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Edificación bíblica
#31
EL LIBRO DE ESTER


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W. Kelly





Dios no es nombrado en este libro



El libro de Ester es una de las pocas porciones dispersas en la Palabra de Dios que son notables por la ausencia del nombre de Dios. Esto ha sorprendido con frecuencia a muchos; los judíos mismos no fueron capaces de entenderlo, y buen número de cristianos no está mucho mejor; tanto es así, que no ha faltado la costumbre —sobre todo en estos últimos tiempos— de tratar al libro con cierta medida de desconfianza, como si la ausencia del nombre del Señor fuese una razón justificada de que el libro no puede ser de Dios.



Ahora bien, espero demostrar que el hecho de que el nombre de Dios no figure allí es parte de la excelencia del libro; porque hay ocasiones en las que Dios vela su gloria. No hay ocasión en la cual Él no obre, pero no siempre permite que su nombre sea oído o que sus caminos sean advertidos.



Veremos que el hecho de que el nombre de Dios esté ausente es precisamente lo que el carácter del libro requiere; y ello, en lugar de debilitar el derecho de Ester a ocupar su lugar en el santo Volumen, más bien mostrará la perfección de los caminos de Dios, hasta en un hecho tan excepcional como la ausencia de su nombre en todo un libro.



Debemos comprender, entonces, qué es lo que Dios tiene en vista: Él aquí está hablando de su antiguo pueblo bajo circunstancias en las cuales no podía pronunciar Su nombre en relación con ellos, debido a que el pueblo se hallaba en una posición totalmente irregular. Propiamente hablando, en el libro de Ester ellos no tienen ninguna posición en absoluto. No podríamos decir exactamente lo mismo con respecto a aquellos judíos que subieron desde Babilonia de acuerdo con el permiso que les otorgó Ciro, el persa, conforme a las profecías. Lo cierto es que ni siquiera en lo que respecta al remanente Dios le llama "pueblo mío" (véase Oseas 1:9, 10). Al permitir a Nabucodonosor que arrasara las tierras de la casa de David y de las tribus que todavía continuaban siendo fieles a su compromiso, Dios les quitó su título por un corto tiempo, y ese título aún no les ha sido restituido. No obstante, está a buen resguardo. Dios tiene el propósito de restablecerlos en la tierra de su heredad; pero el título de propiedad, por de pronto, ha desaparecido. Esto no significa que se haya perdido, sino que está reservado. Dios lo guarda en secreto para ellos.



Reintegración futura del pueblo



Cuando llegue el día en que Israel sea reintegrado, Dios los introducirá gradualmente en el lugar que les corresponde y en la relación debida, y entonces vendrán los días del cielo en la tierra.



Pero estaba lejos todavía de ser así, ni siquiera con el remanente que subió desde Jerusalén. Allí, como sabemos, el libro de Esdras los muestra centrados en torno al altar de Dios y construyendo Su casa; y el libro de Nehemías los presenta realzando su distinción. Si bien ellos habían perdido su título, no habían perdido a su Dios. Aun cuando Dios no los había de llamar "pueblo mío", ellos, al menos, lo llamarían a Él "nuestro Dios". La fe podía apropiarse de lo que Dios era para ellos cuando Él no podía llamarlos "pueblo mío". Por consiguiente, ellos construyeron los muros de Jerusalén para que su pueblo pudiera tener, aun en su debilidad, el sentido de su separación para Él. Esto caracterizó toda su vida; no solamente su vida religiosa, sino su vida entera. En el libro de Esdras se considera la vida religiosa del pueblo. En Nehemías se tiene en vista toda su vida consagrada a Jehová. Pero el libro de Ester presenta un aspecto completamente diferente: ¿Qué fue de los judíos que no subieron a Jerusalén? ¿Qué fue de aquellos que permanecieron sordos al permiso de Ciro o no valoraron la libertad de subir a la tierra en la cual los ojos de Dios se posaron y en la que todavía Él, de acuerdo con sus propósitos, habrá de exaltar Su nombre, a su Hijo, el Mesías, así como también al pueblo de su elección, entonces en verdad para ser manifiestamente reconocidos por Él?



El libro de Ester es la respuesta a tal pregunta. Nos muestra que, aun cuando Dios no podía reconocerlos de ninguna manera, y que ellos tampoco le reconocían públicamente; aun cuando no había ninguna señal de parte de Dios ni de parte del pueblo, y el nombre de Dios, por consecuencia, permanece enteramente en secreto —pues no se lo menciona ni una sola vez en todo el libro—, aun cuando ocurre todo esto se ve la mano y la actuación secreta de Dios en favor de su pueblo, por más que este último se hallara en la condición más irregular. Ésta es la naturaleza del libro, y la solución, creo yo, de la dificultad en cuanto al hecho de que el nombre de Dios no se mencione ni una sola vez en él. Veremos abundante confirmación de lo que acabo de afirmar cuando examinemos el libro. Hasta ahora no he hecho más que una somera alusión a su carácter para poder considerarlo con más detenimiento a medida que los varios incidentes se desarrollen ante nosotros.



La grandeza de Asuero y de su imperio



De repente nos encontramos en un notable banquete ofrecido por el rey Asuero, quien, supongo, es aquel conocido en la historia profana como Jerjes. No tiene mayor importancia saber si este rey fue Jerjes o Artajerjes, o siquiera otro que haya sido propuesto como la verdadera posibilidad. Debemos recordar que el título de «Asuero» era de aplicación general, así como el de «Faraón» fue de uso general en Egipto y «Abimelec» entre los filisteos; es decir, hubo muchos Faraones y muchos Abimelec. De la misma manera, entre los persas hubo varios que llevaron el nombre de «Asuero». A qué Asuero se refiere nuestro libro es una incógnita; no obstante, no es una cuestión de importancia; si lo fuera, Dios nos lo hubiera dicho. Presumo, empero, que se trató realmente de Jerjes, en parte por el carácter del hombre: un hombre de recursos prodigiosos, infinita riqueza, inmensa exuberancia y vanidad; un hombre, incluso, poseedor del carácter más caprichoso y arbitrario. Advertiremos estas cualidades en la conducta que observó para con su esposa, así como también en su conducta hacia los judíos. Veremos, pues, la historia de una parte notable del reinado de este caprichoso monarca; porque si hubo un rey persa que pudo haber sido supuestamente de mano dura para con los judíos, fue éste. Darío fue un gran admirador de Ciro y, por consiguiente, un gran amigo de los judíos. Jerjes no fue amigo de nadie, sino de sí mismo. Fue sencillamente un hombre que vivió para agradarse a sí mismo, para satisfacer sus gustos y pasiones conforme a los copiosos recursos que la providencia de Dios había colocado en sus manos y que él derrochó en su propia lujuria, tal como, lamentablemente, la mayoría de los hombres lo hacen.



Desobediencia y destitución de Vasti



Este libro nos presenta, pues, a Jerjes en una época del Imperio Persa cuando el mismo se hallaba compuesto no solamente por 120 provincias, como sucedía en tiempos del reinado de Darío, el meda, y de Ciro, el persa. En el libro de Daniel encontramos que, a raíz de las conquistas, fueron anexionadas más tarde siete provincias. Jerjes reinó, pues, en un tiempo en el que el Imperio Persa se hallaba en la cima de su gloria y de sus recursos, y él tenía toda la pompa y circunstancias del Imperio a su alrededor, todas las grandezas y sátrapas de su vasto Imperio.



Bajo estas circunstancias él manda llamar a Vasti, quien se niega a acudir. Esto enfureció al arbitrario y caprichoso monarca. Vasti desobedeció al rey. Se negó conforme al singular deseo de retraimiento que caracterizaba a la mujer persa. Se negó a satisfacer sus deseos. Él quería exhibir su belleza ante todo el mundo, y ella no aceptó. La consecuencia fue que el rey procuró el consejo de sus nobles, y uno de ellos le sugirió, con audacia, la destitución de Vasti. Éste es, en efecto, el primer gran paso en la providencia de Dios que nos presenta este libro, a raíz del cual se desenvuelven todos los acontecimientos notables.



