Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; 6 entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre.¨Éxodo 21:5
Hay muchas personas que llegan al Señor Jesucristo, recibiéndolo como su Salvador, pero no lo conocen como su Señor todavía.
Les gusta saber de su amor, de la pasión que mostró en la cruz del Calvario, les encanta saber de las bendiciones que en Él se tienen, pero a pesar de los años, no ven muy claro el propósito que Dios tiene para sus vidas.
Durante la época de los Jueces, Israel habitaba parcialmente la tierra prometida, cuando alguien contraía una deuda y no podía pagarla, se alquilaba como esclavo por siete años a su acreedor y al término del mismo, salía libre; pero si en ese tiempo había conocido a su mujer y tenido hijos con ella y los amaba junto con su amo por el buen trato que le había dado y deseaba no salir libre; debía ir con su amo y se lo declaraba, quién a su vez iba con los jueces para informarles de la decisión de su siervo y estando ellos de testigos, como un sello del pacto, tomaba un punzón y perforaba la oreja del siervo recargado sobre el marco de la puerta y no podía jamás salir libre de su Señor.
En nuestro caminar cristiano, uno pude conocer hermanos en la fe con los que se entrelazan afectos muy profundos; se enraízan relaciones que no pueden ser separadas, hijos espirituales que se ven crecer y que animan nuestra vida espiritual, hermanos que con su apoyo y fortaleza, hubiese sido imposible continuar.
Es maravilloso conocer al Salvador de nuestras almas, pero cuando se conoce a Dios como el Señor que es, ningún sufrimiento parece obstáculo para desear servirle por el resto de la eternidad.
Qué el Señor horade nuestro corazón para estarle sujeto para siempre y su amor contamine a todos los que nos rodean en la verdadera fe por medio de nosotros, los verdaderos siervos de Cristo que solo hacen lo que su Señor les mandó.
Hay muchas personas que llegan al Señor Jesucristo, recibiéndolo como su Salvador, pero no lo conocen como su Señor todavía.
Les gusta saber de su amor, de la pasión que mostró en la cruz del Calvario, les encanta saber de las bendiciones que en Él se tienen, pero a pesar de los años, no ven muy claro el propósito que Dios tiene para sus vidas.
Durante la época de los Jueces, Israel habitaba parcialmente la tierra prometida, cuando alguien contraía una deuda y no podía pagarla, se alquilaba como esclavo por siete años a su acreedor y al término del mismo, salía libre; pero si en ese tiempo había conocido a su mujer y tenido hijos con ella y los amaba junto con su amo por el buen trato que le había dado y deseaba no salir libre; debía ir con su amo y se lo declaraba, quién a su vez iba con los jueces para informarles de la decisión de su siervo y estando ellos de testigos, como un sello del pacto, tomaba un punzón y perforaba la oreja del siervo recargado sobre el marco de la puerta y no podía jamás salir libre de su Señor.
En nuestro caminar cristiano, uno pude conocer hermanos en la fe con los que se entrelazan afectos muy profundos; se enraízan relaciones que no pueden ser separadas, hijos espirituales que se ven crecer y que animan nuestra vida espiritual, hermanos que con su apoyo y fortaleza, hubiese sido imposible continuar.
Es maravilloso conocer al Salvador de nuestras almas, pero cuando se conoce a Dios como el Señor que es, ningún sufrimiento parece obstáculo para desear servirle por el resto de la eternidad.
Qué el Señor horade nuestro corazón para estarle sujeto para siempre y su amor contamine a todos los que nos rodean en la verdadera fe por medio de nosotros, los verdaderos siervos de Cristo que solo hacen lo que su Señor les mandó.

