Hermanos,
No necesariamente comparto todo lo expuesto pero creo que es útil en este tema que lanm02 no comprende en absoluto.
Roberto
http://seadiosveraz.blogspot.com/2007/09...ofeca.html
EL DON DE LA PROFECÍA
¿Está bien entendido en la iglesia de Cristo...?
"Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo,
y claman: “¡Paz!”, cuando tienen algo que comer,
y al que no les da de comer, le declaran la guerra:
“Por eso, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar.
Sobre los profetas se pondrá el sol, el día se oscurecerá sobre ellos.
Serán avergonzados los profetas y se confundirán los adivinos.
Todos ellos cerrarán sus labios, porque no hay respuesta de Dios.”
(Miqueas 3:5-7)
A diario recibo mensajes de personas que me advierten para que tema a quienes dicen ser profetas, advirtiéndome de castigos apocalípticos, juicios humanos y divinos, y plagas espantosas si continúo con mi sustentación bíblica de que todos los creyentes deberíamos ser profetas. Aseguran estas personas que el don de la profecía es uno muy raro y especial que Dios otorga solamente a unos cuantos privilegiados, y que este don no es otra cosa que el vaticinio de calamidades y catástrofes, pronosticaciones particulares a individuos y, en general, la profecía –según ellos- incluye toda clase de predicciones que Dios supuestamente les revela a sus profetas escogidos.
Evidentemente, estas predicciones son diferenciadas de las de brujos y adivinos al asegurar que es Dios quien habla a través de estos profetas. Cualquier parecido de estas profecías con las adivinaciones demoniacas ni siquiera se menciona –y quien ose hacerlo es atacado de inmediato-, y cualquier vestigio de sospecha es cubierto sin derecho a discusión bajo el manto inescrutable de su procedencia divina.
Muchos de estos profetas que proclaman ser elegidos por Dios para hablar a las naciones, no son más que meros timadores; otros, legítimamente hablan en nombre de Dios. ¿Cómo, pues, puede uno reconocerlos...?
La manera de reconocer a los timadores de los profetas genuinos no es, como muchos creen, solamente el que sus predicciones se cumplan. Si bien es cierto que el cumplimiento es importante:
Tal vez digas en tu corazón: "¿Cómo conoceremos que esta no es palabra de Jehová?" Si el profeta habla en nombre de Jehová, y no se cumple ni acontece lo que dijo, esa palabra no es de Jehová. Por presunción habló el tal profeta; no tengas temor de él (Deuteronomio 18:21-22)
De manera que una señal para reconocer a un falso profeta es si éste habla en nombre de Dios y no se cumple lo que acontece.
¿Quiere decir esto que si alguien dice que habla en nombre de Dios y vaticina algún suceso, si este se cumple significaría que tal profeta sí es de Dios...?
No necesariamente. Es muy posible que profetas de Satanás que aseguren hablar en nombre de Dios pronostiquen sucesos que, efectivamente, se cumplan. Sin embargo, el cumplimiento en sí de una predicción no es la única prueba que el creyente debe demandar para probar si tal o cual hombre habla en nombre de Dios.
Recordemos que Satanás mismo sigue vistiéndose como ángel de luz y que él puede hacer que ciertas profecías tengan un cumplimiento con el fin de engañar a los escogidos. Lo maravilloso del asunto, es que Dios también nos advierte contra estos falsos profetas cuyas profecías pueden cumplirse:
"Cuando se levante en medio de ti un profeta o soñador de sueños, y te anuncie una señal o un prodigio, si se cumple la señal o el prodigio que él te anunció, y te dice: "Vayamos tras dioses ajenos -que tú no conoces- y sirvámoslos", no escucharás las palabras de tal profeta ni de tal soñador de sueños, porque Jehová, vuestro Dios, os está probando para saber si amáis a Jehová, vuestro Dios, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma. (Deuteronomio 13:1-3)
Esto ya fue mencionado en el estudio “¿Quién es el anticristo?” que publicó este servidor de ustedes. Sin embargo, creo que es necesario recordarlo de nuevo. Noten que, en este caso, la prueba del origen demoníaco de estos profetas no es si la profecía se cumple o no; es la invitación a servir a otros dioses. Y “servir a otros dioses” es idolatría en cualquiera de sus formas.
