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		<title><![CDATA[Foro de la Biblia - Preguntas y Respuestas]]></title>
		<link>https://www.forodelabiblia.net/</link>
		<description><![CDATA[Foro de la Biblia - https://www.forodelabiblia.net]]></description>
		<pubDate>Sat, 16 May 2026 00:46:43 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[¿EL SUICIDA ES SALVO?]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-3631.html</link>
			<pubDate>Sun, 15 Aug 2021 00:43:24 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=700">Edison</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-3631.html</guid>
			<description><![CDATA[Jean Gonzalez ha hecho una pregunta<br />
<br />
Buen día mis apreciados hermanos en el Señor, un vecino hace 2 días me dijo lo siguiente. <br />
<br />
Que tenía un familiar que tenia más de 20 años en el Evangelio conocido por muchos como un hombre de buen ejemplo y testimonio nunca se escucho de el algo malo. <br />
<br />
El mismo se quito la vida. <br />
<br />
Sera que se perdió su alma o fue al cielo? <br />
<br />
Fue su pregunta por lo cuál no le respondí al momento ni aún lo he hecho porque de verdad que no esta fácil para mí el responder su pregunta. <br />
<br />
Si me pueden ayudar por favor.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Jean Gonzalez ha hecho una pregunta<br />
<br />
Buen día mis apreciados hermanos en el Señor, un vecino hace 2 días me dijo lo siguiente. <br />
<br />
Que tenía un familiar que tenia más de 20 años en el Evangelio conocido por muchos como un hombre de buen ejemplo y testimonio nunca se escucho de el algo malo. <br />
<br />
El mismo se quito la vida. <br />
<br />
Sera que se perdió su alma o fue al cielo? <br />
<br />
Fue su pregunta por lo cuál no le respondí al momento ni aún lo he hecho porque de verdad que no esta fácil para mí el responder su pregunta. <br />
<br />
Si me pueden ayudar por favor.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿FUERON SALVOS LOS HIJOS DE JOB?]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-3087.html</link>
			<pubDate>Thu, 12 Sep 2019 20:43:49 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=33320">JÓSE</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-3087.html</guid>
			<description><![CDATA[Buenas tarde, amigos y Amigas.<br />
TEngo Una pregunta para ustedes: ¿SERÍAN SALVOS LOS HIJOS DE JOB?<br />
Todos los lectores de la Biblia conocemos los sucesos que rodearon a Job y lo que pasó con sus hijos.<br />
<br />
El caso es que el ofrecía sacrificios a diario, a favor ellos, en el Sistema Patriarcal de Remisión, basado en sarificios de animales. De ahí, mi inquietud. Opinen por favor. Paz y Bendición para todos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Buenas tarde, amigos y Amigas.<br />
TEngo Una pregunta para ustedes: ¿SERÍAN SALVOS LOS HIJOS DE JOB?<br />
Todos los lectores de la Biblia conocemos los sucesos que rodearon a Job y lo que pasó con sus hijos.<br />
<br />
El caso es que el ofrecía sacrificios a diario, a favor ellos, en el Sistema Patriarcal de Remisión, basado en sarificios de animales. De ahí, mi inquietud. Opinen por favor. Paz y Bendición para todos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LA CENA DE LAS BODAS DEL CORDERO]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2818.html</link>
			<pubDate>Tue, 19 Feb 2019 02:55:07 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=700">Edison</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2818.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">LOS INVITADOS</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Rev_19:9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a LA CENA DE LAS BODAS DEL CORDERO. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¿Cuándo resucitarán y se trasladarán aquellos invitados que se mencionan como "Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero"?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Al responder a esta pregunta, al menos tres Escrituras están a nuestro alcance:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">1. Heb 11:40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. <br />
2. Heb 12:23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, <br />
3. Rev 20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. <br />
Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. <br />
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">De la primera cita aprendemos que los dignos del AT serán hechos perfectos cuando los santos del NT sean perfeccionados…la frase:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">“para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">…significa una “perfección” simultánea, tanto de ellos, como de nosotros y esto solo puede ocurrir en el arrebatamiento de la Iglesia en el sentido de la transformación incorpórea de los santos que vienen con Jesús:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">1 Tesalonicenses 4:14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también TRAERÁ DIOS CON JESÚS a los que durmieron en él.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">...a una condición incorporada, es decir, vamos a obtener, juntamente con los santos del AT un cuerpo semejante al cuerpo de Jesús, leemos:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Filipenses 3:20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, DE DONDE TAMBIÉN ESPERAMOS al Salvador, al Señor Jesucristo; </span></span><br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><br />
Filipenses 3:21 el cual TRANSFORMARÁ EL CUERPO DE LA HUMILLACIÓN NUESTRA, PARA QUE SEA SEMEJANTE AL CUERPO DE LA GLORIA SUYA, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La segunda cita:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Heb 12:23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">…declara claramente que, en el tiempo presente, y después de que nuestro Señor ha obtenido una eterna redención, los santos del Antiguo Testamento se encuentran ahora, en cuanto a sus espíritus, en el privilegio de la redención: son justos hechos perfectos, pero en espíritu.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Aún no tienen un cuerpo semejante al del Señor.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Sin embargo, esperan al igual que nosotros y los santos de la Iglesia que han partido, que seamos perfeccionados, lo cual ocurrirá en la venida de nuestro Señor.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Entonces, de acuerdo con Filipenses 3:20- 21, nuestra transformación será un hecho real:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">“TENDREMOS CUERPOS DE GLORIA SEMEJANTES AL CUERPO DEL SEÑOR JESUCRISTO”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">En el arrebatamiento de la Iglesia, ellos, los espíritus de los justos, también, serán hechos perfectos, corporales, porque no habrá espíritus sin cuerpo en la gloria.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">"No todos dormiremos, pero todos seremos transformados " (1 Cor. 15:51).</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Este capítulo enseña que la humanidad está dividida en dos razas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Dios en su gracia y poder ha hecho surgir un resultado generado por la entrada del pecado al mundo, como un contraste entre Adán y Cristo, leemos:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">1Co 15:22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados<br />
1Co 15:23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.</span></span><br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los Santos del AT pertenecen al grupo de los que son de Cristo…por cuanto ellos fueron confinados en el Hades en base a que los sacrificios a su favor fueron imperfectos, leemos:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Hebreos 10:4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos NO PUEDE QUITAR LOS PECADOS.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¡Ellos estuvieron esperando el Sacrificio del Señor Jesucristo como el de un Cordero cuya sangre nos limpia de todo pecado!!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se puede decir con razón que el tema de 1 Cor. 15 es muerte corporal y, en consecuencia, resurrección corporal, ya que la muerte solo toca el cuerpo y la resurrección se aplica solo al cuerpo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">En cuanto a la cita final:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">3. Rev 20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios (Ap.6:9-10), los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos (Ap.13:7) y vivieron y reinaron con Cristo mil años. </span></span><br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><br />
Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. <br />
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Hay que tener en cuenta que solo se mencionan tres clases.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">a) Los sentados en el trono (v.4)<br />
b) los mártires de los capítulos 6 y 13;<br />
c) El resto de los muertos.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los sentados en el trono y los mártires pertenecen a la primera resurrección (Ap. 20: 6).</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El resto de los muertos no volverán a vivir hasta que se cumplan los mil años, entonces todos serán resucitados para presentarse ante el Gran El Trono Blanco para recibir el castigo final y eterno, "y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida fue echado en el lago de fuego".</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¿Dónde, entonces, están los santos del Antiguo Testamento?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¡Obviamente entre los "sentados en el trono"!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¿Cómo y cuándo llegaron allí?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Por el poder de la resurrección del Señor mismo en el arrebatamiento (1 Tes. 4: 13-18).</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Concluimos entonces que los:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">“Bienaventurados los que son llamados a LA CENA DE LAS BODAS DEL CORDERO”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Son santos del Antiguo Testamento, como los "amigos del Esposo" en Juan 3:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Jua 3:29 El que tiene la esposa, es el esposo; más el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo;</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">No es de extrañar que Juan Bautista agregó:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">“Este, mi gozo, está cumplido”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Lucas 7:28 Os digo que entre los nacidos de mujeres, NO HAY MAYOR PROFETA QUE JUAN EL BAUTISTA; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Probablemente por la condición de reyes y sacerdotes.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Estemos vivos o hayamos abandonado el cuerpo, seremos transformados.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El Señor nos dará un cuerpo semejante al suyo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Sea bendito el Señor Jesucristo.</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">LOS INVITADOS</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Rev_19:9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a LA CENA DE LAS BODAS DEL CORDERO. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¿Cuándo resucitarán y se trasladarán aquellos invitados que se mencionan como "Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero"?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Al responder a esta pregunta, al menos tres Escrituras están a nuestro alcance:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">1. Heb 11:40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. <br />
2. Heb 12:23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, <br />
3. Rev 20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. <br />
Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. <br />
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">De la primera cita aprendemos que los dignos del AT serán hechos perfectos cuando los santos del NT sean perfeccionados…la frase:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">“para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">…significa una “perfección” simultánea, tanto de ellos, como de nosotros y esto solo puede ocurrir en el arrebatamiento de la Iglesia en el sentido de la transformación incorpórea de los santos que vienen con Jesús:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">1 Tesalonicenses 4:14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también TRAERÁ DIOS CON JESÚS a los que durmieron en él.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">...a una condición incorporada, es decir, vamos a obtener, juntamente con los santos del AT un cuerpo semejante al cuerpo de Jesús, leemos:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Filipenses 3:20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, DE DONDE TAMBIÉN ESPERAMOS al Salvador, al Señor Jesucristo; </span></span><br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><br />
Filipenses 3:21 el cual TRANSFORMARÁ EL CUERPO DE LA HUMILLACIÓN NUESTRA, PARA QUE SEA SEMEJANTE AL CUERPO DE LA GLORIA SUYA, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La segunda cita:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Heb 12:23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">…declara claramente que, en el tiempo presente, y después de que nuestro Señor ha obtenido una eterna redención, los santos del Antiguo Testamento se encuentran ahora, en cuanto a sus espíritus, en el privilegio de la redención: son justos hechos perfectos, pero en espíritu.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Aún no tienen un cuerpo semejante al del Señor.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Sin embargo, esperan al igual que nosotros y los santos de la Iglesia que han partido, que seamos perfeccionados, lo cual ocurrirá en la venida de nuestro Señor.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Entonces, de acuerdo con Filipenses 3:20- 21, nuestra transformación será un hecho real:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">“TENDREMOS CUERPOS DE GLORIA SEMEJANTES AL CUERPO DEL SEÑOR JESUCRISTO”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">En el arrebatamiento de la Iglesia, ellos, los espíritus de los justos, también, serán hechos perfectos, corporales, porque no habrá espíritus sin cuerpo en la gloria.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">"No todos dormiremos, pero todos seremos transformados " (1 Cor. 15:51).</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Este capítulo enseña que la humanidad está dividida en dos razas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Dios en su gracia y poder ha hecho surgir un resultado generado por la entrada del pecado al mundo, como un contraste entre Adán y Cristo, leemos:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">1Co 15:22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados<br />
1Co 15:23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.</span></span><br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los Santos del AT pertenecen al grupo de los que son de Cristo…por cuanto ellos fueron confinados en el Hades en base a que los sacrificios a su favor fueron imperfectos, leemos:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Hebreos 10:4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos NO PUEDE QUITAR LOS PECADOS.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¡Ellos estuvieron esperando el Sacrificio del Señor Jesucristo como el de un Cordero cuya sangre nos limpia de todo pecado!!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se puede decir con razón que el tema de 1 Cor. 15 es muerte corporal y, en consecuencia, resurrección corporal, ya que la muerte solo toca el cuerpo y la resurrección se aplica solo al cuerpo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">En cuanto a la cita final:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">3. Rev 20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios (Ap.6:9-10), los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos (Ap.13:7) y vivieron y reinaron con Cristo mil años. </span></span><br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><br />
Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. <br />
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Hay que tener en cuenta que solo se mencionan tres clases.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">a) Los sentados en el trono (v.4)<br />
b) los mártires de los capítulos 6 y 13;<br />
c) El resto de los muertos.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los sentados en el trono y los mártires pertenecen a la primera resurrección (Ap. 20: 6).</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El resto de los muertos no volverán a vivir hasta que se cumplan los mil años, entonces todos serán resucitados para presentarse ante el Gran El Trono Blanco para recibir el castigo final y eterno, "y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida fue echado en el lago de fuego".</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¿Dónde, entonces, están los santos del Antiguo Testamento?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¡Obviamente entre los "sentados en el trono"!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">¿Cómo y cuándo llegaron allí?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Por el poder de la resurrección del Señor mismo en el arrebatamiento (1 Tes. 4: 13-18).</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Concluimos entonces que los:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">“Bienaventurados los que son llamados a LA CENA DE LAS BODAS DEL CORDERO”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Son santos del Antiguo Testamento, como los "amigos del Esposo" en Juan 3:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Jua 3:29 El que tiene la esposa, es el esposo; más el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo;</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">No es de extrañar que Juan Bautista agregó:</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">“Este, mi gozo, está cumplido”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Lucas 7:28 Os digo que entre los nacidos de mujeres, NO HAY MAYOR PROFETA QUE JUAN EL BAUTISTA; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Probablemente por la condición de reyes y sacerdotes.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Estemos vivos o hayamos abandonado el cuerpo, seremos transformados.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El Señor nos dará un cuerpo semejante al suyo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #1d2129;" class="mycode_color"><span style="font-family: Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Sea bendito el Señor Jesucristo.</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Todos Murieron.]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2782.html</link>
			<pubDate>Wed, 23 Jan 2019 17:59:17 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=33228">angellon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2782.html</guid>
			<description><![CDATA[Saludos,<br />
<br />
2 Corintios 5:14.....que si uno murió por todos, luego <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">todos murieron</span>.<br />
<br />
Por favor, si me podrían ayudar a explicar este parte final del versículo.<br />
<br />
Hay personas que no comparten lo que yo creo, y me gustaría saber la revelación que tienen ustedes  de esta parte del versículo. <br />
<br />
Se que no debemos sacar un versículo de su contexto para recibir el mensaje que lleva y tratándose de 2 Corintios 5 que es una riqueza para los hijos de Dios pero aquí lo que yo entiendo:<br />
<br />
Cuando habla de que todos murieron, esta haciendo referencia a que Dios nos puso en Cristo cuando El fue crucificado en el Golgota, es decir de nuestro bautismo en Su muerte (Rom 6), o sea ,al juicio que tuvo lugar en la cruz donde el postrer Adan fue juzgado y nosotros fuimos crucificados juntamente con El. Donde Dios trato con una humanidad siendo Cristo nuestro representante y no solo nuestro sustituto.<br />
<br />
Gracias hno por su valioso foro<br />
<br />
Angellon]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Saludos,<br />
<br />
2 Corintios 5:14.....que si uno murió por todos, luego <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">todos murieron</span>.<br />
<br />
Por favor, si me podrían ayudar a explicar este parte final del versículo.<br />
<br />
Hay personas que no comparten lo que yo creo, y me gustaría saber la revelación que tienen ustedes  de esta parte del versículo. <br />
<br />
Se que no debemos sacar un versículo de su contexto para recibir el mensaje que lleva y tratándose de 2 Corintios 5 que es una riqueza para los hijos de Dios pero aquí lo que yo entiendo:<br />
<br />
Cuando habla de que todos murieron, esta haciendo referencia a que Dios nos puso en Cristo cuando El fue crucificado en el Golgota, es decir de nuestro bautismo en Su muerte (Rom 6), o sea ,al juicio que tuvo lugar en la cruz donde el postrer Adan fue juzgado y nosotros fuimos crucificados juntamente con El. Donde Dios trato con una humanidad siendo Cristo nuestro representante y no solo nuestro sustituto.<br />
<br />
Gracias hno por su valioso foro<br />
<br />
Angellon]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La tibieza]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2598.html</link>
			<pubDate>Fri, 11 May 2018 17:33:37 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=33228">angellon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2598.html</guid>
			<description><![CDATA[Saludos,<br />
<br />
Me gustaría escucharles comentar sobre la tibieza en la vida espiritual de los creyentes y como superar este lamentable estado.<br />
<br />
 Con tibieza me refiero a ese estado en el cual el creyente se siente con miedo o temor al que dirán,  que se le hace difícil identificarse con Cristo y responder a los intereses del Dios vivo, en tomar esa postura lleno de amor y defender la verdad de Dios. De ser de un solo sentir y actuar con la integridad a que se es llamado. Es decir, como cultivar esa fe por la cual los mártires de la iglesia no estimaron preciosas sus vidas por tal de agradar a Aquel que los salvo. En fin, como se es digno del llamado del evangelio. Como pasa uno de una postura de indiferencia a una condición de firmeza y no callar cuando sabemos que podemos con la ayuda de Dios tocar la vida de otros que nos rodean.<br />
<br />
Gracias hermanos,<br />
<br />
Angellon]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Saludos,<br />
<br />
Me gustaría escucharles comentar sobre la tibieza en la vida espiritual de los creyentes y como superar este lamentable estado.<br />
<br />
 Con tibieza me refiero a ese estado en el cual el creyente se siente con miedo o temor al que dirán,  que se le hace difícil identificarse con Cristo y responder a los intereses del Dios vivo, en tomar esa postura lleno de amor y defender la verdad de Dios. De ser de un solo sentir y actuar con la integridad a que se es llamado. Es decir, como cultivar esa fe por la cual los mártires de la iglesia no estimaron preciosas sus vidas por tal de agradar a Aquel que los salvo. En fin, como se es digno del llamado del evangelio. Como pasa uno de una postura de indiferencia a una condición de firmeza y no callar cuando sabemos que podemos con la ayuda de Dios tocar la vida de otros que nos rodean.<br />
<br />
Gracias hermanos,<br />
<br />
Angellon]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Por que hay personas que responden al evangelio y otras no?]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2587.html</link>
			<pubDate>Mon, 23 Apr 2018 14:44:40 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=33228">angellon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2587.html</guid>
			<description><![CDATA[Gracias a los que han hecho posible este foro y la posibilidad de participar, he leido muchas de las intervenciones en la gran variedad de temas y me ha sido muy muy util esta herramienta, ademas de exponer nuestras dudas. Se que esta pregunta es muy general y la soberania de Dios esta en la respuesta, segun creo, pero es algo que me pregunto con frecuencia por mi experiencia, me predicaron el evangelio muchas veces, pero hubo un dia que me hablaron que penetro en mi las palabras y como que me despertaron del sueno, literalmente , me hablo un joven y despues de esa conversacion aun a pesar de estar viviendo en la miseria del pecado y los pecados, pase como dos semanas que no podia dormir pensando el las palabras que me habia dicho ese joven. Por que fue que reaccione a esas palabras y otras veces no reaccione? por que hay personas que responden al llamado del evangelio y otras no?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Gracias a los que han hecho posible este foro y la posibilidad de participar, he leido muchas de las intervenciones en la gran variedad de temas y me ha sido muy muy util esta herramienta, ademas de exponer nuestras dudas. Se que esta pregunta es muy general y la soberania de Dios esta en la respuesta, segun creo, pero es algo que me pregunto con frecuencia por mi experiencia, me predicaron el evangelio muchas veces, pero hubo un dia que me hablaron que penetro en mi las palabras y como que me despertaron del sueno, literalmente , me hablo un joven y despues de esa conversacion aun a pesar de estar viviendo en la miseria del pecado y los pecados, pase como dos semanas que no podia dormir pensando el las palabras que me habia dicho ese joven. Por que fue que reaccione a esas palabras y otras veces no reaccione? por que hay personas que responden al llamado del evangelio y otras no?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Discipulo]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2552.html</link>
			<pubDate>Wed, 14 Mar 2018 14:57:57 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=33228">angellon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2552.html</guid>
			<description><![CDATA[Por que el apostol Pablo no menciona la palabra "discipulo" en sus cartas?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Por que el apostol Pablo no menciona la palabra "discipulo" en sus cartas?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿FUE PEDRO EL PRIMER PAPA?]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2545.html</link>
