18-06-2012, 09:04 AM
El verdadero origen de la Navidad
¿LE PARECE importante saber la verdad sobre temas espirituales? En ese caso, tal vez se haya planteado estas preguntas: 1) ¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre? 2) ¿Fueron tres los supuestos reyes magos, y a qué se dedicaban en realidad? 3) ¿Qué tipo de “estrella” los condujo hasta Jesús? 4) ¿Qué tiene que ver Santa Claus, o Papá Noel, con Jesús y su nacimiento? 5) ¿Cómo ve Dios la costumbre navideña de dar regalos o, dicho de forma más precisa, de intercambiarlos?
Analizaremos estas preguntas a la luz de la Biblia y los hechos históricos.
1) ¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre?
La costumbre. Según la tradición, el nacimiento de Jesús tuvo lugar un 25 de diciembre. El Diccionario abreviado Oxford de las religiones del mundo define Navidad como la “fiesta cristiana que conmemora el nacimiento de Jesús, celebrada el 25 de diciembre”.
Sus raíces. “La elección del 25 de diciembre no tiene fundamento en la Biblia —explica The Christmas Encyclopedia—, sino en las fiestas romanas paganas que se celebraban a finales del año”, aproximadamente en la época del solsticio de invierno, cuando los días empiezan a alargarse, en el hemisferio norte. Aquellas fiestas incluían las Saturnales, en honor de Saturno, dios de la agricultura, “y las fiestas combinadas de dos dioses solares, el romano Sol y el persa Mitra”, señala la misma enciclopedia. Estas últimas conmemoraban el nacimiento de ambos dioses y se celebraban el 25 de diciembre, fecha del solsticio de invierno según el calendario juliano.
Aquellas fiestas paganas comenzaron a “cristianizarse” en el año 350, cuando el papa Julio I designó el 25 de diciembre como día del cumpleaños de Jesús. “La Natividad asimiló o suplantó gradualmente todos los demás ritos del solsticio —indica la Encyclopedia of Religion—. La imaginería solar se utilizó cada vez más para representar al Cristo resucitado (a quien también se llamó Sol Invicto), y el viejo disco solar [...] se convirtió en el halo de los santos cristianos.”
Lo que dice la Biblia. Las Escrituras no mencionan la fecha del nacimiento de Jesús, pero podemos estar seguros de que no nació un 25 de diciembre. ¿Por qué? La Biblia revela que cuando nació Jesús había pastores que “vivían a campo raso” y cuidaban sus rebaños de noche cerca de Belén (Lucas 2:8). Ahora bien, en octubre solía empezar la estación fría y lluviosa, y para diciembre, el frío se intensificaba e incluso venía acompañado de nevadas. Entonces, los pastores —en especial los de las tierras altas más frías, como las que rodeaban Belén— guardaban sus rebaños en refugios por las noches.
Un hecho significativo es que los primeros cristianos, muchos de los cuales habían acompañado a Jesús en su ministerio, no celebraron su cumpleaños en ninguna fecha. Más bien, en armonía con lo que él les mandó, solo conmemoraron su muerte (Lucas 22:17-20; 1 Corintios 11:23-26). No obstante, puede que algunos se pregunten si importa realmente la conexión con el paganismo. La respuesta es que a Dios sí le importa. Jesucristo dijo: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre con espíritu y con verdad” (Juan 4:23).
2) Los “reyes magos”: ¿cuántos eran y a qué se dedicaban en realidad?
La costumbre. Suele representarse a tres “reyes magos” que llegan desde el Oriente guiados por una “estrella” y ofrecen regalos al niño Jesús en el pesebre de un establo. A veces también aparecen pastores en las escenas.
Sus raíces. Aparte del breve relato de las Escrituras, “todo esto no deja de ser una simple leyenda sin base bíblica alguna, llevada de un lado a otro por la tradición”, señala el Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento.
Lo que dice la Biblia. La Biblia no dice cuántos eran. Puede que fueran dos, tres, cuatro o más. La palabra para designarlos en el idioma original es mágoi, y no significa reyes, sino astrólogos o hechiceros, que, según la Biblia, eran algo “detestable a Jehová” (Deuteronomio 18:10-12). Debido al largo viaje que hicieron desde el Oriente, los astrólogos no pudieron llegar a tiempo de visitar a Jesús en el establo. Más bien, después de quizás meses de viaje, “entraron en la casa” donde vivía. Allí vieron “al niñito con María su madre” (Mateo 2:11).