Muchos profetas falsos pueden “enmascarar” sus intenciones demoniacas de extraviar a la iglesia de Cristo utilizando textos bíblicos o usando “eruditamente” la Biblia. Generalmente, esta clase de personas desvía la atención de los hombres hacia su propia persona, y no hacia Cristo como debe ser. Aunque estos profetas digan “Gloria a Dios, la gloria toda es para mi Señor..” frecuentemente completan las frases más o menos así: “Bendigo a mi Dios que me constituyó en profeta para el mundo... Yo, un humilde servidor, el más humilde de los humildes, soy usado por Dios como profeta...”
Evidentemente, aunque estos hombres hablan en nombre de Dios y usan la Palabra para legitimar su “ministerio”, la gloria no es para el Padre sino para el humano. Cuando los creyentes “comprueban” que las predicciones de estos hombres se cumplen y que tales “profetas” proclaman su humildad a los cuatro vientos, el efecto en las mentes de los oyentes es, precisamente, el contrario. Todos se sienten atraídos hacia el profeta mismo, es él quien se convierte en el centro de atención y no Cristo. Todos se preguntan qué tendrá de especial este hombre para que Dios lo haya escogido de entre millones para hacer predicciones a la humanidad y, lógicamente, la gloria que debería ser para Dios se dirige exclusivamente a estos profetas. Cuando tales profetas abren su boca, el resto de creyentes tiembla. Cuando tales profetas señalan a otro hermano y lanzan palabras de maldición, el resto de creyentes entra en una especie de trance de “temor sagrado”, y comparan la situación con la época de Moisés donde quienes hablaron contra él y Aarón cayeron muertos trágicamente.
Este temor reverente que sienten millones de creyentes hacia tales profetas es –precisamente- lo que sustenta el poder de éstos y perpetúa el engaño. “¿Poder...?”, preguntarán algunos... Sí. Estos hombres abusan de la iglesia y del temor que despiertan en ella solicitando “humildemente” que sus deseos y peticiones sean cumplidas porque, dicen, son profetas de Dios. Obviamente, muchos corren a satisfacer las peticiones y deseos de estos “profetas” porque creen firmemente en que el deseo de estos hombres es el mismo deseo de Dios; otros acuden al llamado de estos profetas por físico miedo. Dios describe a estos estafadores como profetas que proclaman paz cuando les dan comida mientras que a quien no les dé de comer, le declaran la guerra. Conozco el caso de una creyente a quien uno de estos profetas le pidió dinero; ella no se lo dio y el hombre prácticamente le lanzó maldiciones que apoyó con textos aislados del Antiguo Testamento, acusándola de no tener amor cristiano; le declaró guerra. La hermana se mantuvo firme aunque fue evidente su temor ante las palabras de este hombre y, para contrarrestarlas, “decretó” que todo lo que este profeta le vaticinara, caería sobre él mismo.
Este tipo de confrontaciones es muy común entre los creyentes que conservan parte de su pasado supersticioso heredado de nuestra crianza católica, plagada de agüeros, ritos, contras y protecciones, y que tiene su explicación en la ignorancia escritural que está muy extendida en la iglesia. Lamentablemente, pero es cierto.
La adoración cristiana se ha centrado en la repetición de palabras, en el uso de ciertos términos y en la práctica de ciertas posiciones especiales para cantar y orar, cosas que no influyen de ninguna manera benéfica y que han desviado nuestra relación con Dios a un mero conjunto de rituales vacíos. Por ejemplo, se asegura que quien eleve sus manos para adorar es más “humilde” que quien no lo hace; o que quien alce sus manos y derrame lágrimas escuchando a algún cantante “cristiano” de moda tiene un mejor corazón que quien no lo haga. Yo mismo fui acusado de “falto de espiritualidad” por el pastor cuando asistía a una iglesia de Asambleas de Dios; me dijo este hombre que le parecía sospechoso que yo no derramara ni una lágrima con las canciones de estos artistas “cristianos”, como Marcos Witt y otros, y que no me escuchaba clamar a gritos cuando oraba en el culto dominical. Yo le contesté que estas muestras públicas de “clamor” y “humildad” en realidad estaban condenadas por Cristo quien nos ordenaba abrir nuestro corazón en la soledad de nuestro lugar secreto, sin necesidad de hacer lo que hacían los fariseos quienes eran felices demostrando públicamente su espiritualidad y su humildad.
