• 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¿POR QUÉ?
#1
Por: M.G.  

Hubo un hombre que no tenía igual en la tierra, temeroso de Dios, apartado del mal, quien practicaba la justicia y la rectitud tanto como le es posible hacerlo a un ser humano. No habría podido dirigírsele un solo reproche. Era estimado por los hombres y aprobado por Dios, bondadoso con sus siervos, generoso para con los pobres, protector de los débiles y desdichados, se compadecía de todas las penas, era hospitalario, respetado y honrado tanto por los jóvenes como por los ancianos. Se hubiera podido pensar que estaba libre de toda desdicha y de toda tristeza.
 
No obstante, este hombre  fue uno de los que sufrió más desgracias en la tierra. Los golpes más terribles de la adversidad cayeron de repente sobre él y lo abrumaron de dolor. En un solo día perdió sus bienes, sus siervos y sus diez hijos, siete varones y tres mujeres.  Luego fue atacado por una sarna maligna que le  cubrió todo el cuerpo y no le daba reposo. Su mujer lo despreció y le incitó a maldecir a Dios y a morirse. ¡Qué lamentable situación!  Sin embargo, no se rebeló ni pronunció palabras fuera de lugar, sino que bendijo a la mano que lo había afligido: “Jehová dio, y Jehová quitó: sea el Nombre de Jehová bendito” (Job 1:21) 

Sus tres íntimos amigos vinieron a verlo. Aterrados ante dolor tan grande, estuvieron siete días sin pronunciar palabra. Finalmente pensaron que tal situación no podía ser otra cosa que un castigo de Dios, y que seguramente en la vida de su amigo había pecados graves y secretos que motivaron la maldición divina sobre él. Entonces comenzaron a agobiarlo con suposiciones y acusaciones injustificadas.
 
¡Pobre Job! Verse incomprendido y tal mal juzgado por sus más caros amigos hizo rebasar la medida: Por eso le oímos exhalar sus quejas con una profunda amargura: “Mis parientes se detuvieron, y mis conocidos se olvidaron de mí…”  ¡Oh, vosotros mis amigos, tende compasión de mí…porque la mano de Dios me ha tocado “ (Job 19:14/21). Aún así las respuestas de sus amigos fueron tanto más crueles.

¡Por qué? ¡Por qué tal cúmulo de penas y desprecios, y ningún corazón para simpatizar con él y consolarlo?
¡Ah, cuántos “por qué” se formulan en este mundo de sufrimientos¡  ¿Por qué tantas injusticias, tantos planes frustrados, tantos sueños malogrados y esperanzas burladas ¿ ¡Por qué tantos lutos y lágrimas ¿ Por qué tantos males y tantos dolores profundos y a menudo escondidos bajo apariencias engañosas? ¿Por qué?

“El corazón conoce la amargura de su alma”  (Pr.14:10) ¿Dónde encontrar a alguien que nos pueda comprender, alguien que nos ame verdaderamente y que pueda acudir en nuestra ayuda? Ese alguien está cerca de nosotros; desde hace mucho tiempo su voz se hace oír: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados , y yo os haré descansar“. (Mt.11:28)  “porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros , dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis (Jer.29:11). “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jer.33:3)  
 
(Continuará)                              
        
  Responder
#2
/// ¡Qué benévolas son estas palabras!  Ellas emanan del Dios Salvador que nos quiere bendecir. ¿No las escucharemos? ¿No iremos a Él?

La Palabra de Dios está a nuestro alcance. En ella encontraremos la respuesta a las preguntas que nos turban. Ella nos explica el problema del sufrimiento, de la vida, de la muerte y del más allá. Ella sola nos da una esperanza que no confunde. Sus declaraciones son seguras y sus promesas verdaderas. “Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá”  (Lc.11:9)  Pero volvamos a nuestra historia. Dios había puesto sus ojos sobre su siervo atribulado y sustentaba su fe; lo vemos por exclamaciones claras y luminosas de Job que destilan del seno de sus tinieblas: “He aquí, aunque me matare, en Él esperaré"  (Job 13:15) “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo. (Job.19:25) “Él pues acabará lo que ha determinado de mí” (Job.23:44)  “Me probará, y saldré como oro” (Job 23:10) 

