01-12-2009, 07:28 PM
Es una cuestión de discernimiento. Escuché muchas veces a creyentes pidiéndoles a los incrédulos que ante sus necesidades oraran a Dios porque Él los escucharía. Siempre les recuerdo lo que dijo el ciego de nacimiento, con su vista restaurada: "Sabemos que Dios no oye a los pecadores, pero si alguno es temeroso de Dios y hace su voluntad, a ése oye."
Si alguno pretende pedirle a Dios como Padre, tiene que ser realmente su Padre, más allá de que Él da a todos vida, aliento y todas las cosas por el simple hecho de ser criaturas suyas.
Los creyentes, como hijos, sí podemos orar porque sabemos que Dios nos oye, pero, en el orden de la oración no pasemos por alto que "sea hecha tu voluntad" viene antes que pedir el pan. (Mt.6:10) y a veces olvidamos ese detalle.
Una vez, se acercó a nuestro local una señora desconocida a pedirnos que oráramos por un problema en su hogar. Hablé con ella en privado y le expliqué que podíamos orar por su problema, pero que ese problema era consecuencia de otro peor. Para resumir, le prediqué el Evangelio instándola a que resolviera primero el problema más grande de los dos, para luego resolver el segundo. Luego oramos por ella, y noté que se retiró un poco desilusionada, aunque nos aseguramos de que supiera la verdad.
Quizás alguna vez le habrían ofrecido soluciones mágicas e instantáneas. De hecho, las ofertas milagrosas son el foco de la publicidad de muchos círculos cristianos para atraer a la gente.
Pero es preferible ser leal a la verdad antes que vender falsas ilusiones.
Sin duda que la oración eficaz del justo puede mucho, pero eso no significa la pretensión de poseer autonomía por sobre los designios soberanos de Dios.
Si alguno pretende pedirle a Dios como Padre, tiene que ser realmente su Padre, más allá de que Él da a todos vida, aliento y todas las cosas por el simple hecho de ser criaturas suyas.
Los creyentes, como hijos, sí podemos orar porque sabemos que Dios nos oye, pero, en el orden de la oración no pasemos por alto que "sea hecha tu voluntad" viene antes que pedir el pan. (Mt.6:10) y a veces olvidamos ese detalle.
Una vez, se acercó a nuestro local una señora desconocida a pedirnos que oráramos por un problema en su hogar. Hablé con ella en privado y le expliqué que podíamos orar por su problema, pero que ese problema era consecuencia de otro peor. Para resumir, le prediqué el Evangelio instándola a que resolviera primero el problema más grande de los dos, para luego resolver el segundo. Luego oramos por ella, y noté que se retiró un poco desilusionada, aunque nos aseguramos de que supiera la verdad.
Quizás alguna vez le habrían ofrecido soluciones mágicas e instantáneas. De hecho, las ofertas milagrosas son el foco de la publicidad de muchos círculos cristianos para atraer a la gente.
Pero es preferible ser leal a la verdad antes que vender falsas ilusiones.
Sin duda que la oración eficaz del justo puede mucho, pero eso no significa la pretensión de poseer autonomía por sobre los designios soberanos de Dios.