La esposa judía sustituye a la gentil



Esto, de por sí, es de lo más interesante; pero aún hay más que esto. El libro de Ester no es tan sólo un libro que trata sobre providencia, sobre la secreta providencia de Dios cuando Él no podía mencionar Su nombre en favor de su pueblo, en favor de los judíos en su pobre y dispersa condición entre los gentiles; sino que, aparte de eso, el libro constituye un tipo de los grandes designios de Dios que están aún por acontecer; porque ¿con qué comienza principalmente el libro? Con esto: la esposa gentil del gran rey es depuesta y se produce el hecho singular de que una judía toma su lugar. Personalmente no puedo dudar de que esto es precisamente lo que sucederá cuando el gentil haya demostrado su desobediencia y haya fracasado en cuanto a exhibir la belleza que debería verse en su testimonio de Dios ante el mundo. Concretamente, esto es lo que está sucediendo ahora; es decir, el gentil, en el tiempo presente, es el que ocupa una determinada posición ante Dios en la tierra. El judío, como lo notaréis, no es el testigo actual de Dios, sino que lo es el gentil. Y el gentil ha fracasado totalmente. Conforme al lenguaje del capítulo 11 de Romanos, las ramas del olivo silvestre —el gentil— serán desgajadas, y el judío será nuevamente injertado. Pues bien, Vasti es la esposa gentil depuesta a causa de su desobediencia y de su fracaso en cuanto a exhibir su belleza ante el mundo. Esto es precisamente lo que la cristiandad debió haber hecho. El gentil, pues, será cortado y destituido, y el judío será restablecido (Romanos 11:22-24). Esto es lo que representa el llamamiento de Ester. Ella se convierte en el objeto de los afectos del gran rey y desplaza a Vasti, quien nunca más es restablecida. Pero hago simplemente esta casual observación para mostrar la relación típica de este libro con el desarrollo de los grandes consejos de Dios en las Escrituras.



Ester, hija adoptiva de Mardoqueo, primo suyo



Ahora vuelvo a explicar un poco los hechos que el libro señala como el gran desarrollo de la secreta providencia, cuando el nombre de Dios no puede ser mencionado. Dios puede obrar donde no puede proclamarse a sí mismo, y esto se halla notablemente ilustrado por el hecho de que, cuando se impartió la orden para que las jóvenes doncellas fuesen buscadas para que el rey hiciese su elección, entre otras "había en Susa residencia real un varón judío cuyo nombre era Mardoqueo hijo de Jair, hijo de Simei, hijo de Cis, del linaje de Benjamín; el cual había sido transportado de Jerusalén con los cautivos que fueron llevados con Jeconías rey de Judá, a quien hizo transportar Nabucodonosor rey de Babilonia. Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya. Sucedió, pues, que cuando se divulgó el mandamiento y decreto del rey, y habían reunido a muchas doncellas en Susa residencia real, a cargo de Hegai, Ester también fue llevada a la casa del rey, al cuidado de Hegai guarda de las mujeres. Y la doncella agradó a sus ojos, y halló gracia delante de él" (cap. 2:5-9).



Ester, elegida reina



Y cuando le llegó el turno a las diferentes doncellas y, entre otras, a Ester, ella no sólo halló gracia en los ojos del eunuco del rey, sino, más aún, a los ojos del mismísimo rey. "Fue, pues, Ester llevada al rey Asuero a su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el año séptimo de su reinado" (cap. 2:16). Puedo observar, de paso, que esto constituye una notable confirmación de las memorias de Asuero pertenecientes a la época de Jerjes, ya que en el tercer año de su reinado —como nos relata la Historia— Jerjes celebró un gran concilio de todos los grandes de su Imperio. El objetivo político fue su tentativa de conquistar Grecia, y él volvió nuevamente en el séptimo año de su reinado, exactamente las mismas fechas que se consignan en este libro de Ester. Durante ese tiempo, él se ausentó de su país y estuvo ocupado en ese vano esfuerzo, el cual culminó en la más completa destrucción de la flota persa y la expulsión de sus tropas por el relativamente pequeño poder de los griegos. Pero, sea como fuere, simplemente hago esta observación para demostrar la maravillosa manera en que la providencia de Dios preserva hasta las fechas y el modo en que los hechos concuerdan.

Éste, de todos modos, no es más que un pequeño detalle; pero el hecho sobresaliente es que la judía fue preferida a todas las otras. La judía solamente es quien será la desposada del gran Rey en la tierra. Sabemos lo que significa «el gran Rey». Supongo que todos vosotros estaréis enterados de que «el gran rey» era un título especial del monarca persa. Ahora bien, la Escritura utiliza la expresión "el gran Rey" con referencia al Señor (véase Salmo 48:2). No puedo dudar, pues, de que haya un propósito deliberado en esta manera típica, precisamente, de hablar de Él.



Ester, entonces, se convierte en la desposada —la reina— del gran rey después que la gentil fue depuesta a causa de su desobediencia; y el rey, entonces, hace una gran fiesta. Dispone una disminución de tributos para las provincias, como sabemos que habrá de ocurrir. Cuando el judío sea favorecido, ello será como "vida de entre los muertos" (Romanos 11:15), sea cual fuere la gracia presente de Dios (y sabemos que es infinitamente rica); pero en lo que toca a la tierra, ha sido enteramente echada a perder a causa de la mundanería, del egoísmo y de la vanidad del hombre. Todas estas cosas han destruido el carácter del reino de Dios en lo que respecta a su testimonio en la tierra. No cabe duda de que Dios lleva a cabo su propósito celestial, pero éste nada tiene que ver con este libro. La figura de las cosas celestiales no se encuentra aquí. Se trata solamente de la tierra y del aspecto terrenal de la cristiandad, la cual habrá de ser hecha a un lado cuando se convoque a los judíos, lo que no habrá de tardar. Ellos, entonces, vendrán a ser la esposa permanente del Rey.





Mardoqueo denuncia una conspiración contra Asuero



Aquí, al final del segundo capítulo, se nos dice que Mardoqueo no sólo se sienta a la entrada del rey, sino que también viene a ser el medio para hacer saber al gran rey que se prepara un atentado contra su vida. Dos de los camareros del rey que cuidaban la puerta procuraron ponerle las manos encima al rey, pero el asunto se conoció. Se hizo la investigación, y ambos fueron colgados de un árbol. Nosotros bien sabemos que todo transgresor en aquel día venidero será descubierto y aniquilado «ipso facto». No existirá más la incertidumbre de la ley. En aquel día "para justicia reinará un rey" (Isaías 32:1). Se descubrirá y castigará a todos aquellos que alcen sus manos contra el Señor.



Amán enaltecido



En el tercer capítulo tenemos una escena muy diferente. "Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él" (cap. 3:1).



Esto sólo es un tipo, sólo una sombra y no la verdadera imagen. En el día milenario no habrá ningún Amán. Hasta que ese día venga, al margen del vívido cuadro de las bendiciones venideras, siempre habrá una sombra oscura; un enemigo; uno que trata de frustrar todos los planes de Dios; y, de todas las razas de la tierra, hubo una que fue particularmente hostil para con el pueblo de Dios: Los amalecitas; tanto que Jehová juró y convocó a su pueblo a librar la guerra perpetua contra esa raza. La habría de borrar de debajo del cielo. Los amalecitas fueron el especial objeto del más recto juicio de Dios debido al odio que tenían hacia Su pueblo. Ahora bien, este Amán no sólo pertenecía a Amalec, sino incluso a la familia real de Amalec. Era descendiente de Hamedata el agaguita, como se dice, y Asuero engrandece a este noble al más alto puesto. Sin embargo, en medio de todos estos altísimos honores, ¡había una espina!: Mardoqueo no le hizo reverencia. La consecuencia fue que Mardoqueo vino a ser un objeto de reproche. Los sirvientes del rey le preguntaron: "¿Por qué traspasas el mandamiento del rey?" (cap. 3:3); y luego de persistir en esta actitud, el hecho llega a oídos de Amán, "porque ya él les había declarado que era judío" (cap. 3:4).



Amán, enemigo implacable del pueblo judío



Ahí radicaba el secreto. Dios no aparece. ¡En la historia no hay insinuación de que Dios haya hablado acerca de Amán! No obstante, aquí estaba la razón secreta; pero la única razón pública que aparece es que Mardoqueo era un judío. "Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y se llenó de ira. Pero tuvo en poco poner mano en Mardoqueo solamente, pues ya le habían declarado cuál era el pueblo de Mardoqueo; y procuró Amán destruir a todos los judíos que había en el reino de Asuero, al pueblo de Mardoqueo" (cap. 3:5, 6); y Amán efectúa esto de la siguiente manera: informa al rey —como era el noble principal y preferido— que había "un pueblo esparcido y distribuido entre los pueblos en todas las provincias... sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no guardan las leyes del rey, y al rey nada le beneficia el dejarlos vivir. Si place al rey, decrete que sean destruidos; y yo pesaré diez mil talentos de plata a los que manejan la hacienda, para que sean traídos a los tesoros del rey" (v. 8, 9).



