Caí en la trampa del maligno.
Vengo de un pasado oscuro y bochornoso, y tras lágrimas, súplicas, oración y la ayuda de verdaderos ángeles que Dios puso en mi camino, me pude levantar, alzar la cabeza y volver a caminar.
No pasado mucho tiempo, me sentía confiado y me vanagloriaba de mi mismo, comenzaba a juzgar a los demás por sus malos actos y les reclamaba y reprendía diciéndoles que eso les pasaba por alejarse del camino de dios, pero yo estaba tan confiado de mí mismo que olvidé seguir orando, seguir rezando y seguir suplicando...me sentía fuerte, inmaculado y perfecto y todos los demás para mí eran unos miserables.
Mi castigo no demoró en llegar...
Por mi falta de sinceridad conmigo mismo, todo se me convirtió en una bola de nieve...era una bomba de tiempo que estalló sin dejar nada a su alrededor. Caí más bajo de lo que jamás imaginé.
Ahora me siento más arrepentido, más humillado como nunca lo estuve en mi vida y a punto de perder todo (hijos, familia, trabajo, paz mental y espiritual....en fin...todo)
Que difícil es estar así, sin poder buscar el perdón y la paz de Dios, ya que no soy capaz de verme al espejo y buscar primero la paz y el perdón de mí mismo.
Ahora es que se me han abierto los ojos y he visto las consecuencias de haber dejado de orar, de haber dejado de pensar en Dios, de haberme preocupado en juzgar y corregir a los demás y descuidé regar mi mente y corazón con la fuente inagotable de la palabra de dios. Hoy me encuentro herido de muerte con miles de demonios rondando mi mente y corazón cual hienas hambrientas por arrebatar mi último aliento de vida espiritual y convertirme finalmente en un muerto viviente.
Cuantas veces no leí Efesios 6 y no hice caso, ahora que creo que es tarde desearía volver el tiempo atrás y evitar esos episodios que hoy pesan tanto, tanto, tanto y no encuentro el consuelo y la paz que necesito.
Por tanto lo único que puedo ofrecer a quien me lee es que por ninguna razón dejen de orar o terminarán igual que una planta a la que le dejan de echar agua.
Vengo de un pasado oscuro y bochornoso, y tras lágrimas, súplicas, oración y la ayuda de verdaderos ángeles que Dios puso en mi camino, me pude levantar, alzar la cabeza y volver a caminar.
No pasado mucho tiempo, me sentía confiado y me vanagloriaba de mi mismo, comenzaba a juzgar a los demás por sus malos actos y les reclamaba y reprendía diciéndoles que eso les pasaba por alejarse del camino de dios, pero yo estaba tan confiado de mí mismo que olvidé seguir orando, seguir rezando y seguir suplicando...me sentía fuerte, inmaculado y perfecto y todos los demás para mí eran unos miserables.
Mi castigo no demoró en llegar...
Por mi falta de sinceridad conmigo mismo, todo se me convirtió en una bola de nieve...era una bomba de tiempo que estalló sin dejar nada a su alrededor. Caí más bajo de lo que jamás imaginé.
Ahora me siento más arrepentido, más humillado como nunca lo estuve en mi vida y a punto de perder todo (hijos, familia, trabajo, paz mental y espiritual....en fin...todo)
Que difícil es estar así, sin poder buscar el perdón y la paz de Dios, ya que no soy capaz de verme al espejo y buscar primero la paz y el perdón de mí mismo.
Ahora es que se me han abierto los ojos y he visto las consecuencias de haber dejado de orar, de haber dejado de pensar en Dios, de haberme preocupado en juzgar y corregir a los demás y descuidé regar mi mente y corazón con la fuente inagotable de la palabra de dios. Hoy me encuentro herido de muerte con miles de demonios rondando mi mente y corazón cual hienas hambrientas por arrebatar mi último aliento de vida espiritual y convertirme finalmente en un muerto viviente.
Cuantas veces no leí Efesios 6 y no hice caso, ahora que creo que es tarde desearía volver el tiempo atrás y evitar esos episodios que hoy pesan tanto, tanto, tanto y no encuentro el consuelo y la paz que necesito.
Por tanto lo único que puedo ofrecer a quien me lee es que por ninguna razón dejen de orar o terminarán igual que una planta a la que le dejan de echar agua.

