04-03-2025, 11:20 PM
No cometerás adulterio. Éxodo 20: 14
¡Ha llegado el gran día! En un registro civil francés, los contrayentes escuchan al juez leer los artículos del Código Civil establecido por Napoleón en 1804: "Artículo 212 - Los cónyuges se deben fidelidad mutua ..." ...
¿Respetará este matrimonio este compromiso? ¿Saben que la fidelidad es un mandamiento de Dios, el séptimo de su Ley: "No cometerás adulterio"?
Debemos reconocer que, en nuestra sociedad permisiva, la fidelidad ya se considera una virtud anticuada. Las relaciones fuera del matrimonio son la norma en películas, novelas y canciones. Ya no se habla de adulterio, sino de aventuras y amistad. La búsqueda del placer personal y egoísta, vacía al matrimonio de su dimensión moral y su sentido bíblico.
Al dar este mandamiento, Dios conocía las necesidades de Su criatura: la necesidad de seguridad, la necesidad de sentirnos amados en los buenos y en los malos momentos, la necesidad de hacer feliz a nuestro cónyuge dando y recibiendo.
La infidelidad pisotea estas necesidades fundamentales, causando sufrimiento y la ruptura de la familia, en la mayoría de los casos. Las primeras víctimas son los hijos que suelen quedar marcados de por vida.
La sociedad actual, con su pérdida de valores y de puntos de referencia, es una prueba de ello. La ley de Dios no es anticuada ni irreal. Jesucristo promete su ayuda a quienes deseen obedecerle. ¡Siempre!
_Adaptación LBS 2024_
¡Ha llegado el gran día! En un registro civil francés, los contrayentes escuchan al juez leer los artículos del Código Civil establecido por Napoleón en 1804: "Artículo 212 - Los cónyuges se deben fidelidad mutua ..." ...
¿Respetará este matrimonio este compromiso? ¿Saben que la fidelidad es un mandamiento de Dios, el séptimo de su Ley: "No cometerás adulterio"?
Debemos reconocer que, en nuestra sociedad permisiva, la fidelidad ya se considera una virtud anticuada. Las relaciones fuera del matrimonio son la norma en películas, novelas y canciones. Ya no se habla de adulterio, sino de aventuras y amistad. La búsqueda del placer personal y egoísta, vacía al matrimonio de su dimensión moral y su sentido bíblico.
Al dar este mandamiento, Dios conocía las necesidades de Su criatura: la necesidad de seguridad, la necesidad de sentirnos amados en los buenos y en los malos momentos, la necesidad de hacer feliz a nuestro cónyuge dando y recibiendo.
La infidelidad pisotea estas necesidades fundamentales, causando sufrimiento y la ruptura de la familia, en la mayoría de los casos. Las primeras víctimas son los hijos que suelen quedar marcados de por vida.
La sociedad actual, con su pérdida de valores y de puntos de referencia, es una prueba de ello. La ley de Dios no es anticuada ni irreal. Jesucristo promete su ayuda a quienes deseen obedecerle. ¡Siempre!
_Adaptación LBS 2024_