La orden de exterminio de los judíos sellada por el rey



El rey, conforme al carácter que ya he descrito, dificultó muy poco la tremenda petición de Amán. Tomó su anillo de su mano, lo dio a Amán y le dijo que guardara su plata, y encargó a los escribas que llevaran a cabo su demanda, de modo que los correos fueron a través de todas las provincias del rey. Los persas, como es sabido, fueron los iniciadores del sistema postal que nosotros hemos continuado hasta hoy. "Y fueron enviadas cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día, en el día trece del mes duodécimo" (cap. 3:13). El rey y su ministro se sentaron a beber, pero la ciudad de Susa estaba perpleja.



Bien pudo haber un gran lamento proveniente de los judíos. Su destino estaba sellado. Así parecía. Tanto más cuanto que siempre fue uno de los axiomas del Imperio Persa que, una vez aprobada una ley, nunca era revocada "conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada" (Daniel 6:8, 12). Podría parecer, pues, que nada hubiera podido salvar al pueblo. El soberano de 127 provincias había dado su palabra real, firmada con su sello y enviada por correo a lo largo y a lo ancho del Imperio. El día estaba fijado y el pueblo señalado. La destrucción parecía segura; pero Mardoqueo rasga sus ropas, se viste de cilicio y, en medio de la ciudad, llora con un fuerte y amargo llanto (cap. 4:1). Si bien el nombre de Dios no está escrito ni aparece, los oídos de Dios, no obstante, oyeron.



La intervención de Mardoqueo



Mardoqueo se allegó hasta la puerta de acceso al palacio del rey, pues nadie podía entrar vestido de cilicio. Se colocó entonces delante de la puerta sin traspasarla, y Ester oyó. Le relataron lo que acontecía y la reina se sintió profundamente afligida, aunque conocía poco acerca de la verdadera causa de la aflicción. Ester envía uno de los camareros y Mardoqueo le relata todo cuanto le había ocurrido, de cuánto Amán había prometido pagar y de la inminente destrucción que caería sobre los judíos.



Se nos dice que Ester, a raíz de esto, da a Hatac orden de explicar a Mardoqueo lo desesperante de la situación. El objetivo era que ella fuese e hiciese súplicas al rey. Pero ¿cómo? Una de las leyes del Imperio Persa establecía que nadie podía introducirse en la presencia del rey. Éste debía mandar a buscar, pero no lo había hecho con la reina en treinta días. Era contra la ley aventurarse a ello. Por consiguiente, Mardoqueo le envía a Ester un muy claro y duro mensaje: "No pienses —le dijo— que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos" (cap. 4:13, 14). Ni una palabra acerca de Dios. Permanece velado. Mardoqueo piensa en Dios, pero el secreto de Dios se preserva de un modo tan perfecto que Mardoqueo sólo alude a él vagamente en estos notables términos: "...respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos"; porque Dios miraría hacia abajo desde los cielos; pero Mardoqueo sólo habla del lugar y no de la persona. "Mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?" (cap. 4:14).



Ester, pues, toma conciencia del estado real de la situación. Capta perfectamente el sentimiento de Mardoqueo hacia el pueblo y su confianza en la liberación que vendría "de otra parte". Por eso le ruega a Mardoqueo: "Vé y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día." Ella también, como dice, hará lo mismo: "Yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey" (cap. 4:16). Ni una sola palabra acerca de los perfumes ahora. Ni una palabra acerca de las suaves fragancias con que antes ella se había preparado para entrar en la presencia del rey. Ella tenía que someterse a ello, pues tal era la orden del rey; pero ahora, aun cuando no menciona a Dios, es evidente dónde está su corazón. Va con el más singular preparativo —pero admirable en tal momento—: con ayuno, una gran señal de humillación ante Dios; pero, aun aquí, Dios no es mencionado. No se puede dudar de que Dios está por encima —de que está por detrás— de la escena; pero todo lo que aparece es meramente el ayuno del hombre y no el Dios ante quien se ayunaba. "Y si perezco, que perezca." Su decisión estaba tomada.



La intervención de Ester



Por consiguiente, al tercer día Ester se puso sus vestiduras reales, "y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento. Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano" (cap. 5:1, 2), porque la fe en la bondad de Dios era grande. Todo lo que aparece es meramente humano, pero la mano invisible estaba allí. Ella la buscó y la halló. "Entonces vino Ester y toco la punta del cetro. Dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará." A lo que responde Ester: "Si place al rey, vengan hoy el rey y Amán al banquete que he preparado para el rey" (cap. 5:2-4). Dios le dio sabiduría. Ella no reveló de inmediato lo que era una carga tan pesada para su corazón. "El que creyere, no se apresure" (Isaías 28:16). El Dios invisible que era el objeto de su confianza ejercitó su alma para esperar. Ella no sólo convida al rey al banquete, sino también a Amán. Cuántas veces ocurren hechos similares. De la misma manera procede el Señor cuando le da a Judas el pan mojado antes de la terrible traición que lo condujo a la cruz. Nada podía suponer Amán acerca de lo que Dios, quien no aparece, estaba reservándole. Y, en el banquete, el rey nuevamente vuelve a la pregunta, porque sabía perfectamente que había algo más que el banquete en la mente de la reina Ester. "¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida" (cap. 5:6).



Nuevamente la reina solicita que ella pueda contar con la presencia de ellos en otro banquete. "Y mañana haré conforme a lo que el rey ha mandado." Así que ese día Amán se va "contento y alegre de corazón"; pero, cuando ve que Mardoqueo, el judío, no se levantaba ni se movía por él, se llena de indignación contra aquél. No obstante, Amán se contiene. Cuando regresa a su casa y cuenta a su esposa y amigos acerca de la gloria de sus riquezas, de la multitud de sus hijos, de todas las cosas con que el rey le ha engrandecido y cómo le ha promovido por sobre los príncipes y siervos del rey, menciona como coronación de todos los honores especiales recibidos la invitación de la reina Ester a un banquete al cual había asistido nada menos que el propio rey. "Y también para mañana" —dice él— "estoy convidado por ella con el rey. Pero todo esto de nada me sirve" —tal era el odio y la amargura de su corazón— "cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey". La esposa, con la debilidad propia de su naturaleza, sugiere que se haga una horca para este perverso Mardoqueo. "Hagan una horca de cincuenta codos de altura, y mañana dí al rey que cuelguen a Mardoqueo en ella; y entra alegre con el rey al banquete" (cap. 5:14). El asunto agradó mucho a Amán, y así se hizo.



Dios obra



Pero el Dios invisible estaba obrando esa noche. El rey no podía dormir (cap. 6:1); de no haber sido así, habría habido una amarga fiesta para Ester antes de la fiesta con el rey. "Aquella misma noche se le fue el sueño al rey." Él solicitó los archivos del reino. La providencia de Dios estaba actuando. Se halló escrito que Mardoqueo había denunciado a los camareros traidores, y el rey pregunta: "¿Qué honra o qué distinción se hizo a Mardoqueo por esto? Y respondieron los servidores del rey, sus oficiales: Nada" (v. 3). En ese mismo momento, Amán llega a la corte. Quería ver al rey para pedirle la vida de Mardoqueo. Nada sabía de lo que estaba en el corazón del rey, y éste, lleno de lo que estaba en su propio corazón, es providencialmente inducido a preguntar qué debía hacer en favor de aquel a quien deseaba honrar. "¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey?" (v. 6).



Amán cae en su propia trampa



Amán no había pensado en ningún otro sino en él mismo. Por eso cayó en su propia trampa. Convencido de que él mismo era el hombre cuya honra deseaba el rey, y sin escatimar nada, sugiere al rey los más altos honores, los mayores que se hayan conferido jamás a un súbdito. "Para el varón cuya honra desea el rey, traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza; y den el vestido y el caballo en mano de algunos de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey" (v. 7-9). Y el rey al instante dice a Amán: "Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real; no omitas nada de todo lo que has dicho."



¡Oh, qué caída! ¡Qué horror de horrores debe de haber llenado el corazón de ese hombre perverso, pues aquel a quien él más odiaba de entre todos los hombres vivientes era el mismo a quien, como principal noble del Imperio, se veía obligado a rendir este honor conforme a sus propias sugerencias! De todos modos, era imposible alterar la palabra del rey. "Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo condujo a caballo por la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey" (v. 11). Muy diferentemente volvió Amán a su esposa y sus amigos ese día. "Amán se dio prisa para irse a su casa apesadumbrado y cubierta su cabeza. Contó luego Amán a Zeres su mujer y a todos sus amigos, todo lo que le había acontecido. Entonces le dijeron sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la descendencia de los judíos es ese Mardoqueo delante de quien has comenzado a caer, no lo vencerás, sino que caerás por cierto delante de él" (v. 12, 13). Tal es el sentimiento secreto del gentil con respecto al judío. Puede marchar todo muy bien para el gentil mientras el judío es echado fuera de la presencia de Dios, pero, cuando llegue el día señalado para exaltar al judío, la grandeza del gentil tendrá entonces que desaparecer de la faz de la tierra. El judío es el futuro señor aquí abajo. Él será la cabeza y el gentil la cola (Deuteronomio 28:13, 44).



