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QUÉ BUSCAN LAS IGLESIAS
#1
Por: Jorge Segura 

Voy a resumir parte del capítulo 3 de un libro titulado:"El Cuerpo" de Charles Colson.

El capìtulo 3 se dedica, entre otras cosas, a citar los resultados de una encuesta realizada en EE.UU. hace como veinte años. Ustedes podrán imaginarse cómo serán las cosas el día de hoy.
 
Dicho capitulo se titula: "Denme la religión de la bañera caliente".
 
"Creí que la religión me haría feliz. Siempre supe que una botella de oporto podría lograrlo.  Si lo que usted busca es una religión que lo haga sentirse confortable, no le recomiendo el  cristianismo"  (C.S. Lewis)
 
Pregunte a la gente qué busca en una iglesia, y la palabra que más se usa es "fraternidad". Otras respuestas tienen que ver con "buenos sermones", "el programa de música", "actividades para los niños", hasta culminar en "lo que me haga sentir bien". Así la iglesia se convierte en un mercado minorista de reventas, y la fe en una comodidad o un gusto momentáneo.
 
Las encuestas nos dicen lo que buscan estos consumidores. De acuerdo con una realizada por "Estadísticas USA" entre gente del 56% de la población que asiste a las iglesias, un 45% lo hace porque "les resulta bueno", un 26% porque logran "paz mental  y bienestar espiritual". Las doctrinas no parecen tener importancia, dice el informe, porque la mayor parte "parece estar buscando una religión que les pague con algo interior y subjetivo".
 
De acuerdo con una reciente encuesta (no olviden que se hizo hace 20 años), los libros que se venden en las librerías cristianas  son los que abundan en "subjetivismo", en la autoestima, en la autorrealización en el autoanálisis, mientras que los "devocionales" amontonan polvo en los estantes.
 
Aun los observadores seculares han notado cómo esta demanda por la religión del "sentirse bien" afecta la vida y la práctica de la iglesia. El propósito es la búsqueda de apoyo, no de salvación, una ayuda, no una santidad de vida., un círculo de iguales, no la autoridad o gula de una iglesia. Esta afirmación del yo está en la prioridad de la agenda, lo cual explica porqué algunas de las iglesias que menos exigen son las más concurridas.
 
Lo que muchos buscan es un club sociocultural, una  institución que ofrezca  relaciones humanas agradables, pero que no influya en cómo vive la gente, ni en lo que creen. Cada vez que la iglesia se reafirma en una posición histórica, algo que refrene el ansia  por hacer lo que nos plazca, es acusada de  obsoleta, pasada de moda, como si sus doctrinas se determinaran por el voto de la mayoría o por las encuestas de mercado.
 
Los consumidores espirituales no se interesan en los objetivos que  la iglesia presenta como misión, sino en aquello que la iglesia ofrece. El 60% rechaza la noción de que una persona debe estar  limitada a una sola fe. La mayoría de los cristianos cree que todas las religiones adoran a un mismo Dios. Totalmente falso
 
Hay consenso en cuanto a poner la persona por sobre la doctrina. La actitud general es de vida, amor y libertad.
 
Por todo el país las iglesias están respondiendo a la moda consumista y disfrazan su identidad. La iglesia feliz. "Eso atrae a la gente".
 
El consumismo trae profundas consecuencias  para la iglesia:
 
Primera: El mensaje se diluye. Sustituyen el discernimiento espiritual por la terapia de la personalidad  y apelan a un dios maternal que sirve alimentos a su criatura. Según este credo, el cielo se alcanza sin tener que negarnos a nosotros mismos, por lo cual Dios nunca responsabilizará al ser humano.
 
Segunda: Mantener la idea de mercado es algo más que "eliminar" alguna palabra por aquí o por allá, es transformar el verdadero carácter de la iglesia. Esta no es la búsqueda de la verdad. Esta es la búsqueda  del "calorcito agradable" del contacto mutuo, como si estuvieran en una bañera de agua caliente. Es decir, todo lo que nos haga sentir bienestar  en relación con nosotros mismos.
 
Tercera: Ceder al mercantilismo puede corromper la concepción correcta del evangelio. Cierto es que la iglesia debe proveer consuelo al enfermo, al sufriente, al necesitado; pero ministrar a los afligidos es totalmente distinto a la terapia de autocomplacencia que nos enseña a mirar dentro de nosotros mismos para descubrir y curar la psiquis enferma. La autorrealización y  la dependencia de Dios son diametralmente opuestas.
 
El evangelio nos enseña que nuestra esperanza no está en el encuentro de nuestro verdadero yo, sino en la pérdida del mismo. cuando observamos con  honestidad  nuestras vidas descarriadas en el pecado, debemos rechazar a nuestro verdadero yo. Es entonces que nos arrepentimos y morimos a nosotros mismos, de manera tal que la gracia salvadora de Cristo producirá nuestra limpieza.
 