			<pubDate>Wed, 07 Mar 2018 02:51:08 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=3">Heriberto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2545.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿FUE PEDRO EL PRIMER PAPA?</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Muchas personas se preguntan si el apóstol Pedro fue el primer Papa. Es necesario analizar este tema a la luz de las Sagradas Escrituras y la Historia, para tener un criterio fundamentado en la verdad.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">1.- Pedro fue un discípulo establecido por nuestro Señor Jesucristo como uno de los doce apóstoles (Mateo 10:1-4).</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">2. En ningún pasaje de las Sagradas Escrituras Pedro es nombrado Papa. El titulo de Papa aparece en el siglo tercero con el nacimiento del Catolicismo producto de la unión del Cristianismo decadente con el Paganismo Romano. El primer Papa de la historia de la Iglesia Católica Romana es Julio I elegido el 6 de Febrero del año 337 después de Cristo. El titulo de Papa se impondría progresivamente a partir de Julio I y quedaría reservado exclusivamente al Obispo de Roma desde el pontificado de San Siricio en el año 384 D. C.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">3. Pedro jamas calificaría como Papa según el dogma católico pues era casado. Ni siquiera podría ser sacerdote. La Biblia enseña que Jesús sano a la suegra de Pedro (Mateo 8:14-15). Si Pedro tuvo esposa y suegra, los papas católicos deberían ser casados. Los sacerdotes también. No debería existir el celibato. La Biblia enseña que la prohibición de casarse es una doctrina de demonios (1de Timoteo 4:1-5).</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">4. En Apocalipsis 2:6-7, 15-16 nuestro Señor Jesucristo le dice a las Iglesias de Efeso y Pergamo, que El aborrece la doctrina de los nicolaitas. Este grupo fomentaba la creación de un sistema religioso de cleros y laicos. El Cuerpo de Cristo es uno solo y la Cabeza de ese Cuerpo es Cristo (Efesios 1:22-23) y quien habita en ese Cuerpo es el Espíritu Santo (Efesios 2:19-22).</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">5. EL Señor Jesucristo enseño que a nadie llamen Padre en la Tierra (Mateo 23:9). Uno solo es nuestro Padre: Dios, y uno solo es Santo: Dios.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">6.Pedro no permitió que nadie se arrodillara ante el (Hechos 10:24-26) Cuando Juan se arrodillo ante el ángel de Dios este lo corrigió (Apocalipsis 22:8-9). Ningún Papa debería permitir que alguna persona se arrodille ante el.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">7. Pedro inicio la Evangelización a los judíos y gentiles (Hechos 2:41; 10:44-46) comenzando así una Iglesia gloriosa fundada sobre la fe en Jesucristo y no sobre un sistema religioso liderado por un Papa.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El establecer un dogma que enseña que Pedro fue el primer Papa es fundar todo un sistema religioso sobre una mentira. La mentira no se puede sostener frente a la verdad. Jesucristo dijo “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” Juan 8:32.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se puede engañar a una persona por un tiempo, algunos por algún tiempo, pero no a todos todo el tiempo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se que la verdad puede resultar incomoda para muchas personas, pero es mejor conocer la verdad a tiempo que cuando sea demasiado tarde.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No se trata de una posición personal contra nadie. Es una convicción espiritual basada en las Sagradas Escrituras y la Historia. Si alguien considera que este criterio no es correcto, entonces que fundamente con argumentos y con respeto el suyo. Sin criticas ni insultos pues esos son los únicos recursos que quedan cuando no se tienen ideas ni argumentos validos. Bendiciones para todos y que la verdad del Evangelio de Jesucristo alumbre en cada uno de sus corazones.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Francisco Loor</span></span><br />
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">Si tienes dudas, comentarios o sugerencias al respecto te invitamos a dejar tus comentarios en el <a href="http://e-cristianos.blogspot.com" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">blog</span></a></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><a href="http://e-cristianos.blogspot.com" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">e-cristianos.blogspot.com</a></span></span></span></div>
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">__._,_.___</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Enviado por: Hermano Alvaro &lt;hermanoalvaro@gmail.com&gt; </span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿FUE PEDRO EL PRIMER PAPA?</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Muchas personas se preguntan si el apóstol Pedro fue el primer Papa. Es necesario analizar este tema a la luz de las Sagradas Escrituras y la Historia, para tener un criterio fundamentado en la verdad.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">1.- Pedro fue un discípulo establecido por nuestro Señor Jesucristo como uno de los doce apóstoles (Mateo 10:1-4).</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">2. En ningún pasaje de las Sagradas Escrituras Pedro es nombrado Papa. El titulo de Papa aparece en el siglo tercero con el nacimiento del Catolicismo producto de la unión del Cristianismo decadente con el Paganismo Romano. El primer Papa de la historia de la Iglesia Católica Romana es Julio I elegido el 6 de Febrero del año 337 después de Cristo. El titulo de Papa se impondría progresivamente a partir de Julio I y quedaría reservado exclusivamente al Obispo de Roma desde el pontificado de San Siricio en el año 384 D. C.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">3. Pedro jamas calificaría como Papa según el dogma católico pues era casado. Ni siquiera podría ser sacerdote. La Biblia enseña que Jesús sano a la suegra de Pedro (Mateo 8:14-15). Si Pedro tuvo esposa y suegra, los papas católicos deberían ser casados. Los sacerdotes también. No debería existir el celibato. La Biblia enseña que la prohibición de casarse es una doctrina de demonios (1de Timoteo 4:1-5).</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">4. En Apocalipsis 2:6-7, 15-16 nuestro Señor Jesucristo le dice a las Iglesias de Efeso y Pergamo, que El aborrece la doctrina de los nicolaitas. Este grupo fomentaba la creación de un sistema religioso de cleros y laicos. El Cuerpo de Cristo es uno solo y la Cabeza de ese Cuerpo es Cristo (Efesios 1:22-23) y quien habita en ese Cuerpo es el Espíritu Santo (Efesios 2:19-22).</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">5. EL Señor Jesucristo enseño que a nadie llamen Padre en la Tierra (Mateo 23:9). Uno solo es nuestro Padre: Dios, y uno solo es Santo: Dios.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">6.Pedro no permitió que nadie se arrodillara ante el (Hechos 10:24-26) Cuando Juan se arrodillo ante el ángel de Dios este lo corrigió (Apocalipsis 22:8-9). Ningún Papa debería permitir que alguna persona se arrodille ante el.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">7. Pedro inicio la Evangelización a los judíos y gentiles (Hechos 2:41; 10:44-46) comenzando así una Iglesia gloriosa fundada sobre la fe en Jesucristo y no sobre un sistema religioso liderado por un Papa.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El establecer un dogma que enseña que Pedro fue el primer Papa es fundar todo un sistema religioso sobre una mentira. La mentira no se puede sostener frente a la verdad. Jesucristo dijo “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” Juan 8:32.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se puede engañar a una persona por un tiempo, algunos por algún tiempo, pero no a todos todo el tiempo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se que la verdad puede resultar incomoda para muchas personas, pero es mejor conocer la verdad a tiempo que cuando sea demasiado tarde.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No se trata de una posición personal contra nadie. Es una convicción espiritual basada en las Sagradas Escrituras y la Historia. Si alguien considera que este criterio no es correcto, entonces que fundamente con argumentos y con respeto el suyo. Sin criticas ni insultos pues esos son los únicos recursos que quedan cuando no se tienen ideas ni argumentos validos. Bendiciones para todos y que la verdad del Evangelio de Jesucristo alumbre en cada uno de sus corazones.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Francisco Loor</span></span><br />
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">Si tienes dudas, comentarios o sugerencias al respecto te invitamos a dejar tus comentarios en el <a href="http://e-cristianos.blogspot.com" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">blog</span></a></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><a href="http://e-cristianos.blogspot.com" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">e-cristianos.blogspot.com</a></span></span></span></div>
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">__._,_.___</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Enviado por: Hermano Alvaro &lt;hermanoalvaro@gmail.com&gt; </span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿COMO EXPLICAR LAS MUCHAS MUJERES DE SALOMÓN?]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2535.html</link>
			<pubDate>Tue, 27 Feb 2018 17:40:24 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=3">Heriberto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2535.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿COMO EXPLICAR LAS MUCHAS MUJERES DE SALOMÓN?</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
<br />
Pregunta: </span>Hermano Juan, soy amante en la lectura de la Biblia y he encontrado un pasaje donde dice que Salomón tuvo setecientas mujeres reinas y trescien­tas concubinas. ¿Cómo es que, siendo éste un hombre de Dios, cometía estos hechos tan reñidos con la moral cristiana y por qué se admitía esta clase de abominaciones? </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Respuesta:</span> En realidad, Salomón en un principio amó al Se­ñor. La Biblia dice en 1 de Reyes capítulo 3, versí­culos 3 y 5: “Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David… y fue pros­perado” Pero después de haber disfrutado de las ben­diciones de Dios en política y riquezas, se descuidó en su relación con Dios, lo cual le trajo serias difi­cultades. Fue en ese período de alejamiento que Salomón comenzó estas relaciones que de ninguna manera eran aprobadas por Dios. </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Por voluntad propia dispuso satisfacer en forma desmedida sus instintos sexuales a tal grado que su fe en Dios disminuyó y, según sus propias palabras, las muchas mujeres tor­naron su corazón a dioses ajenos. En 1 de Reyes capítulo 11, versículos 9 al 11, vemos claramente que Jehová se enojó contra Salomón por cuanto su corazón se había apartado de Dios… “Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo.” </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Las con­secuencias de sus pecados fueron graves y ciertamente que esas acciones son totalmente ajenas a la moral judeo-cristiana. Dios da libertad al hombre para que decida los asuntos de su vida, Dios propone el mejor camino y nos da las reglas a seguir. Está en nosotros aceptarlas o rechazarlas. “Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable…” (Nahúm 1:3). </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El único remedio para el pecado es el arrepenti­miento. Tenemos el recurso del perdón por la obra de la cruz del Calvario y nuestro arrepentimiento con fe en Jesucristo. </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Salomón perdió la dicha de gozar la prosperidad espiritual en su propia familia, especialmente sus hijos, que se alejaron totalmente de la gracia divina. Tuvo que lamentar al fin de su vida los tantísimos errores de su reino. Se cree que en los últimos días Salomón regresó a Dios; pero no pudo lograr la re­conciliación de sus hijos. Juan Bueno </span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">e-cristianos.blogspot.com <a href="http://e-cristianos.blogspot.com" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://e-cristianos.blogspot.com</a></span></span></span><br />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">__._,_.___</span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Enviado por: Hermano Alvaro &lt;hermanoalvaro@gmail.com&gt;</span><br />
<hr class="mycode_hr" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿COMO EXPLICAR LAS MUCHAS MUJERES DE SALOMÓN?</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
<br />
Pregunta: </span>Hermano Juan, soy amante en la lectura de la Biblia y he encontrado un pasaje donde dice que Salomón tuvo setecientas mujeres reinas y trescien­tas concubinas. ¿Cómo es que, siendo éste un hombre de Dios, cometía estos hechos tan reñidos con la moral cristiana y por qué se admitía esta clase de abominaciones? </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Respuesta:</span> En realidad, Salomón en un principio amó al Se­ñor. La Biblia dice en 1 de Reyes capítulo 3, versí­culos 3 y 5: “Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David… y fue pros­perado” Pero después de haber disfrutado de las ben­diciones de Dios en política y riquezas, se descuidó en su relación con Dios, lo cual le trajo serias difi­cultades. Fue en ese período de alejamiento que Salomón comenzó estas relaciones que de ninguna manera eran aprobadas por Dios. </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Por voluntad propia dispuso satisfacer en forma desmedida sus instintos sexuales a tal grado que su fe en Dios disminuyó y, según sus propias palabras, las muchas mujeres tor­naron su corazón a dioses ajenos. En 1 de Reyes capítulo 11, versículos 9 al 11, vemos claramente que Jehová se enojó contra Salomón por cuanto su corazón se había apartado de Dios… “Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo.” </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Las con­secuencias de sus pecados fueron graves y ciertamente que esas acciones son totalmente ajenas a la moral judeo-cristiana. Dios da libertad al hombre para que decida los asuntos de su vida, Dios propone el mejor camino y nos da las reglas a seguir. Está en nosotros aceptarlas o rechazarlas. “Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable…” (Nahúm 1:3). </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El único remedio para el pecado es el arrepenti­miento. Tenemos el recurso del perdón por la obra de la cruz del Calvario y nuestro arrepentimiento con fe en Jesucristo. </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Salomón perdió la dicha de gozar la prosperidad espiritual en su propia familia, especialmente sus hijos, que se alejaron totalmente de la gracia divina. Tuvo que lamentar al fin de su vida los tantísimos errores de su reino. Se cree que en los últimos días Salomón regresó a Dios; pero no pudo lograr la re­conciliación de sus hijos. Juan Bueno </span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">e-cristianos.blogspot.com <a href="http://e-cristianos.blogspot.com" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://e-cristianos.blogspot.com</a></span></span></span><br />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">__._,_.___</span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Enviado por: Hermano Alvaro &lt;hermanoalvaro@gmail.com&gt;</span><br />
<hr class="mycode_hr" />]]></content:encoded>
		</item>
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			<title><![CDATA[Doce Diálogos Bíblicos (12)]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2308.html</link>
			<pubDate>Wed, 24 May 2017 14:00:46 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=3">Heriberto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2308.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 12</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tema: LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">S. W. Royes</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #330099;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">ES bueno que nos recordemos unos a otros que la Biblia nos presenta no teorías u opiniones, sino realidades. Y si alguien fuera a preguntarme: «¿Cuáles son los hechos principales relacionados con el cristianismo?», le contestaría que tres de los hechos más asombrosos son estos:</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(1) El trono de la Deidad está ocupado por un Hombre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(2) Dios el Espíritu Santo es un Residente en este planeta.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(3) El Señor Jesucristo tiene un tesoro peculiar en el mundo, y está a punto de acudir personalmente para transferir este tesoro de la tierra al cielo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es acerca del último de estos tres hechos que vamos a ocuparnos ahora. Es un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hecho</span> que Jesús ha de volver, tan verdadero como que estuvo ya aquí durante treinta y tres años, y que murió en la cruz.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Antes de comenzar nuestras preguntas, os pediré que abráis la Biblia y leáis tres notables pasajes en los que la segunda venida del Señor es mencionada como un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hecho,</span> primero por un apóstol, luego por un ángel, y en tercer lugar por el Señor mismo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pasemos primero a 1 Tesalonicenses 4:15-17.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta LA VENIDA DEL SEÑOR, no precederemos a los que durmieron.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora examinemos Hechos 1:11, donde tenemos un testimonio angélico de la misma verdad:</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El tercer pasaje que os pido que leáis es Juan 14:3, donde el Señor mismo, mientras estaba todavía en la tierra, promete de forma clara que volverá con el propósito de recibir a Su pueblo en la casa de Su Padre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Y si me fuere y os preparare lugar, VENDRÉ OTRA VEZ, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Estos tres pasajes son suficientes para exponer la verdad de que la segunda venida del Señor es una parte integral de la doctrina cristiana. Pero, recordemos, no es una mera doctrina, es un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hecho;</span> y es como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hecho</span> que la consideraremos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Cuando habla de la venida del Señor, ¿se refiere usted a la muerte?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego que no. Nadie que lea con cuidado estos tres pasajes que he citado podría caer en el error de confundir entre ambas cosas. Cuando un creyente muere, ¿acaso el Señor desciende con aclamación? ¿Acaso viene tal como le vieron ir? ¿Se llama de sus sepulcros a los santos que durmieron, y se los convoca a encontrarse con el Señor en el aire? No, no sucede nada de esto.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Dejad que os muestre, mediante una sencilla ilustración, lo que es la muerte para el cristiano.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un señor entra en una de las estaciones rurales de tren y pide un billete de primera clase a Kingston. Quedan veinte minutos para que llegue el tren, y él se dirige a la cómoda sala de espera de primera clase, y se sienta. Mientras está allí, entra otro hombre en la estación. A juzgar por su apariencia, es un obrero, y no muy abundante en bienes de este mundo. También él se dirige a Kingston, y pide un billete de tercera clase. Lo mismo que el primer llegado, tiene que esperar a que venga el tren, pero no puede usar la sala de espera de primera clase. Se tiene que contentar con la sala de tercera clase, incómoda y atestada, y con corrientes de aire.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero observemos esto, el hombre de primera clase y el de tercera están <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ambos esperando el mismo tren.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Del mismo modo, hay dos clases de creyentes que se dirigen a la gloria, y que están esperando la venida del Señor para llevarlos allí. Estamos los que todavía vivimos, esperando en esta desolada e incómoda sala de tercera clase que es este mundo, rodeados de pruebas, sometidos a tentaciones y acosados por el pecado. Hay otros que, por así decirlo, han pasado a la sala de espera de primera clase. Reposan en una escena de paz sin nubes, sin pecado, ni cuidados ni tristeza que estorben su dicha. Están «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">con Cristo</span>», pero sus cuerpos están en el sepulcro. Todavía no han entrado en la plenitud de la vida de resurrección. Siguen <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">esperando</span> —esperando aquello mismo que esperamos nosotros, es decir, la venida del Señor.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para el cristiano, por tanto, la muerte, lejos de ser el cumplimiento de su esperanza, es meramente un siervo que lo introduce en la sala de espera de primera clase, donde estará «ausente del cuerpo, presente con el Señor» hasta el día en que regrese Jesús.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Acaso el cristiano no experimenta a menudo la venida de Cristo a su corazón?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, sin duda alguna; pero esto no es lo que estamos tratando ahora.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Recuerdo una ocasión en que hablaba con una anciana acerca de la venida del Señor. Mientras hablaba, su rostro se iluminó de gozo, y poniendo la mano sobre el corazón, exclamó: «¡Oh, Él acude a menudo! Apenas si pasa un día sin que Él venga».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esta querida anciana tenía razón. Desde luego, Jesús acude a los corazones de Su pueblo de una manera espiritual. Pero esto es algo muy diferente de la venida de la que hemos leído juntos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si pasamos a Juan 14, veréis dos cosas. Leamos el versículo 23: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">haremos morada con él</span>».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Contrastemos esto con lo que ya hemos leído en el versículo 3 del mismo capítulo. El versículo 23 se refiere a una venida espiritual de Cristo y del Padre <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a</span> nosotros; el versículo 3 se refiere a la venida futura, personal, real de Cristo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a por </span>nosotros. Lo primero es lo que podemos gozar a diario; lo segundo es lo que todavía esperamos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Cuando el Señor venga, ¿tendrá lugar el fin del mundo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No, en absoluto. La Escritura está llena de promesas y de profecías que demuestran que el mundo ha de llegar a ser una escena de maravillosa bendición bajo el reinado de Cristo durante mil años. Los hombres martillarán sus espadas para azadones y vivirán en armonía. El Israel restaurado será el centro desde el que irradiará la bendición hasta lo último de la tierra (Isaías 2:3). Incluso la creación animal compartirá el gozo de esta edad —el león yacerá con el cordero. Satanás será atado, y reinará la justicia. Todo esto tiene lugar después que el Señor venga, de modo que el fin del mundo será al menos mil años después de ello. La venida del Señor es el suceso que introduce un largo curso de acontecimientos. Con Su venida va a tomar los reinos de la tierra, y reinará con Sus santos y ostentará Sus derechos en el lugar donde fue rechazado. Pero antes que Él venga con este propósito, acudirá para tomar posesión de lo que ya es Suyo —Su peculiar tesoro, Su perla de gran precio —la Iglesia que Él adquirió con Su sangre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Con ella volverá el Señor como el Heredero legítimo para someter la tierra y reinar en paz y con justicia, de modo que habrá un largo período de tiempo entre Su venida y el fin del mundo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué sucederá cuando Jesús venga?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si leéis cuidadosamente aquellos versículos de 1 Tesalonicenses otra vez, y los comparáis con 1 Corintios 15:51, 52, encontraréis una respuesta muy clara a esta pregunta. Los santos vivientes serán transformados, los que duermen serán levantados, y todos juntos serán arrebatados para reunirse con el Señor en el aire. Los que no sean de Cristo, muertos o vivos, quedarán atrás.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sabéis lo que es un imán, ¿verdad? Supongamos que sobre esta mesa tuviéramos una mezcla de limaduras de acero y de briznas de paja. Acerco el imán más y más a la mesa. ¿Qué sucede? De repente, todas las limaduras de acero ascienden volando y se pegan al imán. ¿Y qué pasa con las briznas de paja? Se quedan inmóviles sobre la mesa.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esto es precisamente lo que sucederá cuando venga el Señor. Él ha llegado a ser desde luego un imán para nuestros corazones, cautivándolos y atrayéndolos. Cuando Él venga, aquellos con los que Él tenga una relación —las limaduras de acero, los verdaderos creyentes— serán recogidos con Su poder a Él en el aire. ¿Y qué de aquellos que no le conocen —la paja? Serán por un tiempo dejados a sí mismos, pero su carrera pronto acabará: «Quemará la paja en fuego que nunca se apagará» (Mateo 3:12).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No habrá posibilidad de salvación para los que queden atrás?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No para aquellos que hayan oído el evangelio y lo hayan rechazado. Serán judicialmente cegados y endurecidos. Dejemos que la Escritura se pronuncie acerca de esto. Leamos las solemnes palabras de 2 Tesalonicenses 2:10-12: «No recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La puerta de misericordia, ahora abierta de par en par, quedará entonces irremediablemente cerrada. «Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad» (Lucas 13:25-27).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Estas palabras terriblemente solemnes responden a su pregunta de forma clara y decisiva. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No,</span> no habrá salvación para aquellos que la rechacen <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ahora.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Puede usted clarificar más la distinción entre la venida del Señor <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a por</span> Su pueblo y Su posterior venida <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">con</span> ellos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un amigo mío me llevó una vez de paseo por Newcastle-on-Tyne. «¿Ve usted aquella colina allá?», me preguntó, señalando una considerable altura al otro lado del río.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Sí», contesté. «¿Hay algo interesante?»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Se llama la Colina del Alcaide», dijo, «y por esta razón. Hace mucho tiempo, cuando llegaban los jueces de circuito de Durham para celebrar juicios en Newcastle, los alcaides de la ciudad solían ir hasta aquella colina a su encuentro. Después de recibirlos allí, acompañaban a los jueces de vuelta a la ciudad para comenzar los juicios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora bien, esto será quizá de ayuda para clarificar la distinción entre la venida del Señor <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a por</span> Su pueblo y Su posterior venida <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">con</span> ellos. Tenemos ambas cosas en las Escrituras. Primero, «vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Esta es Su venida <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a por nosotros.</span> Luego, en Judas 14, «He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio». Él viene para celebrar el juicio, por así decirlo, para visitar a los impíos con Su desagrado, cuando «limpiará su era». En esto Él estará acompañado por Sus santos, como los jueces que venían de Durham a Newcastle iban acompañados de los alcaides de esta ciudad. Pero, para que pueda ser así, Su pueblo será llamado de la tierra para recibirlo en el aire. Entonces volverán con Él cuando Él venga con poder para conquistar. Véase Apocalipsis 19:11-14. Es este último acontecimiento el que se menciona una y otra vez en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento se designa frecuentemente como Su <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">manifestación</span>, o Su venida en gloria, en contraste con Su venida a por su pueblo solamente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué sucederá entre la venida del Señor a por Su Iglesia y Su manifestación con poder?