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EL SUFRIMIENTO
#1
Les quiero manifestar la forma como yo veo el asunto del sufrimiento, lo cual es uno de los mayores problemas del ser humano. Si algo de lo dicho en este comentario le es de provecho, gloria a Dios.

 
Como es del conocimiento de todos nosotros Dios es amor y todopoderoso.
 
Eso significa, entre otras cosas, que Dios ve el fin desde el principio y que todo lo sabe. Por lo tanto, Dios sabía lo que iba a pasar con Lucero (Satanás), sabía que Adán y Eva iban a pecar, sabía que el corazón del hombre es engañoso y perverso, sabía que iba a haber sufrimiento en esta tierra, injusticia, guerras, etc. No obstante, Dios creó todo este plan de la vida humana en este planeta.
 
Todo esto me hace pensar, que el problema lo tenemos nosotros al no entender cómo debe de interpretarse lo que aquí ocurre. Porque debido a que Dios es amor y todopoderoso, eso implica que toda esta aventura de la vida está totalmente bajo su control y es perfecta. Es decir, es inmejorable. Resultaría evidente que si pudiera ser hipotéticamente mejor, Dios lo habría hecho de esa forma.
 
De tal manera que,  como se dijo anteriormente, el problema es nuestro no de lo que ocurre o no ocurre en este mundo.
 
Una gran problemática que manejamos los seres humanos es la visión tan de corto plazo que tenemos. Se nos olvida que somos espíritus eternos, y que todo análisis que se haga de nuestra vida debe, necesariamente, incluir la eternidad no solo los pocos años que pasamos en este planeta. Y eso ocurre porque no pensamos aplicando los principios bíblicos. Por lo contrario, vemos las cosas emocionalmente.  De ahí que nos afanamos en exceso por el sufrimiento que debemos enfrentar en nuestra vida.
 
Debido a las dos características de Dios ya citadas, para todo lo que ocurre en este mundo sólo existen dos posibilidades: Dios lo produjo o  Dios lo permitió. De tal forma que desde el punto de vista espiritual y de nuestra salvación, lo cual es la prioridad para Dios, las cosas que ocurren están bien. Como dice la escritura:”Para los que aman a Dios todas las cosas les ayudan para bien”.Al tratarse de una sentencia bíblica, es indiscutible. Aquí el asunto consiste en si tenemos  o no la fe suficiente para creer esto.
 
Lo mismo ocurre con el sufrimiento. La Biblia nos indica:”En el mundo tendréis aflicción”. “Esta leve tribulación momentánea producirá en nosotros un buen resultado”. “Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria eterna”. “Es necesario que por medio de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Es claro, entonces, que no debemos quejarnos con Dios porque existe el sufrimiento. El sufrimiento es beneficioso. Si fuera malo, Dios no lo hubiera permitido. Simplemente habría hecho las cosas de otra manera. Es a nosotros a quienes nos corresponde entender correctamente cómo es que el sufrimiento funciona.
 
Este es un asunto que se ha planteado desde hace muchos cientos de años. El salmista también se presentó ante Dios quejándose de haber llevado una vida limpia, pero que había sido azotado de día y de noche. Se quejaba que los impíos no tenían problemas. Pero dice el salmista que pudo entender que el final de él y el de los impíos es diferente. Hay un final dichoso para el hombre de paz Al considerar la eternidad como parte indiscutible de nuestra vida, el impío estaba en una total desventaja. Iba a pasar su eternidad en el infierno.
 
De igual forma podemos observar lo que ocurre con la pobreza, que es un elemento de mucha preocupación para todos nosotros. El mismo Salomón le pedía a Dios que no le diera pobreza ni riqueza. Sólo pedía lo necesario para vivir. La pobreza, lo mismo que cualquier otra calamidad, es pasajera. A lo sumo dura mientras estemos vivos en este mundo. Pero se termina. La eternidad no se termina. Lo que interesa es dónde vamos a pasar esa eternidad.
 
Si pensamos en el rico y Lázaro, posiblemente si hubiéramos estado presentes en ese tiempo y observado lo que ocurría, nos hubiéramos afanado en extremo y molestado por la injusticia que estaba ocurriendo. ¿Cómo es posible que un rico hiciera banquete todos los días y no fuera capaz de darle ni una migaja a Lázaro? Posiblemente hubiéramos dicho que Dios no debiera permitir esas cosas. Otros dirían que el asunto no es con Dios, sino con el diablo o que todo se debe a las consecuencias del pecado. La verdad es que a lo mejor no  importa mucho a qué se debe. O incluso podemos equivocarnos al razonar sobre lo que ocurría. Lo cierto es que Dios lo permitía, y que lo que vivía Lázaro en realidad no era nada malo. Todo lo contrario. El que vivía mal y debía ser digno de conmiseración era el rico. Todos sabemos cuál fue el final de cada uno de ellos. Ninguno de nosotros hubiera preferido ser el rico en lugar de Lázaro.
 
