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"¡Ah, SeñorJehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño"Jeremías 1: 6
Hoy en día, muy pocos jóvenes dirían eso de sí mismos. Ya en la escuela, se les enseña a expresar sus ideas libremente. Así que, casi nadie tiene miedo de expresarse ni hablar en público. Pero de lo que Jeremías tenía que hablar era de cuestiones espirituales. ¿Y nosotros? ¿Nos animamos?
* Conversar sobre temas bíblicos.
_¿Acaso una conversación sobre tipo de motores o recetas de cocina, se convierte rápidamente en un profundo silencio en cuanto alguien menciona al Señor Jesús? Por muy interesantes que sean nuestras vivencias cotidianas, ¿no debería una conversación sobre nuestro Salvador encontrar nuestros corazones anhelantes?
* Tomar una posición por nuestro Señor
_Es bueno que seamos respetados y que se valoren nuestros consejos. Pero, ¿conocen los demás tu fe en el Señor? Pidamos valor cuando se trate de honrarle. Él da fuerza incluso a los más tímidos. ¡Jeremías lo experimentó en abundancia!_
* Participación en las diferentes reuniones
_Hay quienes durante toda su vida, se consideran «demasiado jóvenes para hablar» y, al hacerlo, hacen caso omiso de la exhortación del Espíritu de Dios. ¡Estemos dispuestos y preparados! No todo está reservado para un don en particular. La oración que brota del corazón de un joven creyente alegra mucho a nuestro Señor._
_Adaptación DHIN 2026_