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Me tomaría mucho tiempo poder dar siquiera un bosquejo del curso de acontecimientos que se indican en las escrituras proféticas para este intervalo de tiempo. No podemos siquiera citar los pasajes que hablan de los mismos. Pero puedo decir de manera resumida que un cuidadoso estudio de las Escrituras nos lleva a creer que tan pronto como la Iglesia sea arrebatada al cielo, la maldad aumentará en el mundo a pasos agigantados, y culminará con el «hombre de pecado», que, bajo la influencia directa de Satanás, encabezará una terrible apostasía. Dios estará mientras tanto obrando en y por medio de algunos de Su antiguo pueblo, los judíos, reuniéndolos de nuevo en la tierra de sus antepasados, y preparándolos, en medio de unos sufrimientos insólitos, para que lleguen a ser un medio de bendición para todo el mundo. Al mismo tiempo tendrán lugar destacados acontecimientos en la esfera política. El Imperio Romano, reavivado en forma de diez reinos confederados, dará su apoyo a su cabeza, la «bestia», que está estrechamente aliado con el «anticristo» u «hombre de pecado». La Cristiandad corrompida será al principio la influencia dirigente, pero la incredulidad conseguirá el predominio, y la iglesia apóstata, escupida de la boca de Cristo, caerá como presa miserable de los poderes del mundo, cuyos favores tanto tiempo buscó.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego, después que hayan caído muchos duros golpes de la vara de Dios sobre la tierra, Cristo aparecerá de repente, con Sus santos, trayendo una repentina destrucción sobre el inicuo (el anticristo) y sus asociados. Pero, a fin de poder seguir todos estos aspectos en las Escrituras, es necesario un estudio de todo el ámbito de la profecía, y esto rebasa los límites del tema que nos ocupa.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Se puede fijar alguna fecha para la venida del Señor?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En Marcos 13:35 se nos manda <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">velar,</span> porque se desconoce la hora de Su venida. ¿Cómo podría nadie velar para la venida del Señor, si se supiera que Él no iba a llegar hasta una fecha determinada? La exhortación a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">velar</span> implica claramente la incertidumbre respecto al tiempo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sé muy bien que se han realizado muchos intentos de fijar fechas para el regreso del Señor. El único resultado de tales intentos es causar descrédito sobre «aquella esperanza bienaventurada», y llevar a que quede asociada en las mentes de la gente con insensatez y fanatismo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ha surgido mucha confusión debido a que muchos han dejado de ver que el tiempo actual es un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">intervalo</span> en la línea de los tratos de Dios con los hombres. Cuando Cristo fue entregado a la muerte por los judíos, Dios suspendió Sus tratos con ellos como nación. Desde aquel momento Él ha estado ocupado en salvar por Su gracia a aquellos que constituyen la Iglesia. Cuando la Iglesia quede completada, el Señor vendrá y la tomará de la tierra. Entonces Dios reanudará el hilo, por así decirlo, que ha interrumpido; y entonces volverá a empezar la historia de Su pueblo terrenal, y de nuevo tendrán su puesto las fechas, los tiempos y las sazones. Pero no hay fechas algunas conectadas con el actual intervalo. En <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cualquier momento</span> podemos oír la llamada al hogar. ¡Qué dulce para los que están preparados! ¡Amado hermano creyente, piensa en esto! ¡Otro momento, y puede que oigas la voz del Amado de tu alma! ¡Otro momento, y puedes sentir el abrazo de aquellos brazos eternos! ¡Otro momento, y puede que estés en el hogar —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tu</span> hogar porque es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su</span> hogar; y tú eres Suyo, y tuyo es Él!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Aparte de velar, ¿tenemos algo que hacer con vistas a la venida del Señor?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí. Tenemos que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">salir</span> a Su encuentro (Mateo 25:6). Salir de todo aquello con lo que no nos gustaría que Él nos encontrase mezclados; salir de la comodidad y de la pereza; salir de los hábitos pecaminosos; salir de asociaciones que no sean santas.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego se nos manda que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">negociemos</span> hasta que Él venga (Lucas 19:13). Debemos dedicarnos a Sus intereses durante Su ausencia, concentrados en Su servicio.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si leéis el Nuevo Testamento, quedaréis sorprendidos al encontrar cuántas veces el pensamiento del regreso del Señor se expone de una manera práctica, para reforzar varias exhortaciones. Abrigar esta bienaventurada esperanza y vivir en la expectativa diaria del regreso del Señor comporta ser un cristiano muy <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">práctico.</span> «Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3.3).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Que sea nuestra porción, queridos hermanos cristianos, no solo que «vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente», sino que nos mantengamos aguardando «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la esperanza bienaventurada</span>» y también aquello que ha de seguir, «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo</span>» (Tito 2:12, 13).</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 12</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tema: LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">S. W. Royes</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #330099;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">ES bueno que nos recordemos unos a otros que la Biblia nos presenta no teorías u opiniones, sino realidades. Y si alguien fuera a preguntarme: «¿Cuáles son los hechos principales relacionados con el cristianismo?», le contestaría que tres de los hechos más asombrosos son estos:</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(1) El trono de la Deidad está ocupado por un Hombre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(2) Dios el Espíritu Santo es un Residente en este planeta.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(3) El Señor Jesucristo tiene un tesoro peculiar en el mundo, y está a punto de acudir personalmente para transferir este tesoro de la tierra al cielo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es acerca del último de estos tres hechos que vamos a ocuparnos ahora. Es un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hecho</span> que Jesús ha de volver, tan verdadero como que estuvo ya aquí durante treinta y tres años, y que murió en la cruz.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Antes de comenzar nuestras preguntas, os pediré que abráis la Biblia y leáis tres notables pasajes en los que la segunda venida del Señor es mencionada como un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hecho,</span> primero por un apóstol, luego por un ángel, y en tercer lugar por el Señor mismo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pasemos primero a 1 Tesalonicenses 4:15-17.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta LA VENIDA DEL SEÑOR, no precederemos a los que durmieron.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora examinemos Hechos 1:11, donde tenemos un testimonio angélico de la misma verdad:</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El tercer pasaje que os pido que leáis es Juan 14:3, donde el Señor mismo, mientras estaba todavía en la tierra, promete de forma clara que volverá con el propósito de recibir a Su pueblo en la casa de Su Padre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Y si me fuere y os preparare lugar, VENDRÉ OTRA VEZ, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Estos tres pasajes son suficientes para exponer la verdad de que la segunda venida del Señor es una parte integral de la doctrina cristiana. Pero, recordemos, no es una mera doctrina, es un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hecho;</span> y es como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hecho</span> que la consideraremos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Cuando habla de la venida del Señor, ¿se refiere usted a la muerte?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego que no. Nadie que lea con cuidado estos tres pasajes que he citado podría caer en el error de confundir entre ambas cosas. Cuando un creyente muere, ¿acaso el Señor desciende con aclamación? ¿Acaso viene tal como le vieron ir? ¿Se llama de sus sepulcros a los santos que durmieron, y se los convoca a encontrarse con el Señor en el aire? No, no sucede nada de esto.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Dejad que os muestre, mediante una sencilla ilustración, lo que es la muerte para el cristiano.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un señor entra en una de las estaciones rurales de tren y pide un billete de primera clase a Kingston. Quedan veinte minutos para que llegue el tren, y él se dirige a la cómoda sala de espera de primera clase, y se sienta. Mientras está allí, entra otro hombre en la estación. A juzgar por su apariencia, es un obrero, y no muy abundante en bienes de este mundo. También él se dirige a Kingston, y pide un billete de tercera clase. Lo mismo que el primer llegado, tiene que esperar a que venga el tren, pero no puede usar la sala de espera de primera clase. Se tiene que contentar con la sala de tercera clase, incómoda y atestada, y con corrientes de aire.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero observemos esto, el hombre de primera clase y el de tercera están <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ambos esperando el mismo tren.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Del mismo modo, hay dos clases de creyentes que se dirigen a la gloria, y que están esperando la venida del Señor para llevarlos allí. Estamos los que todavía vivimos, esperando en esta desolada e incómoda sala de tercera clase que es este mundo, rodeados de pruebas, sometidos a tentaciones y acosados por el pecado. Hay otros que, por así decirlo, han pasado a la sala de espera de primera clase. Reposan en una escena de paz sin nubes, sin pecado, ni cuidados ni tristeza que estorben su dicha. Están «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">con Cristo</span>», pero sus cuerpos están en el sepulcro. Todavía no han entrado en la plenitud de la vida de resurrección. Siguen <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">esperando</span> —esperando aquello mismo que esperamos nosotros, es decir, la venida del Señor.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para el cristiano, por tanto, la muerte, lejos de ser el cumplimiento de su esperanza, es meramente un siervo que lo introduce en la sala de espera de primera clase, donde estará «ausente del cuerpo, presente con el Señor» hasta el día en que regrese Jesús.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Acaso el cristiano no experimenta a menudo la venida de Cristo a su corazón?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, sin duda alguna; pero esto no es lo que estamos tratando ahora.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Recuerdo una ocasión en que hablaba con una anciana acerca de la venida del Señor. Mientras hablaba, su rostro se iluminó de gozo, y poniendo la mano sobre el corazón, exclamó: «¡Oh, Él acude a menudo! Apenas si pasa un día sin que Él venga».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esta querida anciana tenía razón. Desde luego, Jesús acude a los corazones de Su pueblo de una manera espiritual. Pero esto es algo muy diferente de la venida de la que hemos leído juntos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si pasamos a Juan 14, veréis dos cosas. Leamos el versículo 23: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">haremos morada con él</span>».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Contrastemos esto con lo que ya hemos leído en el versículo 3 del mismo capítulo. El versículo 23 se refiere a una venida espiritual de Cristo y del Padre <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a</span> nosotros; el versículo 3 se refiere a la venida futura, personal, real de Cristo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a por </span>nosotros. Lo primero es lo que podemos gozar a diario; lo segundo es lo que todavía esperamos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Cuando el Señor venga, ¿tendrá lugar el fin del mundo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No, en absoluto. La Escritura está llena de promesas y de profecías que demuestran que el mundo ha de llegar a ser una escena de maravillosa bendición bajo el reinado de Cristo durante mil años. Los hombres martillarán sus espadas para azadones y vivirán en armonía. El Israel restaurado será el centro desde el que irradiará la bendición hasta lo último de la tierra (Isaías 2:3). Incluso la creación animal compartirá el gozo de esta edad —el león yacerá con el cordero. Satanás será atado, y reinará la justicia. Todo esto tiene lugar después que el Señor venga, de modo que el fin del mundo será al menos mil años después de ello. La venida del Señor es el suceso que introduce un largo curso de acontecimientos. Con Su venida va a tomar los reinos de la tierra, y reinará con Sus santos y ostentará Sus derechos en el lugar donde fue rechazado. Pero antes que Él venga con este propósito, acudirá para tomar posesión de lo que ya es Suyo —Su peculiar tesoro, Su perla de gran precio —la Iglesia que Él adquirió con Su sangre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Con ella volverá el Señor como el Heredero legítimo para someter la tierra y reinar en paz y con justicia, de modo que habrá un largo período de tiempo entre Su venida y el fin del mundo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué sucederá cuando Jesús venga?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si leéis cuidadosamente aquellos versículos de 1 Tesalonicenses otra vez, y los comparáis con 1 Corintios 15:51, 52, encontraréis una respuesta muy clara a esta pregunta. Los santos vivientes serán transformados, los que duermen serán levantados, y todos juntos serán arrebatados para reunirse con el Señor en el aire. Los que no sean de Cristo, muertos o vivos, quedarán atrás.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sabéis lo que es un imán, ¿verdad? Supongamos que sobre esta mesa tuviéramos una mezcla de limaduras de acero y de briznas de paja. Acerco el imán más y más a la mesa. ¿Qué sucede? De repente, todas las limaduras de acero ascienden volando y se pegan al imán. ¿Y qué pasa con las briznas de paja? Se quedan inmóviles sobre la mesa.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esto es precisamente lo que sucederá cuando venga el Señor. Él ha llegado a ser desde luego un imán para nuestros corazones, cautivándolos y atrayéndolos. Cuando Él venga, aquellos con los que Él tenga una relación —las limaduras de acero, los verdaderos creyentes— serán recogidos con Su poder a Él en el aire. ¿Y qué de aquellos que no le conocen —la paja? Serán por un tiempo dejados a sí mismos, pero su carrera pronto acabará: «Quemará la paja en fuego que nunca se apagará» (Mateo 3:12).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No habrá posibilidad de salvación para los que queden atrás?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No para aquellos que hayan oído el evangelio y lo hayan rechazado. Serán judicialmente cegados y endurecidos. Dejemos que la Escritura se pronuncie acerca de esto. Leamos las solemnes palabras de 2 Tesalonicenses 2:10-12: «No recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La puerta de misericordia, ahora abierta de par en par, quedará entonces irremediablemente cerrada. «Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad» (Lucas 13:25-27).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Estas palabras terriblemente solemnes responden a su pregunta de forma clara y decisiva. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No,</span> no habrá salvación para aquellos que la rechacen <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ahora.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Puede usted clarificar más la distinción entre la venida del Señor <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a por</span> Su pueblo y Su posterior venida <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">con</span> ellos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un amigo mío me llevó una vez de paseo por Newcastle-on-Tyne. «¿Ve usted aquella colina allá?», me preguntó, señalando una considerable altura al otro lado del río.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Sí», contesté. «¿Hay algo interesante?»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Se llama la Colina del Alcaide», dijo, «y por esta razón. Hace mucho tiempo, cuando llegaban los jueces de circuito de Durham para celebrar juicios en Newcastle, los alcaides de la ciudad solían ir hasta aquella colina a su encuentro. Después de recibirlos allí, acompañaban a los jueces de vuelta a la ciudad para comenzar los juicios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora bien, esto será quizá de ayuda para clarificar la distinción entre la venida del Señor <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a por</span> Su pueblo y Su posterior venida <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">con</span> ellos. Tenemos ambas cosas en las Escrituras. Primero, «vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Esta es Su venida <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a por nosotros.</span> Luego, en Judas 14, «He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio». Él viene para celebrar el juicio, por así decirlo, para visitar a los impíos con Su desagrado, cuando «limpiará su era». En esto Él estará acompañado por Sus santos, como los jueces que venían de Durham a Newcastle iban acompañados de los alcaides de esta ciudad. Pero, para que pueda ser así, Su pueblo será llamado de la tierra para recibirlo en el aire. Entonces volverán con Él cuando Él venga con poder para conquistar. Véase Apocalipsis 19:11-14. Es este último acontecimiento el que se menciona una y otra vez en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento se designa frecuentemente como Su <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">manifestación</span>, o Su venida en gloria, en contraste con Su venida a por su pueblo solamente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué sucederá entre la venida del Señor a por Su Iglesia y Su manifestación con poder?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Me tomaría mucho tiempo poder dar siquiera un bosquejo del curso de acontecimientos que se indican en las escrituras proféticas para este intervalo de tiempo. No podemos siquiera citar los pasajes que hablan de los mismos. Pero puedo decir de manera resumida que un cuidadoso estudio de las Escrituras nos lleva a creer que tan pronto como la Iglesia sea arrebatada al cielo, la maldad aumentará en el mundo a pasos agigantados, y culminará con el «hombre de pecado», que, bajo la influencia directa de Satanás, encabezará una terrible apostasía. Dios estará mientras tanto obrando en y por medio de algunos de Su antiguo pueblo, los judíos, reuniéndolos de nuevo en la tierra de sus antepasados, y preparándolos, en medio de unos sufrimientos insólitos, para que lleguen a ser un medio de bendición para todo el mundo. Al mismo tiempo tendrán lugar destacados acontecimientos en la esfera política. El Imperio Romano, reavivado en forma de diez reinos confederados, dará su apoyo a su cabeza, la «bestia», que está estrechamente aliado con el «anticristo» u «hombre de pecado». La Cristiandad corrompida será al principio la influencia dirigente, pero la incredulidad conseguirá el predominio, y la iglesia apóstata, escupida de la boca de Cristo, caerá como presa miserable de los poderes del mundo, cuyos favores tanto tiempo buscó.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego, después que hayan caído muchos duros golpes de la vara de Dios sobre la tierra, Cristo aparecerá de repente, con Sus santos, trayendo una repentina destrucción sobre el inicuo (el anticristo) y sus asociados. Pero, a fin de poder seguir todos estos aspectos en las Escrituras, es necesario un estudio de todo el ámbito de la profecía, y esto rebasa los límites del tema que nos ocupa.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Se puede fijar alguna fecha para la venida del Señor?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En Marcos 13:35 se nos manda <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">velar,</span> porque se desconoce la hora de Su venida. ¿Cómo podría nadie velar para la venida del Señor, si se supiera que Él no iba a llegar hasta una fecha determinada? La exhortación a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">velar</span> implica claramente la incertidumbre respecto al tiempo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sé muy bien que se han realizado muchos intentos de fijar fechas para el regreso del Señor. El único resultado de tales intentos es causar descrédito sobre «aquella esperanza bienaventurada», y llevar a que quede asociada en las mentes de la gente con insensatez y fanatismo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ha surgido mucha confusión debido a que muchos han dejado de ver que el tiempo actual es un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">intervalo</span> en la línea de los tratos de Dios con los hombres. Cuando Cristo fue entregado a la muerte por los judíos, Dios suspendió Sus tratos con ellos como nación. Desde aquel momento Él ha estado ocupado en salvar por Su gracia a aquellos que constituyen la Iglesia. Cuando la Iglesia quede completada, el Señor vendrá y la tomará de la tierra. Entonces Dios reanudará el hilo, por así decirlo, que ha interrumpido; y entonces volverá a empezar la historia de Su pueblo terrenal, y de nuevo tendrán su puesto las fechas, los tiempos y las sazones. Pero no hay fechas algunas conectadas con el actual intervalo. En <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cualquier momento</span> podemos oír la llamada al hogar. ¡Qué dulce para los que están preparados! ¡Amado hermano creyente, piensa en esto! ¡Otro momento, y puede que oigas la voz del Amado de tu alma! ¡Otro momento, y puedes sentir el abrazo de aquellos brazos eternos! ¡Otro momento, y puede que estés en el hogar —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tu</span> hogar porque es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su</span> hogar; y tú eres Suyo, y tuyo es Él!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Aparte de velar, ¿tenemos algo que hacer con vistas a la venida del Señor?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí. Tenemos que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">salir</span> a Su encuentro (Mateo 25:6). Salir de todo aquello con lo que no nos gustaría que Él nos encontrase mezclados; salir de la comodidad y de la pereza; salir de los hábitos pecaminosos; salir de asociaciones que no sean santas.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego se nos manda que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">negociemos</span> hasta que Él venga (Lucas 19:13). Debemos dedicarnos a Sus intereses durante Su ausencia, concentrados en Su servicio.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si leéis el Nuevo Testamento, quedaréis sorprendidos al encontrar cuántas veces el pensamiento del regreso del Señor se expone de una manera práctica, para reforzar varias exhortaciones. Abrigar esta bienaventurada esperanza y vivir en la expectativa diaria del regreso del Señor comporta ser un cristiano muy <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">práctico.</span> «Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3.3).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Que sea nuestra porción, queridos hermanos cristianos, no solo que «vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente», sino que nos mantengamos aguardando «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la esperanza bienaventurada</span>» y también aquello que ha de seguir, «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo</span>» (Tito 2:12, 13).</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Doce Diálogos Bíblicos (11)]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2306.html</link>