Lo mismo ocurre con la vida de cada uno de todos nosotros. Como dice la Escritura , no debemos envidiar al impío. En consecuencia, el problema no es sufrir. El problema es dónde vamos a pasar la eternidad.
 
No obstante, tampoco se trata de sufrir innecesariamente.
 
La fe y la obediencia son unos de los aspectos más importantes. La fe para salvación y la obediencia para poder disfrutar de las ricas y abundantes promesas de Dios con lo cual el sufrimiento pierde todo su poder .
 
El sufrimiento, al fin de cuentas, se presenta según la forma en que vemos los acontecimientos de esta vida. Es decir, depende de nosotros más que de los acontecimientos en sí mismos.
 
Creo que el sufrimiento se presenta, fundamentalmente, porque nosotros no le creemos a Dios. Si creemos firmemente que Dios  es amor, lo cual fue demostrado al mandar a su Hijo unigénito a morir y derramar su sangre por todos nosotros, y en su omnisciencia y sabiduría, nosotros no sufriríamos, y por lo tanto tendríamos paz.
 
Cuando Jesús nos dice que por nada estemos afanosos, lo dice, así lo creo yo, porque Él sabe que Dios Padre Hijo y Espíritu Santo son amor. Ese amor, unido a su poder, hacen que todas las cosas ayuden para bien a los que aman a Dios.
 
Lo que ocurre con el sufrimiento es, en primer lugar, falta de esa fe en Dios, y en segundo lugar el hecho de  que lo que nosotros llamamos malo en realidad no lo es. Tenemos el problema de visualizar todo desde el punto de vista humano, carnal, corporal y no tenemos la capacidad de visualizar los aspectos espirituales, que son los más importantes para Dios.
 
Para nosotros la enfermedad es mala, el dolor es malo, la falta de dinero es malo, los problemas son malos, las tribulaciones son malas, etc. Y con esa mentalidad es que pasamos por este mundo sufriendo y quejándonos de todo.
 
Eso es consecuencia también, de una mala interpretación de las Escrituras, o de falta de fe en ellas,  como se dijo anteriormente.
 
Según el apóstol Pablo, la tribulación que nosotros pasamos en esta vida es leve e incluso necesaria. También el señor Pablo dijo:” Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. “Es necesario que por medio de muchas tribulaciones entremos en el Reino de Dios”. En lugar de darle tanta importancia al sufrimiento, pongamos la mirada en la Patria Celestial. En el hogar que Jesús prometió iba a preparar para cada uno de nosotros. Este sufrimiento es cualquier cosa en comparación con ese Cielo. Tengamos paciencia.
 
Así las cosas, nosotros deberíamos dejar de temerle al sufrimiento. Debemos entender que es parte del plan de Dios en nuestras vidas. Dios hizo el mundo a sabiendas de lo que iba a ocurrir. Pero Dios vio que era bueno, y entonces debemos aceptar que aunque no entendamos mucho de lo que ocurre todo está bien. Porque aunque Dios no sea el que produce el sufrimiento en muchos casos, al permitirlo es porque Él, que repito es amor, considera que así debe de ser. Pero Dios sabía todo eso y por supuesto todo lo que falta por suceder. A pesar de ello creó todo este plan para nosotros. Es muy importante entender que Dios ve el fin desde el principio. Todo lo que nosotros estamos viviendo y vamos a vivir Dios lo conoce. Todo este mal y sufrimiento que se experimente en este mundo que a nosotros muchas veces nos asombra, Dios lo conocía desde antes de hacer el mundo y la humanidad. Tiene que ser bueno. No existe ninguna otra posibilidad. Y de todas formas, como dejo Jesús,” ¿Quién podrá por más que se afane añadir a su estatura un codo?”.
 
Considero que los problemas y dificultades debemos enfrentarlos objetivamente con la ayuda de Dios. Con una actitud y razonamiento totalmente basados en principios bíblicos únicamente. No hacerlo de manera emocional  porque el corazón del hombre es engañoso.
 
Debemos pedirle a Dios fortaleza y sabiduría para enfrentar los problemas, sabiendo que Él no nos abandona y que ha prometido responder a nuestro clamor. Nos ha dicho que en lugar de afanarnos llevemos a Él nuestras peticiones y que nos va a inundar de su paz.
 