Por no entender correctamente el mensaje del evangelio, muchos creen que la palabra proferida por cualquier “cristiano” así éste sea de dudosa reputación, actuará indefectible y negativamente en nosotros. Consideran que las maldiciones de estos profetas tendrán efecto si no se “declara” que no aceptamos la maldición y si no se “anulan” tales palabras de esos hombres. He escuchado un rosario interminable de estos términos: “anulo”, “pisoteo”, “declaro”, “confieso”, “activo ángeles de protección”, “reclamo”, y otros conjuros que los supersticiosos sustentan con ciertos pasajes bíblicos tomados sin considerar el contexto.
La palabra proferida por cualquier hombre, jamás podrá tener efecto contra quienes estemos en Cristo. Por otro lado, quien profiera palabras de maldición está demostrando que realmente no es un verdadero cristiano. Así que, queridos hermanos, no hay razón para temer a estos hombres que declaran ser profetas de Dios pero que no son más que simples pronosticadores profesionales de sucesos, contra quienes Dios ya nos advirtió de acudir.
Si un cristiano acude a alguien a que le diga “palabra profética”, es decir, a que le adivine su futuro, está pecando contra Dios. Dios jamás se contradice. El Señor no puede decir por un lado que no acudan a donde los pronosticadores de sucesos y, por el otro, ordenar a su pueblo que vaya a donde estos adivinadores que toman el nombre de profetas de Dios.
Si las profecías de maldición de estos hombres se cumplieran, yo habría muerto hace mucho tiempo; he sido víctima de tantos insultos, amenazas de juicio, declaraciones de calamidades y accidentes, que –si éstas se cumplieran- yo estaría en peor situación que la de Job. Los pastores de la cúspide en la pirámide del G12 de la MCI (de César Castellanos) me maldijeron, líderes de esa iglesia me maldijeron, “decretando” ruina, enfermedades y muerte para mí y mi familia. Me han llegado amenazas y maldiciones desde Chile, Estados Unidos, Nicaragua y otros países, proferidas por “cristianos” que se sienten ofendidos porque aseguro que nuestro único Cabeza es Cristo y no hombre alguno, y que esa concepción de la iglesia, como dividida en especie de “departamentos espirituales”, como si fuera una tienda de mercado, no corresponde a la realidad de la enseñanza cristiana.
También he recibido correspondencia de otros creyentes que me dicen que han comprobado en las Escrituras que todos somos iguales y que nadie debería colocarse como nuestro cabeza espiritual ni hacer de intermediario entre Dios y los hombres. Pero muchos de estos sinceros hombres también me dicen que, “por si acaso”, no hable demasiado desenmascarando a estos pastores que se engordan explotando a las ovejas de Cristo exigiéndoles la misma obediencia que se le debería tener solo a Cristo colocándose, así, en el lugar sagrado que solamente le corresponde a Cristo. Me dicen estos hermanos bien intencionados que, de una u otra manera, estos pastores, profetas, apóstoles y maestros han sido colocados por Dios para que nosotros los obedezcamos y que en el caso de que estén equivocados –aseguran- solamente le corresponde a Dios el arreglar el asunto.
Si Dios tuviera especial interés en “arreglar” el asunto en cada denominación o iglesia que asegure ser cristiana, hace siglos que hubiera “arreglado el asunto” en la Iglesia Católica, para no mencionar a Asambleas de Dios y el resto de denominaciones “cristianas” que reclaman tener la verdad y exigen la obediencia hacia sus pastores que solamente se le debe a Cristo Jesús.
En todas las confesiones religiosas cristianas se asegura que si tal o cual iglesia no tuviera el favor de Dios, ésta ya habría desaparecido y no registraría millones de fieles. Este argumento lo utilizan los Testigos de Jehová, la Misión Carismática, Asambleas de Dios, la Iglesia Católica, los Adventistas, los Mormones y muchas iglesias pequeñas que comienzan y que ven como “bendición de Dios” la suma de uno o dos fieles en la asistencia al culto dominical. Si esto fuera cierto, el cristianismo demostraría falta de “bendición” porque es minoría frente a religiones orientales. Y, de la misma manera, dentro del “cristianismo” no cabría duda de que la Iglesia Católica estaría aprobada y bendecida por Dios ya que sobrepasa por millones al resto de confesiones de la cristiandad.
No hay ningún pecado en controvertir escrituralmente las afirmaciones de estos jerarcas eclesiásticos que reclaman para ellos obediencia, dinero y fe ciega. Finalmente, las discusiones con estos personajes son zanjadas por ellos mismos con frases lapidarias como “es así y punto”, o con acusaciones de “usted es un contendor”, “tiene espíritu de rebeldía”, “Dios le castigará por su falta de fe y sujeción”, “no hable en contra del ungido de Dios” y ..........