			<pubDate>Tue, 23 May 2017 14:07:15 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=3">Heriberto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2306.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 11</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tema: LA ORACIÓN</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">S. W. Royes</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Hay alguna razón especial por la que usted haya escogido el tema de la Oración inmediatamente después de nuestro diálogo sobre las Sagradas Escrituras?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SÍ. En la vida espiritual del creyente, ambas cosas —la Palabra de Dios y la oración— tienen que ir de la mano, o el resultado será el naufragio. En Lucas 10:39 encontramos a María sentada a los pies de Jesús, escuchando Su palabra. Es elogiada por la buena parte que escogió, y aprendemos de su caso cuán bueno es desear conocer la palabra del Señor. Pero inmediatamente después de esto se narra un incidente por el que aprendemos la importancia de la oración; y vemos por la estrecha relación en que se ponen ambas escenas en la página sagrada la íntima relación que tienen ambas cosas: la Palabra de Dios y la oración.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para mantener un fuego encendido, se precisa de una constante aportación de combustible y de aire. Privado de cualquiera de ambas cosas, el fuego se apagaría. Del mismo modo, se precisa de dos cosas si se quiere mantener ardiendo el fuego del gozo y de la comunión en el alma del creyente —una constante aplicación de la Palabra a su corazón, y el constante ejercicio de la oración.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿A quién se debería dirigir la oración?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">A Dios, y solo a Dios. En ninguna parte de las Escrituras encontramos ni una insinuación de ninguna oración dirigida a la virgen María ni a los santos. Parece insólito que en nuestra época tengamos que insistir en esto, y volver a luchar en esta cuestión la batalla de la Reforma. Sin embargo, es penoso observar que la práctica de invocar a los muertos se está volviendo más y más frecuente en círculos que habían sido claramente protestantes. De este modo se hurta a Dios del honor que le pertenece a Él solo; se exalta a las criaturas a expensas del Creador; se rinde culto a difuntos, hombres y mujeres, y se les invoca a ellos en lugar de al Dios viviente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Naturalmente, cuando se dice que Dios es el Único a quien deberíamos dirigir nuestras oraciones, no niego ni por un momento que debamos orar al Señor Jesús. Él es Dios, igual con el Padre, y le pertenece el mismo honor (Juan 5:23). Encontramos a Esteban orando al Señor Jesús, que reciba su espíritu. Pablo también oró al Señor Jesús respecto a su aguijón en la carne.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No podemos definir con ninguna receta especial las ocasiones en las que la oración se debería dirigir al Padre, y cuándo al Hijo. Por lo general, nos dirigimos a nuestro Dios y Padre con referencia a nuestras necesidades como Sus hijos aquí en la tierra; nos dirigimos al Señor Jesús en relación con Su servicio en el que en Su gracia nos ha permitido dedicarnos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Solo queda decir que el Espíritu Santo, la tercera Persona de la bendita Trinidad, nunca es presentado como objeto ni de oración ni de alabanza. Él está en la tierra habitando en nosotros, para generar, no para recibir, nuestras oraciones y alabanzas.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Ha prometido Dios darnos siempre aquello que pedimos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Él es un Gobernante demasiado sabio y un Padre demasiado amante para hacer tal cosa. ¿Qué padre terrenal concedería cualquier deseo insensato que su hijo pudiera presentarle? Hay muchas y preciosas promesas, que resplandecen en las páginas de las Escrituras, que dan seguridad al creyente de que su oración será oída, bajo ciertas condiciones. Pero tanto si Dios, en Su amor y sabiduría, considera oportuno conceder alguna petición en concreto o no, hay algo con lo que siempre podemos contar. Pasemos a Filipenses 4:6, 7 y veréis lo que quiero decir. Dios se compromete a que en cada caso Su paz misma guardará nuestros corazones y nuestras mentes en Cristo Jesús. Puede ser que el infinito amor nos niegue aquello que pedimos, pero <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">este</span> beneficio, la guarda de nuestros corazones en la serena atmósfera de la propia paz de Dios, nunca será negado a aquel que lleva sus peticiones delante de Él.</span></span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué condiciones aseguran que la oración reciba respuesta?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Consultemos las Escrituras para ello. Primero veamos el Salmo 66:18. «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.» Si queremos obtener respuesta a nuestras oraciones, tenemos que estar a bien con Dios en secreto. Nuestra vida privada se tiene que corresponder con nuestra profesión pública. El pecado oculto, como una serpiente en el seno, quita toda vitalidad a la oración. Una mala conciencia es un verdadero obstáculo para que se concedan nuestras peticiones. Dios no derramará Sus bendiciones en vasos sucios. De modo que la primera condición para la oración que prevalece es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">una buena conciencia.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora leamos Santiago 4:3. «Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.» Aquí aprendemos que los que piden algo a Dios con motivos egoístas se quedarán totalmente decepcionados. Dios no colaborará en la propia gratificación. Las oraciones que se registran en las Escrituras, y que recibieron unas respuestas tan maravillosas, fueron oraciones en favor de otros, u oraciones que tenían en vista la gloria de Dios en relación con aquellos que las pronunciaron. Así, una segunda condición es que haya <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">un motivo limpio.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego veamos Santiago 1:6, 7. «Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.» Así, es necesaria una <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">confianza inamovible</span> si queremos obtener respuesta a nuestras oraciones. Dudar es deshonrar a Dios, y asestar un golpe de muerte a nuestras propias peticiones.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Examinemos ahora 1 Juan 3:22. «Cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.» Así, otra condición es que haya <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">obediencia</span> por nuestra parte. No se nos deja sin saber qué cosas agradan al Señor. Pero no es suficiente con <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">saberlas.</span> Tenemos que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hacerlas</span> si deseamos recibir de Él aquellas cosas que pedimos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Volvamos de nuevo a Juan 16:23. «Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.» Aquí tenemos una quinta condición. Si la oración es en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nombre de Cristo</span> recibirá respuesta. ¿Qué significa orar en Su nombre? Desde luego, no significa orar acerca de cualquier cosa que nos plazca, y luego terminar diciendo: «Todo esto te lo pedimos en el nombre y por causa de nuestro Señor Jesucristo». Significa que aquello que pedimos debe ser algo a lo que el nombre de Cristo pueda ir verdaderamente unido, algo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Él</span> pediría si estuviera en nuestras circunstancias. Esto demanda discernimiento espiritual, que solo puede adquirirse andando cerca del Señor. De modo que pedir cualquier cosa en Su nombre implica que estamos en estrecha comunión con Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Ya que Dios conoce todas nuestras necesidades, ¿por qué deberíamos orar a Él acerca de las mismas?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego, es suficiente con saber que Dios quiere que oremos. Se podrían citar docenas de pasajes de las Escrituras que exponen que la oración es aceptable para Dios. Nadie se imagina que oramos para informar a Dios de lo que Él no sabe. Tampoco oramos para asegurarnos Su interés en nosotros o Su amor. El santo que ora con inteligencia se da cuenta de que está hablando con Aquel que conoce cada una de sus necesidades mucho mejor que él mismo, que tiene un interés sin límites en todo lo que se refiere a Su pueblo, y cuyo amor no podría ser más grande de lo que es. El objeto de la oración es que se pueda expresar nuestra dependencia de Dios, y que nuestras almas puedan entrar en contacto con Él acerca de aquello por lo que oramos; que al esperar en Él aprendamos Su mente; que se dé expresión a los deseos que el Espíritu Santo ha originado en nosotros, y que cuando la respuesta llegue, seamos conscientes de que es ciertamente <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">de parte</span> de Dios que viene.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Deberíamos orar más de una vez por cualquier cosa?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No se puede establecer ninguna norma concreta respecto a algo así. En algunos casos se nos hace sentir que nuestra petición, por alguna sabia razón, no nos será concedida, y nos sentimos sin libertad para seguir pidiendo. Casos como este pueden ser infrecuentes, pero desde luego se dan. A Moisés, cuando oró que le fuera permitido entrar en Canaán, se le prohibió repetir su petición (Dt. 3:26).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Por otra parte, a veces, cuando pedimos al Señor algo especial, viene sobre uno una sensación abrumadora de que ha sido oído, y de que la petición está concedida, y se tiene la sensación de que volver a pedir sería una presunción.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero estos son casos excepcionales, y, en general, el Señor querría que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">persistamos en oración</span> por aquello que está en nuestros corazones. A menudo nos mantiene esperando durante meses, e incluso durante años, antes de dar una respuesta, con el fin de poner a prueba la realidad de nuestro deseo, y de probar nuestra fe. Él quiere que seamos importunos acerca de lo que queremos de Él, y así mostrar que somos serios acerca de aquello. Esta es la lección que se nos comunica en la parábola del anfitrión de un viajero, que pidió pan a un amigo suyo a medianoche (Lucas 11). Fue oído <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por su importunidad.</span> Otra parábola —la de la viuda que había sufrido una injusticia (Lucas 18)— refuerza esta misma verdad, de la necesidad de orar siempre, y no desmayar.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No se trata de que Dios sea un Dador difícil y mal dispuesto, sino de que la importunidad es una prueba de seriedad y de fe.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Es deseable apartar momentos concretos para la oración privada?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego que así es para la gran mayoría de los cristianos. Todo lo que se deja para momentos ocasionales queda a menudo relegado del todo, y estoy convencido de que la falta de una programación regular es la razón de que haya tan poca oración entre nosotros. Los santos de la antigüedad tenían horas programadas. «Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz» (Salmo 55:17).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">También Daniel cultivó este mismo hábito, y nada podía impedirle de arrodillarse en su estancia tres veces al día, para orar y dar gracias delante de su Dios (Daniel 6:10). ¡Qué pena que permitamos que cosas triviales nos priven de nuestro tiempo para la oración!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Decid que se trata de una práctica «legalista», si queréis, ¡pero me gustaría ver mucha más de esta clase de legalidad! Recomiendo a cada joven creyente, con toda intensidad, la costumbre de reservar una cierta hora cada día para tener una relación a solas con Dios. El mejor momento es por la mañana temprano, e inmediatamente antes de retirarse por la noche.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero además de reservar momentos regulares para la oración, y de los que no deberíamos dejar que nada ni nadie nos privasen, deberíamos tratar de estar <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">siempre</span> en un espíritu de oración y dependencia, listos en cualquier momento para volvernos al Señor acerca de cualquier dificultad, o en cualquier emergencia. En Nehemías tenemos un maravilloso ejemplo de esto. Él era el copero del rey, y mientras estaba cumpliendo sus deberes, su real señor le hizo de repente una pregunta que él se sintió totalmente incapaz de contestar sin consultar con el Señor. Precisaba urgentemente de la dirección divina, pero la pregunta del rey tenía que ser contestada de inmediato. Nehemías pudo dirigirse al Señor en oración. «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey</span>» (Nehemías 2:4, 5). ¡Ojalá estuviéramos siempre tan cerca del Señor que pudiéramos consultarle y buscar sabiduría y dirección de Su parte con tanta presteza como pudo hacerlo Nehemías!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Recomendaría usted alguna forma especial de oración?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No. El Espíritu Santo está aquí para generar nuestros pensamientos y deseos en la línea de la voluntad de Dios, y Él pone en nuestros corazones los asuntos adecuados para la oración, y nos capacita para presentarlos delante del Señor. Así, se nos exhorta a orar «en todo tiempo con toda oración y súplica <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en el Espíritu</span>», y a orar «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en el Espíritu Santo</span>» (Efesios 6:18, Judas 20).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es cierto que, si somos dejados a nosotros mismos, «qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos», pero en el Espíritu Santo tenemos al mejor de los maestros, y podemos dejarle a Él, seguros, el controlarnos y dirigirnos en nuestras oraciones </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cree usted en hacer largas oraciones?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, siempre y cuando sean pronunciadas en privado y broten del corazón.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> No podemos estar demasiado tiempo de rodillas en secreto. En una ocasión, el Señor Jesús estuvo toda una noche en oración; pero el mero hecho de que alguien esté largo tiempo en oración no asegura que vaya a ser oído. A nadie se le oye por mucho hablar. La sinceridad y una profunda reverencia deberían acompañarnos al dirigirnos a Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero me imagino que su pregunta se refiere a las oraciones públicas. Si consideramos las oraciones registradas en la Biblia, encontraremos que la más larga de ellas —la pronunciada por Salomón en la dedicación del templo— tomó menos de diez minutos, incluso en el caso de que se pronuncie lenta y reverentemente. Se ha dicho con razón que cuando uno quiere algo de verdad, podrá comunicar su petición con pocas palabras. Es cuando alguien no tiene nada que pedir en particular que la oración toma veinte o veinticinco minutos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
El Señor Jesús era omnipotente, y era el Creador de todas las cosas. ¿Por qué tenía Él ninguna necesidad de orar?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es cierto que el Señor Jesús era todo lo que usted dice. Él era «Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos». Pero Él descendió a la tierra para recorrer la senda de un Hombre dependiente, y todo aquello que Dios buscaba en un hombre fue hallado en Él en toda perfección. Obediencia, verdad, justicia, confianza, dependencia —todas estas cosas se vieron en Cristo. Y fue como Hombre, en el humilde camino al que Su gracia le había traído, que le encontramos una y otra vez en oración. En todo esto Él nos ha dejado un brillante ejemplo. ¡Que sigamos fielmente en Sus pasos! En el Evangelio de Lucas, donde vemos a nuestro Señor de una manera especial como Hombre, creo que lo encontramos siete veces en oración.</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota</span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 11</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tema: LA ORACIÓN</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">S. W. Royes</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Hay alguna razón especial por la que usted haya escogido el tema de la Oración inmediatamente después de nuestro diálogo sobre las Sagradas Escrituras?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SÍ. En la vida espiritual del creyente, ambas cosas —la Palabra de Dios y la oración— tienen que ir de la mano, o el resultado será el naufragio. En Lucas 10:39 encontramos a María sentada a los pies de Jesús, escuchando Su palabra. Es elogiada por la buena parte que escogió, y aprendemos de su caso cuán bueno es desear conocer la palabra del Señor. Pero inmediatamente después de esto se narra un incidente por el que aprendemos la importancia de la oración; y vemos por la estrecha relación en que se ponen ambas escenas en la página sagrada la íntima relación que tienen ambas cosas: la Palabra de Dios y la oración.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para mantener un fuego encendido, se precisa de una constante aportación de combustible y de aire. Privado de cualquiera de ambas cosas, el fuego se apagaría. Del mismo modo, se precisa de dos cosas si se quiere mantener ardiendo el fuego del gozo y de la comunión en el alma del creyente —una constante aplicación de la Palabra a su corazón, y el constante ejercicio de la oración.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿A quién se debería dirigir la oración?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">A Dios, y solo a Dios. En ninguna parte de las Escrituras encontramos ni una insinuación de ninguna oración dirigida a la virgen María ni a los santos. Parece insólito que en nuestra época tengamos que insistir en esto, y volver a luchar en esta cuestión la batalla de la Reforma. Sin embargo, es penoso observar que la práctica de invocar a los muertos se está volviendo más y más frecuente en círculos que habían sido claramente protestantes. De este modo se hurta a Dios del honor que le pertenece a Él solo; se exalta a las criaturas a expensas del Creador; se rinde culto a difuntos, hombres y mujeres, y se les invoca a ellos en lugar de al Dios viviente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Naturalmente, cuando se dice que Dios es el Único a quien deberíamos dirigir nuestras oraciones, no niego ni por un momento que debamos orar al Señor Jesús. Él es Dios, igual con el Padre, y le pertenece el mismo honor (Juan 5:23). Encontramos a Esteban orando al Señor Jesús, que reciba su espíritu. Pablo también oró al Señor Jesús respecto a su aguijón en la carne.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No podemos definir con ninguna receta especial las ocasiones en las que la oración se debería dirigir al Padre, y cuándo al Hijo. Por lo general, nos dirigimos a nuestro Dios y Padre con referencia a nuestras necesidades como Sus hijos aquí en la tierra; nos dirigimos al Señor Jesús en relación con Su servicio en el que en Su gracia nos ha permitido dedicarnos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Solo queda decir que el Espíritu Santo, la tercera Persona de la bendita Trinidad, nunca es presentado como objeto ni de oración ni de alabanza. Él está en la tierra habitando en nosotros, para generar, no para recibir, nuestras oraciones y alabanzas.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Ha prometido Dios darnos siempre aquello que pedimos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Él es un Gobernante demasiado sabio y un Padre demasiado amante para hacer tal cosa. ¿Qué padre terrenal concedería cualquier deseo insensato que su hijo pudiera presentarle? Hay muchas y preciosas promesas, que resplandecen en las páginas de las Escrituras, que dan seguridad al creyente de que su oración será oída, bajo ciertas condiciones. Pero tanto si Dios, en Su amor y sabiduría, considera oportuno conceder alguna petición en concreto o no, hay algo con lo que siempre podemos contar. Pasemos a Filipenses 4:6, 7 y veréis lo que quiero decir. Dios se compromete a que en cada caso Su paz misma guardará nuestros corazones y nuestras mentes en Cristo Jesús. Puede ser que el infinito amor nos niegue aquello que pedimos, pero <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">este</span> beneficio, la guarda de nuestros corazones en la serena atmósfera de la propia paz de Dios, nunca será negado a aquel que lleva sus peticiones delante de Él.</span></span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué condiciones aseguran que la oración reciba respuesta?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Consultemos las Escrituras para ello. Primero veamos el Salmo 66:18. «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.» Si queremos obtener respuesta a nuestras oraciones, tenemos que estar a bien con Dios en secreto. Nuestra vida privada se tiene que corresponder con nuestra profesión pública. El pecado oculto, como una serpiente en el seno, quita toda vitalidad a la oración. Una mala conciencia es un verdadero obstáculo para que se concedan nuestras peticiones. Dios no derramará Sus bendiciones en vasos sucios. De modo que la primera condición para la oración que prevalece es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">una buena conciencia.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora leamos Santiago 4:3. «Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.» Aquí aprendemos que los que piden algo a Dios con motivos egoístas se quedarán totalmente decepcionados. Dios no colaborará en la propia gratificación. Las oraciones que se registran en las Escrituras, y que recibieron unas respuestas tan maravillosas, fueron oraciones en favor de otros, u oraciones que tenían en vista la gloria de Dios en relación con aquellos que las pronunciaron. Así, una segunda condición es que haya <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">un motivo limpio.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego veamos Santiago 1:6, 7. «Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.» Así, es necesaria una <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">confianza inamovible</span> si queremos obtener respuesta a nuestras oraciones. Dudar es deshonrar a Dios, y asestar un golpe de muerte a nuestras propias peticiones.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Examinemos ahora 1 Juan 3:22. «Cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.» Así, otra condición es que haya <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">obediencia</span> por nuestra parte. No se nos deja sin saber qué cosas agradan al Señor. Pero no es suficiente con <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">saberlas.</span> Tenemos que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hacerlas</span> si deseamos recibir de Él aquellas cosas que pedimos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Volvamos de nuevo a Juan 16:23. «Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.» Aquí tenemos una quinta condición. Si la oración es en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nombre de Cristo</span> recibirá respuesta. ¿Qué significa orar en Su nombre? Desde luego, no significa orar acerca de cualquier cosa que nos plazca, y luego terminar diciendo: «Todo esto te lo pedimos en el nombre y por causa de nuestro Señor Jesucristo». Significa que aquello que pedimos debe ser algo a lo que el nombre de Cristo pueda ir verdaderamente unido, algo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Él</span> pediría si estuviera en nuestras circunstancias. Esto demanda discernimiento espiritual, que solo puede adquirirse andando cerca del Señor. De modo que pedir cualquier cosa en Su nombre implica que estamos en estrecha comunión con Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Ya que Dios conoce todas nuestras necesidades, ¿por qué deberíamos orar a Él acerca de las mismas?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego, es suficiente con saber que Dios quiere que oremos. Se podrían citar docenas de pasajes de las Escrituras que exponen que la oración es aceptable para Dios. Nadie se imagina que oramos para informar a Dios de lo que Él no sabe. Tampoco oramos para asegurarnos Su interés en nosotros o Su amor. El santo que ora con inteligencia se da cuenta de que está hablando con Aquel que conoce cada una de sus necesidades mucho mejor que él mismo, que tiene un interés sin límites en todo lo que se refiere a Su pueblo, y cuyo amor no podría ser más grande de lo que es. El objeto de la oración es que se pueda expresar nuestra dependencia de Dios, y que nuestras almas puedan entrar en contacto con Él acerca de aquello por lo que oramos; que al esperar en Él aprendamos Su mente; que se dé expresión a los deseos que el Espíritu Santo ha originado en nosotros, y que cuando la respuesta llegue, seamos conscientes de que es ciertamente <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">de parte</span> de Dios que viene.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Deberíamos orar más de una vez por cualquier cosa?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No se puede establecer ninguna norma concreta respecto a algo así. En algunos casos se nos hace sentir que nuestra petición, por alguna sabia razón, no nos será concedida, y nos sentimos sin libertad para seguir pidiendo. Casos como este pueden ser infrecuentes, pero desde luego se dan. A Moisés, cuando oró que le fuera permitido entrar en Canaán, se le prohibió repetir su petición (Dt. 3:26).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Por otra parte, a veces, cuando pedimos al Señor algo especial, viene sobre uno una sensación abrumadora de que ha sido oído, y de que la petición está concedida, y se tiene la sensación de que volver a pedir sería una presunción.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero estos son casos excepcionales, y, en general, el Señor querría que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">persistamos en oración</span> por aquello que está en nuestros corazones. A menudo nos mantiene esperando durante meses, e incluso durante años, antes de dar una respuesta, con el fin de poner a prueba la realidad de nuestro deseo, y de probar nuestra fe. Él quiere que seamos importunos acerca de lo que queremos de Él, y así mostrar que somos serios acerca de aquello. Esta es la lección que se nos comunica en la parábola del anfitrión de un viajero, que pidió pan a un amigo suyo a medianoche (Lucas 11). Fue oído <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por su importunidad.</span> Otra parábola —la de la viuda que había sufrido una injusticia (Lucas 18)— refuerza esta misma verdad, de la necesidad de orar siempre, y no desmayar.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No se trata de que Dios sea un Dador difícil y mal dispuesto, sino de que la importunidad es una prueba de seriedad y de fe.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Es deseable apartar momentos concretos para la oración privada?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego que así es para la gran mayoría de los cristianos. Todo lo que se deja para momentos ocasionales queda a menudo relegado del todo, y estoy convencido de que la falta de una programación regular es la razón de que haya tan poca oración entre nosotros. Los santos de la antigüedad tenían horas programadas. «Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz» (Salmo 55:17).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">También Daniel cultivó este mismo hábito, y nada podía impedirle de arrodillarse en su estancia tres veces al día, para orar y dar gracias delante de su Dios (Daniel 6:10). ¡Qué pena que permitamos que cosas triviales nos priven de nuestro tiempo para la oración!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Decid que se trata de una práctica «legalista», si queréis, ¡pero me gustaría ver mucha más de esta clase de legalidad! Recomiendo a cada joven creyente, con toda intensidad, la costumbre de reservar una cierta hora cada día para tener una relación a solas con Dios. El mejor momento es por la mañana temprano, e inmediatamente antes de retirarse por la noche.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero además de reservar momentos regulares para la oración, y de los que no deberíamos dejar que nada ni nadie nos privasen, deberíamos tratar de estar <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">siempre</span> en un espíritu de oración y dependencia, listos en cualquier momento para volvernos al Señor acerca de cualquier dificultad, o en cualquier emergencia. En Nehemías tenemos un maravilloso ejemplo de esto. Él era el copero del rey, y mientras estaba cumpliendo sus deberes, su real señor le hizo de repente una pregunta que él se sintió totalmente incapaz de contestar sin consultar con el Señor. Precisaba urgentemente de la dirección divina, pero la pregunta del rey tenía que ser contestada de inmediato. Nehemías pudo dirigirse al Señor en oración. «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey</span>» (Nehemías 2:4, 5). ¡Ojalá estuviéramos siempre tan cerca del Señor que pudiéramos consultarle y buscar sabiduría y dirección de Su parte con tanta presteza como pudo hacerlo Nehemías!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Recomendaría usted alguna forma especial de oración?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No. El Espíritu Santo está aquí para generar nuestros pensamientos y deseos en la línea de la voluntad de Dios, y Él pone en nuestros corazones los asuntos adecuados para la oración, y nos capacita para presentarlos delante del Señor. Así, se nos exhorta a orar «en todo tiempo con toda oración y súplica <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en el Espíritu</span>», y a orar «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en el Espíritu Santo</span>» (Efesios 6:18, Judas 20).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es cierto que, si somos dejados a nosotros mismos, «qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos», pero en el Espíritu Santo tenemos al mejor de los maestros, y podemos dejarle a Él, seguros, el controlarnos y dirigirnos en nuestras oraciones </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cree usted en hacer largas oraciones?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, siempre y cuando sean pronunciadas en privado y broten del corazón.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> No podemos estar demasiado tiempo de rodillas en secreto. En una ocasión, el Señor Jesús estuvo toda una noche en oración; pero el mero hecho de que alguien esté largo tiempo en oración no asegura que vaya a ser oído. A nadie se le oye por mucho hablar. La sinceridad y una profunda reverencia deberían acompañarnos al dirigirnos a Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero me imagino que su pregunta se refiere a las oraciones públicas. Si consideramos las oraciones registradas en la Biblia, encontraremos que la más larga de ellas —la pronunciada por Salomón en la dedicación del templo— tomó menos de diez minutos, incluso en el caso de que se pronuncie lenta y reverentemente. Se ha dicho con razón que cuando uno quiere algo de verdad, podrá comunicar su petición con pocas palabras. Es cuando alguien no tiene nada que pedir en particular que la oración toma veinte o veinticinco minutos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