Un aspecto muy importante es entender ese sufrimiento y saber cómo manejarlo. El sufrimiento, en última instancia, está en nuestra mente. Pablo aconseja que tengamos la mirada puesta en la gloria venidera. En lugar de enfocarnos en el problema, pensemos en que es algo pasajero y que nos espera un cielo donde ya no habrá más llanto ni dolor. Nosotros somos un espíritu, y por lo tanto eternos. No cometamos el error de analizar toda la problemática basándonos en los pocos años que vamos a permanecer en este mundo. La vida debe analizarse integralmente y desde el punto de vista eterno. Esta falta de visión eterna produce muchas veces sufrimientos innecesarios. A veces la gente se preocupa mucho por la justicia queriendo que se aplique siempre y en todos los casos en este mundo. Piensa mucho en el maltrato que recibe. Dios es la justicia del universo. ¿Por qué no dejar eso en las manos de Dios? Mía es la venganza yo daré el pago ha dicho el Señor. Ese es un trabajo de Dios, no es nuestro.
 
Finalmente, creo que es de gran relevancia hacer un análisis correcto del sufrimiento. No pensar siempre en lamentarse. Eso ocurre cuando concentramos toda la atención en nosotros mismos y en forma subjetiva sin considerar todo lo dicho por Dios.
 
Yo no me canso de pensar en el apóstol Pablo al referirme a estos temas para seguir su forma de ver las cosas.
 
El apóstol Pablo cuando estaba en la cárcel y luego de haber sufrido grandes dificultades tenía muchas razones para sufrir. Pero podemos ver que incluso sufrir es una decisión que nosotros tomamos. Es decir, podemos decidir si sufrimos o no. Pablo en lugar de sufrir, que es lo que probablemente hubiéramos hecho la gran mayoría de nosotros, pensó en Jesús y más bien se sintió gozoso de que el Señor lo considerara digno de sufrir por Él y el evangelio. Pablo no se limitó a considerar su situación para lamentarse. Pensó en la causa por la cual estaba en la cárcel y el provecho que significaba para él pasar por esas circunstancias.
 
Hagamos nosotros lo mismo. Dejemos de temer al sufrimiento.  Dejemos de sufrir vanamente. Pidamos fortaleza y sabiduría para enfrentar las dificultades de esta vida, creyendo realmente en el poder y el amor de Dios. Todo está bien. Todo está bajo un control total. A su tiempo todo será revelado.
  
Que Dios los bendiga.
 

Jorge Seg.

(Tomado de la lista de correo de "Siguiendo sus Pisadas")   
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#2
Interesante el tema.

Visto desde otra perspectiva, para los enfermos de lepra, el dolor puede ser una gran ayuda, pues ésta enfermedad mata las terminaciones nerviosas del cuerpo y es por ello que sin darse cuenta, se lastiman y al no dar acuse de recibo, se exponen a quemaduras y demás traumas que desgastan sus extremidades.

En la India, uno de los países más expuestos a esta enfermedad del siglo XVIII y XIX; después de una exhaustiva investigación, cuando las personas habitantes de las selva dormían, las ratas se comían parte de sus cuerpo y ellos ni siquiera se enteraban hasta que aparecía las yagas abiertas de la piel. Muchos se rompían huesos al exponerse a los trabajos duros del campo y al carecer del dolor que en cualquier otro caso hubiese sido una alarma, en ellos no se manifestó, causando estragos mucho más dañinos e irreversibles en su cuerpo.

Para los doctores, que tratan con esta enfermedad, ven el sufrimiento como un poderoso aliado en ellos mismos, pues significa que aun no están contagiados.

Espiritualmente, no es diferente. Cuando el sufrimiento por el pecado nos sigue atormentando, debe ser de gozo saber que el Espíritu Santo no está apagado en nosotros y nos redarguye para corregirnos y volvernos al Señor.

Dios es sabio y bueno. ¿No es cierto?
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#3
muy interesante Hermoso tema, Bendiciones
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#4
Que hermoso mensaje.

Que contraste con las doctrinas vanas de las enseñanzas de la prosperidad en que multitudes se engañan a si mismos. Mientras al que sufre les dicen que su sufrimiento, que su falta de dinero y su enfermedad es debido a su constante pecado y se queda de esta forma por su “falta” de fe.

El verdadero gozo esta que en toda adversidad sabe que Dios siempre esta al otro lado y lo llevara a bien.

1Pe 1:7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,

Willy
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