Ayer, 08:51 PM
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Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo qué se me dirá, y que he de responder tocante a mi queja. Habacuc 2: 1
¿A quién preguntar?
Todos tenemos preguntas. Algunas son para tomar decisiones importantes; otras surgen de circunstancias difíciles de la vida. Nos resulta especialmente difícil comprender por qué Dios permite el sufrimiento y las dificultades en nuestras vidas. Lo más importante es a Quién le hacemos las preguntas.
En la Palabra de Dios encontramos creyentes que lidiaron con preguntas angustiosas. Tres ejemplos nos muestran cómo se pueden abordar estas preguntas:
* Asaf se preguntó: ¿Por qué a las personas sin Dios les suele ir mejor que a los creyentes que desean vivir fielmente? (Leer Salmo 73: 3-5 y 16). Esto fue duro para él y lo amargaba. _Si intentamos responder a nuestras preguntas únicamente mediante nuestra comprensión personal, corremos el peligro de perdernos en conjeturas y desviarnos del camino._
* Job fue puesto a prueba severamente y, como es comprensible, tenía muchas preguntas. En su angustia, al principio sólo se las hizo a sus amigos, pero sus respuestas no le ayudaron mucho. _¡Claro que podemos buscar consejo en amigos y hermanos en la fe! Pero, ¡no es suficiente!_
* Habacuc supo dirigirse a Dios: le hacía sus preguntas a Él. La respuesta tardó en llegar, pero fue una respuesta satisfactoria. Mientras tanto, _Habacuc esperó con paciencia la respuesta del Señor._
Presentemos nuestras preguntas en oración "al único y sabio Dios" (Romanos 16: 27). Y estemos "vigilantes" para mirar hacia adelante y ver qué nos responderá.
_Adaptación DHIN 2026_