Amán, traidor descubierto y ejecutado «ipso facto»



Así el banquete prosigue (cap. 7) y el rey y Amán se encuentran, porque no había tiempo que perder. El camarero había convocado a Amán al banquete, y ahora el rey, por tercera vez, requiere de la reina su petición: "¿Cuál es tu petición, reina Ester, y te será concedida? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será otorgada. Entonces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición" ¡¿Cómo?! ¿Tal es el estado de cosas que la reina ruega por su vida? "Séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable" (v. 3, 4). Ester había pulsado la cuerda correcta. No sólo todos los afectos del rey estallaron ante ese insulto que había sido hecho a aquella a la que él amaba por encima de todos en el reino, sino aún más: existía la audaz presunción de que habría de intentarse la destrucción de la reina y de todo el pueblo de la reina sin siquiera el conocimiento del rey. ¿Quién podía ser el traidor?



"Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto? Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina. Luego el rey se levantó del banquete, encendido en ira, y se fue al huerto del palacio." Bien sabía Amán que esa era la sentencia de muerte pronunciada sobre él. "Y se quedó Amán para suplicarle a la reina Ester por su vida; porque vio que estaba resuelto para él el mal de parte del rey" (v. 7). Y cuando el rey vuelve, lo encuentra a Amán, en su agonía, caído sobre el lecho donde yacía Ester, y el rey se imagina lo peor. La palabra sale de su boca y sus servidores cubren el rostro de Amán para su inmediata ejecución. Y Harbona, uno de los camareros, propone al rey la horca que estaba ya hecha en la propiedad de Amán, lo que también cuenta con el beneplácito del rey. "Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella. Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la ira del rey" (v. 9, 10).



Nuevo decreto imperial salvando «in extremis» a los judíos



Pero esto no fue todo. Dios no solamente hizo que el cruel adversario de su pueblo cayese en sus propias redes, sino que cuidará de los judíos a lo largo de todos los dominios del rey, donde estaban todavía sujetos a sentencia de muerte. La liberación no era aún completa. El enemigo principal había sido destruido, pero ellos estaban aún en peligro; y entonces Mardoqueo viene ante el rey (cap. 8). "Porque Ester le declaró lo que él era respecto de ella." El rey se quita su anillo y se lo da a Mardoqueo. El judío, en consecuencia, asume entonces el lugar del gobierno en la tierra; sus enemigos son destruidos, pero todavía tienen que ser vindicados y completamente liberados por todo el Imperio. Y Ester se echa a los pies del rey y le suplica con lágrimas que quite el mal de Amán, y el rey nuevamente extiende el cetro de oro y Ester explica que los correos que salieron con las cartas del rey estaban llevando destrucción a los judíos por todas sus provincias. El rey responde: "He aquí yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la horca, por cuanto extendió su mano contra los judíos. Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado" (v. 7, 8).



¿Cómo, pues, había de encararse este asunto? De la siguiente manera: a todo el Imperio, por medio de nuevos correos, fueron enviadas cartas por las cuales "el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades, para que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir, y matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese contra ellos y aun sus niños y mujeres, y apoderarse de sus bienes". Y así fue hecho. "Y salió Mardoqueo de delante del rey", ahora con todos los atributos del honor real. "Y los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra. Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer" (v. 16, 17).



Venganza de los judíos



Así, en efecto, fue hecho (cap. 9). Los judíos se reunieron y pusieron la mano sobre todos los que buscaban sus vidas. Nadie les pudo resistir. Es el tipo evidente del día en que el judío será nuevamente restablecido a su debido y propio lugar en toda la tierra. Y "Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama iba por todas las provincias; Mardoqueo iba engrandeciéndose más y más. Y asolaron los judíos a todos sus enemigos a filo de espada, y con mortandad y destrucción, e hicieron con sus enemigos como quisieron" (cap. 9:4, 5). Y así tenemos el relato. Pero hay más: "Y dijo el rey a la reina Ester: En Susa capital del reino los judíos han matado a quinientos hombres y a diez hijos de Amán. ¿Qué habrán hecho en las otras provincias del rey? ¿Cuál, pues, es tu petición? y te será concedida; ¿o qué más es tu demanda? y será hecha. Y respondió Ester: Si place al rey, concédase también mañana a los judíos en Susa, que hagan conforme a la ley de hoy; y que cuelguen en la horca a los diez hijos de Amán" (cap. 9:12, 13). Muchos son los que no pueden entender esto. ¡Y no es de extrañar! Pues los tales toman a Ester como tipo de las relaciones de Dios con la Iglesia. De inmediato uno ve cuán tremenda confusión sobreviene por ello. No es así. El gentil es depuesto y el judío llamado; pero la justicia constituirá el carácter del reino venidero. La gracia es lo que conviene a la Iglesia ahora. Sería, pues, del todo ininteligible hacer que Ester represente a la Iglesia ahora. La ejecución de la justa venganza sería del todo incompatible con el llamamiento del cristiano, con la posición de la Iglesia. Pero con el judío llamado a participar del reino venidero —de los honores del reino— es exactamente lo que ocurrirá a su tiempo. Entonces —cuando el Mesías reine, y Jerusalén sea su reina— se cumplirá la palabra: "La nación o el reino que no te sirviere perecerá" (Isaías 60:12).



Así fue en ese día. Vemos, pues, que siempre que nos apropiamos de la verdad, la Palabra de Dios se acomoda en su debido lugar. Nosotros lo entendemos y distinguimos entre cosas que difieren; dividimos rectamente la palabra de verdad. Cuando, por el contrario, en nuestra ansiedad aplicamos a nosotros cosas que no condicen con nuestra posición, caemos en un grave error y destruimos el propio lugar de la Iglesia de Dios y nuestra participación de los afectos celestiales de Dios. Nuestro propio lugar, ahora, es actuar de conformidad con Aquel que está a la diestra de Dios. Pero, cuando el Señor Jesús deje el cielo para venir a la tierra, cuando venga a reinar, entonces el carácter de su reino será la justicia, de acuerdo con el Salmo 45. Por eso, la ejecución de los diez hijos de Amán no da lugar a la más mínima dificultad cuando esto se comprende, porque el Señor no sólo herirá al principio, sino que habrá una repetición del golpe: habrá una cabal aniquilación del adversario y de todos los que rindan obediencia fingida. El Señor se encargará de ellos en ese día que habrá de venir.



Regocijo del pueblo judío



Y así mandó el rey que se hiciera, y los judíos se congregaron para otro día. No sólo los que estaban en Susa: "En cuanto a los otros judíos que estaban en las provincias del rey, también se juntaron y se pusieron en defensa de su vida, y descansaron de sus enemigos, y mataron de sus contrarios a setenta y cinco mil; pero no tocaron sus bienes" (cap. 9:16). Así, pues, la alegría y el gozo llena el corazón de los judíos. Y Mardoqueo escribe y envía cartas a todas las provincias y, de este modo, la alegría se esparce por sobre toda la tierra. Y no sólo eso, sino que los judíos, como se nos dice, establecieron una fiesta con motivo de esta notable intervención de la providencia de Dios.



Mardoqueo enaltecido



El libro termina, en el capítulo 10, con un relato de la grandeza del reinado del rey, y también de la de Mardoqueo, su ministro. "Porque Mardoqueo el judío fue el segundo después del rey Asuero, y grande entre los judíos, y estimado por la multitud de sus hermanos, porque procuró el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje" (v. 3). Así, dignamente, se cierra este muy notable libro. El judío, librado de todas sus angustias, es conducido al lugar más cercano al gran rey y, en lugar de ser víctima del odio del gentil, tiene autoridad plena para ejecutar venganza sobre todos los que quisieron aniquilar la simiente de Abraham.



Conclusión



¡Quiera el Señor concedernos el deleite que se halla en los caminos de Dios! ¡Que podamos leer su Palabra y sacar provecho de ella en toda sabiduría e inteligencia espiritual! Aplicar este libro a nosotros sería engañarnos, pues nosotros lo entendemos y sabemos que no hallaremos ningún provecho de esta forma. Vemos el lugar que habrá de ocupar el antiguo pueblo de Dios cuando el orgulloso gentil sea destituido a causa de su desobediencia, y el judío restituido, con toda la hermosura que Dios puede poner sobre él, dentro de su debido lugar ante el mundo.