El Señor Jesús era omnipotente, y era el Creador de todas las cosas. ¿Por qué tenía Él ninguna necesidad de orar?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es cierto que el Señor Jesús era todo lo que usted dice. Él era «Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos». Pero Él descendió a la tierra para recorrer la senda de un Hombre dependiente, y todo aquello que Dios buscaba en un hombre fue hallado en Él en toda perfección. Obediencia, verdad, justicia, confianza, dependencia —todas estas cosas se vieron en Cristo. Y fue como Hombre, en el humilde camino al que Su gracia le había traído, que le encontramos una y otra vez en oración. En todo esto Él nos ha dejado un brillante ejemplo. ¡Que sigamos fielmente en Sus pasos! En el Evangelio de Lucas, donde vemos a nuestro Señor de una manera especial como Hombre, creo que lo encontramos siete veces en oración.</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota</span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Doce Diálogos Bíblicos (10)]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2304.html</link>
			<pubDate>Mon, 22 May 2017 15:03:29 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=3">Heriberto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2304.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 10</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tema: LA INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">W. E. Powell</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #330099;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">EN nuestros diálogos anteriores hemos hablado de muchas cosas maravillosas que aparecen en la Biblia. En esta ocasión vamos a hablar de la Biblia misma, y del título que tiene a nuestra obediencia. Espero que como resultado de ello, pueda crecer nuestra reverencia por el santo Libro de Dios, y que se implante en nuestros corazones un deseo por una mayor familiaridad con sus enseñanzas.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué hace que la Biblia sea diferente de cualquier otro libro?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La Biblia nos viene con una afirmación que no hace ningún otro libro del mundo que sea digno de una verdadera atención. No me será necesario referirme al Corán, ni a los libros sagrados del los hindúes o de otras naciones orientales, ni a las pretensiones sin sustancia de los mormones y de otros grupos. Puede que sus seguidores reclamen inspiración para los mismos, pero nadie aquí estaría dispuesto a dar ninguna consideración a tal pretensión.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Dejando de lado estos productos del fanatismo y del paganismo, si comparamos la Biblia con otros libros buenos y útiles, descubrimos que se levanta sobre una base inconmensurablemente más elevada que incluso los mejores entre ellos. Los libros escritos por consagrados hombres de Dios son de lectura útil y provechosa, y sus escritores pueden haber tenido la ayuda del Espíritu Santo mientras los escribían. Pero, con todo, las palabras de tales libros son las palabras de sus escritores, y no las mismas palabras de Dios. En el caso de la Biblia, es diferente. Sus palabras han sido dadas divinamente. «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toda la Escritura es inspirada por Dios</span>» (2 Timoteo 3:16). Es decir, la Biblia fue escrita, no porque el Espíritu santo sugiriese pensamientos buenos y santos a los escritores (como puede suceder en la actualidad), sino por la inspiración de las palabras mismas a fin de impedir toda posibilidad de error o imperfección. Las Sagradas Escrituras, tal como fueron dadas al principio, son como su Divino Autor —perfectas. Esta es la verdad que deseo mantener, por la gracia de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cómo puede usted demostrar que la Biblia está inspirada?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El cristiano que conoce y ama su Biblia encontrará en sus maravillosas excelencias, y en la manera en que habla a su corazón y afecta a su conciencia, una suficiente prueba de su origen divino.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si te encontrases en aquella calle de allí al mediodía, no necesitarías que nadie te demostrase que el sol resplandece. Sentirías su calor, y esto te sería suficiente. Y si recibieras un profundo corte de una navaja de afeitar, ¿necesitarías alguna otra prueba de que está afilada? De la misma manera, cuando uno siente su corazón ardiente por la lectura de este bendito Libro, como solo el amor divino lo puede hacer arder; y cuando la conciencia se siente afectada, como solo la voz de la autoridad divina la puede afectar —uno tiene prueba de la inspiración de las Escrituras.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Las evidencias externas son cosas débiles para descansar la fe sobre ellas. Pero en el caso de la Biblia, no están en absoluto ausentes.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El maravilloso y detallado cumplimiento de sus profecías; la perfecta armonía entre sus diversas partes, redactadas como lo fueron bajo diversas circunstancias y en diferentes épocas; el fracaso absoluto de sus críticos en su intento de fundamentar sus acusaciones de imperfección; la imposibilidad para la mente humana, por muy instruida y culta que sea, para sondear y agotar sus enseñanzas —todos estos y muchos otros hechos dan testimonio de la autoría divina de la Biblia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cómo concuerda la inspiración divina de la Biblia con el hecho de que sus diversas partes fueron escritas por hombres?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se empleó a hombres para escribir las palabras, y con este propósito se seleccionaron escritores cuyo carácter, posición o historia les hacían especialmente idóneos para comunicar la revelación que les fue dada. Pero las palabras por medio de las que ellos hicieron sus respectivas comunicaciones eran tan verdaderamente las verdades del mismo Dios como si Su propio dedo las hubiera grabado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ilustremos lo que quiero decir con ello. Cuando Moisés fue llamado a la cumbre del monte, recibió la ley grabada en dos tablas de piedra, «escritas con el dedo de Dios» (Éxodo 31:18). Sin emplear ningún instrumento humano, el mismo Dios había escrito las palabras. «Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas» (Éxodo 32:16).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero cuando Moisés descendió del monte y encontró al pueblo clamando y danzando en honor de un becerro de oro, con un impulso de ira justiciera rompió a trozos las tabletas que Dios le había dado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tras esto, Moisés fue vuelto a llamar a la cumbre del monte para una nueva entrega de las tablas, pero en este caso <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Moisés</span> debía preparar el material (Éxodo 34:1), y aunque Dios de nuevo emprendió escribir Sus palabras sobre ellas, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">fue por mano de Moisés que las iba a escribir.</span> «Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras» (v. 27). Pero aunque fue la mano de Moisés la que en esta ocasión escribió estas palabras, eran tan verdaderamente las palabras del mismo Dios como cuando Su propio dedo las había escrito; de modo que Moisés pudo decir: «Estas son las cosas que Jehová ha mandado que sean hechas» (Éxodo 35:1).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esto nos servirá de ayuda para comprender como unas palabras escritas sobre materiales fabricados por hombres, y por dedos humanos, pueden sin embargo ser los mismos dichos de Dios. Así son las palabras de la Biblia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si pasamos a Hechos 1:16, veremos que las palabras de las Escrituras se describen así. El apóstol Pedro, citando del Antiguo Testamento, designa la cita como una escritura «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">que el Espíritu Santo habló antes por boca de David</span>». También, en Hechos 28:25, Pablo exclama: «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías</span>».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Los hay que pretenden haber encontrado contradicciones y errores en la Biblia. ¿Qué dice usted acerca de esto?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Por lo general es fácil demostrar que los errores existen en las mentes de los críticos, y no en la Biblia. Tomemos, por ejemplo, la pretendida discrepancia entre la enseñanza de Pablo y la de Santiago acerca del tema de la justificación. El primero dice que somos justificados por la fe, el segundo que somos justificados por las obras. Pero, al examinar la cuestión, encontramos que la justificación de la que habla Pablo es la justificación ante <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dios;</span> mientras que Santiago habla de la justificación delante de los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hombres,</span> algo totalmente diferente. Así, la acusación de error cae sobre la cabeza del crítico, que resulta culpable de superficialidad y de falta de discernimiento.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tomemos otro ejemplo. En el Evangelio de Mateo, se dice que el llamado «Sermón del Monte» fue pronunciado en un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">monte,</span> donde el Señor Jesús <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">se sentó</span> y enseñó a Sus discípulos. «Pero», dice el crítico, «en el Evangelio de Lucas se dice que este mismo sermón fue pronunciado mientras el Señor <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">estaba de pie,</span> y además no en un monte, sino en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">un lugar</span> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">llano</span>» (Lucas 6:17). ¡Y presentan este ejemplo como una prueba concluyente de contradicción entre los escritores de los Evangelios!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Yo más bien hubiera pensado que esta no es más que una prueba concluyente de la ceguera de los presuntuosos críticos de la Biblia. Porque, incluso si suponemos que el sermón registrado por Mateo y el que nos da Lucas fuesen exactamente el mismo, palabra por palabra (lo cual distan de serlo), no sigue de ello que haya ninguna contradicción entre ambos relatos. Allí donde el Señor iba, predicando el evangelio del Reino, tenía el mismo mensaje que proclamar, y es muy probable que expusiera las mismas verdades, en términos idénticos o semejantes, en diferentes localidades. ¿Qué hay pues que nos impida creer que en una ocasión el Señor pronunció las palabras que aparecen en Mateo, sentado en la ladera de un monte, y en otra ocasión las palabras que aparecen en Lucas, de pie en un lugar llano? Este parece ser el caso.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Bien lejos de ser un ejemplo de imperfección en la Biblia, se trata de otro ejemplo de su maravillosa y detallada perfección. Porque en Mateo se presenta al Señor como el largamente esperado Mesías de los judíos, el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Siloh</span> a quien se congregarían todos los pueblos. La gran carga de Su mensaje que se presenta de este modo era «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Venid a Mí</span>». ¡Qué apropiada es entonces la imagen que Mateo dibuja del Señor sentado en el monte, con Sus seguidores reunidos en torno a Él!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero en Lucas El se presenta como el Hijo del Hombre, que descendió en gracia celestial para satisfacer la necesidad del hombre pecador. La carga del mensaje evangélico en Lucas no es tanto «Venid a Mí» como «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Yo he venido a vosotros</span>». «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10). De ahí que Su descenso al lugar llano para pronunciar el sermón es el incidente seleccionado para el retrato mediante la pluma de Lucas, en hermosa armonía con el propósito de su evangelio.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Así es como quedan los críticos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un microscopista o un químico, por diestros que sean, nunca podrán satisfacer su hambre mediante la disección o el análisis del plato de alimento que tienen delante de ellos. Tampoco nosotros, si ocupamos el sillón del crítico, prosperaremos con nuestro estudio de la Palabra de Dios. Es con un espíritu humilde, como el de un niño, que deberíamos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">alimentarnos</span> de lo que Dios nos ha dado para alimento de nuestras almas, y dejar la búsqueda de faltas a aquellos que deseen permanecer flacos y famélicos toda su vida.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No hay muchas cosas en la Biblia muy difíciles para que los cristianos jóvenes las comprendan?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, sin duda alguna; pero, por otra parte, hay mucho que el más sencillo creyente puede comprender y de lo que se puede alimentar. Se cuenta una historia de una vieja señora que comparaba la lectura de la Biblia con comer un plato de pescado. «Cuando llego a una espina», dice, «no me preocupo porque no la puedo digerir. La pongo a un lado y sigo comiendo aquella parte del pescado que puedo asimilar. Y cuando leo la Palabra de Dios, si llego a algo que va más allá de mi pobre comprensión, no me preocupo por ello, solo lo dejo hasta aquel momento en que el Señor quiera darme mejor entendimiento, y, entretanto, dirijo mi atención a la abundancia de preciosas verdades que son suficientemente sencillas para que yo las comprenda, y consigo muchas buenas comidas para mi alma con ello».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esta vieja señora era sabia, y yo querría aconsejar a todos los jóvenes cristianos que lean sus Biblias en base a este mismo principio. Lo que encuentren difícil de comprender lo pueden dejar para una futura consideración, o bien pueden buscar la ayuda de algún cristiano espiritual que esté más avanzado que ellos en las cosas de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No hay peligro de que los cristianos jóvenes interpreten erróneamente la Biblia, y que con ello se perjudiquen espiritualmente?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No solo hay el peligro, sino la certidumbre de interpretar erróneamente las Escrituras si confiamos en nuestro propio entendimiento para su estudio. Solo hay una Persona en la tierra que pueda interpretar correctamente para nuestras almas la bendita enseñanza de la Palabra de Dios.  Me refiero al Espíritu Santo. Pero Él está aquí, entre otras razones, con el propósito expreso de iluminar nuestras almas con el conocimiento de la verdad. Fue Él, en primera instancia, el autor de las palabras de la Biblia, y Él puede nos aclarar su significado. Él es el Divino Intérprete del Libro Divino.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Gracias a Dios, no somos abandonados al juicio privado para la interpretación de las Escrituras, ni dependemos de las decisiones de eruditos doctores, ni de los pronunciamientos de ninguna pretendida autoridad humana, sea papal o de otra clase. Tenemos al mismo Espíritu Santo como nuestro Maestro y Guía. El que lea su Biblia en una sencilla y ferviente dependencia de Su enseñanza no quedará decepcionado. Será guardado de muchos errores, y será alimentado con la mejor flor de harina del trigo más selecto.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Si un joven cristiano fuese a decir: «Me gustaría estudiar mi Biblia, pero no sé por dónde empezar», ¿cómo le aconsejaría?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esta es una pregunta de difícil respuesta, porque mucho depende del grado de familiaridad que se tenga con las Escrituras.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se podría comenzar estudiando las maravillosas parábolas que se nos dan en el Evangelio de Lucas, que exponen de una forma tan sobresaliente la gracia de Dios. Me refiero a las parábolas del hijo pródigo, de la gran cena y del buen samaritano.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Por otra parte, se podrían escudriñar las Escrituras para descubrir lo que dicen acerca de cualquier cuestión determinada que pueda estar pesando en la mente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero en particular recomendaríamos a todos los cristianos jóvenes que lean por sí mismos las porciones de las Escrituras que se nos proponen en nuestras reuniones públicas, aquellas mediante las que se expone el evangelio, o aquellas que se puedan escoger como tema de una lectura bíblica o de una conferencia. Estas porciones se seleccionan a menudo con vistas especialmente a las necesidades espirituales de los creyentes jóvenes, y se deberían estudiar en privado después de haberse considerado en la reunión.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Hay algunos puntos no esenciales en la Biblia?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Parece bien poco probable que Dios se hubiera preocupado de darnos una revelación de cosas para que podamos contemplarlas con indiferencia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Demasiadas veces nos parecemos a los viejos astrónomos que consideraban la tierra como el centro del universo, y que así razonaban. Somos proclives a considerarnos como la figura central del maravilloso plan de Dios, y a considerar cualquier cosa de la que no veamos una relación inmediata con nuestra propia bendición como un punto «no esencial». Pero esta es una manera profundamente egoísta de considerar esta cuestión. La realidad es que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo</span> es el centro de todos los planes y propósitos de Dios, y lo que se revela es con vistas a Su gloria. Puede que no veamos como alguna verdad en particular nos afecta a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nosotros,</span> pero si está de alguna forma relacionada con la gloria de Cristo, ¿puede algún corazón leal considerarla como «no esencial»?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Así, podemos estar seguros de que todo en la Biblia es esencial —esencial para la gloria de Cristo y para la integridad de la revelación de Dios, y si intentamos prescindir de ninguna de sus partes, seremos por ello mismo perdedores.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Aconsejaría usted a un inconverso que proceda a leer la Biblia?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego, porque sus palabras son palabras de vida. No quiero decir con esto que los hombres puedan salvarse por la lectura de la Biblia. Uno puede haberse leído la Biblia entera y poder repetirla de memoria capítulo por capítulo, y sin embargo no ser salvo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero hay incontables ejemplos conocidos de almas a las que les ha llegado la voz de Dios con poder vivificador a través de las páginas de las Escrituras. El Espíritu Santo aplica algún pasaje a la conciencia, y es así el medio de despertamiento y bendición. Incluso ha habido incrédulos que, estudiando la Biblia con el deseo de encontrar fallos en ella, han sido despertados y llevados a Cristo por lo que han encontrado en ella; ha habido paganos, en lugares donde nunca se ha oído la voz del predicador, que han obtenido copias de la Palabra de Dios, y que han encontrado vida y bendición en Cristo por medio de ella.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Está usted en favor de enseñar la Biblia a los niños?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Totalmente. Los padres cristianos descuidan un deber de la mayor importancia si no emprenden saturar las mentes de sus pequeños con las verdades de la Palabra de dios. Es cierto que para que estas verdades tengan efecto ha de haber una obra del Espíritu Santo en el alma; pero si la mente está saturada con las Escrituras desde la juventud, hay material que el Espíritu Santo puede usar en cualquier ocasión posterior. ¡Cuántos hay que, durante la madurez, han recordado algún pasaje de las Escrituras que habían aprendido en su niñez, y este pasaje ha hecho una impresión tan poderosa sobre sus almas que ha resultado en su conversión! De modo que incluso si hemos de esperar muchos días, o años, para que la semilla brote, es bueno sembrarla en las mentes de nuestros niños. Podemos estar seguros de que si no impregnamos sus mentes con la enseñanza del Libro de Dios, Satanás estará bien listo para aprovecharse de ello y plantar allí sus malos pensamientos. Así, por todos los medios, enseñad a vuestros hijos, y que reciban la enseñanza de las verdades de la santa Palabra de Dios.</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 10</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tema: LA INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">W. E. Powell</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #330099;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">EN nuestros diálogos anteriores hemos hablado de muchas cosas maravillosas que aparecen en la Biblia. En esta ocasión vamos a hablar de la Biblia misma, y del título que tiene a nuestra obediencia. Espero que como resultado de ello, pueda crecer nuestra reverencia por el santo Libro de Dios, y que se implante en nuestros corazones un deseo por una mayor familiaridad con sus enseñanzas.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué hace que la Biblia sea diferente de cualquier otro libro?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La Biblia nos viene con una afirmación que no hace ningún otro libro del mundo que sea digno de una verdadera atención. No me será necesario referirme al Corán, ni a los libros sagrados del los hindúes o de otras naciones orientales, ni a las pretensiones sin sustancia de los mormones y de otros grupos. Puede que sus seguidores reclamen inspiración para los mismos, pero nadie aquí estaría dispuesto a dar ninguna consideración a tal pretensión.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Dejando de lado estos productos del fanatismo y del paganismo, si comparamos la Biblia con otros libros buenos y útiles, descubrimos que se levanta sobre una base inconmensurablemente más elevada que incluso los mejores entre ellos. Los libros escritos por consagrados hombres de Dios son de lectura útil y provechosa, y sus escritores pueden haber tenido la ayuda del Espíritu Santo mientras los escribían. Pero, con todo, las palabras de tales libros son las palabras de sus escritores, y no las mismas palabras de Dios. En el caso de la Biblia, es diferente. Sus palabras han sido dadas divinamente. «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toda la Escritura es inspirada por Dios</span>» (2 Timoteo 3:16). Es decir, la Biblia fue escrita, no porque el Espíritu santo sugiriese pensamientos buenos y santos a los escritores (como puede suceder en la actualidad), sino por la inspiración de las palabras mismas a fin de impedir toda posibilidad de error o imperfección. Las Sagradas Escrituras, tal como fueron dadas al principio, son como su Divino Autor —perfectas. Esta es la verdad que deseo mantener, por la gracia de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cómo puede usted demostrar que la Biblia está inspirada?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El cristiano que conoce y ama su Biblia encontrará en sus maravillosas excelencias, y en la manera en que habla a su corazón y afecta a su conciencia, una suficiente prueba de su origen divino.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si te encontrases en aquella calle de allí al mediodía, no necesitarías que nadie te demostrase que el sol resplandece. Sentirías su calor, y esto te sería suficiente. Y si recibieras un profundo corte de una navaja de afeitar, ¿necesitarías alguna otra prueba de que está afilada? De la misma manera, cuando uno siente su corazón ardiente por la lectura de este bendito Libro, como solo el amor divino lo puede hacer arder; y cuando la conciencia se siente afectada, como solo la voz de la autoridad divina la puede afectar —uno tiene prueba de la inspiración de las Escrituras.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Las evidencias externas son cosas débiles para descansar la fe sobre ellas. Pero en el caso de la Biblia, no están en absoluto ausentes.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El maravilloso y detallado cumplimiento de sus profecías; la perfecta armonía entre sus diversas partes, redactadas como lo fueron bajo diversas circunstancias y en diferentes épocas; el fracaso absoluto de sus críticos en su intento de fundamentar sus acusaciones de imperfección; la imposibilidad para la mente humana, por muy instruida y culta que sea, para sondear y agotar sus enseñanzas —todos estos y muchos otros hechos dan testimonio de la autoría divina de la Biblia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cómo concuerda la inspiración divina de la Biblia con el hecho de que sus diversas partes fueron escritas por hombres?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se empleó a hombres para escribir las palabras, y con este propósito se seleccionaron escritores cuyo carácter, posición o historia les hacían especialmente idóneos para comunicar la revelación que les fue dada. Pero las palabras por medio de las que ellos hicieron sus respectivas comunicaciones eran tan verdaderamente las verdades del mismo Dios como si Su propio dedo las hubiera grabado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ilustremos lo que quiero decir con ello. Cuando Moisés fue llamado a la cumbre del monte, recibió la ley grabada en dos tablas de piedra, «escritas con el dedo de Dios» (Éxodo 31:18). Sin emplear ningún instrumento humano, el mismo Dios había escrito las palabras. «Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas» (Éxodo 32:16).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero cuando Moisés descendió del monte y encontró al pueblo clamando y danzando en honor de un becerro de oro, con un impulso de ira justiciera rompió a trozos las tabletas que Dios le había dado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tras esto, Moisés fue vuelto a llamar a la cumbre del monte para una nueva entrega de las tablas, pero en este caso <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Moisés</span> debía preparar el material (Éxodo 34:1), y aunque Dios de nuevo emprendió escribir Sus palabras sobre ellas, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">fue por mano de Moisés que las iba a escribir.</span> «Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras» (v. 27). Pero aunque fue la mano de Moisés la que en esta ocasión escribió estas palabras, eran tan verdaderamente las palabras del mismo Dios como cuando Su propio dedo las había escrito; de modo que Moisés pudo decir: «Estas son las cosas que Jehová ha mandado que sean hechas» (Éxodo 35:1).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esto nos servirá de ayuda para comprender como unas palabras escritas sobre materiales fabricados por hombres, y por dedos humanos, pueden sin embargo ser los mismos dichos de Dios. Así son las palabras de la Biblia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si pasamos a Hechos 1:16, veremos que las palabras de las Escrituras se describen así. El apóstol Pedro, citando del Antiguo Testamento, designa la cita como una escritura «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">que el Espíritu Santo habló antes por boca de David</span>». También, en Hechos 28:25, Pablo exclama: «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías</span>».