15-08-2025, 08:37 PM
"Oh Señor...Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos ". Salmo 139: 1-2
Esto nos lleva a la segunda parte de la pregunta. El diablo ciertamente tiene gran experiencia con el mal, pero no es omnisciente. Sólo Uno conoce nuestros pensamientos "de lejos": Dios. Leemos repetidamente que el Señor Jesús, cuando habitó entre los hombres como Hombre, conocía sus pensamientos: Mateo 9: 4; 12: 25.
_Conocer los pensamientos del corazón es un privilegio exclusivo de Dios. El diablo no es omnisciente y no puede predecir con certeza el futuro; eso quedó claro con la crucifixión del Señor Jesús. _¿Lo habría crucificado (Juan 13: 2) si hubiera sabido que con ello sellaba su propia derrota?_
¡Miremos al Señor, no al enemigo!_ Finalmente, un pequeño consejo para todos: no nos ocupemos del diablo y sus mentiras, sino más bien del Señor Jesús y la Verdad de Dios. Sólo esto nos mantendrá gozosos y fuertes. Debemos presentar nuestra conciencia ante Dios, no ante el diablo ni los hombres. Estamos tratando con un Dios benévolo que ha resuelto para siempre la cuestión de nuestro pecado en Jesucristo. Nos amó cuando aún éramos pecadores. Nos ama hoy, a pesar de nuestras múltiples faltas; y nos amará por toda la eternidad cuando ya no haya pecado en nosotros.
¡Qué seguridad y qué paz nos da esto!
Adaptación Ch.Briem 1990
Esto nos lleva a la segunda parte de la pregunta. El diablo ciertamente tiene gran experiencia con el mal, pero no es omnisciente. Sólo Uno conoce nuestros pensamientos "de lejos": Dios. Leemos repetidamente que el Señor Jesús, cuando habitó entre los hombres como Hombre, conocía sus pensamientos: Mateo 9: 4; 12: 25.
_Conocer los pensamientos del corazón es un privilegio exclusivo de Dios. El diablo no es omnisciente y no puede predecir con certeza el futuro; eso quedó claro con la crucifixión del Señor Jesús. _¿Lo habría crucificado (Juan 13: 2) si hubiera sabido que con ello sellaba su propia derrota?_
¡Miremos al Señor, no al enemigo!_ Finalmente, un pequeño consejo para todos: no nos ocupemos del diablo y sus mentiras, sino más bien del Señor Jesús y la Verdad de Dios. Sólo esto nos mantendrá gozosos y fuertes. Debemos presentar nuestra conciencia ante Dios, no ante el diablo ni los hombres. Estamos tratando con un Dios benévolo que ha resuelto para siempre la cuestión de nuestro pecado en Jesucristo. Nos amó cuando aún éramos pecadores. Nos ama hoy, a pesar de nuestras múltiples faltas; y nos amará por toda la eternidad cuando ya no haya pecado en nosotros.
¡Qué seguridad y qué paz nos da esto!
Adaptación Ch.Briem 1990