Éstas son las perspectivas que nos ofrece este libro. Se notará además que su hermoso carácter se halla completamente preservado desde el principio hasta el final; todo esto fue dado durante el día nublado (el día de la oscuridad, de la dispersión, del no reconocimiento del judío). El nombre de Dios está absolutamente ausente de él. Se trata del poder secreto de Dios que obra a través de circunstancias que podrían parecer desesperantes o fatales. Pero ¡qué consuelo para nosotros!: Nosotros también tenemos que ver con la misma providencia de Dios, aunque no por cierto obrando para el mismo fin; porque el propósito de Dios no es darnos ocasión de venganza sobre el enemigo, ni exaltarnos con la grandeza terrenal, pero tenemos que ver con el mismo Dios; sólo que —¡a Dios gracias!— Él no nos desconoce, como lo hace con Israel. Nos ha traído a una relación que no se puede perder jamás, relación que depende de Cristo y que ha sido sellada por el Espíritu Santo. Consecuentemente, Él nunca se rehúsa a que le invoquemos como "nuestro Dios y Padre", ni jamás deja de reconocernos como los hijos de su amor.



Como se ve, el libro no se aplica de ningún modo a nosotros en lo que toca a Ester y al fin que persigue; pero, seguramente, estamos justificados al tomar todo el consuelo de la poderosa mano de Dios. Cuando los hombres no ven más que las circunstancias que pasan a nuestro alrededor, sabemos que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28). Quizá podemos no ver el camino, pero conocemos, vemos y podemos acercarnos al Dios que controla todas las cosas a nuestro favor.



En resumidas cuentas, la providencia de Dios es una verdad universal, hasta que el día venga cuando los designios de Dios sean hechos públicos y manifiestos, y su nombre sea invocado por su pueblo. Será la parte de Israel. Sabemos que ahora ellos están dispersos, que ahora se hallan en una situación totalmente anómala, pero que el día vendrá cuando Dios pondrá a un lado al gentil y, una vez más, introducirá a Israel; y nuestros corazones pueden regocijarse; pues ello no significará ninguna pérdida para nosotros, aun si ése fuera el motivo. Pero, de hecho, no será ninguna pérdida para nosotros, pues estaremos con el Señor Jesús en lo alto, y sólo después de esto —sólo después que el Señor nos haya llevado consigo al cielo— Dios juzgará al gentil y volverá a llamar al judío.




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APÉNDICE



SÍNTESIS DEL LIBRO DE ESTER





Resalta aún más en este libro —si lo comparamos con el de Esdras y el de Nehemías— el especial designio de Dios, del cual la omisión de su nombre constituye una parte esencial. Ello tiene el propósito de señalar que cuando el pueblo —considerado ya como «Lo-ammi», véase Oseas 1:9— se hallaba entre los gentiles en circunstancias tales que el nombre de Dios no podía ser mencionado, Su secreta providencia en favor de ellos se manifiesta en forma indefectible. Esto es tan patente y cierto, que no se precisa ninguna prueba detallada. No obstante, se advierte en todo el libro un latente y profundo sentimiento religioso, como por ejemplo en el horror del agaguita por el judío, en el ayuno de Ester y en la fiesta de Purim. Se trataba ciertamente de lo que la gente denomina una «iglesia invisible» en el más pleno sentido.



Podemos agregar que el hecho de que la versión griega de los LXX —o «Septuaginta»— haya introducido el nombre de Dios —además de numerosas adiciones al texto hebreo— no hace sino destruir ese silencio que tanto desconcierta al canónigo Rawlinson así como a tantísimas personas. Cuando el pueblo se hallaba en un estado tal que Dios no podía reconocerlos, Él, invisible e innominado, cuida de ellos. ¿Cómo podía Dios reconocer a una hija de Israel casada con el gran rey? El libro de Ester contempla la dispersión, así como el de Esdras y el de Nehemías centraron su atención en el remanente que había vuelto a Jerusalén. Ester, pues, es único en su género e invaluable a lo largo de sus diez capítulos.



Como tipo, el libro nos muestra a la esposa gentil hecha a un lado —la cual había fracasado en manifestar su belleza— y a la judía establecida en el lugar de aquélla. El enemigo podrá arder en ira en su último intento de malicia destructiva; pero todo termina en su propia ruina y en la de sus instrumentos, para regocijo de Israel y de las naciones que se hallan bajo el justo gobierno a lo largo del vasto imperio. ¡Cómo Cristo no habrá de administrar el reino para gloria de Dios Padre!



W. Kelly
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#32
CUANDO ALLÁ SE PASE LISTA

Historia de un Himno.

El dinámico maestro de escuela dominical tomó por primera vez un atajo, rumbo al correo, y vio a Bessie barriendo el
porche de su miserable vivienda. ¡Muchacha! le saludó cariñosamente, obedeciendo su instinto de invitar los chicos a su clase bíblica.
Bessie resueltamente no aceptó la invitación, por una razón que toda niña entiende bien. El viejo vestido que tenía puesto era el único que poseía, y de ese callejón ella no salía nunca.
Estos eventos tuvieron lugar en el pueblo de Williamsport, Pennsylvania, E.U.A, en la década de los años 1910.
El señor se llamaba James Black.
Tres damas resolvieron pronto el problema de la ropa. Por unas pocas semanas Bessie era un personaje destacado en el pequeño grupo que aprendía historias de la Biblia. A todos les llamaba la atención el entusiasmo y seriedad con que respondía a la lista de preguntas que se le hacía. Para Bessie el sencillo hecho de estar incluida en una reunión con sus amigos, objeto del respeto de los mayores, era un gran acontecimiento en su vida. Al oír su nombre cuando pasaban lista con cierta formalidad, se ponía de pie, cabeza en alto, y respondía a viva voz:

¡PRESENTE!

Pero un domingo Bessie no estaba presente. Ni el siguiente tampoco.

Aquella alumna, había enfermado.

Cuando el maestro caminaba a su casa, después de haber visitado a su alumna Bessie, iba sumamente triste y una voz le decía:
“Prepara una de tus composiciones musicales. Pronto vas a tener que encargarte del entierro de esa conmovedora víctima de pulmonía”.

El lapso resultó ser de diez días.

Lo interesante es que, al abrir el portón de su propia casita, le vino a la mente la palabra:

¡PRESENTE!

Y la suprema importancia de estar presente para siempre jamás en un lugar muy diferente al oscuro callejón de la choza de Bessie.
Músico nato que era ese devoto evangélico e inspirado por la tristeza del cuadro que había visto en aquel hogar de
borrachera y miseria, él ya tenía en su cabeza mucha de su composición antes de buscar papel y sentarse a la mesa en la
sala. Y así fue que el mundo recibió uno de sus más sublimes himnos evangélicos:

“Cuando la trompeta del Señor se toque, la final, con fulgor apunte el día eternal;
Y los redimidos suban a su casa celestial, cuando allá se pase lista yo estaré.
Cuando todas sombras huyan en la gran resurrección de los muertos en Jesús sin corrupción,
Y en las nubes al Señor reciban, ¡qué consolación!
Cuando allá se pase lista, yo estaré.”
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#33
¿Qué es la verdadera sujeción de parte de una esposa cristiana?

Por Don Gelson Villegas

Lo ideal es que un matrimonio cristiano sea de parte de dos individuos llenos del Espíritu que desempeñan los respectivos papeles que Dios les ha asignado. De esto leemos en Ef. 5:17 al 33.

El esposo ama a su esposa con una devoción incondicional a su bienestar, leemos:

Efe 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
Efe 5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
Efe 5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
Efe 5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

La esposa reconoce la responsabilidad que Dios le ha dado a su esposo y respetuosamente sigue su guía, leemos:

Efe 5:22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
Efe 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
Efe 5:24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
Efe 5:33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

En este escenario idílico, ninguno de los dos tiene que recordarle a su pareja que debe cumplir su responsabilidad, porque alcanzar esta elevada norma es suficiente como para retar a cada cual de por vida.

El vers. 21:

Efe 5:21 Someteos unos a otros en el temor de Dios.

No conceptúa el matrimonio como dominado por el varón, sino por el Señor, con ambos en sujeción a él.

Pues enseña de someterse unos a otros en el temor de Dios, mientras que el 5:33 habla de respetar al esposo.

Someterse y respetar son palabras que se relacionan de cerca.

Conscientes de que el Señor les ha encomendado lo que es mejor para ellos, los cónyuges cumplen en sus respectivos roles por sumisión a él; cada cual lo hace en obediencia al Señor y no porque la otra parte debe obedecerle a él.

