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Que pasa cuando muere un creyente
#1
Que pasa cuando muere un creyente

“…NO OS ENTRISTEZCÁIS COMO LOS OTROS QUE NO TIENEN ESPERANZA” (1 Tesalonicenses 4:13)


En nuestra cultura, hablar de la muerte es un tema que se debe evitar, o si se hace, las connotaciones son siempre muy negativas. Cuando se plantea el asunto, también los cristianos procuran esquivarlo, o hablan de él con metáforas vagas e intranscendentes. Pero la Palabra de Dios presenta la muerte como algo claro y no amenazante para los que confían en Jesucristo. “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13). La Palabra de Dios es directa, concreta y alentadora respecto a este tema: “Estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus santos” (Salmo 116:15).

Desde la perspectiva de nuestro Padre celestial, la muerte es la puerta por la que pasan sus hijos redimidos, con los que disfruta de una relación perfecta, eterna y agradable. “Y oí una voz que me decía desde el cielo: Escribe: “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor.” Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apocalipsis 14:13). La Biblia le da la seguridad a todo creyente de que la muerte no es una tragedia sino una entrada triunfal en el cielo. “Bienaventurado” significa “dichoso”, alguien a quien se debe envidiar sanamente. Dios instruyó a Juan: “Escribe”; porque Él sabe que cuando perdemos a un ser querido nos olvidamos de esta perspectiva y nos dejamos llevar por las emociones. Alégrate, creyente, porque “…sea que vivamos o que muramos, del Señor somos” (Romanos 14:8). ¡Y el Señor cuida muy bien de los suyos!



“… TAMBIÉN TRAERÁ DIOS CON JESÚS A LOS QUE DURMIERON EN ÉL” (1 Tesalonicenses 4:14)

La manera de enfrentar la muerte nos divide en dos categorías: los que tienen esperanza y los que no la tienen. Los segundos creen que no hay nada más que esperar y que la pérdida es permanente: es el final de la vida, y ahí se acaba todo. Pero los primeros tienen algo grande que anhelar. Su pérdida es temporal -el principio de una vida eterna rodeada de los mejores regalos de Dios. Dios no quiere “que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13). Nuestra esperanza está fundamentada en tres verdades:

1) “Creemos que Jesús murió y resucitó…” (v.14). Toda esperanza empieza aquí: la creencia en la muerte de Jesús en la cruz por nuestros pecados y su resurrección, para representarnos delante de Dios.

2) Puesto que creemos en eso, también creemos en su segunda venida (v.15). El creer que Jesús volverá otra vez en el cuerpo nos da la seguridad de que “…los muertos en Cristo resucitarán…” (v.16).

3) Dios nos levantará de nuestras tumbas y nos llevará otra vez con Jesús (Romanos 8:11). En ese momento, “Él transformará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso semejante al suyo…” (Filipenses 3:21). Nunca más seremos vulnerables al cáncer, la diabetes, las enfermedades coronarias, la artritis, los derrames cerebrales, las enfermedades degenerativas, la parálisis, las deficiencias físicas, el cansancio, la debilidad, el duelo, el temor, la depresión, la tentación, las adicciones, el fracaso, los remordimientos, la idea del suicidio, el trastorno bipolar o cualquier otro tipo de enfermedad o sufrimiento. Serás transformado a la semejanza de Cristo. ¿No es algo maravilloso?



“LES DECIMOS LO SIGUIENTE DE PARTE DEL SEÑOR…” (1 Tesalonicenses 4:15 NTV)


Lo que Pablo compartió acerca de la muerte, lo había recibido directamente del Señor: “Les decimos lo siguiente de parte del Señor: nosotros, los que todavía estemos vivos cuando el Señor regrese, no nos encontraremos con Él antes de los que ya hayan muerto” (1 Tesalonicenses 4:15 NTV). El Señor reserva ese privilegio exclusivamente para los que mueren en Él; estos serán los primeros en resucitar. Imagínate la escena: Levantándose de su lugar de descanso, como cuando se ha tenido una buena noche de sueño, revestidos de cuerpos como el de Cristo, lo primero que ven al despertar es al Señor volviendo en gloria con sus ángeles. Se encuentran con Él -los primeros creyentes que son testigos de Su segunda venida y que forman el primer escuadrón de la vanguardia celestial que le va a escoltar a la tierra. Esto no es un sueño ni una quimera; Pablo lo recibió “de parte del Señor”. ¡Es información fidedigna!

El apóstol escribe:

1) “…Junto con ellos, nosotros los que aún sigamos vivos sobre la tierra, seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire” (v.17 NTV). Los creyentes vivos se levantarán para unirse a los resucitados: hermanos, padres, abuelos, hijos, nietos, cónyuges, amigos, miembros de la familia de Dios que nunca conocimos; todos se encontrarán con Cristo en el aire. Allá seremos una familia unida, inseparable, eterna, internacional, multicultural, cimentada en el amor y centrada en Jesucristo.

2) “…Entonces estaremos con el Señor para siempre” (v. 17 NTV). Ya no tendremos que especular o imaginar cómo es Jesús, “…porque lo veremos tal como Él es” (1 Juan 3:2 NTV). Lo veremos, lo tocaremos, hablaremos con Jesús y los unos con los otros.

¡Y nos responderá en vivo y en directo! 3) “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18).
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