3) ¿Qué tipo de estrella condujo a los astrólogos?
Podemos hacernos una idea pensando en lo que la estrella hizo. Por una parte, no llevó a los hombres directo a Belén, sino a Jerusalén, donde sus preguntas sobre Jesús llegaron a oídos del rey Herodes. El rey “mandó llamar secretamente a los astrólogos”, quienes le hablaron del recién nacido “rey de los judíos”. Herodes entonces les dijo: “Hagan una búsqueda cuidadosa del niñito, y cuando lo hayan hallado vuelvan e infórmenme”. No obstante, el interés de Herodes en Jesús no era bienintencionado, ni mucho menos. En realidad, aquel gobernante orgulloso y despiadado estaba decidido a acabar con Jesús (Mateo 2:1-8, 16).
Curiosamente, la “estrella” condujo después a los astrólogos hacia el sur hasta Belén y, una vez allí, “se detuvo” sobre la casa donde estaba Jesús (Mateo 2:9, 10).
Es obvio que no se trataba de una estrella normal. Además, si Dios había enviado ángeles a informar a humildes pastores del nacimiento de Jesús, ¿por qué habría de recurrir a una estrella para guiar a astrólogos paganos, primero hasta su enemigo y luego hasta el propio Jesús? La única conclusión razonable es que la estrella fue una artimaña siniestra de Satanás, que es capaz de tales manifestaciones (2 Tesalonicenses 2:9, 10). Resulta paradójico que en la punta de los árboles de Navidad se coloque un adorno llamado la estrella de Belén.
4) ¿Qué tiene que ver Santa Claus con Jesús y con su nacimiento?
La costumbre. En muchos países se considera que Santa Claus es el que trae regalos a los niños. Los pequeños suelen escribirle para pedirle regalos que, según la tradición, fabrica con la ayuda de unos geniecillos en su cuartel general en el Polo Norte.
Las raíces. Según la costumbre popular, el mito de Santa Claus debe su origen a San Nicolás, arzobispo de Mira, ciudad de Asia Menor (la actual Turquía). Según el Diccionario de los santos, “las noticias sobre su vida son escasas y llenas de elementos legendarios”. Santa Claus es, al parecer, una abreviatura del nombre latino Sanctus Nicolaus. Así que tanto desde el punto de vista histórico como bíblico, Santa Claus no tiene nada en común con Jesucristo.
Lo que dice la Biblia. “Ahora que han desechado la falsedad, hable verdad cada uno de ustedes con su prójimo”. Nuestro “prójimo” más cercano son los miembros de nuestra familia (Efesios 4:25). La Biblia también dice a los siervos de Dios que “amen la verdad” y “habl[en] la verdad en su corazón” (Zacarías 8:19; Salmo 15:2). Claro, decir a los niños que Santa Claus, o los reyes magos, son quienes les traen los regalos puede parecer inocente, pero ¿está bien o es sensato engañar a los pequeños, aunque no sea con mala intención? ¿No le parece irónico que se engañe a los niños en una ocasión supuestamente dedicada a honrar a Jesús?
5) ¿Cómo ve Dios los regalos y los festejos de Navidad?
La costumbre. Dar regalos en Navidad se sale de lo normal porque implica principalmente un intercambio. La temporada de Navidad se caracteriza por las fiestas, el comer y el beber.
Sus raíces. Las antiguas fiestas romanas de las Saturnales comenzaban el 17 de diciembre y concluían el 24 con el intercambio de regalos. Las casas y las calles se llenaban del ruido de banquetes, borracheras y juergas desenfrenadas. Luego se celebraba el primero de enero con un festejo que solía durar tres días. Es probable que las Saturnales y el primero de enero formaran parte de una sola fiesta.
