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Reflexión del día.
#1
Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Efesios 5: 25

¡Por la fe ya contemplamos 
Tu divina majestad,
Y en tu luz consideramos, 
Señor, tu tierna bondad!

Cuando contemplamos al Señor Jesús sacrificando Su vida en la Cruz, no sólo pensamos en Su amor por todos y cada uno de los que creen en Él, sino también Su amor por la Iglesia, compuesta por todos los redimidos del tiempo de la gracia. Ella es Su Esposa amada, por quien se entregó a Sí mismo.

Cuando Jesucristo sufrió y murió en la Cruz, se cumplió lo escrito en Cantares 8: 7 " Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el Hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían".
_¡Cuán terribles fueron los sufrimientos que soportó el Salvador al ser abandonado por Dios! Eran como un diluvio de agua que se derramaba sobre Él. Pero no pudieron extinguir Su precioso amor por la Iglesia._

Cristo pagó un precio infinitamente alto por Ella: Su propia vida. Su amor fue tan grande que permanece unida a Él para siempre.

Cristo también ama a la Iglesia por el valor que tiene en sí misma, según el propósito eterno de Dios.Encontró en ella la perla más preciosa, única, bella y valiosa (Mateo 13: 45-46). Por eso vendió todo lo que tenía para poseerla para siempre. ¡Él se entregó por la Iglesia!

_Adaptación NZD 2024_
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