29-11-2024, 07:17 PM
Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y conforme a tu fidelidad me afligiste.
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Salmo 119: 75 y 103
Buena medicina.
Una señora que luchaba frecuentemente contra la melancolía, decidió consultar a un médico muy renombrado. Este hombre tenía un excelente conocimiento de la naturaleza humana. Le hizo una serie de preguntas, anotó las respuestas y la observó atentamente. Entonces creyó haber identificado su problema particular. Sin recetarle nada, (para su caso), se puso de pie y le dijo: "A partir de hoy, por favor, leasuBiblia durante una hora todas las noches. Dentro de un mes, me gustaría volver a verla".
La señora se despidió sin decir nada sobre esta recomendación. Pensó que el médico se burlaba de ella: _"No vine a ver un pastor, vine a ver a un médico”._
A pesar de eso, esa noche sacó su Biblia: «Después de todo, no me cuesta nada. Probaré este "tratamiento"».
Leyó un buen rato y después tuvo deseos de orar. Así siguió tres semanas más. Con el tiempo, fue sintiendo un equilibrio y una paz interior que alejaron sus pensamientos tan oscuros.
Al mes, volvió a visitar a su médico.
"¡De lejos se nota que usted se siente mejor!—exclamó el facultativo—. No me sorprende en absoluto. Después de todo, le he prescrito el mismo " tratamiento " que utilizo conmigo mismo " Tomó una Biblia muy usada del escritorio y continuó diciendo: "¿Ve este libro? Lo leo todas las mañanas. Nunca empiezo mi consulta sin haberlo leído. Me da estabilidad y fuerza interior. ¡No me de las gracias a mí, dele las gracias a Dios! Y sobre todo, ¡continúe con este «tratamiento»!".
_Adaptación TGS 2024_
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Salmo 119: 75 y 103
Buena medicina.
Una señora que luchaba frecuentemente contra la melancolía, decidió consultar a un médico muy renombrado. Este hombre tenía un excelente conocimiento de la naturaleza humana. Le hizo una serie de preguntas, anotó las respuestas y la observó atentamente. Entonces creyó haber identificado su problema particular. Sin recetarle nada, (para su caso), se puso de pie y le dijo: "A partir de hoy, por favor, leasuBiblia durante una hora todas las noches. Dentro de un mes, me gustaría volver a verla".
La señora se despidió sin decir nada sobre esta recomendación. Pensó que el médico se burlaba de ella: _"No vine a ver un pastor, vine a ver a un médico”._
A pesar de eso, esa noche sacó su Biblia: «Después de todo, no me cuesta nada. Probaré este "tratamiento"».
Leyó un buen rato y después tuvo deseos de orar. Así siguió tres semanas más. Con el tiempo, fue sintiendo un equilibrio y una paz interior que alejaron sus pensamientos tan oscuros.
Al mes, volvió a visitar a su médico.
"¡De lejos se nota que usted se siente mejor!—exclamó el facultativo—. No me sorprende en absoluto. Después de todo, le he prescrito el mismo " tratamiento " que utilizo conmigo mismo " Tomó una Biblia muy usada del escritorio y continuó diciendo: "¿Ve este libro? Lo leo todas las mañanas. Nunca empiezo mi consulta sin haberlo leído. Me da estabilidad y fuerza interior. ¡No me de las gracias a mí, dele las gracias a Dios! Y sobre todo, ¡continúe con este «tratamiento»!".
_Adaptación TGS 2024_

