Hace 2 horas
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"...no menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque Él es quien hace la llaga, y Él la vendará; Él hiere, y sus manos curan". Job 5: 17 b–18
¡Dejen que las heridas sanen!
Hay personas, sobre todo niños, que no dejan que las heridas superficiales cicatricen. Una y otra vez las tocan y, al hacerlo, hacen que la pequeña herida vuelva a sangrar. Así es como una pequeña lesión puede provocar una herida más profunda.
Los médicos repiten siempre que una herida necesita tiempo para sanar, protección, higiene y curaciones cuidadosas.
Esto ocurre con las heridas físicas, pero lo podemos aplicar también a un corazón herido: no toquemos ese gran y amargo sufrimiento; procuremos que tenga paz y quietud, para que la herida no vuelva a sangrar y siga el lento proceso de sanación.
_¡Tampoco seamos impacientes si la herida no cierra tan rápido como quisiéramos!_
Un cuerpo sano es capaz de sanar una herida profunda; _un alma sana, firmemente arraigada en Dios, superará el sufrimiento más intenso y volverá a ser útil para la vida diaria._ Sin embargo, hay cicatrices que permanecen para siempre ...
Por eso debemos procurar no volver a reabrir, una y otra vez, las heridas de los demás. _¡Dejemos que las heridas sanen!_
«Sáname, oh Jehová, y seré sano...». Jeremías 17: 14
«Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas...Jehová exalta a los humildes...». Salmo 147: 3 y 6
_Adaptación DHIN _

