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Reflexión del día.
#1
Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y  velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. Efesios 6: 18

Mi abuela, que murió casi con cien años, vivió unos quince años en un pequeño apartamento habilitado para ella en casa de mis padres. Mi habitación estaba separada de la de ella por un pasillo, y muy a menudo, la oía orar  a cualquier hora del día o de la noche. En voz alta hablaba con su Padre celestial de cada uno de sus seres queridos y hermanos.

Sin embargo, como muchas personas mayores, a menudo decía que se sentía inútil y que no entendía por qué el Señor no la llevaba consigo. Pero el Maestro (así se refería a menudo de su Señor) sabía lo que hacía, y no hay duda de que sus oraciones eran de gran utilidad a Sus ojos. Me recordaba a Ana, la profetisa anciana, viuda, que no salía del templo, sirviendo a Dios en ayuno y oración, noche y día (Lucas 2: 36-37).

Habrá, sin lugar a dudas, creyentes que por diferentes circunstancias, se ven obligados a la inactividad física, por la edad o la enfermedad. ¡No crean que son inútiles! ¡Todo lo contrario! Recordemos esa batalla que Josué no hubiese ganado, si Moisés hubiera dejado de levantar las manos en oración  ( Éxodo 17:8—16). _Dios necesita intercesores que tengan tiempo para orar por sus hermanos en la fe, sus allegados y por todas los hombres._

_Adaptación LBS 2024_
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