10-03-2025, 10:40 PM
Tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. Hechos 27: 35
Una mamá se encontraba por segunda vez frente al buffet del restaurante del shopping que visitaba con sus hijos. Los niños ya estaban sentados en una mesa con sus bandejas frente a ellos. "¡Empiecen a comer, antes que se enfríe!", les dijo la madre, y volvió a buscar su almuerzo.
De repente, la más pequeña de sus niñas, gritando desde el otro lado del restaurante, le preguntó: _"Mamá, ¿hacemos la oración primero, como en casa? "_ Se hizo un gran silencio en todo el comedor. Todos miraban a la mamá. Sin quererlo, era el centro de atención. Se sonrojó, pero asintió con la cabeza. _Entonces los niños juntaron las manos y oraron, en silencio, antes de empezar a comer._
La mamá se preguntó a sí misma: _"¿Por qué medavergüenz? ¿Acaso mi miedo a que se rían de mí es mayor que mi amor por el Señor Jesús?"_ Tomó la bandeja, pagó en la caja y se sentó con sus hijos. Entonces ella también juntó las manos, inclinó la cabeza y dio gracias a su Señor por los alimentos, por sus cuidados y por la oportunidad de dar testimonio de su fe delante de otras personas.Sintió la mirada de la gente pero su vergüenza había desaparecido.
"Si no fuera por mis niños, tal vez habría cruzado las manos debajo de la mesa o no hubiera hecho la oración", pensó. Gracias a ellos, esta hija de Dios volvió a tomar conciencia de lo importante que es confesar al Señor Jesús, ¡también en un restaurante!
El Señor Jesús promete: "A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos".(Mateo 10: 32).
_Adaptación DHIN 2025_
Una mamá se encontraba por segunda vez frente al buffet del restaurante del shopping que visitaba con sus hijos. Los niños ya estaban sentados en una mesa con sus bandejas frente a ellos. "¡Empiecen a comer, antes que se enfríe!", les dijo la madre, y volvió a buscar su almuerzo.
De repente, la más pequeña de sus niñas, gritando desde el otro lado del restaurante, le preguntó: _"Mamá, ¿hacemos la oración primero, como en casa? "_ Se hizo un gran silencio en todo el comedor. Todos miraban a la mamá. Sin quererlo, era el centro de atención. Se sonrojó, pero asintió con la cabeza. _Entonces los niños juntaron las manos y oraron, en silencio, antes de empezar a comer._
La mamá se preguntó a sí misma: _"¿Por qué medavergüenz? ¿Acaso mi miedo a que se rían de mí es mayor que mi amor por el Señor Jesús?"_ Tomó la bandeja, pagó en la caja y se sentó con sus hijos. Entonces ella también juntó las manos, inclinó la cabeza y dio gracias a su Señor por los alimentos, por sus cuidados y por la oportunidad de dar testimonio de su fe delante de otras personas.Sintió la mirada de la gente pero su vergüenza había desaparecido.
"Si no fuera por mis niños, tal vez habría cruzado las manos debajo de la mesa o no hubiera hecho la oración", pensó. Gracias a ellos, esta hija de Dios volvió a tomar conciencia de lo importante que es confesar al Señor Jesús, ¡también en un restaurante!
El Señor Jesús promete: "A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos".(Mateo 10: 32).
_Adaptación DHIN 2025_