Lo que dice la Biblia. La alegría y la generosidad caracterizan a la adoración verdadera. La Biblia invita: “Estén gozosos, ustedes los justos; y clamen gozosamente” (Salmo 32:11). Ese tipo de gozo suele estar relacionado con la generosidad (Proverbios 11:25). Jesucristo aseguró: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Y exhortó: “Practiquen el dar”, o lo que es lo mismo, hagan que dar sea una acción habitual en su vida (Lucas 6:38).
Dar de esa forma es muy diferente de hacerlo por obligación o como parte de un rito, tal vez por una costumbre social. La Biblia describe el auténtico espíritu de generosidad en estos términos: “Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, ‘porque Dios ama a la persona que da con alegría’” (2 Corintios 9:7, Nueva Traducción Viviente). Quienes siguen estos excelentes principios bíblicos dan porque su corazón generoso los motiva a hacerlo, sea cual sea la época del año. No hay duda de que esa forma de dar cuenta con la bendición de Dios y nunca resulta una carga.
Una falsificación
Cuando se examinan a la luz de las Escrituras, prácticamente todos los aspectos de la Navidad son de origen pagano o fruto de la distorsión de los relatos bíblicos. Por lo tanto, las costumbres de Navidad son cristianas solo de nombre. ¿Cómo llegaron a adoptarse? Siglos después de la muerte de Cristo, y tal como la Biblia había predicho, se levantaron falsos maestros (2 Timoteo 4:3, 4). Estos hombres sin escrúpulos estaban más interesados en hacer agradable el cristianismo a las masas paganas que en enseñar la verdad. Por lo tanto, gradualmente fueron adoptando fiestas religiosas paganas populares y poniéndoles la etiqueta de “cristianas”.
Estos falsos maestros —advirtió la Biblia— “los explotarán a ustedes con palabras fingidas. Pero en cuanto a ellos, el juicio desde lo antiguo no se mueve lentamente, y la destrucción de ellos no dormita” (2 Pedro 2:1-3). Los testigos de Jehová se toman en serio dicha advertencia, igual que el resto de la Biblia, a la que consideran la Palabra escrita de Dios (2 Timoteo 3:16). Por ello, rechazan las costumbres o celebraciones religiosas falsas. ¿Los ha privado tal postura de ser felices? Al contrario. Como veremos a continuación, ahora saben por experiencia que la verdad bíblica es liberadora.
El origen precristiano del árbol de Navidad
EN MUCHAS partes del mundo, el siempre verde árbol de Navidad es uno de los símbolos más característicos de las fiestas y el comercio navideños. Su origen, profundamente religioso, se remonta a épocas muy lejanas de la historia.
Prueba de ello se encuentra en la provincia de Bohuslän (en la costa occidental de Suecia) y en la cercana provincia de Østfold (Noruega). Allí, repartidos en unos cinco mil sitios, se han hallado más de setenta y cinco mil grabados rupestres, algunos de los cuales representan árboles siempre verdes. Según los arqueólogos, muchos de los grabados datan de entre los años 1800 y 500 antes de nuestra era.
Este excepcional conjunto de grabados en roca nos da una idea sobre las creencias de pueblos que vivieron mucho antes del nacimiento de Jesús de Nazaret. Por ejemplo, hay investigadores que opinan que antiguamente en los territorios que hoy conforman Suecia y Noruega se consideraban símbolos sagrados los árboles siempre verdes, como el abeto.
¿Por qué harían grabados de abetos los habitantes de estas lejanas costas del norte? Algunos especialistas dicen que se debió en parte a la extrañeza que estos árboles causaban en la gente en tiempos precristianos, cuando se realizaron los dibujos. Es comprensible que un árbol que no pierde su verde follaje, que se mantiene “vivo” cuando los demás parecen morir en el frío, encerrara un cierto misterio.
Los árboles han sido desde siempre símbolos de vida, supervivencia e inmortalidad en muchas culturas alrededor del mundo. Esto también ayuda a explicar por qué los grabados de Bohuslän y Østfold contenían figuras de árboles muy parecidos al abeto siglos antes de que este se hiciera común en el sur de estos países nórdicos.