Sean agradables o difíciles estas funciones, la fuerza para obedecer al Señor puede venir tan sólo del Espíritu de Dios.

El matrimonio cristiano requiere una disposición a ser un cónyuge lleno del Espíritu.

La sujeción no quiere decir que la esposa existe por el beneficio de su esposo.

Por cierto, él está obligado a sustentarla, cuidar de ella, leemos:

Efe 5:29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,

“El trabajo de la mujer” y “el trabajo del varón” no son definiciones absolutas, sino responsabilidades que los dos definen entre sí y por común acuerdo.

La pareja decide esto y todo lo demás en su matrimonio bajo el entendido que Dios ha asignado al esposo tanto la guía en la relación, como la responsabilidad por el éxito del matrimonio y el bienestar físico, emocional, mental y financiero de su esposa.

Exactamente cómo esto funciona difiere de una pareja a otra, pero la legítima sujeción es una participación de buena voluntad de parte de la esposa en este arreglo ordenado de Dios.

Que el Señor prospere esta breve meditación.
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#34
ESCONDIDO DETRÁS DE UN ÁRBOL

Por un hermano de nuestras asambleas:

Al lado de la carretera, en un caserío llamado Puente Onoto, vivía el joven Avelino Linares. Como millones de jóvenes, procuraba gozarse todos los días con sus compañeros en los vicios, las fiestas y todos los deleites temporales del pecado. Pensaba que esto era la vida, pues nunca había oído de otra cosa.
Pero un día llegó al caserío un señor llamado don José con su familia y otros, en una camioneta blanca, predicando algo muy diferente. Su franca sonrisa y amabilidad infundían confianza para escuchar el mensaje que traía: el Evangelio de Dios, las buenas noticias de salvación en Cristo. Avelino comenzó a escuchar, pero pronto sus compañeros le advirtieron a “no meterse en eso”.

Cuando se predicó el Evangelio en el caserío cercano de Apartaderos, el papá de Avelino le pidió que llevara la familia. Él no quería, y secretamente quitó una pieza del motor del carro.

Cuando todos se montaron, el procuró encender el motor. Como no prendía, él les hizo bajar para empujarlo, y se gozaba diciendo dentro de sí que “LA ESTOY
PASANDO SÚPER BIEN”.

Cuando ya era muy tarde para ir al culto, él volvió a meter la pieza que había sacado y prendió el carro.
Entonces se fue a pasear con sus compañeros de fiesta y burlarse de los que habían empujado el carro hasta agotarse. Pero cuando regresó a las tres de la madrugada y tenía que levantarse pronto para ir al trabajo, se decía:

“Esto no es vida”.

Después se tuvieron los cultos en el patio de la misma casa de sus padres en Puente Onoto.

Una noche que no pudo escaparse del culto, se escondió detrás de un árbol en el patio.

Como Adán y Eva en el huerto del Edén, trataba de esconderse de la presencia de Dios.
Don José predicó sobre Juan 3:18:

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.
Al predicar, señalaba con la mano, y a Avelino le parecía que le estaba señalando a él. Se cambió para el otro lado del árbol, pero otra vez le parecía que el predicador le estaba señalando.

Este texto impresionó su alma, y después, cuando se despertó tarde una noche, le martillaba la conciencia. Entendió que estaba condenado por no haber creído en el Señor Jesucristo.

En esa misma hora le recibió como su Salvador personal y fue salvo.

Después de esto todo cambió para Avelino.

Había encontrado la verdadera vida en Cristo, y ya no temía la condenación que todos merecemos por causa de nuestros pecados, porque:

“ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Rom. 8:1).

Entendió que “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Ped. 3:18).

De allí en adelante quería agradar a Aquel que le amó y se entregó a sí mismo por él.

Don Avelino quería compartir con otros esa gran bendición que había recibido, y por más de cuarenta años se esforzó para llevar el evangelio a muchos caseríos y pueblos, hasta que el Señor le llevó a su presencia.

Apreciado lector:

¿Ud. está procurando esconderse de Dios?
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#35
LA PINTURA EN LA MUJER DEL MUNDO

¿Hay algún versículo en la Biblia que prohíbe a una hermana en la fe pintar sus uñas, sus mejillas, sus ojos o su cabello?

Por Don Santiago Saword

Bajo la dispensación de la ley las prohibiciones abundaban, con castigo correspondiente para el transgresor.
En la dispensación presente la GRACIA nos enseña que “Renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”, Tito 2:12.

La gracia no es un permiso para hacer lo que nos dé la gana, sino un poder divino y dinámico que impulsa a los hijos de Dios a rechazar las vanidades (pintura, etc.) de este siglo malo, y mantener un testimonio positivo delante del mundo de que uno es salvo. En el mundo, el que no sigue las modas vanidosas tiene que sufrir oprobio; pero entre el pueblo de Dios el que haya adoptado tales vanidades se halla como “pájaro pintado”.

¡Cuánto mejor será abandonar por completo las cosas mundanas a todo costo para agradar y servir al Señor!

Que ha dicho: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”, Mateo 11:29.

La palabra “pintar” se encuentra solamente cuatro veces en toda la Biblia y en cada caso se relaciona con la condenación de Dios. Tres veces tiene que ver con usar pintura para embellecer la persona, leemos:

Ezequiel 23:40: “Y por amor de ellos te lavaste y pintaste tus ojos y te ataviaste con adornos”.

Estas palabras se refieren a la condenación de Israel por su prostitución espiritual con los enemigos de Dios.

Jeremías 4:30: “Aunque pintes con antimonio tus ojos, en vano te engalanas; te menospreciarán tus amantes,
buscarán tu vida”.

Otra vez se refiere a la defección de Israel y las funestas consecuencias de procurar el prestigio del mundo en lugar de andar en comunión con Dios.

2 Reyes 9:30: “Jezabel... se pintó los ojos con antimonio”. Ella fue la mujer más infame de toda la historia bíblica.

Así las hermanas que porfían en usar pintura se identifican con las que mueren bajo la condenación de Dios.

Ahora, en lugar de pensar tanto en el lado negativo, o en lo que no debemos hacer, pensemos en una vida positiva para el Señor:

1Co 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
“Porque habéis sido comprados por precio (infinito); glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios (1 Cor. 6:20).

En Ro. 12:1 dice: Que presentáis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conformáis a este siglo” etc. Antes de ser salvo, el entendimiento de la persona está controlado por el dios de este siglo, Satanás (la serpiente antigua) que pudo engañar a nuestra primera madre Eva.

Ella vio que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y codiciable para alcanzar la sabiduría.

Ella pudiera haber preguntado:

“¿Qué mal, pues, hay en todo eso?”.

Fue seducida; despreció la Palabra de Dios y cayó en la trampa. En lugar de hacerle bien, ese acto fue para su caída, y la ruina de la raza.

Además de la exhortación de Pablo, tenemos las palabras inspiradas de Juan:

“No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él, porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne; los deseos de tos ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre sino del mundo”, 1 Juan 2:15-16.

El tercer testigo que queremos citar es el apóstol Pedro:

“Asimismo vosotras mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos; sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”. 1 Pedro 3:2-3.

Recuerdo que hace 70 años presencié cultos evangélicos por un renombrado evangelista, y una de sus frases fue: “La prima donna” (o primera cantatriz del teatro) con su cara pintada”. En aquella época las artistas del teatro fueron las únicas que usaban pintura para su cara y muchas de ellas llevaban una vida disoluta.

En Colosenses 3 el apóstol amonesta a los que han resucitado con Cristo “a poner la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” ... habiéndose despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo”.

Antes de adoptar una novedad, el creyente espiritual ora al Señor para saber si es su voluntad y agradable a Dios.

Las que se pintan lo hacen para disimular y darse una hermosura artificial; pero Dios quiere la sencillez y sinceridad en sus hijos e hijas:

“Sed imitadores de Dios, como hijos amados”, y que no sigan las vanidades del mundo con sus modas de ostentación personal.

Que el Señor prospere su Palabra.
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#36
“COMO EVITAR MATAR LA REUNIÓN DE ESTUDIO BÍBLICO”

Por Paul Glenney

La reunión de Estudio Bíblico de la asamblea es importante para la enseñanza sistemática de la Palabra de Dios.

“No saqué nada del Estudio Bíblico,” y “no fue provechoso”, son quejas comunes, tanto de jóvenes como personas de más edad.

No podemos ignorar o negar el hecho: no todas las reuniones de Estudio Bíblico son provechosas.

¿Y por qué es esto?

¿Cuál es la raíz del problema?