Entonces pasa algo sorprendente y maravilloso: después de la visita de un cuarto amigo que le habla con sabiduría y le demuestra que, a pesar de toda su buena conciencia, él hace mal de justificarse ante Dios; es el mismo Jehová quien se dirige a él para mostrarle su grandeza, su poder y su sabiduría en las obras que Él ha hecho. ¿No tenemos nosotros mismos tal demostración a nuestro alrededor?. La creación ¿No es un admirable libro abierto ante nuestros ojos?  Frente a la grandeza de Dios, este hombre perfecto y sin reproche se ve entonces tal como es en realidad: un pequeño, ínfimo, ignorante, miserable e indigno. Él se humilla y confiesa: “He aquí que yo soy vil (Job 40:4) “Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía… De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza (Job 42:3/6)

Quienesquiera que seamos, si nos colocamos frente a la luz de Dios, si somos rectos y honestos, seremos llevados a esa misma comprobación y a esa misma confesión.

Job tenía en todo una conducta excelente y una vida ejemplar. Pero, con todo eso, en el fondo de de sí mismo era un pecador como cualquier otro. Él tenía una buena opinión de sí mismo y esa opinión debía caer. El fondo de su corazón debía ser expuesto al desnudo bajo la luz divina. Solamente en esa luz podemos decir, como exclamó Isaías: “¡Hay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios” (Is.6:5)  La buena estima que tenemos de nosotros mismos debe dar lugar al juicio de nuestros pensamientos más secretos y a la revelación humillante de que el pecado tiene sus raíces profundas en nuestro corazón. En este momento tiene lugar la liberación. El Dios de luz y de santidad se revela luego como el Dios de amor.

(Continuará)                                 
  Responder
#3
/// Con el profundo sentimiento de que es un objeto de la gracia y la misericordia de Dios, Job ruega por sus amigos. Su corazón está limpio; no tiene ninguna amargura, ningún rencor. Pide para sus acusadores la misma gracia que él recibió.  Así obraremos en la medida que hayamos comprendido los pensamientos de Dios respecto de nosotros. Oraremos por nuestros hermanos.
 
Desde ese momento la prueba de Job ha terminado. Su objetivo está plenamente alcanzado. Él se conoce a sí mismo y conoce a Dios. Está restablecido en su salud. Dios le da el doble de lo que había perdido y el gozo de tener nuevamente en su hogar diez nuevos hijos, como antes. “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero”.  (Job 42:12)   
 
La conclusión es dada por Santiago en su epístola: “He aquí, tenemos por bienaventurados  a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo (Stg.5:11)   Sí, Dios nos ama. Y si Él nos prueba, si nos aflige, es para bendecirnos. Muy a menudo no lo comprendemos enseguida. Su sabiduría es insondable y sus pensamientos nos sobrepasan. Pero el porvenir nos revelará de una manera admirable la perfección de sus caminos y de su amor. “¿Por qué?” decía también Moisés delante de los sufrimientos de su pueblo. Dios le contesta: “Ahora verás...” (Ex.5:22; 6:1) 
“Sí, todo esto es muy hermoso –podría decir alguno- pero, ¡Si estuvieras en mi lugar…!  ¡Tanto tiempo dura mi sufrimiento, mi soledad y mi tristeza!”   
 
Queridos amigos afligidos. ¡cuántas veces desearíamos tener el poder de librarlos y aliviarlos! Pero ¿qué habríamos hecho sino arruinar el trabajo de Dios y privarlos de la bendición que Él les quiere dar? Confiémonos plenamente a Él con paciencia y sumisión.. Abrámosle nuestro corazón. Implorémosle su socorro. Él lo dará con seguridad en el momento oportuno, y veremos cosas magníficas.
 
Déjenme hablar todavía de un “¿por qué?” que sobrepuja en profundidad y en intensidad de sufrimiento a todo lo que la tierra y el cielo han podido oír. Es el por qué de la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mt.27:46). Colóquense delante de esa cruz de infamia en la cual Cristo, el Hijo de Dios, nuestro Salvador, moría por nosotros llevando nuestros pecados, expiándolos en nuestro lugar bajo el juicio divino para llevarnos a Dios y obtener para nosotros una eternidad de gozo y de gloria.
 
“Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Is.53:4/5)     


M.G.                              
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)