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Reflexión del día.
#1
Perece el justo,  y no hay quién piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante  de la aflicción es quitado el justo. Isaías 57: 1 

El Dr. Thomas Barnardo (1845-1905) se hizo conocido en Londres por ayudar a encontrar un hogar a muchos niños pobres de la calle.

Este médico cristiano estaba acostumbrado a aceptar con gratitud todo lo que venía de parte de Dios. Pero en 1890 sufrió la pérdida de un hijo y a pesar de su fe no podía superar ese duelo. Sus pensamientos y oraciones preguntaban una y otra vez al Señor: _¿Por qué?_

El médico y su familia se retiraron al campo por un corto tiempo. Necesitaban procesar el dolor en soledad. Una tarde, mientras caminaba por el cementerio local, su mirada se detuvo sobre una lápida de alguien que también había fallecido muy joven. ¡Mucho le llamó la atención, la frase que escribieron los padres bajo el nombre de aquel niño fallecido! Grabada en la piedra se podía leer: _Ante el mal es arrebatado el justo._

_¿Era esa la respuesta de Dios a sus oraciones de dolor y cuestionamiento?_
 
El afligido padre respiró profundamente y reconoció la mano de Dios en su difícil prueba de sufrimiento. “En Su amor, Dios se llevó a mi hijo Ken para protegerlo de graves desgracias en el futuro", fue su conclusión. Este pensamiento le permitió al Dr. Barnardo confiar nuevamente en su Dios y encontrar paz.

Sólo quien ha experimentado la pérdida de un hijo puede comprender el dolor que se siente en esos momentos. A quienes acompañan a los padres, les resulta difícil encontrar palabras apropiadas de consuelo. 
Pero quizás la experiencia del Dr. Barnardo pueda ser de ayuda para reconocer la mano amorosa de Dios ante semejante prueba de dolor.

_Adaptación DHIN 2024_
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