04-06-2008, 02:50 PM
El significado esencial de “santificado” es: "separado para Dios", y concierne a cada creyente por el solo hecho de ser hijo de Dios.
Pero más allá de esta definición primaria, debemos considerar que existen dos aspectos diferentes en la cuestión de la santidad:
1) La santidad en posición: Es decir, la santidad que poseemos todos los creyentes en función de nuestra posición en Cristo. "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" (He.10:10)
"Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios" (1ª Co. 6:11)
En este sentido, la santidad es inherente a nuestra condición de hijos de Dios. No depende de nosotros, sino de la obra del Señor a nuestro favor. Dios nos ve "en Cristo" y desde ese punto de vista nos considera santos, precisamente en virtud de nuestra posición en el Señor.
2) La santidad práctica: Tiene que ver con nuestro andar diario. "Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo." (1ª Pe. 1: 14-16)
Este aspecto práctico depende de nuestra disposición de obedecer al Señor, pero supone una actitud de sujeción a la obra del Espíritu Santo más que un esfuerzo personal de superación. Es decir que la santidad se produce desde adentro hacia fuera, y no al revés.
El apóstol Pablo conjuga los dos aspectos cuando les escribe a los Corintios:
"A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús (en posición) llamados a ser santos (en la práctica) con todos los que en cualquier lugar invocan el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro" (1ª Co.1:2)
Resumiendo, todo creyente genuino es santo por su posición en Cristo, y esto exclusivamente por los méritos de Él. Pero no es menos cierto que Dios, además, nos manda que reflejemos esa santidad de modo práctico en nuestra vida diaria.
Y es allí donde muchas veces la conducta se contradice con la posición. Por posición no dejamos de ser santos en Cristo, pero si no lo demostramos en la práctica, sin duda estaremos desagradando al Señor.
La santificación práctica es posible mediante la apropiación por fe de lo que Dios ya ha realizado en Cristo mediante su muerte y su resurrección. Un texto importante en relación con esto se encuentra en Romanos 6:11 “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor, nuestro.” El hecho de estar muertos al pecado depende de la obra de Cristo, pero nosotros hemos de “considerarlo” cada vez que surjan los deseos pecaminosos de nuestra vieja naturaleza, teniendo presente que “hemos muerto” para aquellas inclinaciones que reconocemos como propias del viejo hombre, eligiendo, en consecuencia, el camino de la voluntad de Dios en el poder de la vida de resurrección en Cristo.
El creyente “carnal” es aquel que no ha sabido contemplar la perfección de la Obra de Cristo en la cruz y de Su resurrección relacionada con la victoria sobre el pecado. Es decir, no se ha apropiado por la fe de su posición como muerto al pecado, y vivo para Dios.
Pero más allá de esta definición primaria, debemos considerar que existen dos aspectos diferentes en la cuestión de la santidad:
1) La santidad en posición: Es decir, la santidad que poseemos todos los creyentes en función de nuestra posición en Cristo. "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" (He.10:10)
"Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios" (1ª Co. 6:11)
En este sentido, la santidad es inherente a nuestra condición de hijos de Dios. No depende de nosotros, sino de la obra del Señor a nuestro favor. Dios nos ve "en Cristo" y desde ese punto de vista nos considera santos, precisamente en virtud de nuestra posición en el Señor.
2) La santidad práctica: Tiene que ver con nuestro andar diario. "Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo." (1ª Pe. 1: 14-16)
Este aspecto práctico depende de nuestra disposición de obedecer al Señor, pero supone una actitud de sujeción a la obra del Espíritu Santo más que un esfuerzo personal de superación. Es decir que la santidad se produce desde adentro hacia fuera, y no al revés.
El apóstol Pablo conjuga los dos aspectos cuando les escribe a los Corintios:
"A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús (en posición) llamados a ser santos (en la práctica) con todos los que en cualquier lugar invocan el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro" (1ª Co.1:2)
Resumiendo, todo creyente genuino es santo por su posición en Cristo, y esto exclusivamente por los méritos de Él. Pero no es menos cierto que Dios, además, nos manda que reflejemos esa santidad de modo práctico en nuestra vida diaria.
Y es allí donde muchas veces la conducta se contradice con la posición. Por posición no dejamos de ser santos en Cristo, pero si no lo demostramos en la práctica, sin duda estaremos desagradando al Señor.
La santificación práctica es posible mediante la apropiación por fe de lo que Dios ya ha realizado en Cristo mediante su muerte y su resurrección. Un texto importante en relación con esto se encuentra en Romanos 6:11 “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor, nuestro.” El hecho de estar muertos al pecado depende de la obra de Cristo, pero nosotros hemos de “considerarlo” cada vez que surjan los deseos pecaminosos de nuestra vieja naturaleza, teniendo presente que “hemos muerto” para aquellas inclinaciones que reconocemos como propias del viejo hombre, eligiendo, en consecuencia, el camino de la voluntad de Dios en el poder de la vida de resurrección en Cristo.
El creyente “carnal” es aquel que no ha sabido contemplar la perfección de la Obra de Cristo en la cruz y de Su resurrección relacionada con la victoria sobre el pecado. Es decir, no se ha apropiado por la fe de su posición como muerto al pecado, y vivo para Dios.