El libro Rock Carvings in the Borderlands (Grabados rupestres en las regiones fronterizas), editado en colaboración con el Consejo del Patrimonio Nacional Sueco, dice: “Los grabados de árboles son un indicativo de que ya en la Edad del Bronce, la región sur de Escandinavia formaba parte de un contexto religioso y cultural mucho más amplio que abarcaba toda Europa y grandes partes de Asia. La religión y la cosmología fueron adaptadas por los pueblos que vivían de la agricultura y la cría de animales. Estos adoraban mayormente a los mismos dioses que los demás, aunque con nombres distintos”.
El folleto titulado The Rock Carving Tour (De gira por los grabados rupestres), editado por el Museo Bohusläns, comenta a este propósito: “Los grabadores no se proponían reproducir imágenes de la vida cotidiana; más bien, sus figuras eran, a nuestro entender, una forma de invocar a los dioses”. Y añade: “Sus creencias giraban en torno al eterno ciclo de la vida, la fertilidad, la muerte y el renacimiento”.
Al describir una singular colección de arte pictográfico, creado mucho antes de que el arte de la escritura penetrara en el norte de Europa, Nationalencyklopedin (la enciclopedia nacional sueca) dice: “La marcada presencia de imágenes con gran carga sexual demuestra la importancia que tenía el culto a la fertilidad en la religión de los pueblos nórdicos durante la Edad del Bronce”.
Es obvio que las costumbres relacionadas con los árboles de hoja perenne se difundieron hasta convertirse en parte de la vida en muchos lugares. La Encyclopædia Britannica dice respecto al árbol de Navidad: “El culto a los árboles era común entre los europeos paganos y sobrevivió a la conversión de estos al cristianismo”. Lo hizo bajo la forma de diversos ritos y costumbres, como la de “colocar un árbol de Navidad a la entrada o en el interior de la casa durante la fiesta invernal”.
El árbol siempre verde cobró mayor popularidad a partir de 1841, cuando la familia real de Gran Bretaña utilizó un abeto decorado en sus celebraciones navideñas. Hoy, el árbol de Navidad es reconocido en todo el mundo, y la demanda de incontables millones de ejemplares —naturales o artificiales— parece no tener fin. Entretanto, los grabados escandinavos son testigos mudos, literalmente tallados en piedra, del origen no cristiano del árbol de Navidad.
¿LE PARECE importante saber la verdad sobre temas espirituales? En ese caso, tal vez se haya planteado estas preguntas: 1) ¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre? 2) ¿Fueron tres los supuestos reyes magos, y a qué se dedicaban en realidad? 3) ¿Qué tipo de “estrella” los condujo hasta Jesús? 4) ¿Qué tiene que ver Santa Claus, o Papá Noel, con Jesús y su nacimiento? 5) ¿Cómo ve Dios la costumbre navideña de dar regalos o, dicho de forma más precisa, de intercambiarlos?
Analizaremos estas preguntas a la luz de la Biblia y los hechos históricos.
1) ¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre?
La costumbre. Según la tradición, el nacimiento de Jesús tuvo lugar un 25 de diciembre. El Diccionario abreviado Oxford de las religiones del mundo define Navidad como la “fiesta cristiana que conmemora el nacimiento de Jesús, celebrada el 25 de diciembre”.
Sus raíces. “La elección del 25 de diciembre no tiene fundamento en la Biblia —explica The Christmas Encyclopedia—, sino en las fiestas romanas paganas que se celebraban a finales del año”, aproximadamente en la época del solsticio de invierno, cuando los días empiezan a alargarse, en el hemisferio norte. Aquellas fiestas incluían las Saturnales, en honor de Saturno, dios de la agricultura, “y las fiestas combinadas de dos dioses solares, el romano Sol y el persa Mitra”, señala la misma enciclopedia. Estas últimas conmemoraban el nacimiento de ambos dioses y se celebraban el 25 de diciembre, fecha del solsticio de invierno según el calendario juliano.
Aquellas fiestas paganas comenzaron a “cristianizarse” en el año 350, cuando el papa Julio I designó el 25 de diciembre como día del cumpleaños de Jesús. “La Natividad asimiló o suplantó gradualmente todos los demás ritos del solsticio —indica la Encyclopedia of Religion—. La imaginería solar se utilizó cada vez más para representar al Cristo resucitado (a quien también se llamó Sol Invicto), y el viejo disco solar [...] se convirtió en el halo de los santos cristianos.”
