07-07-2014, 05:30 PM
Es importante tener debidamente claro, que esta vida no es para “disfrutarse”. No es para acumular riquezas ni para vivirla cómodamente. No es para pensar en no tener dificultades ni tener que enfrentar calamidades. Ese no es el punto importante.
Cuando uno piensa en los problemas que ha debido enfrentar. En las malas decisiones que nos han llevado a numerosas dificultades, podemos darnos cuenta que realmente esas circunstancias que han rodeado nuestra vida, no constituyen realmente el problema.
Al analizar los pasajes bíblicos relacionados con Jesús, sus discípulos y profetas es fácil determinar que sus vidas fueron en extremo dificultosas.
El mismo Jesús nos exige “negarnos a nosotros mismos, tomar su cruz y seguirle”. De tal manera que las dificultades de la vida son el pan de cada día. Incluso son necesarias. Forman parte de la prueba a la cual se requiere que cada creyente sea sometido. Después de esta exigencia de Jesús, es evidente que esta vida no está diseñada para vivirla placenteramente.
Santiago dice que es “bienaventurado el varón que soporta la tentación”. Ahí está la felicidad. En otras palabras, el problema no es lo que hayamos tenido que vivir o nos falte por vivir. El punto no es sufrir o lamentarse por todas esas circunstancias pasadas o futuras.
Realmente lo relevante es cómo hayamos enfrentado toda esa problemática. El problema es no “haber soportado la tentación”. El problema es haber reaccionado ante las dificultades de manera pecaminosa. Con amargura, con quejas, con lamentaciones, con ira, sin fe, sin esperanza. Porque eso significa que hemos reprobado ante la prueba. Es como obtener un cuatro o menos en un examen. Porque si la vida es una prueba para determinar nuestro futuro eterno, entonces hemos manejado muy mal nuestra vida.
Con lo ya vivido, no podemos hacer nada. En mi caso, he vivido un pasado desafortunado. Principalmente por ignorancia. Por no saber o entender de qué se trata esta vida. Supongo que ese es el caso de casi todos ustedes. Sólo nos queda arrepentirnos y pedir perdón.
Pero sí podemos enfrentar de forma distinta, lo que nos queda por vivir. Hagámoslo entendiendo que todas esas circunstancias son parte de la prueba necesaria que cada creyente debe de enfrentar. Vivamos el resto de nuestra vida con cuidado. Como dice Jesús: El principio de la prudencia es “oír y obedecer su Palabra”. Vivamos de tal forma que esas circunstancias difíciles no sean resultado del pecado.
Soportemos la tentación. No nos quejemos. No nos amarguemos. No nos hagamos las víctimas. Las pruebas no son para eso. Todo lo contrario; con valor y fortaleza. Guiados, dirigidos y controlados ´por el Espíritu Santo enfrentemos esas tentaciones y pruebas, pero como Dios quiere:” Sin pecar”. Ahí está la victoria del creyente. Eso es lo único que importa. Las dificultades por sí mismas, sólo deben contribuir para que salgamos victoriosos de ellas.
La paz.
Jorge.
(Tomado de la lista de correo de "Siguiendo sus Pisadas")
Cuando uno piensa en los problemas que ha debido enfrentar. En las malas decisiones que nos han llevado a numerosas dificultades, podemos darnos cuenta que realmente esas circunstancias que han rodeado nuestra vida, no constituyen realmente el problema.
Al analizar los pasajes bíblicos relacionados con Jesús, sus discípulos y profetas es fácil determinar que sus vidas fueron en extremo dificultosas.
El mismo Jesús nos exige “negarnos a nosotros mismos, tomar su cruz y seguirle”. De tal manera que las dificultades de la vida son el pan de cada día. Incluso son necesarias. Forman parte de la prueba a la cual se requiere que cada creyente sea sometido. Después de esta exigencia de Jesús, es evidente que esta vida no está diseñada para vivirla placenteramente.
Santiago dice que es “bienaventurado el varón que soporta la tentación”. Ahí está la felicidad. En otras palabras, el problema no es lo que hayamos tenido que vivir o nos falte por vivir. El punto no es sufrir o lamentarse por todas esas circunstancias pasadas o futuras.
Realmente lo relevante es cómo hayamos enfrentado toda esa problemática. El problema es no “haber soportado la tentación”. El problema es haber reaccionado ante las dificultades de manera pecaminosa. Con amargura, con quejas, con lamentaciones, con ira, sin fe, sin esperanza. Porque eso significa que hemos reprobado ante la prueba. Es como obtener un cuatro o menos en un examen. Porque si la vida es una prueba para determinar nuestro futuro eterno, entonces hemos manejado muy mal nuestra vida.
Con lo ya vivido, no podemos hacer nada. En mi caso, he vivido un pasado desafortunado. Principalmente por ignorancia. Por no saber o entender de qué se trata esta vida. Supongo que ese es el caso de casi todos ustedes. Sólo nos queda arrepentirnos y pedir perdón.
Pero sí podemos enfrentar de forma distinta, lo que nos queda por vivir. Hagámoslo entendiendo que todas esas circunstancias son parte de la prueba necesaria que cada creyente debe de enfrentar. Vivamos el resto de nuestra vida con cuidado. Como dice Jesús: El principio de la prudencia es “oír y obedecer su Palabra”. Vivamos de tal forma que esas circunstancias difíciles no sean resultado del pecado.
Soportemos la tentación. No nos quejemos. No nos amarguemos. No nos hagamos las víctimas. Las pruebas no son para eso. Todo lo contrario; con valor y fortaleza. Guiados, dirigidos y controlados ´por el Espíritu Santo enfrentemos esas tentaciones y pruebas, pero como Dios quiere:” Sin pecar”. Ahí está la victoria del creyente. Eso es lo único que importa. Las dificultades por sí mismas, sólo deben contribuir para que salgamos victoriosos de ellas.
La paz.
Jorge.
(Tomado de la lista de correo de "Siguiendo sus Pisadas")