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Los hay que pretenden haber encontrado contradicciones y errores en la Biblia. ¿Qué dice usted acerca de esto?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Por lo general es fácil demostrar que los errores existen en las mentes de los críticos, y no en la Biblia. Tomemos, por ejemplo, la pretendida discrepancia entre la enseñanza de Pablo y la de Santiago acerca del tema de la justificación. El primero dice que somos justificados por la fe, el segundo que somos justificados por las obras. Pero, al examinar la cuestión, encontramos que la justificación de la que habla Pablo es la justificación ante <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dios;</span> mientras que Santiago habla de la justificación delante de los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hombres,</span> algo totalmente diferente. Así, la acusación de error cae sobre la cabeza del crítico, que resulta culpable de superficialidad y de falta de discernimiento.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tomemos otro ejemplo. En el Evangelio de Mateo, se dice que el llamado «Sermón del Monte» fue pronunciado en un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">monte,</span> donde el Señor Jesús <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">se sentó</span> y enseñó a Sus discípulos. «Pero», dice el crítico, «en el Evangelio de Lucas se dice que este mismo sermón fue pronunciado mientras el Señor <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">estaba de pie,</span> y además no en un monte, sino en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">un lugar</span> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">llano</span>» (Lucas 6:17). ¡Y presentan este ejemplo como una prueba concluyente de contradicción entre los escritores de los Evangelios!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Yo más bien hubiera pensado que esta no es más que una prueba concluyente de la ceguera de los presuntuosos críticos de la Biblia. Porque, incluso si suponemos que el sermón registrado por Mateo y el que nos da Lucas fuesen exactamente el mismo, palabra por palabra (lo cual distan de serlo), no sigue de ello que haya ninguna contradicción entre ambos relatos. Allí donde el Señor iba, predicando el evangelio del Reino, tenía el mismo mensaje que proclamar, y es muy probable que expusiera las mismas verdades, en términos idénticos o semejantes, en diferentes localidades. ¿Qué hay pues que nos impida creer que en una ocasión el Señor pronunció las palabras que aparecen en Mateo, sentado en la ladera de un monte, y en otra ocasión las palabras que aparecen en Lucas, de pie en un lugar llano? Este parece ser el caso.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Bien lejos de ser un ejemplo de imperfección en la Biblia, se trata de otro ejemplo de su maravillosa y detallada perfección. Porque en Mateo se presenta al Señor como el largamente esperado Mesías de los judíos, el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Siloh</span> a quien se congregarían todos los pueblos. La gran carga de Su mensaje que se presenta de este modo era «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Venid a Mí</span>». ¡Qué apropiada es entonces la imagen que Mateo dibuja del Señor sentado en el monte, con Sus seguidores reunidos en torno a Él!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero en Lucas El se presenta como el Hijo del Hombre, que descendió en gracia celestial para satisfacer la necesidad del hombre pecador. La carga del mensaje evangélico en Lucas no es tanto «Venid a Mí» como «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Yo he venido a vosotros</span>». «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10). De ahí que Su descenso al lugar llano para pronunciar el sermón es el incidente seleccionado para el retrato mediante la pluma de Lucas, en hermosa armonía con el propósito de su evangelio.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Así es como quedan los críticos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un microscopista o un químico, por diestros que sean, nunca podrán satisfacer su hambre mediante la disección o el análisis del plato de alimento que tienen delante de ellos. Tampoco nosotros, si ocupamos el sillón del crítico, prosperaremos con nuestro estudio de la Palabra de Dios. Es con un espíritu humilde, como el de un niño, que deberíamos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">alimentarnos</span> de lo que Dios nos ha dado para alimento de nuestras almas, y dejar la búsqueda de faltas a aquellos que deseen permanecer flacos y famélicos toda su vida.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No hay muchas cosas en la Biblia muy difíciles para que los cristianos jóvenes las comprendan?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, sin duda alguna; pero, por otra parte, hay mucho que el más sencillo creyente puede comprender y de lo que se puede alimentar. Se cuenta una historia de una vieja señora que comparaba la lectura de la Biblia con comer un plato de pescado. «Cuando llego a una espina», dice, «no me preocupo porque no la puedo digerir. La pongo a un lado y sigo comiendo aquella parte del pescado que puedo asimilar. Y cuando leo la Palabra de Dios, si llego a algo que va más allá de mi pobre comprensión, no me preocupo por ello, solo lo dejo hasta aquel momento en que el Señor quiera darme mejor entendimiento, y, entretanto, dirijo mi atención a la abundancia de preciosas verdades que son suficientemente sencillas para que yo las comprenda, y consigo muchas buenas comidas para mi alma con ello».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esta vieja señora era sabia, y yo querría aconsejar a todos los jóvenes cristianos que lean sus Biblias en base a este mismo principio. Lo que encuentren difícil de comprender lo pueden dejar para una futura consideración, o bien pueden buscar la ayuda de algún cristiano espiritual que esté más avanzado que ellos en las cosas de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No hay peligro de que los cristianos jóvenes interpreten erróneamente la Biblia, y que con ello se perjudiquen espiritualmente?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No solo hay el peligro, sino la certidumbre de interpretar erróneamente las Escrituras si confiamos en nuestro propio entendimiento para su estudio. Solo hay una Persona en la tierra que pueda interpretar correctamente para nuestras almas la bendita enseñanza de la Palabra de Dios.  Me refiero al Espíritu Santo. Pero Él está aquí, entre otras razones, con el propósito expreso de iluminar nuestras almas con el conocimiento de la verdad. Fue Él, en primera instancia, el autor de las palabras de la Biblia, y Él puede nos aclarar su significado. Él es el Divino Intérprete del Libro Divino.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Gracias a Dios, no somos abandonados al juicio privado para la interpretación de las Escrituras, ni dependemos de las decisiones de eruditos doctores, ni de los pronunciamientos de ninguna pretendida autoridad humana, sea papal o de otra clase. Tenemos al mismo Espíritu Santo como nuestro Maestro y Guía. El que lea su Biblia en una sencilla y ferviente dependencia de Su enseñanza no quedará decepcionado. Será guardado de muchos errores, y será alimentado con la mejor flor de harina del trigo más selecto.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Si un joven cristiano fuese a decir: «Me gustaría estudiar mi Biblia, pero no sé por dónde empezar», ¿cómo le aconsejaría?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esta es una pregunta de difícil respuesta, porque mucho depende del grado de familiaridad que se tenga con las Escrituras.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se podría comenzar estudiando las maravillosas parábolas que se nos dan en el Evangelio de Lucas, que exponen de una forma tan sobresaliente la gracia de Dios. Me refiero a las parábolas del hijo pródigo, de la gran cena y del buen samaritano.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Por otra parte, se podrían escudriñar las Escrituras para descubrir lo que dicen acerca de cualquier cuestión determinada que pueda estar pesando en la mente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero en particular recomendaríamos a todos los cristianos jóvenes que lean por sí mismos las porciones de las Escrituras que se nos proponen en nuestras reuniones públicas, aquellas mediante las que se expone el evangelio, o aquellas que se puedan escoger como tema de una lectura bíblica o de una conferencia. Estas porciones se seleccionan a menudo con vistas especialmente a las necesidades espirituales de los creyentes jóvenes, y se deberían estudiar en privado después de haberse considerado en la reunión.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Hay algunos puntos no esenciales en la Biblia?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Parece bien poco probable que Dios se hubiera preocupado de darnos una revelación de cosas para que podamos contemplarlas con indiferencia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Demasiadas veces nos parecemos a los viejos astrónomos que consideraban la tierra como el centro del universo, y que así razonaban. Somos proclives a considerarnos como la figura central del maravilloso plan de Dios, y a considerar cualquier cosa de la que no veamos una relación inmediata con nuestra propia bendición como un punto «no esencial». Pero esta es una manera profundamente egoísta de considerar esta cuestión. La realidad es que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo</span> es el centro de todos los planes y propósitos de Dios, y lo que se revela es con vistas a Su gloria. Puede que no veamos como alguna verdad en particular nos afecta a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nosotros,</span> pero si está de alguna forma relacionada con la gloria de Cristo, ¿puede algún corazón leal considerarla como «no esencial»?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Así, podemos estar seguros de que todo en la Biblia es esencial —esencial para la gloria de Cristo y para la integridad de la revelación de Dios, y si intentamos prescindir de ninguna de sus partes, seremos por ello mismo perdedores.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Aconsejaría usted a un inconverso que proceda a leer la Biblia?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego, porque sus palabras son palabras de vida. No quiero decir con esto que los hombres puedan salvarse por la lectura de la Biblia. Uno puede haberse leído la Biblia entera y poder repetirla de memoria capítulo por capítulo, y sin embargo no ser salvo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero hay incontables ejemplos conocidos de almas a las que les ha llegado la voz de Dios con poder vivificador a través de las páginas de las Escrituras. El Espíritu Santo aplica algún pasaje a la conciencia, y es así el medio de despertamiento y bendición. Incluso ha habido incrédulos que, estudiando la Biblia con el deseo de encontrar fallos en ella, han sido despertados y llevados a Cristo por lo que han encontrado en ella; ha habido paganos, en lugares donde nunca se ha oído la voz del predicador, que han obtenido copias de la Palabra de Dios, y que han encontrado vida y bendición en Cristo por medio de ella.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Está usted en favor de enseñar la Biblia a los niños?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Totalmente. Los padres cristianos descuidan un deber de la mayor importancia si no emprenden saturar las mentes de sus pequeños con las verdades de la Palabra de dios. Es cierto que para que estas verdades tengan efecto ha de haber una obra del Espíritu Santo en el alma; pero si la mente está saturada con las Escrituras desde la juventud, hay material que el Espíritu Santo puede usar en cualquier ocasión posterior. ¡Cuántos hay que, durante la madurez, han recordado algún pasaje de las Escrituras que habían aprendido en su niñez, y este pasaje ha hecho una impresión tan poderosa sobre sus almas que ha resultado en su conversión! De modo que incluso si hemos de esperar muchos días, o años, para que la semilla brote, es bueno sembrarla en las mentes de nuestros niños. Podemos estar seguros de que si no impregnamos sus mentes con la enseñanza del Libro de Dios, Satanás estará bien listo para aprovecharse de ello y plantar allí sus malos pensamientos. Así, por todos los medios, enseñad a vuestros hijos, y que reciban la enseñanza de las verdades de la santa Palabra de Dios.</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Doce Diálogos Bíblicos (9)]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2302.html</link>
			<pubDate>Sun, 21 May 2017 02:01:21 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=3">Heriberto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2302.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 9</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Tema: RECAÍDA Y RESTAURACIÓN</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">P. Brown</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #330099;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">EL tema que en esta ocasión va a ocupar nuestra atención es de gran solemnidad. Creo que la mayor parte de los cristianos, por no decir que todos, saben lo que es la recaída. No me refiero a que hayan caído en pecado público. Uno puede actuar de la forma más ejemplar, y, sin embargo, en medio de todo ello, ser «reincidente de corazón» (Proverbios 14:14). Muchos de nosotros, estoy seguro, tenemos que lamentarnos de las ocasiones en las que nos hemos descarriado conscientemente de la comunión con Dios, y en que nuestras almas se han enfriado y nublado. Oremos, por tanto, que Dios nos ayude al pasar a considerar esta cuestión.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cuál es la causa de la recaída?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para responder a esta pregunta, es necesario observar que los descarriados aparecen en dos clases. Hay aquellos que nunca han pasado de una mera profesión de fe cristiana. Han quedado bajo influencias religiosas, han tomado el puesto de creyentes en Cristo, y con toda sinceridad se imaginan que están de camino al cielo. Pero en sus almas no ha entrado de parte de Dios una convicción de pecado; sus conciencias nunca han sido aradas por el poder de la Palabra de Dios; son totalmente ajenos al arrepentimiento y a la fe salvadora en el Señor Jesucristo. A pesar de su profesión de fe son lo que siempre fueron, pecadores no regenerados. Más tarde o más temprano, quizá, la vida religiosa en la que han entrado les resulta fastidiosa. Sienten que no pueden vivir según la profesión de fe que han hecho. Se reafirman los viejos gustos y deseos, y poco a poco van deslizándose hacia su antigua manera de vivir y son considerados como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">recaídos</span> por aquellos que los habían considerado como verdaderos cristianos<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">.</span> Igual que la puerca de la que leemos en 2 Pedro 2:22, su lavamiento no había ido más allá de la superficie; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">re</span>formados exteriormente, nunca habían sido <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">trans</span>formados en ovejas de Cristo, y era solo de esperar que volvieran a la ciénaga del pecado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La otra clase se compone de aquellos que han sido verdaderamente convertidos. Como pecadores merecedores del infierno, pero arrepentidos, han depositado toda la confianza de sus almas en el Señor Jesucristo y en Su obra expiatoria. Sus pecados han sido perdonados, y son de Cristo para siempre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es doloroso tener que decirlo, pero es solo demasiado cierto que incluso los tales pueden descarriarse, enfriarse de corazón y caer en pecado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Son muchas las causas que pueden contribuir a producir la decadencia espiritual en un cristiano. Quizá una de las más frecuentes es la confianza en uno mismo. Somos muy proclives a olvidar que no podemos proseguir por una sola hora a no ser que nos apoyemos en el fuerte brazo de Cristo para mantenernos en pie. A veces somos tan insensatos que nos imaginamos que las maravillosas bendiciones que hemos recibido son suficientes para mantenernos firmes sin una constante dependencia del Dador de la bendición. Haremos bien en recordar lo que sucedió en el caso de Jacob. En aquella memorable noche, junto al vado del Jaboc, recibió una maravillosa bendición. Dios cambió su nombre, y, cosa más significativa, se añade que «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">le salió el sol</span>». Pero lo siguiente que leemos es que «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cojeaba de su cadera</span>». Las tinieblas habían dejado paso a la luz, las dudas y los temores habían dejado paso a la confianza; Dios había dado libremente Su bendición, pero Jacob quedó tan débil e incapaz en sí mismo después de esto como lo era antes. Seguía necesitando apoyarse en algo fuera de sí mismo. Y muchos años después persistía la misma necesidad (Hebreos 11:12).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Lo mismo sucede, en lo espiritual, en el caso de cada hijo de Dios. La única forma de ser preservado de la recaída es una dependencia constante, momento a momento, y así será hasta nuestro último segundo en la tierra. Olvidar esto y confiar en cualquier manera en nuestra propia constancia es asegurar el fracaso y la derrota.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Si un verdadero hijo de Dios recae, ¿necesita volver a ser salvo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Podría contestar a esta pregunta haciendo otra. Si un muchacho huye de casa, ¿necesita que le hagan hijo de su padre otra vez? No, desde luego que no; puede que precise de castigo, y cuando se arrepienta necesitará perdón y restauración a su puesto en el círculo familiar, pero el vínculo de la relación entre él y su padre es de tal naturaleza que ninguna mala conducta de su parte la puede destruir.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora bien, el vínculo que se forma entre el creyente y Dios es un vínculo eterno. Es Dios mismo quien lo ha constituido, y «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">todo lo que Dios hace será perpetuo</span>» (Eclesiastés 3:14). <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dios</span> lo ha salvado, ha hecho de él Su propio hijo querido. Lo ha sellado con Su Espíritu y le ha asegurado que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nunca perecerá.</span> Además, ha llegado a ser miembro del cuerpo de Cristo, y objeto del amor y cuidado especiales del mismo Cristo. ¿Acaso todo esto puede quedar en entredicho, y deshecha la obra de Dios, y que se arrebate una oveja de manos del Pastor? Para una mente reflexiva, y que comprenda lo que se implica en la salvación de un alma, hacer tales preguntas es contestarlas.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Así, ¿no hay tal cosa como ser borrado del libro de la vida?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Usted debe referirse, supongo, a lo que se asevera en Apocalipsis 3:5. Pero debemos recordar que en la ciudad de Sardis había algunos que, por así decirlo, habían escrito sus propios nombres en el libro de los vivientes. Tenían nombre de que vivían, como nos dice el versículo 1, pero en realidad estaban <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">muertos.</span> Ahora bien, si <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dios</span> escribe el nombre de quienquiera en el libro de la vida, se debe a que aquel está verdaderamente vivo, habiendo sido vivificado por el mismo Dios. Y si <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dios </span>escribe un nombre en aquel libro, jamás lo borrará. Pero si alguien toma el puesto de ser un viviente, sin haber «pasado de muerte a vida», es como si hubiera inscrito su nombre donde no tiene derecho a estar, en las páginas del libro de la vida. Y todos estos nombres Dios desde luego los borrará. Pero son los nombres no de santos recaídos, sino de falsos profesantes carentes de vida.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No temía el apóstol Pablo que después de todo él pudiera llegar a ser reprobado?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si este fuera el caso, ¡tiene que haber dudado de la verdad de lo que él mismo enseñaba constantemente! Pero la Escritura no dice lo que su pregunta presupone. El pasaje que usted tiene en mente es 1 Corintios 9:27, que, como observará, no menciona <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">devenir</span> un reprobado, aunque la posibilidad de ser un profesante, e incluso un predicador, y sin embargo no ser otra cosa que un pobre inconverso y réprobo, queda claramente reconocida.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Por qué permite Dios que Sus hijos recaigan?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No podemos referirnos a nuestras recaídas como por permisión de Dios. Naturalmente, es cierto que Él tiene poder para guardarnos de recaer, pero no es Su forma de actuar tratarnos como unas meras máquinas inanimadas. Él ha puesto a disposición de nosotros todas Sus riquezas de gracia y poder, de modo que si nos descarriamos y desviamos, solo podemos culparnos a nosotros mismos. Y Dios emplea nuestros fracasos y nuestras caídas para hacernos aprender la lección que tan lentos somos en aprender —la de nuestra absoluta debilidad e incompetencia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero a fin de que podamos ser preservados de tropiezos y de extravíos, Dios nos ha dado un Salvador viviente en el cielo para que sea nuestro grande y poderoso Intercesor. Él conoce nuestras debilidades y nuestra necesidad, y Él vive para satisfacerla con Su gracia y poder.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tenemos también el Espíritu Santo habitando dentro de nosotros para ser nuestro Guía y Consolador, para hacer reales las cosas de Dios para nosotros, y para controlarnos para Cristo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Y luego tenemos también el inapreciable tesoro de la Palabra de Dios para actuar sobre la conciencia y para señalarnos el camino de la verdad.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Con recursos como estos, no hay excusa para la recaída. Es solo cuando descuidamos la maravillosa provisión que Dios nos ha dado, e intentamos andar con nuestro propio poder, que nos alcanza el desastre espiritual.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Si un cristiano peca, ¿se le debe considerar en cada caso como recaído?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Naturalmente que no, porque, en tal caso, ¿quién entre nosotros no sería un recaído? Debemos distinguir entre aquel que persiste en el pecado, y aquel que es «sorprendido en alguna falta», aunque incluso este último necesita restauración (Gálatas 6:1).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si observamos una columna de humo, la veremos a menudo empujada de un lado a otro por los golpes de viento pasajeros. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero su principal dirección es hacia arriba,</span> a pesar de todo. Así es con el cristiano. Puede ser influido por cosas pasajeras, y por falta de vigilancia puede ser sorprendido en alguna falta. Pero <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">si su principal dirección es hacia arriba,</span> y si prosigue en este curso, lamentando sus fracasos y persistiendo adelante a pesar de todo, no debe ser contemplado a la misma luz de quien persiste durante días, semanas o meses sin acudir a la presencia de Dios en juicio propio, para confesar su pecado y para buscar gracia que le capacite para apartarse del mismo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué quiere decir por «reincidente de corazón»?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es un término escriturario, como veremos si examinamos Proverbios 14:14 (V.M.). Tenemos un ejemplo de lo que se quiere decir con esto en el caso de los santos en Éfeso. Se trataba de lo que muchos considerarían sin duda como una congregación modélica. Su arduo trabajo, su fidelidad en repudiar falsos maestros, su paciencia por causa de Cristo, eran cosas bien conocidas. Sin embargo, Aquel que lee los corazones tenía algo contra ellos: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">habían dejado su primer amor</span> (Apocalipsis 2:2-4). Externamente eran todo lo que se podría desear, pero el amor de ellos por Cristo había dejado de arder con su antiguo brillo, el ardor de su primer afecto hacia Él mismo se había enfriado; eran descarriados <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">de corazón.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¡Cuántos entre nosotros tienen que confesar que esto es lo que nos ha sucedido! ¡Y cuán evidente es, por la evidencia de estos creyentes efesios, que la actividad y el celo en el servicio del Señor, incluso cuando todo ello va acompañado de una fidelidad inflexible a la verdadera doctrina, no remedia el enfriamiento del «primer amor».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cómo puede ser restaurado un hijo de Dios recaído?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si se busca una restauración plena, tiene que llegarse al fondo del propio pecado y enfriamiento en presencia de Dios. No será suficiente con una mera expresión de dolor y oración buscando el perdón. Ha de haber un verdadero juicio propio, y un seguimiento de los pasos tomados en el punto en que tuvo lugar el extravío.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Recuerdo una ocasión, mientras descansaba en mi alojamiento, que un ratoncito salió de su agujero y comenzó a pasearse por la habitación. Pero pronto se asustó por un pequeño movimiento de mi pie, y desapareció por su agujero. Pocos minutos después reapareció, saliendo esta vez de un agujero al otro lado de la estancia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Que cada cristiano recaído observe esto. ¡No puedes hacer como aquel ratón! Él huyó hacia un agujero y salió por otro, pero esto es imposible para ti. Tú te has introducido en algún orificio oscuro, lejos de la luz de la presencia de tu Salvador, lejos del gozo de la comunión con Dios. Y si tienes que ser restaurado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tendrás que salir por el mismo agujero que por el que entraste.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Lo que quiero decir es que tendrás que remontar, en presencia de Dios, aquel episodio de la historia de tu alma que se encuentra entre el momento de tu extravío y el presente. Con ayuda del Señor, lo podrás hacer; y la confesión del primer mal paso, y el juzgarte a ti mismo por haberlo tomado, es un gran comienzo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ten en cuenta, en todo ello, que el bendito Señor te contempla con ojos de amor inmutable. Todo tu pecaminoso extravío no ha hecho disminuir ni un ápice Su fiel amor por ti. Piensa en ello. Medita esta bendita realidad: «El me ama, a pesar de todo», y con el pensamiento de este verdadero, intenso, tierno y eterno amor, acude con tu confesión en presencia de Dios. «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová</span>», y Él sanará tu recaída y te llenará de nuevo el corazón de gozo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero no quieras ofrecer excusa alguna por tu alejamiento.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tu peor enemigo eres tú mismo, y al volverte al Señor harás bien en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no concederte ningún cuartel.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Al confesar tu pecado de esta forma, puedes tener la certidumbre de que quedas perdonado. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados». Puede que no experimentes, y probablemente no experimentarás, ningún repentino alivio ni ninguna dispersión inmediata de las nubes, pero desde luego quedas perdonado en el momento en que derramas la triste historia de tu pecado a oídos de tu Padre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego, por la abogacía de Cristo, sigue la restauración. Él hará que Su palabra tenga efecto sobre ti; te hablará al corazón de una forma que te derretirá, y profundizará en ti el sentido de Su amor y fidelidad y de tu propia insensatez e indignidad. Luego, no confiando en tu propia sabiduría y fuerza, emprenderás continuar en el poder de Su gracia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Cuando un recaído regresa al Señor de esta manera, ¿es inmediata su restauración?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No por lo general, me parece, aunque su <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">perdón</span> es instantáneo en el momento en que presenta su confesión. Pero la restauración es algo distinto del perdón, y no se da con tanta celeridad. Al extraviado que regresa se le hace que se dé cuenta de que su pecado no es cosa ligera, y que el privilegio de la comunión con Dios no es algo que se pueda echar de lado y luego reanudar a placer.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Al decir esto, tengo en mente un pasaje en Oseas 5:15, y 6:1, 2, que aunque primordialmente se refiere a Israel, expone el principio que estoy tratando de explicar.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El Señor se aparta en el capítulo 5:15, «Andaré y volveré a mi lugar», dice el Señor, «hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro». El efecto de esto es que el pueblo se exhortan unos a otros. «Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará». Así, se anticipa un intervalo de tiempo entre el retorno de sus almas al Señor y el avivamiento y levantamiento que procederá de Él. Este período de tiempo permite al alma pasar por el ejercicio espiritual, y que se realice la prueba de su realidad. Pero si se mantiene la actitud de verdadera contrición y de juicio propio, la restauración es tan cierta como el perdón; podemos tener la certidumbre de que Dios no mantendrá a nadie esperando más tiempo del suficiente para que se aprendan las necesarias lecciones.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Dejad que añada que la restauración no llega generalmente en forma de un repentino estallido de éxtasis, ni nada de esta clase; acontece cuando nuestros pensamientos se dejan de centrar en nosotros mismos y se dirigen a Cristo. El Espíritu santo dirige nuestros pensamientos a Su amor, y, al estar con la atención puesta en Él, la bendición que anhelábamos llega a ser nuestra de nuevo.</span></span></span> </div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 9</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Tema: RECAÍDA Y RESTAURACIÓN</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">P. Brown</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #330099;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">EL tema que en esta ocasión va a ocupar nuestra atención es de gran solemnidad. Creo que la mayor parte de los cristianos, por no decir que todos, saben lo que es la recaída. No me refiero a que hayan caído en pecado público. Uno puede actuar de la forma más ejemplar, y, sin embargo, en medio de todo ello, ser «reincidente de corazón» (Proverbios 14:14). Muchos de nosotros, estoy seguro, tenemos que lamentarnos de las ocasiones en las que nos hemos descarriado conscientemente de la comunión con Dios, y en que nuestras almas se han enfriado y nublado. Oremos, por tanto, que Dios nos ayude al pasar a considerar esta cuestión.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cuál es la causa de la recaída?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para responder a esta pregunta, es necesario observar que los descarriados aparecen en dos clases. Hay aquellos que nunca han pasado de una mera profesión de fe cristiana. Han quedado bajo influencias religiosas, han tomado el puesto de creyentes en Cristo, y con toda sinceridad se imaginan que están de camino al cielo. Pero en sus almas no ha entrado de parte de Dios una convicción de pecado; sus conciencias nunca han sido aradas por el poder de la Palabra de Dios; son totalmente ajenos al arrepentimiento y a la fe salvadora en el Señor Jesucristo. A pesar de su profesión de fe son lo que siempre fueron, pecadores no regenerados. Más tarde o más temprano, quizá, la vida religiosa en la que han entrado les resulta fastidiosa. Sienten que no pueden vivir según la profesión de fe que han hecho. Se reafirman los viejos gustos y deseos, y poco a poco van deslizándose hacia su antigua manera de vivir y son considerados como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">recaídos</span> por aquellos que los habían considerado como verdaderos cristianos<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">.</span> Igual que la puerca de la que leemos en 2 Pedro 2:22, su lavamiento no había ido más allá de la superficie; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">re</span>formados exteriormente, nunca habían sido <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">trans</span>formados en ovejas de Cristo, y era solo de esperar que volvieran a la ciénaga del pecado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La otra clase se compone de aquellos que han sido verdaderamente convertidos. Como pecadores merecedores del infierno, pero arrepentidos, han depositado toda la confianza de sus almas en el Señor Jesucristo y en Su obra expiatoria. Sus pecados han sido perdonados, y son de Cristo para siempre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es doloroso tener que decirlo, pero es solo demasiado cierto que incluso los tales pueden descarriarse, enfriarse de corazón y caer en pecado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Son muchas las causas que pueden contribuir a producir la decadencia espiritual en un cristiano. Quizá una de las más frecuentes es la confianza en uno mismo. Somos muy proclives a olvidar que no podemos proseguir por una sola hora a no ser que nos apoyemos en el fuerte brazo de Cristo para mantenernos en pie. A veces somos tan insensatos que nos imaginamos que las maravillosas bendiciones que hemos recibido son suficientes para mantenernos firmes sin una constante dependencia del Dador de la bendición. Haremos bien en recordar lo que sucedió en el caso de Jacob. En aquella memorable noche, junto al vado del Jaboc, recibió una maravillosa bendición. Dios cambió su nombre, y, cosa más significativa, se añade que «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">le salió el sol</span>». Pero lo siguiente que leemos es que «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cojeaba de su cadera</span>». Las tinieblas habían dejado paso a la luz, las dudas y los temores habían dejado paso a la confianza; Dios había dado libremente Su bendición, pero Jacob quedó tan débil e incapaz en sí mismo después de esto como lo era antes. Seguía necesitando apoyarse en algo fuera de sí mismo. Y muchos años después persistía la misma necesidad (Hebreos 11:12).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Lo mismo sucede, en lo espiritual, en el caso de cada hijo de Dios. La única forma de ser preservado de la recaída es una dependencia constante, momento a momento, y así será hasta nuestro último segundo en la tierra. Olvidar esto y confiar en cualquier manera en nuestra propia constancia es asegurar el fracaso y la derrota.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Si un verdadero hijo de Dios recae, ¿necesita volver a ser salvo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Podría contestar a esta pregunta haciendo otra. Si un muchacho huye de casa, ¿necesita que le hagan hijo de su padre otra vez? No, desde luego que no; puede que precise de castigo, y cuando se arrepienta necesitará perdón y restauración a su puesto en el círculo familiar, pero el vínculo de la relación entre él y su padre es de tal naturaleza que ninguna mala conducta de su parte la puede destruir.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora bien, el vínculo que se forma entre el creyente y Dios es un vínculo eterno. Es Dios mismo quien lo ha constituido, y «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">todo lo que Dios hace será perpetuo</span>» (Eclesiastés 3:14). <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dios</span> lo ha salvado, ha hecho de él Su propio hijo querido. Lo ha sellado con Su Espíritu y le ha asegurado que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nunca perecerá.</span> Además, ha llegado a ser miembro del cuerpo de Cristo, y objeto del amor y cuidado especiales del mismo Cristo. ¿Acaso todo esto puede quedar en entredicho, y deshecha la obra de Dios, y que se arrebate una oveja de manos del Pastor? Para una mente reflexiva, y que comprenda lo que se implica en la salvación de un alma, hacer tales preguntas es contestarlas.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Así, ¿no hay tal cosa como ser borrado del libro de la vida?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Usted debe referirse, supongo, a lo que se asevera en Apocalipsis 3:5. Pero debemos recordar que en la ciudad de Sardis había algunos que, por así decirlo, habían escrito sus propios nombres en el libro de los vivientes. Tenían nombre de que vivían, como nos dice el versículo 1, pero en realidad estaban <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">muertos.</span> Ahora bien, si <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dios</span> escribe el nombre de quienquiera en el libro de la vida, se debe a que aquel está verdaderamente vivo, habiendo sido vivificado por el mismo Dios. Y si <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dios </span>escribe un nombre en aquel libro, jamás lo borrará. Pero si alguien toma el puesto de ser un viviente, sin haber «pasado de muerte a vida», es como si hubiera inscrito su nombre donde no tiene derecho a estar, en las páginas del libro de la vida. Y todos estos nombres Dios desde luego los borrará. Pero son los nombres no de santos recaídos, sino de falsos profesantes carentes de vida.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No temía el apóstol Pablo que después de todo él pudiera llegar a ser reprobado?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si este fuera el caso, ¡tiene que haber dudado de la verdad de lo que él mismo enseñaba constantemente! Pero la Escritura no dice lo que su pregunta presupone. El pasaje que usted tiene en mente es 1 Corintios 9:27, que, como observará, no menciona <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">devenir</span> un reprobado, aunque la posibilidad de ser un profesante, e incluso un predicador, y sin embargo no ser otra cosa que un pobre inconverso y réprobo, queda claramente reconocida.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Por qué permite Dios que Sus hijos recaigan?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No podemos referirnos a nuestras recaídas como por permisión de Dios. Naturalmente, es cierto que Él tiene poder para guardarnos de recaer, pero no es Su forma de actuar tratarnos como unas meras máquinas inanimadas. Él ha puesto a disposición de nosotros todas Sus riquezas de gracia y poder, de modo que si nos descarriamos y desviamos, solo podemos culparnos a nosotros mismos. Y Dios emplea nuestros fracasos y nuestras caídas para hacernos aprender la lección que tan lentos somos en aprender —la de nuestra absoluta debilidad e incompetencia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero a fin de que podamos ser preservados de tropiezos y de extravíos, Dios nos ha dado un Salvador viviente en el cielo para que sea nuestro grande y poderoso Intercesor. Él conoce nuestras debilidades y nuestra necesidad, y Él vive para satisfacerla con Su gracia y poder.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tenemos también el Espíritu Santo habitando dentro de nosotros para ser nuestro Guía y Consolador, para hacer reales las cosas de Dios para nosotros, y para controlarnos para Cristo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Y luego tenemos también el inapreciable tesoro de la Palabra de Dios para actuar sobre la conciencia y para señalarnos el camino de la verdad.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Con recursos como estos, no hay excusa para la recaída. Es solo cuando descuidamos la maravillosa provisión que Dios nos ha dado, e intentamos andar con nuestro propio poder, que nos alcanza el desastre espiritual.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Si un cristiano peca, ¿se le debe considerar en cada caso como recaído?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Naturalmente que no, porque, en tal caso, ¿quién entre nosotros no sería un recaído? Debemos distinguir entre aquel que persiste en el pecado, y aquel que es «sorprendido en alguna falta», aunque incluso este último necesita restauración (Gálatas 6:1).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si observamos una columna de humo, la veremos a menudo empujada de un lado a otro por los golpes de viento pasajeros. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero su principal dirección es hacia arriba,</span> a pesar de todo. Así es con el cristiano. Puede ser influido por cosas pasajeras, y por falta de vigilancia puede ser sorprendido en alguna falta. Pero <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">si su principal dirección es hacia arriba,</span> y si prosigue en este curso, lamentando sus fracasos y persistiendo adelante a pesar de todo, no debe ser contemplado a la misma luz de quien persiste durante días, semanas o meses sin acudir a la presencia de Dios en juicio propio, para confesar su pecado y para buscar gracia que le capacite para apartarse del mismo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué quiere decir por «reincidente de corazón»?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es un término escriturario, como veremos si examinamos Proverbios 14:14 (V.M.). Tenemos un ejemplo de lo que se quiere decir con esto en el caso de los santos en Éfeso. Se trataba de lo que muchos considerarían sin duda como una congregación modélica. Su arduo trabajo, su fidelidad en repudiar falsos maestros, su paciencia por causa de Cristo, eran cosas bien conocidas. Sin embargo, Aquel que lee los corazones tenía algo contra ellos: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">habían dejado su primer amor</span> (Apocalipsis 2:2-4). Externamente eran todo lo que se podría desear, pero el amor de ellos por Cristo había dejado de arder con su antiguo brillo, el ardor de su primer afecto hacia Él mismo se había enfriado; eran descarriados <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">de corazón.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¡Cuántos entre nosotros tienen que confesar que esto es lo que nos ha sucedido! ¡Y cuán evidente es, por la evidencia de estos creyentes efesios, que la actividad y el celo en el servicio del Señor, incluso cuando todo ello va acompañado de una fidelidad inflexible a la verdadera doctrina, no remedia el enfriamiento del «primer amor».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cómo puede ser restaurado un hijo de Dios recaído?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si se busca una restauración plena, tiene que llegarse al fondo del propio pecado y enfriamiento en presencia de Dios. No será suficiente con una mera expresión de dolor y oración buscando el perdón. Ha de haber un verdadero juicio propio, y un seguimiento de los pasos tomados en el punto en que tuvo lugar el extravío.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Recuerdo una ocasión, mientras descansaba en mi alojamiento, que un ratoncito salió de su agujero y comenzó a pasearse por la habitación. Pero pronto se asustó por un pequeño movimiento de mi pie, y desapareció por su agujero. Pocos minutos después reapareció, saliendo esta vez de un agujero al otro lado de la estancia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Que cada cristiano recaído observe esto. ¡No puedes hacer como aquel ratón! Él huyó hacia un agujero y salió por otro, pero esto es imposible para ti. Tú te has introducido en algún orificio oscuro, lejos de la luz de la presencia de tu Salvador, lejos del gozo de la comunión con Dios. Y si tienes que ser restaurado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tendrás que salir por el mismo agujero que por el que entraste.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Lo que quiero decir es que tendrás que remontar, en presencia de Dios, aquel episodio de la historia de tu alma que se encuentra entre el momento de tu extravío y el presente. Con ayuda del Señor, lo podrás hacer; y la confesión del primer mal paso, y el juzgarte a ti mismo por haberlo tomado, es un gran comienzo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ten en cuenta, en todo ello, que el bendito Señor te contempla con ojos de amor inmutable. Todo tu pecaminoso extravío no ha hecho disminuir ni un ápice Su fiel amor por ti. Piensa en ello. Medita esta bendita realidad: «El me ama, a pesar de todo», y con el pensamiento de este verdadero, intenso, tierno y eterno amor, acude con tu confesión en presencia de Dios. «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová</span>», y Él sanará tu recaída y te llenará de nuevo el corazón de gozo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero no quieras ofrecer excusa alguna por tu alejamiento.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tu peor enemigo eres tú mismo, y al volverte al Señor harás bien en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no concederte ningún cuartel.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Al confesar tu pecado de esta forma, puedes tener la certidumbre de que quedas perdonado. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados». Puede que no experimentes, y probablemente no experimentarás, ningún repentino alivio ni ninguna dispersión inmediata de las nubes, pero desde luego quedas perdonado en el momento en que derramas la triste historia de tu pecado a oídos de tu Padre.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego, por la abogacía de Cristo, sigue la restauración. Él hará que Su palabra tenga efecto sobre ti; te hablará al corazón de una forma que te derretirá, y profundizará en ti el sentido de Su amor y fidelidad y de tu propia insensatez e indignidad. Luego, no confiando en tu propia sabiduría y fuerza, emprenderás continuar en el poder de Su gracia.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Cuando un recaído regresa al Señor de esta manera, ¿es inmediata su restauración?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No por lo general, me parece, aunque su <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">perdón</span> es instantáneo en el momento en que presenta su confesión. Pero la restauración es algo distinto del perdón, y no se da con tanta celeridad. Al extraviado que regresa se le hace que se dé cuenta de que su pecado no es cosa ligera, y que el privilegio de la comunión con Dios no es algo que se pueda echar de lado y luego reanudar a placer.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Al decir esto, tengo en mente un pasaje en Oseas 5:15, y 6:1, 2, que aunque primordialmente se refiere a Israel, expone el principio que estoy tratando de explicar.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El Señor se aparta en el capítulo 5:15, «Andaré y volveré a mi lugar», dice el Señor, «hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro». El efecto de esto es que el pueblo se exhortan unos a otros. «Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará». Así, se anticipa un intervalo de tiempo entre el retorno de sus almas al Señor y el avivamiento y levantamiento que procederá de Él. Este período de tiempo permite al alma pasar por el ejercicio espiritual, y que se realice la prueba de su realidad. Pero si se mantiene la actitud de verdadera contrición y de juicio propio, la restauración es tan cierta como el perdón; podemos tener la certidumbre de que Dios no mantendrá a nadie esperando más tiempo del suficiente para que se aprendan las necesarias lecciones.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Dejad que añada que la restauración no llega generalmente en forma de un repentino estallido de éxtasis, ni nada de esta clase; acontece cuando nuestros pensamientos se dejan de centrar en nosotros mismos y se dirigen a Cristo. El Espíritu santo dirige nuestros pensamientos a Su amor, y, al estar con la atención puesta en Él, la bendición que anhelábamos llega a ser nuestra de nuevo.</span></span></span> </div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Doce Diálogos Bíblicos (8)]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2300.html</link>
			<pubDate>Fri, 19 May 2017 21:01:17 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=3">Heriberto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2300.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 8</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Tema: APTITUD PARA EL CIELO</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">O. Lambert y otros</span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">NUESTRO tema es la «Aptitud para el cielo». Es cosa maravillosa que personas como tú y yo, llenas de fracasos y defectos, podemos ser hechos aptos para el cielo, y ello mientras vivimos aquí en la tierra. Pero esto es lo que la gracia de Dios puede hacer por nosotros.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
En Apocalipsis 21:27 leemos que ninguna cosa impura puede entrar en </span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">la Santa Ciudad. Entonces<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">, ¿cómo podemos ser hechos aptos para habitar allí?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La eficacia de la preciosa sangre de Cristo es tan grande que puede eliminar la impureza por entero. Puede purificar los pecados de toda una vida en un momento, y lavar al pecador dejándolo blanco como la nieve.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si alguien ha sentido que sus pecados eran tan negros como el infierno mismo, y más en número que los granos de arena de la playa, podríamos seguir señalándole la sangre que purifica de todo pecado, que emblanquece y purifica al pecador culpable e impuro, y lo hace apto para el resplandeciente y glorioso hogar de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Sirve de ayuda para hacerse apto para el cielo recurrir a los sacramentos, hacer penitencia, y cumplir estrictamente todos los deberes religiosos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si cosas como estas pueden ayudar en alguna manera a hacer que nuestras almas sean aptas para el cielo, ¡es extraño más allá de toda medida que la Biblia no nos lo diga! Al contrario, encontramos que las «obras», aunque tienen su lugar en relación con la vida del cristiano en la tierra, no tienen lugar en absoluto en relación con su salvación, o para hacerlo apto para el cielo. La salvación se describe claramente como «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">NO POR OBRAS, para que nadie se gloríe</span>» (Efesios 2:9); y Si Dios ha salvado a Su pueblo, ello ha sido «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">NO POR OBRAS de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia</span>» (Tito 3:5).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Los hay muchos, sin embargo, que rechazarían enérgicamente y denunciarían la doctrina de la salvación por obras, y que sin embargo abrigan la idea de que depende de ellos en alguna manera u otra hacer aptas sus almas para el cielo. De modo que cantan—</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Un encargo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">yo tengo</span> para guardar, un Dios al que glorificar,<br />