¿Cómo puede ser mejorado?

Los creyentes de cada edad, desde los pre-adolescentes hasta los más ancianos, deberían desear llegar a la reunión de Estudio Bíblico para sacar provecho de ella.

Lo que caracterizó la enseñanza en los días de Esdras debería ser lo mismo hoy.

Cuando el libro de la ley se abrió, se leía claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura (Neh. 8:8).

Desafortunadamente esto no se puede decir de muchas de nuestras reuniones de Estudio Bíblico.

Ningún individuo tiene el depósito de toda la verdad o conocimiento.

Aprendemos y somos beneficiados interactuando los unos con los otros.

Sin esta interacción podemos llegar a ser personas desequilibradas en nuestra comprensión de las Escrituras. Este
es el principio del cual habló Salomón.

“Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo.” (Pr. 27:17)

Así como el hierro se afila con el contacto con otro hierro, así intercambio de pensamientos en las reuniones de Estudio Bíblico debería dar por resultado la ayuda
mutua.

La falta de preparación puede ser un gran impedimento para obtener Estudios Bíblicos provechosos. Repasando el capítulo por primera vez pocos minutos de comenzar la reunión, difícilmente se puede llamar preparación. La asamblea debería saber con anticipación el pasaje que se va a tratar. Esto da oportunidad para que cada creyente, joven o anciano, hermano o hermana, lea y estudie la sección.

Entonces se recibirá el máximo beneficio de las contribuciones y preguntas edificantes que se hagan.

No podemos echarles la culpa a otros por no sacar ningún provecho del Estudio, si nosotros no aportamos nada.

La selección del pasaje es importante. No deberá ser demasiado corto, ni tampoco demasiado largo para cubrirlo en una sesión. A pesar de que es deseable una exposición versículo por versículo, no siempre será posible cubrir cada versículo en detalle. El diálogo deberá estimular el interés del creyente motivándolo a un estudio personal más detallado.

Un Estudio Bíblico no será efectivo si estamos utilizando términos que no son completamente comprensibles para los creyentes. Es muy importante usar palabras y frases que todos entiendan.

La falta de consideración en un Estudio Bíblico es una manera segura de matarlo. Esto puede tener diferentes
formas:

1. Introducciones muy largas.

Generalmente las más beneficiosas son aquellas que son concisas, proveyendo una panorámica y un bosquejo de los versículos bajo consideración. Si el que abre el estudio, da una exposición
versículo por versículo de toda la sección, entonces los hermanos sentirán que para ellos queda muy poco que contribuir. Hay que dejar bastante oportunidad para que otros puedan hacer comentarios útiles o hacer preguntas.
Una introducción que sobrepase los primeros cinco minutos, es sospechosa de ser un “ministerio encubierto” y tal astucia no edifica a nadie.

2. Repasando extensamente el pasaje de la semana anterior.

El hecho de que un solo hermano faltó a la reunión de la semana pasada, no da razón para repasar lo que ya se ha tocado, y así usar el tiempo valioso que está destinado para el pasaje actual.
3. Convirtiendo el Estudio Bíblico en una reunión de ministerio.
Esto ocurre cuando hay falta de preparación en los hermanos y la reunión queda en las manos de sólo uno o dos.

4. Desconociendo las preguntas que se hacen.

Toda pregunta merece una respuesta. No podemos avanzar en el estudio, conociendo que no se ha dado respuesta a la pregunta formulada.
Ninguna pregunta debe ser tomada como poco importante y por ende ignorarla. Si no sabemos la respuesta, hay que admitirlo.
Comprométase en darla al siguiente estudio y asegure a la persona que en la próxima reunión se dará respuesta a su pregunta.

5. Bajando mucho la voz.

No olvidemos que hay creyentes de todas las edades en la reunión. Todos necesitan oír.
Hoy día es casi indispensable utilizar el altoparlante, no para que oigan todos los vecinos del local, sino para el beneficio de los que están adentro

6. Utilizando negativamente el lenguaje del cuerpo.

Señales son frecuentemente enviadas por el lenguaje del cuerpo. Está totalmente fuera de lugar, el mostrar desacuerdo a través de risas, gestos, o haciendo movimientos con la cabeza. Es importante ser cortés y amable, escuchando con respeto. La falta de cortesía para con los hermanos puede dañar el Estudio Bíblico, desanimando la participación, y afectando negativamente la asistencia. La amabilidad siempre debe caracterizar al creyente cuando interactúa con otros. El Señor Jesús lo ejemplificó, leemos:
Luc 4:22 Y todos le daban testimonio; y se maravillaban de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
Pablo exhortó a los Colosenses que sus palabras fuesen siempre con gracia. (Col. 4:6).
Con demasiada frecuencia hay creyentes que han sido desanimados en su participación, debido a que se le han dado respuestas duras o abruptas a sus comentarios o preguntas. Nunca se debería interrumpir a alguien o hacerle comentarios humillantes. Los creyentes pueden ser afectados no sólo en el corto, sino también en el largo plazo, impidiendo su desarrollo espiritual.
Los Estudios Bíblicos deben tener un equilibrio entre doctrina y enseñanza práctica. No siempre los mismos, el uno o el
otro.
Lo que yo creo, hará impacto en lo que yo hago. Leemos:

Flp 2:5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
Flp 2:6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
Flp 2:7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
Flp 2:8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

En el pasaje Cristológico de Filipenses 2:5-8, Pablo desarrolla preciosas verdades acerca de la Persona del Señor Jesús para enseñarnos una lección moral. Nuestros Estudios Bíblicos deberían reflejar lo mismo.
Debemos ser prácticos y aplicar las Escrituras a nuestras vidas diarias.
Siempre habrá puntos de vista divergentes en algunos pasajes. No siempre estaremos todos de acuerdo. Tales diferencias no deben resultar en un espíritu argumentativo o en un acalorado debate. Es mejor plantear el otro punto de vista, dejándolo para que los creyentes lo consideren y sean plenamente convencidos en sus mentes, y no seguir con discusiones interminables en donde cada uno quiere tener la última palabra.
Para muchos padres constituye una prioridad el traer a sus hijos a la reunión de Estudio Bíblico semanal.
Los estudiantes del liceo, de los institutos, y de la universidad hacen sacrificios para estar en esta reunión. Debemos apreciar esto y ser respetuosos con el horario, terminando la reunión a la hora, ya que muchos de ellos tienen tareas y más estudio al regresar a sus hogares. De todos modos, el Estudio pierde su efectividad cuando se alarga más allá de la hora, porque algunos ya no están escuchando sino mirando sus relojes y la puerta de salida.
Todos podemos identificarnos con algunas de estas fallas en nuestras reuniones de Estudio Bíblico. Sin embargo, esto no es excusa para ausentarnos. Estando conscientes de estas faltas, debería ayudarnos para corregir y lograr que todas estas reuniones sean provechosas para cada uno.

Que el Señor prospere estos cortos pensamientos.
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#37
NO ES LEGALISMO EXTREMO, ES OBEDIENCIA SENCILLA.

¿Por qué algunos hermanos insisten en que la hermana tenga una cubierta sobre su cabeza al ser bautizada?

Por Don Andrew Turkington

La mujer creyente al cubrirse la cabeza en toda reunión pública de la asamblea, demuestra así su sujeción a la Palabra de Dios.

¿No parece contradictorio quitarse la cubierta en la ocasión cuando está testificando públicamente su obediencia a la Palabra en el mandato del bautismo?

“El varón es la cabeza de la mujer” (1Cor. 11:3).

Por tal razón la hermana debe tener una cubierta sobre su cabeza, porque su cabeza física representa al varón, y la asamblea no es el lugar para desplegar la gloria del hombre. Leemos:

LA MUJER ES GLORIA DEL VARÓN

1Co_11:7 Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.

Cuando la asamblea está reunida en el acto de los bautismos, tampoco hay lugar para desplegar la gloria del hombre, de manera que la mujer no debe quitarse la cubierta.

“La mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza por causa de los ángeles” (1 Cor. 22:10), y sin duda, los ángeles también presencian el acto de los bautismos.

Muchas hermanas, siguiendo el ejemplo del Señor (Lc. 3:21), en el solemne momento de identificarse con el Señor en el bautismo, estarán en una actitud de oración.

Así que, “juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?” (1 Cor. 11:13).

Creo que tomando en cuenta estas solemnes implicaciones, toda hermana vencerá cualquier dificultad que pueda
representar mantenerse puesta la cubierta durante el acto del bautismo.

Que el Señor prospere este mensaje doctrinal.
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#38
(23-12-2020, 12:43 PM)Edison escribió: NO ES LEGALISMO EXTREMO, ES OBEDIENCIA SENCILLA.

