21-08-2013, 09:49 PM
Estimados hermanos: Quisiera aportar algo al tema que nos ocupa:
Consideremos la advertencia dirigida a quienes habían recibido el conocimiento de la verdad. Fueron hebreos, y a ellos se les presentó el Evangelio de la gracia de Dios en Cristo.
A pesar del conocimiento adquirido, hubo quienes lo rechazaron y ante esa actitud, el escritor, por el Espíritu Santo, les dirige esta solemne advertencia: “Si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado” El pecado cometido voluntariamente es el haber decidido rechazar al Señor Jesucristo como Salvador después de haber recibido, mediante la predicación del Evangelio, el conocimiento de la virtud de la Persona y sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo. Quien decide voluntariamente volver las espaldas a ese generoso ofrecimiento de Dios en Cristo, comete el pecado de apostatar de la fe de Jesucristo, y para tal persona no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio. Toda persona humana es responsable, e inexcusable, ante Dios por la verdad respecto del Señor Jesucristo que llega a conocer.
El cap. 10 vs.26 subraya la importancia suprema del sacrificio de Cristo. El vs.12 señala que ese sacrificio ha sido el último por los pecados, y el vs.18 dice que no hay más ofrenda por el pecado. Es necesario manifestar suma reverencia para con el sacrificio de Cristo, y toda actitud que lo rechace será sancionada con el juicio.
Respecto de la “santificación”, consideremos que hay cuatro clases de santidad. 1) Se refiere a alguien que goza de una posición privilegiada ante Dios (no necesariamente creyente) Los judíos gozaron de grandes privilegios en razón de su identidad nacional como pueblo de Dios, pero no todos estuvieron a la altura de esa condición privilegiada.
Un marido incrédulo es “santificado” en su mujer creyente, lo que no significa que es salvo sino que tiene ciertos privilegios no comunes a todos los demás hombres. Su hogar y sus hijos reciben la sana influencia del testimonio de su esposa, además de otros aspectos que no es del caso considerar ahora aquí.
2) Se refiere a la santidad posicional del creyente en Cristo.
3) Es la santidad práctica o progresiva que se manifiesta en nuestro obrar diario,
y 4) Se refiere a la total santificación que gozaremos cuando seamos transformados al entrar en la presencia del Señor.
Los judíos tuvieron privilegios: “Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén." (Rom 9:3 /5) Pero no por eso necesariamente fueron salvos
Estos “mis hermanos” son hermanos connacionales, no hermanos en Cristo, y es importante considerar este detalle para no confundirnos.
Ahora, si pese a esos privilegios que tenían reservados, alguno rechazaba al Señor, como cualquier pecador sería alcanzado por el juicio de condenación.
Nadie pierde “la salvación” porque "la salvación le pertenece a nuestro Dios," y la tenemos segura en Cristo.
Considero que el pasaje que analizamos no hace referencia a creyentes salvados, que luego se perdieron, sino a hebreos que a pesar de sus vastos privilegios rechazaron El Evangelio.
Un saludo fraternal!
Heriberto
Consideremos la advertencia dirigida a quienes habían recibido el conocimiento de la verdad. Fueron hebreos, y a ellos se les presentó el Evangelio de la gracia de Dios en Cristo.
A pesar del conocimiento adquirido, hubo quienes lo rechazaron y ante esa actitud, el escritor, por el Espíritu Santo, les dirige esta solemne advertencia: “Si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado” El pecado cometido voluntariamente es el haber decidido rechazar al Señor Jesucristo como Salvador después de haber recibido, mediante la predicación del Evangelio, el conocimiento de la virtud de la Persona y sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo. Quien decide voluntariamente volver las espaldas a ese generoso ofrecimiento de Dios en Cristo, comete el pecado de apostatar de la fe de Jesucristo, y para tal persona no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio. Toda persona humana es responsable, e inexcusable, ante Dios por la verdad respecto del Señor Jesucristo que llega a conocer.
El cap. 10 vs.26 subraya la importancia suprema del sacrificio de Cristo. El vs.12 señala que ese sacrificio ha sido el último por los pecados, y el vs.18 dice que no hay más ofrenda por el pecado. Es necesario manifestar suma reverencia para con el sacrificio de Cristo, y toda actitud que lo rechace será sancionada con el juicio.
Respecto de la “santificación”, consideremos que hay cuatro clases de santidad. 1) Se refiere a alguien que goza de una posición privilegiada ante Dios (no necesariamente creyente) Los judíos gozaron de grandes privilegios en razón de su identidad nacional como pueblo de Dios, pero no todos estuvieron a la altura de esa condición privilegiada.
Un marido incrédulo es “santificado” en su mujer creyente, lo que no significa que es salvo sino que tiene ciertos privilegios no comunes a todos los demás hombres. Su hogar y sus hijos reciben la sana influencia del testimonio de su esposa, además de otros aspectos que no es del caso considerar ahora aquí.
2) Se refiere a la santidad posicional del creyente en Cristo.
3) Es la santidad práctica o progresiva que se manifiesta en nuestro obrar diario,
y 4) Se refiere a la total santificación que gozaremos cuando seamos transformados al entrar en la presencia del Señor.
Los judíos tuvieron privilegios: “Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén." (Rom 9:3 /5) Pero no por eso necesariamente fueron salvos
Estos “mis hermanos” son hermanos connacionales, no hermanos en Cristo, y es importante considerar este detalle para no confundirnos.
Ahora, si pese a esos privilegios que tenían reservados, alguno rechazaba al Señor, como cualquier pecador sería alcanzado por el juicio de condenación.
Nadie pierde “la salvación” porque "la salvación le pertenece a nuestro Dios," y la tenemos segura en Cristo.
Considero que el pasaje que analizamos no hace referencia a creyentes salvados, que luego se perdieron, sino a hebreos que a pesar de sus vastos privilegios rechazaron El Evangelio.
Un saludo fraternal!
Heriberto