Lo que dice la Biblia. Las Escrituras no mencionan la fecha del nacimiento de Jesús, pero podemos estar seguros de que no nació un 25 de diciembre. ¿Por qué? La Biblia revela que cuando nació Jesús había pastores que “vivían a campo raso” y cuidaban sus rebaños de noche cerca de Belén (Lucas 2:8). Ahora bien, en octubre solía empezar la estación fría y lluviosa, y para diciembre, el frío se intensificaba e incluso venía acompañado de nevadas. Entonces, los pastores —en especial los de las tierras altas más frías, como las que rodeaban Belén— guardaban sus rebaños en refugios por las noches.
Un hecho significativo es que los primeros cristianos, muchos de los cuales habían acompañado a Jesús en su ministerio, no celebraron su cumpleaños en ninguna fecha. Más bien, en armonía con lo que él les mandó, solo conmemoraron su muerte (Lucas 22:17-20; 1 Corintios 11:23-26). No obstante, puede que algunos se pregunten si importa realmente la conexión con el paganismo. La respuesta es que a Dios sí le importa. Jesucristo dijo: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre con espíritu y con verdad” (Juan 4:23).
2) Los “reyes magos”: ¿cuántos eran y a qué se dedicaban en realidad?
La costumbre. Suele representarse a tres “reyes magos” que llegan desde el Oriente guiados por una “estrella” y ofrecen regalos al niño Jesús en el pesebre de un establo. A veces también aparecen pastores en las escenas.
Sus raíces. Aparte del breve relato de las Escrituras, “todo esto no deja de ser una simple leyenda sin base bíblica alguna, llevada de un lado a otro por la tradición”, señala el Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento.
Lo que dice la Biblia. La Biblia no dice cuántos eran. Puede que fueran dos, tres, cuatro o más. La palabra para designarlos en el idioma original es mágoi, y no significa reyes, sino astrólogos o hechiceros, que, según la Biblia, eran algo “detestable a Jehová” (Deuteronomio 18:10-12). Debido al largo viaje que hicieron desde el Oriente, los astrólogos no pudieron llegar a tiempo de visitar a Jesús en el establo. Más bien, después de quizás meses de viaje, “entraron en la casa” donde vivía. Allí vieron “al niñito con María su madre” (Mateo 2:11).
3) ¿Qué tipo de estrella condujo a los astrólogos?
Podemos hacernos una idea pensando en lo que la estrella hizo. Por una parte, no llevó a los hombres directo a Belén, sino a Jerusalén, donde sus preguntas sobre Jesús llegaron a oídos del rey Herodes. El rey “mandó llamar secretamente a los astrólogos”, quienes le hablaron del recién nacido “rey de los judíos”. Herodes entonces les dijo: “Hagan una búsqueda cuidadosa del niñito, y cuando lo hayan hallado vuelvan e infórmenme”. No obstante, el interés de Herodes en Jesús no era bienintencionado, ni mucho menos. En realidad, aquel gobernante orgulloso y despiadado estaba decidido a acabar con Jesús (Mateo 2:1-8, 16).
Curiosamente, la “estrella” condujo después a los astrólogos hacia el sur hasta Belén y, una vez allí, “se detuvo” sobre la casa donde estaba Jesús (Mateo 2:9, 10).
Es obvio que no se trataba de una estrella normal. Además, si Dios había enviado ángeles a informar a humildes pastores del nacimiento de Jesús, ¿por qué habría de recurrir a una estrella para guiar a astrólogos paganos, primero hasta su enemigo y luego hasta el propio Jesús? La única conclusión razonable es que la estrella fue una artimaña siniestra de Satanás, que es capaz de tales manifestaciones (2 Tesalonicenses 2:9, 10). Resulta paradójico que en la punta de los árboles de Navidad se coloque un adorno llamado la estrella de Belén.
4) ¿Qué tiene que ver Santa Claus con Jesús y con su nacimiento?
La costumbre. En muchos países se considera que Santa Claus es el que trae regalos a los niños. Los pequeños suelen escribirle para pedirle regalos que, según la tradición, fabrica con la ayuda de unos geniecillos en su cuartel general en el Polo Norte.