¿Por qué algunos hermanos insisten en que la hermana tenga una cubierta sobre su cabeza al ser bautizada?

Por Don Andrew Turkington

La mujer creyente al cubrirse la cabeza en toda reunión pública de la asamblea, demuestra así su sujeción a la Palabra de Dios.

¿No parece contradictorio quitarse la cubierta en la ocasión cuando está testificando públicamente su obediencia a la Palabra en el mandato del bautismo?

“El varón es la cabeza de la mujer” (1Cor. 11:3).

Por tal razón la hermana debe tener una cubierta sobre su cabeza, porque su cabeza física representa al varón, y la asamblea no es el lugar para desplegar la gloria del hombre. Leemos:

LA MUJER ES GLORIA DEL VARÓN

1Co_11:7 Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.

Cuando la asamblea está reunida en el acto de los bautismos, tampoco hay lugar para desplegar la gloria del hombre, de manera que la mujer no debe quitarse la cubierta.

“La mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza por causa de los ángeles” (1 Cor. 22:10), y sin duda, los ángeles también presencian el acto de los bautismos.

Muchas hermanas, siguiendo el ejemplo del Señor (Lc. 3:21), en el solemne momento de identificarse con el Señor en el bautismo, estarán en una actitud de oración.

Así que, “juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?” (1 Cor. 11:13).

Creo que tomando en cuenta estas solemnes implicaciones, toda hermana vencerá cualquier dificultad que pueda
representar mantenerse puesta la cubierta durante el acto del bautismo.

Que el Señor prospere este mensaje doctrinal.
Estimado Edison: Que gusto el escribirte y saber de ti, quiero preguntarte si estás bien tu y los tuyos, el año no ha sido fácil pero Dios es nuestro amparo y fortaleza.
Sobre este tema estoy de acuerdo en lo que escribes pero me han quedado un par de dudas, dice la escritura también 
1 Cor 11:15
pero que si la mujer tiene el cabello largo le es una gloria? Pues a ella el cabello le es dado por velo.[/font][/size]

De acuerdo a esto ¿es necesario también usar el velo(tela)?
¿Qué tan largo se considera como un velo?

Interesante el tema.
Ing. Ramón Lozano Cervantes.[/color]
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#39
SOBRE EL CABELLO LARGO Y EL VELO EN UNA REUNIÓN DE ASAMBLEA.

Estimado hermano: Que gusto el escribirte y saber de ti, quiero preguntarte si estás bien tú y los tuyos, el año no ha sido fácil, pero Dios es nuestro amparo y fortaleza.
Sobre este tema estoy de acuerdo en lo que escribes, pero me han quedado un par de dudas, dice la escritura también:

1Co 11:15 Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

¿Por qué, si la mujer tiene el cabello largo, le es una gloria?

Pues a ella el cabello le es dado por velo.

De acuerdo a esto:

¿Es necesario también usar el velo(tela)?
¿Qué tan largo se considera como un velo?

Interesante el tema.
Ramón Lozano Cervantes (Ingeniero).
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Es cierto, no ha sido un año fácil… posiblemente pase a la historia de cada uno de nosotros, como un año duro.

Estamos asistiendo a la partida de siervos del Señor, de hermanos y hermanas en Cristo… y se habla de un recrudecimiento de la peste destructora, pues parece que ha mutado en variantes más letales aún. Y si esto es cierto, señala un 2021 más sombrío todavía.

La alegría tradicional de los pueblos, al despedir y comenzar un nuevo año, ha sido transformada en tristeza, en preocupación, en muchísimos hogares donde la muerte ha arrebatado un ser querido… o varios.

Damos gracias al Señor, desde lo más profundo de nuestras almas, porque nos ha guardado, porque Él tiene cuidado de nosotros… Pero sí Él determina otra cosa… ¿Quién le hará cambiar? Su alma deseó e hizo. Es su Soberanía.

De manera que no nos cansemos de orar unos por los otros.
Respecto al cabello largo, es bueno recordar que, bajo la ley, era una señal de vergüenza en los hombres que se consagraban al Señor, leemos:
Núm_6:5 Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza; hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a Jehová, será santo; dejará crecer su cabello.

Para marcar su consagración a Jehová, el nazareo no debía permitir que una navaja le pasara por la cabeza, debía "dejar crecer los cabellos de su cabeza" todos los días de su separación para el Señor.
En esta edad de la Iglesia, bajo la gracia, la Escritura dice:
1Co 11:14 La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?

Pero el nazareo aceptó esta vergüenza de dejarse crecer el cabello por su consagración a Jehová.
La fuerza de Sansón no estaba basada en la largura de su cabello, como con mucha frecuencia, la gente se equivoca.
La separación para Dios fue el secreto de su fuerza espiritual, y siempre que se abandone la separación moral, se perderá el poder espiritual y el sentido del apoyo del Señor, como le sucedió a Sansón.

¿Cuántos ministerios no han sido derribados a tierra, por el surgimiento de una Dalila?
Los votos pertenecen al sistema legal, bajo la ley, en el cual Dios estaba tratando con el hombre en la carne.

Pero la consagración del creyente al Señor, debe marcar nuestras vidas de una manera espiritual, como está escrito:

“PARA LOS QUE VIVEN, YA NO VIVAN PARA SÍ MISMOS”

2Co 5:15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

De modo que no nos pertenecemos, no somos dueños de nuestra voluntad, el cuento del “libre albedrío” solo es una excusa para hacer lo que no conviene.

Hemos costado un Altísimo precio.

1Co 11:15 Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.
Son dos cubiertas:

1. La cubierta congregacional:
1Co 11:5 Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.

2. La cubierta natural:
1Co 11:15 Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

LA CUBIERTA CONGREGACIONAL O VELO DE TELA

¿Por qué esta escrito, que la mujer que ora o profetiza sin velo, afrenta su cabeza?

¿Acaso en la asamblea de Corinto las mujeres oraban y profetizaban audiblemente?

Efectivamente, este desorden fue corregido, en esta misma carta, en el capítulo 14:34, pero aquí el tema es la cubierta, y no reemplazar la gloria de Dios por la gloria del varón, porque esto ocurre cuando una mujer se atribuye el púlpito por asalto, leemos:

“LA MUJER ES GLORIA DEL VARÓN”

1Co 11:7 Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.
Cristo no puede estar en un lugar donde su gloria es reemplazada por la gloria de la criatura.

Porque el centro de adoración en una reunión de asamblea es Cristo, no el hombre (Mt.18:20).
Ahora, en este contexto, usted pregunta:

“¿Por qué, si la mujer tiene el cabello largo, le es una gloria?”

En primer lugar, porque si tuviese el cabello corto, no podría enjugar los pies del Señor, como aquella mujer arrepentida:

Luc 7:38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, Y LOS ENJUGABA CON SUS CABELLOS; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.

En segundo lugar, porque el cabello largo señala su lugar de sujeción a Cristo, al reconocer que es la gloria del varón, porque del varón fue tomada (Gén.2:23).

LA CUBIERTA NATURAL O VELO DE TELA

Hay cosas, en la multiforme sabiduría de Dios, que anhelan mirar los ángeles.
Lo que para el mundo religioso, sin Cristo, solo es un pedazo de trapo, fruto del contexto cultural de la época del apóstol Pablo, para Dios tiene suma atracción.

La misma escritura identifica este velo de tela como:

“SEÑAL DE AUTORIDAD POR CAUSA DE LOS ÁNGELES”

1Co 11:10 Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.

En una reunión de asamblea los ángeles están presentes, porque quién es el centro de adoración es su Creador.

Yo sé que la incredulidad es ciega, pero la Fe no.

Esta señal de autoridad, es motivo de gozo, para los ángeles que permanecieron fieles a la Verdad, fieles a Cristo, y un silencioso reproche a los ángeles que se rebelaron contra Dios (Is.14:14; Ez.28:14-15).

Finalmente sobre esta inquietud:

¿Qué tan largo se considera como un velo?

Bueno, el principio espiritual es la cubierta sobre la cabeza. El largor del velo o cubierta, no está contemplado.

Hay hermanas que usan boinas.

Y conozco hermanos que les desagrada los velos transparentes… porque es como si el cabello no estuviese cubierto.

Pero la cubierta está relacionada con cubrir la cabeza y como consecuencia, el cabello largo que se genera en la cabeza.

Pásala bien, y que el Señor de quien somos y a quien servimos, nos siga preservando para su reino celestial.

El Señor viene.
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#40
Gracias mi hermano, ha quedado claro.
Saludos
Ing. Ramón Lozano Cervantes
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