneras” de pensar y de actuar que llegan a ser parte de nuestra vida diaria, formas de intentar satisfacer una necesidad o de llenar un vacío; son como muletas que usamos para enfrentarnos a la vida. Pero cuando un hábito nos controla, la Biblia lo llama una “fortaleza”. (Nos agarra con fuerza.)

¿Tienes algún hábito del que quisieras ser librado?

Mientras creas que lo puedes romper en tu propia fuerza, nada va a cambiar. Al actuar en tu poder estás desconectado del poder de Dios. Jesús dijo: “Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí, porque separados de Mí nada podéis hacer” Juan 15:4b,5b).

Tienes que llegar al momento en el que tomes una decisión consciente cada día y a veces cada hora – de entregar tu vida y tu voluntad a Dios, de orar: “Señor, no puedo superar esto. Escojo no caer en ello. Fortaléceme ahora por tu Espíritu”. Deberíamos orar así si queremos que Dios nos conteste,¡porque siempre apoya nuestras elecciones cuando están alineadas con su voluntad! Sea cual sea tu lucha hoy, recuerda:

“Las armas de nuestra milicia… son… poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas…” (2 Corintios 10:4).

Roberto
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#2
Quisiera citar lo siguiente que creo que puede aportar al tema

"Somos salvados del poder del pecado mientras creemos. El que ha sido justificado por un acto de fe tiene que vivir por fe. Hay multitudes de pecadores que no son salvos, aunque Cristo murió por ellos. Desde el punto de vista divino, todo ha sido provisto y sólo tienen que entrar por fe en la gracia salvadora tal como es para ellos 'en Cristo Jesús. De la misma manera, hay multitudes de los hijos de Dios, cuya naturaleza pecaminosa ha sido perfectamente juzgada, y para quienes ha sido hecha toda provisión para una vida de victoria por el lado divino, pero que no gozan de aquella victoria en su vida. Sólo les resta entrar por fe en la gracia salvadora que es poderosa para librarles del poder el imperio del pecado. Esto constituye la realidad del «andar», de la «carrera» y la «batalla», que exigen una actitud constante de fe. Hemos de pelear «la buena batalla de fe». Los pecadores no se salvan hasta que confían en el Salvador, y los hijos de Dios no experimentan la victoria hasta que confían en el Libertador. Por medio de la muerte de Su Hijo en' la cruz, Dios ha hecho posible esta salvación del poder del pecado, pero tenemos que apropiarnos de ella por fe." (Lewis Sperry Chafer, El hombre espirtual, pag.166)

Rom. 6:6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
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#3
Otra cita del mismo autor:

"Es imperativo que Dios prevenga el pecado en el caso de cada hijo suyo, por cuanto mientras el creyente esté en el cuerpo, conservará su naturaleza caída y será vulnerable al pecado (Ro. 7:21; 2 Co. 4:7; 1 Jn. 1:8). Las Escrituras no prometen la erradicación de esta naturaleza; en cambio, promete una victoria permanente, momento a momento, por el poder del Espíritu (Ga. 5:16-23). Esta victoria será realizada cuando se la reclame por fe y se cumplan las condiciones necesarias para una vida llena del Espíritu.
Jamás se dice que la naturaleza pecaminosa misma haya muerto. Fue crucificada, muerta y sepultada con Cristo; pero puesto que esto sucedió hace dos mil años y aún la vemos en acción, la expresión se refiere a un juicio divino contra la naturaleza pecaminosa que fue ejecutado en Cristo cuando Él "murió al pecado". No existe una enseñanza bíblica en el sentido de que algunos cristianos han muerto al pecado y otros no. Los pasajes incluyen a todos los que son salvos (Ga. 5:24; Cal. 3:3). En la muerte de Cristo todos los creyentes han muerto al pecado; pero no todos los creyentes han tomado posesión de las riquezas provistas en aquella muerte. No se nos pide que muramos experimentalmente, o que pongamos en práctica su muerte; se nos pide que nos "consideremos" muertos al pecado. Esta es responsabilidad humana (Ro. 6:1-14).

Toda victoria sobre el pecado es en sí misma una separación hacia Dios y, por lo tanto, es una santificación. Esa victoria debiera ir en aumento a medida que el creyente se va dando cuenta de su incapacidad y comienza a maravillarse en el poder divino."


(L.S. Chaffer; Grandes temas Bíblicos)
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