12-10-2015, 06:01 PM
Una prestigiosa revista secular publicó un artículo con el título del epígrafe, en el que se reflejan los resultados de una encuesta realizada en 16 países. En el escrito se indica el porcentaje de los entrevistados que, por país, respondieron positivamente al interrogante.
Lo curioso es que una amplia mayoría, con opiniones diversas, creía en el cielo y tenía esperanza de alcanzarlo, pese a que muchos no eran "devotos". (con ese término lo refiere la publicación)
La interpretación sería que esas personas, sin profesar fe alguna ni tener en cuenta a Dios, pensaban que, luego de terminar sus vidas en este mundo, entrarían en la casa del Padre Celestial, ostentando vaya uno a saber qué derecho de hacerlo.
Es notable que en los países no cristianos, el porcentaje de personas con esperanza de entrar al cielo fuera mayor, lo que muestra a las claras que hay gente que confía en vanidades.
La realidad es que nadie entra al cielo por su devoción ni por su religión, ni por sus buenas obras.
La Escritura señala claramente al Señor Jesucristo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. (Hch 4:12)
"Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo.
El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.
Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el Nombre del Hijo de Dios. (1ª Juan. 5:9 /13)
Comprobamos que de lo que se trata es de tener al Hijo. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (Juan 1:12) Sólo quien es un hijo de Dios en razón de creer y recibir al Señor Jesucristo, y que, en virtud de Su sangre derramada en la cruz, es limpiado y perdonado de sus pecados, tiene abierta la puerta del cielo.
Creer en vanidades ilusorias no lleva al cielo.
Jesús dijo: “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Jua 14:6)
Una cosa es creer en el cielo, otra muy distinta es tener seguridad de entrar en él.
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.
Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” (Isa 55:6/7)
Lo curioso es que una amplia mayoría, con opiniones diversas, creía en el cielo y tenía esperanza de alcanzarlo, pese a que muchos no eran "devotos". (con ese término lo refiere la publicación)
La interpretación sería que esas personas, sin profesar fe alguna ni tener en cuenta a Dios, pensaban que, luego de terminar sus vidas en este mundo, entrarían en la casa del Padre Celestial, ostentando vaya uno a saber qué derecho de hacerlo.
Es notable que en los países no cristianos, el porcentaje de personas con esperanza de entrar al cielo fuera mayor, lo que muestra a las claras que hay gente que confía en vanidades.
La realidad es que nadie entra al cielo por su devoción ni por su religión, ni por sus buenas obras.
La Escritura señala claramente al Señor Jesucristo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. (Hch 4:12)
"Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo.
El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.
Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el Nombre del Hijo de Dios. (1ª Juan. 5:9 /13)
Comprobamos que de lo que se trata es de tener al Hijo. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (Juan 1:12) Sólo quien es un hijo de Dios en razón de creer y recibir al Señor Jesucristo, y que, en virtud de Su sangre derramada en la cruz, es limpiado y perdonado de sus pecados, tiene abierta la puerta del cielo.
Creer en vanidades ilusorias no lleva al cielo.
Jesús dijo: “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Jua 14:6)
Una cosa es creer en el cielo, otra muy distinta es tener seguridad de entrar en él.
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.
Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” (Isa 55:6/7)