Conformarnos con nosotros mismos es precisamente lo que no debemos hacer.
 
Puede que la terapia y la promesa de beneficios materiales conduzca  a multitudes a nuestras iglesias, pero también se lograría con cigarrillos de marihuana distribuidos en el santuario y habría que ver cuál hace más daño.
 
Quizás por eso es que el 80% de los norteamericanos que se dicen cristianos, cerca de la mitad cree en el espíritu, más  de un tercio en la telepatía, un cuarto en la reencarnación, y uno de cada 5 afirma que ha estado en contacto con los muertos.
 
Al responder a las presiones mercantilistas, la iglesia abandona su autoridad  para proclamar la verdad, y pierde su capacidad de llamar a cuentas a sus miembros. En otras palabras, no hace discípulos ni disciplina. La tarea de la iglesia no es hacer hombres y mujeres felices: Es hacerlos santos.
 
Los valores culturales han capturado de  tal manera  a la iglesia  que igualamos el éxito con el tamaño de la misma. por ello es que el crecimiento de las iglesias se ha convertido en uno de los mejores negocios en el mundo de hoy (recuerden hace 20 años que se escribió este libro) si es verdad que"el cliente siempre tiene la razón", entonces la iglesia tiene que manejarse  como cualquier otra organización, en cuanto a demandas del consumidor, lo cual significa ajustarse  a la correcta estrategia de mercado. por lo tanto, el trabajo de un pastor no se mide por su fidelidad  a ciertos principios, sino por el hecho realista de "si  la gente sigue viniendo y ofrendando", con la estrategia correcta, no hay límite para el crecimiento; es solo cuestión de encontrar la fórmula adecuada. Con esta finalidad, muchas organizaciones profesionales ofrecen a las iglesias  los mismos servicios de mercadeo comercial o de los estrategas de campañas políticas: encuestas, estudios de mercado, análisis de mensajes, validez de imagen, anuncios comerciales, etiquetas para el producto.
 
El crecimiento de la iglesia no sólo se ha degenerado en un gran negocio; ahora compiten con las grandes corporaciones. Con la creencia de que los exitosos principios mercantiles producirán los mismos resultados si se practican en la iglesia, una de las más grandes comisionó a un grupo de expertos el estudio de los procedimientos utilizados por firmas como IBM , Xerox y Disney World.
 
El problema consiste cuando confundimos la técnica con la verdad, y cuando se comprometen la misión y el mensaje de la iglesia.
 
En verdad el crecimiento pudiera ser una señal  de que Dios está bendiciendo la iglesia. Lo era cuando Pedro predicó después de pentecostés: La gente se convenció, se arrepintió y fue bautizada, tres mil en el primer día, y "el Señor añadía a ese número, día a día", hasta alcanzar cinco mil en una ocasión. Ese es el tipo de crecimiento que produciría la envidia de los profesionales del mercadeo. La diferencia está en quién añadía: El Señor, no los asesores de mercado.
 
 Esa es la clave. La iglesia no debe usar técnicas semejantes a las del mundo comercial. Lo que importa es el mantenimiento de la fe bíblica. Si una iglesia sólida en su doctrina reta a la gente a vivir vidas santas y crece, es que está siendo bendecida por Dios.   
 
Pero si encubre su identidad y predica un mensaje que sólo trata de mantener a los feligreses en un estado de perpetua  complacencia, entonces su crecimiento es sólo por el esfuerzo humano. "El crecimiento por propia satisfacción, construido por manos de hombres, logrará la muerte espiritual"
 
Muchas veces sucede que antes de un crecimiento se produce una crisis. Cuando el Espíritu toca vidas, viene  la angustia, la confesión de pecados y el arrepentimiento. Los que son duros de corazón por lo general huyen. Separar la paja del trigo significa que la iglesia se está purificando y santificando, alcanzando realmente su condición de pueblo de Dios. Porque la santidad y la fidelidad bíblicas son los verdaderos parámetros de la iglesia.
 
La iglesia, el cuerpo de Dios, tiene muy poco que ver con el mercadeo mañoso y las atractivas complacencias. Y mucho con el pueblo y el Espíritu de Dios en su medio. Lo que  importa es el carácter de la comunidad de fe.
 
Hasta aquí el resumen indicado.
 
Me parece que está debidamente claro lo que quise manifestar.
 
Juzguen ustedes, si tengo razón o no.  
 
La Paz.
 
Jorge.
 
(Tomado de la lista de Correo de "Siguiendo Sus Pisadas") 
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