Las raíces. Según la costumbre popular, el mito de Santa Claus debe su origen a San Nicolás, arzobispo de Mira, ciudad de Asia Menor (la actual Turquía). Según el Diccionario de los santos, “las noticias sobre su vida son escasas y llenas de elementos legendarios”. Santa Claus es, al parecer, una abreviatura del nombre latino Sanctus Nicolaus. Así que tanto desde el punto de vista histórico como bíblico, Santa Claus no tiene nada en común con Jesucristo.
Lo que dice la Biblia. “Ahora que han desechado la falsedad, hable verdad cada uno de ustedes con su prójimo”. Nuestro “prójimo” más cercano son los miembros de nuestra familia (Efesios 4:25). La Biblia también dice a los siervos de Dios que “amen la verdad” y “habl[en] la verdad en su corazón” (Zacarías 8:19; Salmo 15:2). Claro, decir a los niños que Santa Claus, o los reyes magos, son quienes les traen los regalos puede parecer inocente, pero ¿está bien o es sensato engañar a los pequeños, aunque no sea con mala intención? ¿No le parece irónico que se engañe a los niños en una ocasión supuestamente dedicada a honrar a Jesús?
5) ¿Cómo ve Dios los regalos y los festejos de Navidad?
La costumbre. Dar regalos en Navidad se sale de lo normal porque implica principalmente un intercambio. La temporada de Navidad se caracteriza por las fiestas, el comer y el beber.
Sus raíces. Las antiguas fiestas romanas de las Saturnales comenzaban el 17 de diciembre y concluían el 24 con el intercambio de regalos. Las casas y las calles se llenaban del ruido de banquetes, borracheras y juergas desenfrenadas. Luego se celebraba el primero de enero con un festejo que solía durar tres días. Es probable que las Saturnales y el primero de enero formaran parte de una sola fiesta.
Lo que dice la Biblia. La alegría y la generosidad caracterizan a la adoración verdadera. La Biblia invita: “Estén gozosos, ustedes los justos; y clamen gozosamente” (Salmo 32:11). Ese tipo de gozo suele estar relacionado con la generosidad (Proverbios 11:25). Jesucristo aseguró: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Y exhortó: “Practiquen el dar”, o lo que es lo mismo, hagan que dar sea una acción habitual en su vida (Lucas 6:38).
Dar de esa forma es muy diferente de hacerlo por obligación o como parte de un rito, tal vez por una costumbre social. La Biblia describe el auténtico espíritu de generosidad en estos términos: “Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, ‘porque Dios ama a la persona que da con alegría’” (2 Corintios 9:7, Nueva Traducción Viviente). Quienes siguen estos excelentes principios bíblicos dan porque su corazón generoso los motiva a hacerlo, sea cual sea la época del año. No hay duda de que esa forma de dar cuenta con la bendición de Dios y nunca resulta una carga.
Una falsificación
Cuando se examinan a la luz de las Escrituras, prácticamente todos los aspectos de la Navidad son de origen pagano o fruto de la distorsión de los relatos bíblicos. Por lo tanto, las costumbres de Navidad son cristianas solo de nombre. ¿Cómo llegaron a adoptarse? Siglos después de la muerte de Cristo, y tal como la Biblia había predicho, se levantaron falsos maestros (2 Timoteo 4:3, 4). Estos hombres sin escrúpulos estaban más interesados en hacer agradable el cristianismo a las masas paganas que en enseñar la verdad. Por lo tanto, gradualmente fueron adoptando fiestas religiosas paganas populares y poniéndoles la etiqueta de “cristianas”.
Estos falsos maestros —advirtió la Biblia— “los explotarán a ustedes con palabras fingidas. Pero en cuanto a ellos, el juicio desde lo antiguo no se mueve lentamente, y la destrucción de ellos no dormita” (2 Pedro 2:1-3). Los testigos de Jehová se toman en serio dicha advertencia, igual que el resto de la Biblia, a la que consideran la Palabra escrita de Dios (2 Timoteo 3:16). Por ello, rechazan las costumbres o celebraciones religiosas falsas. ¿Los ha privado tal postura de ser felices? Al contrario. Como veremos a continuación, ahora saben por experiencia que la verdad bíblica es liberadora.
El origen precristiano del árbol de Navidad
EN MUCHAS partes del mundo, el siempre verde árbol de Navidad es uno de los símbolos más característicos de las fiestas y el comercio navideños. Su origen, profundamente religioso, se remonta a épocas muy lejanas de la historia.
Prueba de ello se encuentra en la provincia de Bohuslän (en la costa occidental de Suecia) y en la cercana provincia de Østfold (Noruega). Allí, repartidos en unos cinco mil sitios, se han hallado más de setenta y cinco mil grabados rupestres, algunos de los cuales representan árboles siempre verdes. Según los arqueólogos, muchos de los grabados datan de entre los años 1800 y 500 antes de nuestra era.
Este excepcional conjunto de grabados en roca nos da una idea sobre las creencias de pueblos que vivieron mucho antes del nacimiento de Jesús de Nazaret. Por ejemplo, hay investigadores que opinan que antiguamente en los territorios que hoy conforman Suecia y Noruega se consideraban símbolos sagrados los árboles siempre verdes, como el abeto.
¿Por qué harían grabados de abetos los habitantes de estas lejanas costas del norte? Algunos especialistas dicen que se debió en parte a la extrañeza que estos árboles causaban en la gente en tiempos precristianos, cuando se realizaron los dibujos. Es comprensible que un árbol que no pierde su verde follaje, que se mantiene “vivo” cuando los demás parecen morir en el frío, encerrara un cierto misterio.
Los árboles han sido desde siempre símbolos de vida, supervivencia e inmortalidad en muchas culturas alrededor del mundo. Esto también ayuda a explicar por qué los grabados de Bohuslän y Østfold contenían figuras de árboles muy parecidos al abeto siglos antes de que este se hiciera común en el sur de estos países nórdicos.
El libro Rock Carvings in the Borderlands (Grabados rupestres en las regiones fronterizas), editado en colaboración con el Consejo del Patrimonio Nacional Sueco, dice: “Los grabados de árboles son un indicativo de que ya en la Edad del Bronce, la región sur de Escandinavia formaba parte de un contexto religioso y cultural mucho más amplio que abarcaba toda Europa y grandes partes de Asia. La religión y la cosmología fueron adaptadas por los pueblos que vivían de la agricultura y la cría de animales. Estos adoraban mayormente a los mismos dioses que los demás, aunque con nombres distintos”.
El folleto titulado The Rock Carving Tour (De gira por los grabados rupestres), editado por el Museo Bohusläns, comenta a este propósito: “Los grabadores no se proponían reproducir imágenes de la vida cotidiana; más bien, sus figuras eran, a nuestro entender, una forma de invocar a los dioses”. Y añade: “Sus creencias giraban en torno al eterno ciclo de la vida, la fertilidad, la muerte y el renacimiento”.
Al describir una singular colección de arte pictográfico, creado mucho antes de que el arte de la escritura penetrara en el norte de Europa, Nationalencyklopedin (la enciclopedia nacional sueca) dice: “La marcada presencia de imágenes con gran carga sexual demuestra la importancia que tenía el culto a la fertilidad en la religión de los pueblos nórdicos durante la Edad del Bronce”.
Es obvio que las costumbres relacionadas con los árboles de hoja perenne se difundieron hasta convertirse en parte de la vida en muchos lugares. La Encyclopædia Britannica dice respecto al árbol de Navidad: “El culto a los árboles era común entre los europeos paganos y sobrevivió a la conversión de estos al cristianismo”. Lo hizo bajo la forma de diversos ritos y costumbres, como la de “colocar un árbol de Navidad a la entrada o en el interior de la casa durante la fiesta invernal”.
El árbol siempre verde cobró mayor popularidad a partir de 1841, cuando la familia real de Gran Bretaña utilizó un abeto decorado en sus celebraciones navideñas. Hoy, el árbol de Navidad es reconocido en todo el mundo, y la demanda de incontables millones de ejemplares —naturales o artificiales— parece no tener fin. Entretanto, los grabados escandinavos son testigos mudos, literalmente tallados en piedra, del origen no cristiano del árbol de Navidad.