 Un alma inmortal para salvar, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">y para el cielo preparar.</span>»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es cierto que el Señor ha dado un encargo a Su pueblo, pero este encargo no es desde luego que salven sus propias almas y las preparen para el cielo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La obra que Él consumó</span> es lo único que puede conseguir tal cosa. Nada puede de ningún modo añadir al valor de lo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo</span> ha hecho por nosotros, ni hacer más perfecto aquel impecable manto de justicia del que nos ha revestido la gracia de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Ser hecho apto para el cielo, ¿es lo mismo que tener derecho a ir allí?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Naturalmente que no. Yo puedo recibir una invitación para asistir a una recepción en el Palacio Real de parte de Su Excelencia el Gobernador mismo. Esto me daría un claro <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">derecho</span> a ir. Pero tal como estoy aquí ahora no soy <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">apto</span> para asistir a una ocasión tan brillante como esta. No estoy vestido para ello. Necesitaría un cambio completo de vestimenta antes que se reconociera mi <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">aptitud</span> para la recepción ofrecida por el Gobernador. En cambio, mi vestimenta pudiera ser apropiada en todos sus aspectos, pero la misma no me daría <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">derecho</span> a acudir. En un caso, tendría derecho, pero no aptitud. En el otro, tendría aptitud, pero ningún derecho. Ahora bien, por la gracia de Dios hay provisión tanto de un derecho al cielo como de una perfecta aptitud para aquel santo lugar para todos los que confían en el Señor Jesucristo. Su preciosa sangre nos hace perfectamente aptos para el cielo, así como nuestros pecados nos habían hecho aptos para el infierno.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero nuestra aptitud no se limita meramente a que nuestros pecados hayan sido lavados. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo mismo</span> es la medida de nuestra aptitud. Estamos de tal manera vinculados con Él que Dios nos ve en Él, revestidos de toda Su hermosura, y hechos aptos para la presencia de Dios así como Él lo es. Nuestro derecho, también, aunque basado en la preciosa sangre de Cristo, reposa en el hecho de que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Él mismo</span> ha entrado en el cielo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por nosotros.</span> Tenemos derecho a estar allí porque Él, nuestro Sustituto, nuestro Salvador, y nuestra exaltada Cabeza, está allí.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Supongamos que fuese posible que un pecador llegase al cielo en sus pecados, ¿cuál sería el resultado?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Supongo que una persona así se sentiría absolutamente desgraciada. Con una naturaleza totalmente inapropiada para la presencia de Dios, y sin ser apto para un lugar de luz y de santidad, le sería algo insoportable. Su grito sería: «¡Sacadme de este lugar!»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Oí hablar una vez de un jugador de apuestas que se dirigía a alguna carrera de caballos y que, por error, subió a bordo de un barco diferente. Se encontró entre muchos cristianos que se dirigían a una conferencia. En el salón, en cubierta, allí donde iba, había gente cantando himnos, o corros enfrascados en conversaciones acerca de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo.</span> Aquel hombre se encontró totalmente fuera de lugar, y su incomodidad lo llevó a ofrecer al capitán una gran suma de dinero para que se dirigiese al puerto más cercano para dejarlo bajar.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La gente habla con mucha facilidad acerca de ir al cielo cuando mueran, pero se olvidan que excepto que hayan sido hechos aptos para aquel lugar y hayan recibido una naturaleza que pueda gozar de las cosas de Dios, se sentirían tan desgraciados en el cielo como aquel jugador de apuestas se sintió entre los cristianos en el barco. Si una hora en compañía de ellos le resultó insoportable, ¿qué sería toda una <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">eternidad</span> en la misma presencia de Dios para un pecador no regenerado?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Dónde en la Biblia leemos acerca de ser hechos aptos para el cielo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En Colosenses 1:12-14. Leamos el pasaje: «dando gracias al Padre que nos hizo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">aptos para participar de la herencia de los santos en luz; </span>el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Deberíamos orar a Dios que nos haga aptos para ser participes de la herencia celestial?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si examinamos el capítulo del que acabamos de leer, veremos que desde el versículo nueve hasta el once leemos de diversas cosas por las que como cristianos podemos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ORAR.</span> Deberíamos orar con fervor, por ejemplo, para ser llenos del conocimiento de la voluntad de Dios, y poder andar como es digno del Señor, y para ser llenos de fruto en toda buena obra, etcétera. Pero los versículos doce a catorce mencionan cosas por las que podemos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">DAR GRACIAS.</span> Ahora bien, la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">oración</span> la hacemos por aquellas cosas que deseamos, pero <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">las gracias</span> las damos por lo que ya hemos recibido. Observaréis que la condición de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ser aptos para participar de la herencia en las alturas es una de las cosas por las que debemos dar gracias, y no una de las cosas por las que debemos orar.</span> Esto queda muy claro en base al versículo doce. Por la gracia de Dios, es algo que ya tenemos ahora.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La otra noche estuvimos hablando de aquella pequeña pero áurea palabra, «tiene». ¡Cuántos han podido llegar a liberarse de todas sus dudas al ver que «tiene» implica una posesión presente! Aquí tenemos la misma implicación con los términos que se utilizan: «con gozo dando gracias al Padre que NOS HIZO APTOS para participar de la herencia de los santos en luz». Es una acción ya realizada. ¡Démosle gracias por este gran don!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Quiénes son aquellos a los que se hace referencia con el «nos» en este pasaje?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El cuarto versículo del capítulo dará respuesta a esta pregunta. «… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús.</span>» Eran personas que habían acudido a Cristo y que habían creído en Él como su Salvador. El apóstol no se está refiriendo a incrédulos ni a meros profesantes. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los tales</span> no han sido hechos aptos para ser partícipes de la herencia de los santos en luz. Esta gran bendición es la porción solo de los que han confiado en Cristo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Acaso los creyentes no son dejados sobre la tierra con el propósito de que sean hechos más y más aptos para el cielo por la gracia de Dios y la influencia del Espíritu Santo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esta pregunta se podría contestar con otra: ¿Acaso hay nada realizado en nuestras almas, o producido en nuestras vidas por la gracia de Dios y por el Espíritu Santo, que pueda añadir al valor de la preciosa sangre de Cristo? Desde luego que no.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego, Dios nos ha dejado en la tierra con un propósito, pero este propósito no es que seamos hechos más aptos para el cielo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sé que alguna buena gente abriga el pensamiento de que los cristianos están madurando gradualmente para el cielo, del mismo modo que una naranja, bajo la influencia de los rayos del sol, se vuelve dulce y tierna, y apta para ser arrancada y comerla. Sea cual sea el otro aspecto de la bendición para el cristiano que se pueda ilustrar con aquella naranja, desde luego no expone cómo se le hace apto para el cielo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Lo cierto es que si desde el día de tu conversión hasta el día en que te despidas de la tierra, pudieras vivir una vida de celo santo y devoción en el servicio del Maestro; si por oración continua y el estudio de Su Palabra llegases a ser un gigante en el conocimiento espiritual, no serías más apto para el cielo en tu último momento que cuando, como pobre pecador, confiaste en Cristo al principio. Habría crecimiento, en muchos respectos —en conocimiento, en experiencia, en devoción, en celo; pero no habría ni podría haber <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">crecimiento en la aptitud para el cielo.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No hay acaso un lugar al que se envían las almas después de la muerte, para ser hechas definitivamente aptas para el cielo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un lugar así existe solo en la imaginación de las mentes de los hombres. La Biblia no solo guarda silencio respecto a la existencia de un lugar así, sino que da un claro testimonio en contra de la misma.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sé que muchos de los presentes aquí esta noche están acostumbrados a oír hablar de aquello que se designa como Purgatorio. Pero, ¿acaso alguien me dirá que ningún sufrimiento por el que yo pudiera pasar puede conseguir lo que no haya podido conseguir el sufrimiento por el que pasó mi Salvador por mí? ¿Acaso mis sufrimientos serían más eficaces para hacer mi alma apta para el cielo que los sufrimientos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Suyos</span>? ¡Imposible!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¡Oh, no!, gracias a Dios, mi Salvador ha conseguido para mí, mediante Su obra consumada, no un lugar en el Purgatorio, sino en la casa del Padre. Su obra fue todo lo necesario para hacer apto para aquel lugar al pecador que cree, y solo estamos esperando hasta que Él venga para ser llevados al lugar para el que Él nos ha hecho aptos. Si somos llamados a morir, no será para sufrir un proceso adicional mediante un fuego purificador del Purgatorio, sino para «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor</span>» (Filipenses 1:23), Partir y estar con Cristo es algo muy diferente a partir para estar en el Purgatorio, ¿no es cierto?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Había cristianos en Corinto que no actuaban bien, y como consecuencia muchos dormían. ¿Qué hay acerca de ellos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Este caso no invalida en absoluto la verdad en la que estamos insistiendo. El mismo apóstol Pablo dijo a estos mismos cristianos: «mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios». El lugar para el que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no</span> eran aptos era Corinto. En lugar de estar viviendo para la gloria de Dios y de ser testigos brillantes y luminosos para Cristo, su reprobable conducta estaba causando deshonra a Su nombre y haciendo del cristianismo un escarnio entre los paganos. Esta es la razón de que Dios interviniese y los extrajese de la tierra mediante la muerte.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Hay toda la diferencia del mundo entre ser «aptos para participar de la herencia de los santos en luz», por una parte, y ser «útil al Señor» (2 Timoteo 2:21). Hay muchos de los que son aptos para la gloria que distan mucho de ser instrumentos útiles para el Señor aquí en la tierra. De modo que Dios tiene que castigarlos y disciplinarlos, y a veces quitarlos totalmente de la tierra.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Es el caso de aquellos creyentes de Corinto un ejemplo del «pecado para muerte»? </span></span></span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(1 Juan 5:16)</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, me parece que sí. Si Dios se nos ha dado a conocer en gracia, no debemos llegar a la conclusión de que él deja de ser un Gobernante sabio y justo. Él no puede permitir la persistencia del pecado sin trabas entre Su pueblo. Pero incluso si el pecado llega a ser de tal naturaleza que Dios vea necesario refrenarlo quitando a aquel que peca, sin embargo, el tal, si es un creyente en Jesús, es quitado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">al cielo.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Supongamos que un padre, sentado en su casa, oye la voz de su hijo mezclada con las voces de algunos chicos violentos y problemáticos en la calle. Se siente profundamente disgustado al oír las palabras que salen de boca de su propio hijo. Abriendo la ventana, llama: «Jorge, ¡sube aquí!» Jorge vuelve la cabeza hacia él, y su padre continúa: «He visto lo mal que te has estado comportando. No puedo confiar más en ti allá abajo. ¡Sube en el acto!»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Así, llama a su hijo quitándolo de la calle, donde estaba deshonrando el nombre de su padre; pero, ¿adónde llama al muchacho? Lo llama de vuelta <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">al hogar.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esto es lo que Dios tiene que hacer a veces con Sus hijos. El pecado de ellos es un pecado para muerte. Dios los saca de la tierra (el lugar para el que no son aptos) y los lleva al cielo (el lugar para el que, por la sangre de Jesús, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sí </span>que son aptos).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Hay algún otro caso en la Biblia que ilustre este mismo principio?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, el caso de Moisés. Fue desde luego un maravilloso siervo de Dios, pero pecó al desobedecer las instrucciones de Dios en una ocasión, y no mantuvo el honor de Dios a los ojos del pueblo. Por esta razón, Dios le dijo: «Sube a este monte de Abarim, … y <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">muere</span> en el monte al cual subes» (Deuteronomio 32:49, 50). A Moisés no le fue permitido conducir al pueblo de Dios a la tierra prometida. Su servicio fue dado a Josué, y Dios lo llamó fuera de la tierra.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si alguien pregunta: «Pero, ¿cómo sabe que después de su fracaso Moisés fue al cielo?», respondo, «Porque cuando el Señor Jesús fue transfigurado en el monte, Moisés fue uno de Sus compañeros que apareció con Él en gloria» (Lc. 9:30, 31).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La aptitud de Moisés para el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cielo</span> no dependía de su fidelidad, o nunca hubiera llegado allí. Su continuidad como siervo escogido de Dios en la tierra sí que dependía de su fidelidad, y debido a que fracasó, fue llamado fuera de la tierra. Y así es con nosotros. Si no somos fieles, no somos «útiles al Señor», y Dios tendrá que tratar con nosotros como le parezca adecuado. Pero nuestra aptitud para la gloria depende de algo cuyo valor nunca podrá quedar menoscabado por ninguno de nuestros fracasos, </span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">la preciosa sangre de Cristo</span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Al hablar así, ¿no está usted exponiendo una doctrina muy peligrosa?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para mí es suficiente con que esta sea la doctrina de la Escritura. Pero, después de todo, ¿le parecen tan malos sus efectos prácticos? ¿Es que aquellos que tienen la seguridad de que la preciosa sangre de Cristo es todo lo que necesitan para hacerlos aptos para el cielo son una gente tan negligente y terrible? En realidad, es bien al revés, y en la vida real se encuentra que la plena confianza en el poder de la sangre de Cristo para purificar, y la certidumbre de que mediante la misma hemos sido hechos aptos para la gloria, van de la mano con una forma piadosa de vivir y con un interés en glorificar a Dios en la tierra.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Verdad que el caso del ladrón muriendo en la cruz ilustra cómo un pecador es hecho apto para el cielo sin ningunas obras de su parte?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¡Desde luego que sí! ¡Pobre hombre! Con las manos clavadas en la cruz, ¿qué clase de obras podía hacer? Sólo podía volverse al Señor tal como era, con toda su vileza e impotencia. Y así lo hizo, y recibió en el acto la bendición de esta promesa: «hoy estarás conmigo en el paraíso». Poco importa lo que digan o piensen los hombres acerca de dónde estaba el «paraíso». El argumento es que él estaba en aquella cruz, y que entonces fue hecho apto para la compañía de Cristo, y que recibió la certidumbre de que estaría <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">con </span>Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Para qué instituyó Cristo el sacramento si, como usted dice, no nos ayuda a hacernos aptos para el cielo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En modo alguno estoy implicando que la Cena del Señor, o el sacramento, como usted lo llama, carezca de importancia. Yo mismo lo tomo, cuando es posible, cada domingo. Pero al hacer esto no tengo ni el más remoto pensamiento de que por ello mismo yo sea hecho más apto para el cielo. Si usted desea saber por qué el Señor Jesús instituyó la Cena, solo tiene que volverse a las Escrituras para encontrar la razón. Esta razón se da con toda claridad. Vea en Lucas 22:19. Él mismo lo dijo: «Haced esto en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">memoria</span> de Mí».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esto es algo muy diferente a decir: «Haced esto para ser más aptos para el cielo».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La verdad es que el pan y el vino nos han sido dados para que tengamos el recuerdo constante de nuestro ausente Señor, en Su muerte. Él desea que no le olvidemos como el copero se olvidó de José, y para ello instituyó la Cena como un sencillo medio de recuerdo. No hay ninguna indicación en ninguna parte de la Biblia de que sea un «medio de la gracia», ni de que tenga ninguna virtud en sí para ayudarnos a ser aptos para el cielo. Solo aquellos que saben que son salvos y que han sido hechos aptos para el cielo por la preciosa sangre de Cristo tienen derecho a tomar la Cena, porque solo ellos pueden recordarle como Sus amados, aquellos que deben toda su bendición a Su muerte.</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 8</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Tema: APTITUD PARA EL CIELO</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">O. Lambert y otros</span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">NUESTRO tema es la «Aptitud para el cielo». Es cosa maravillosa que personas como tú y yo, llenas de fracasos y defectos, podemos ser hechos aptos para el cielo, y ello mientras vivimos aquí en la tierra. Pero esto es lo que la gracia de Dios puede hacer por nosotros.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
En Apocalipsis 21:27 leemos que ninguna cosa impura puede entrar en </span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">la Santa Ciudad. Entonces<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">, ¿cómo podemos ser hechos aptos para habitar allí?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La eficacia de la preciosa sangre de Cristo es tan grande que puede eliminar la impureza por entero. Puede purificar los pecados de toda una vida en un momento, y lavar al pecador dejándolo blanco como la nieve.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si alguien ha sentido que sus pecados eran tan negros como el infierno mismo, y más en número que los granos de arena de la playa, podríamos seguir señalándole la sangre que purifica de todo pecado, que emblanquece y purifica al pecador culpable e impuro, y lo hace apto para el resplandeciente y glorioso hogar de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Sirve de ayuda para hacerse apto para el cielo recurrir a los sacramentos, hacer penitencia, y cumplir estrictamente todos los deberes religiosos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si cosas como estas pueden ayudar en alguna manera a hacer que nuestras almas sean aptas para el cielo, ¡es extraño más allá de toda medida que la Biblia no nos lo diga! Al contrario, encontramos que las «obras», aunque tienen su lugar en relación con la vida del cristiano en la tierra, no tienen lugar en absoluto en relación con su salvación, o para hacerlo apto para el cielo. La salvación se describe claramente como «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">NO POR OBRAS, para que nadie se gloríe</span>» (Efesios 2:9); y Si Dios ha salvado a Su pueblo, ello ha sido «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">NO POR OBRAS de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia</span>» (Tito 3:5).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Los hay muchos, sin embargo, que rechazarían enérgicamente y denunciarían la doctrina de la salvación por obras, y que sin embargo abrigan la idea de que depende de ellos en alguna manera u otra hacer aptas sus almas para el cielo. De modo que cantan—</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Un encargo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">yo tengo</span> para guardar, un Dios al que glorificar,<br />
 Un alma inmortal para salvar, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">y para el cielo preparar.</span>»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es cierto que el Señor ha dado un encargo a Su pueblo, pero este encargo no es desde luego que salven sus propias almas y las preparen para el cielo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La obra que Él consumó</span> es lo único que puede conseguir tal cosa. Nada puede de ningún modo añadir al valor de lo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo</span> ha hecho por nosotros, ni hacer más perfecto aquel impecable manto de justicia del que nos ha revestido la gracia de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Ser hecho apto para el cielo, ¿es lo mismo que tener derecho a ir allí?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Naturalmente que no. Yo puedo recibir una invitación para asistir a una recepción en el Palacio Real de parte de Su Excelencia el Gobernador mismo. Esto me daría un claro <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">derecho</span> a ir. Pero tal como estoy aquí ahora no soy <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">apto</span> para asistir a una ocasión tan brillante como esta. No estoy vestido para ello. Necesitaría un cambio completo de vestimenta antes que se reconociera mi <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">aptitud</span> para la recepción ofrecida por el Gobernador. En cambio, mi vestimenta pudiera ser apropiada en todos sus aspectos, pero la misma no me daría <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">derecho</span> a acudir. En un caso, tendría derecho, pero no aptitud. En el otro, tendría aptitud, pero ningún derecho. Ahora bien, por la gracia de Dios hay provisión tanto de un derecho al cielo como de una perfecta aptitud para aquel santo lugar para todos los que confían en el Señor Jesucristo. Su preciosa sangre nos hace perfectamente aptos para el cielo, así como nuestros pecados nos habían hecho aptos para el infierno.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero nuestra aptitud no se limita meramente a que nuestros pecados hayan sido lavados. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo mismo</span> es la medida de nuestra aptitud. Estamos de tal manera vinculados con Él que Dios nos ve en Él, revestidos de toda Su hermosura, y hechos aptos para la presencia de Dios así como Él lo es. Nuestro derecho, también, aunque basado en la preciosa sangre de Cristo, reposa en el hecho de que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Él mismo</span> ha entrado en el cielo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por nosotros.</span> Tenemos derecho a estar allí porque Él, nuestro Sustituto, nuestro Salvador, y nuestra exaltada Cabeza, está allí.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Supongamos que fuese posible que un pecador llegase al cielo en sus pecados, ¿cuál sería el resultado?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Supongo que una persona así se sentiría absolutamente desgraciada. Con una naturaleza totalmente inapropiada para la presencia de Dios, y sin ser apto para un lugar de luz y de santidad, le sería algo insoportable. Su grito sería: «¡Sacadme de este lugar!»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Oí hablar una vez de un jugador de apuestas que se dirigía a alguna carrera de caballos y que, por error, subió a bordo de un barco diferente. Se encontró entre muchos cristianos que se dirigían a una conferencia. En el salón, en cubierta, allí donde iba, había gente cantando himnos, o corros enfrascados en conversaciones acerca de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo.</span> Aquel hombre se encontró totalmente fuera de lugar, y su incomodidad lo llevó a ofrecer al capitán una gran suma de dinero para que se dirigiese al puerto más cercano para dejarlo bajar.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La gente habla con mucha facilidad acerca de ir al cielo cuando mueran, pero se olvidan que excepto que hayan sido hechos aptos para aquel lugar y hayan recibido una naturaleza que pueda gozar de las cosas de Dios, se sentirían tan desgraciados en el cielo como aquel jugador de apuestas se sintió entre los cristianos en el barco. Si una hora en compañía de ellos le resultó insoportable, ¿qué sería toda una <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">eternidad</span> en la misma presencia de Dios para un pecador no regenerado?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Dónde en la Biblia leemos acerca de ser hechos aptos para el cielo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En Colosenses 1:12-14. Leamos el pasaje: «dando gracias al Padre que nos hizo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">aptos para participar de la herencia de los santos en luz; </span>el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Deberíamos orar a Dios que nos haga aptos para ser participes de la herencia celestial?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si examinamos el capítulo del que acabamos de leer, veremos que desde el versículo nueve hasta el once leemos de diversas cosas por las que como cristianos podemos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ORAR.</span> Deberíamos orar con fervor, por ejemplo, para ser llenos del conocimiento de la voluntad de Dios, y poder andar como es digno del Señor, y para ser llenos de fruto en toda buena obra, etcétera. Pero los versículos doce a catorce mencionan cosas por las que podemos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">DAR GRACIAS.</span> Ahora bien, la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">oración</span> la hacemos por aquellas cosas que deseamos, pero <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">las gracias</span> las damos por lo que ya hemos recibido. Observaréis que la condición de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ser aptos para participar de la herencia en las alturas es una de las cosas por las que debemos dar gracias, y no una de las cosas por las que debemos orar.</span> Esto queda muy claro en base al versículo doce. Por la gracia de Dios, es algo que ya tenemos ahora.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La otra noche estuvimos hablando de aquella pequeña pero áurea palabra, «tiene». ¡Cuántos han podido llegar a liberarse de todas sus dudas al ver que «tiene» implica una posesión presente! Aquí tenemos la misma implicación con los términos que se utilizan: «con gozo dando gracias al Padre que NOS HIZO APTOS para participar de la herencia de los santos en luz». Es una acción ya realizada. ¡Démosle gracias por este gran don!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Quiénes son aquellos a los que se hace referencia con el «nos» en este pasaje?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El cuarto versículo del capítulo dará respuesta a esta pregunta. «… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús.</span>» Eran personas que habían acudido a Cristo y que habían creído en Él como su Salvador. El apóstol no se está refiriendo a incrédulos ni a meros profesantes. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los tales</span> no han sido hechos aptos para ser partícipes de la herencia de los santos en luz. Esta gran bendición es la porción solo de los que han confiado en Cristo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Acaso los creyentes no son dejados sobre la tierra con el propósito de que sean hechos más y más aptos para el cielo por la gracia de Dios y la influencia del Espíritu Santo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esta pregunta se podría contestar con otra: ¿Acaso hay nada realizado en nuestras almas, o producido en nuestras vidas por la gracia de Dios y por el Espíritu Santo, que pueda añadir al valor de la preciosa sangre de Cristo? Desde luego que no.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego, Dios nos ha dejado en la tierra con un propósito, pero este propósito no es que seamos hechos más aptos para el cielo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sé que alguna buena gente abriga el pensamiento de que los cristianos están madurando gradualmente para el cielo, del mismo modo que una naranja, bajo la influencia de los rayos del sol, se vuelve dulce y tierna, y apta para ser arrancada y comerla. Sea cual sea el otro aspecto de la bendición para el cristiano que se pueda ilustrar con aquella naranja, desde luego no expone cómo se le hace apto para el cielo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Lo cierto es que si desde el día de tu conversión hasta el día en que te despidas de la tierra, pudieras vivir una vida de celo santo y devoción en el servicio del Maestro; si por oración continua y el estudio de Su Palabra llegases a ser un gigante en el conocimiento espiritual, no serías más apto para el cielo en tu último momento que cuando, como pobre pecador, confiaste en Cristo al principio. Habría crecimiento, en muchos respectos —en conocimiento, en experiencia, en devoción, en celo; pero no habría ni podría haber <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">crecimiento en la aptitud para el cielo.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No hay acaso un lugar al que se envían las almas después de la muerte, para ser hechas definitivamente aptas para el cielo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un lugar así existe solo en la imaginación de las mentes de los hombres. La Biblia no solo guarda silencio respecto a la existencia de un lugar así, sino que da un claro testimonio en contra de la misma.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sé que muchos de los presentes aquí esta noche están acostumbrados a oír hablar de aquello que se designa como Purgatorio. Pero, ¿acaso alguien me dirá que ningún sufrimiento por el que yo pudiera pasar puede conseguir lo que no haya podido conseguir el sufrimiento por el que pasó mi Salvador por mí? ¿Acaso mis sufrimientos serían más eficaces para hacer mi alma apta para el cielo que los sufrimientos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Suyos</span>? ¡Imposible!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¡Oh, no!, gracias a Dios, mi Salvador ha conseguido para mí, mediante Su obra consumada, no un lugar en el Purgatorio, sino en la casa del Padre. Su obra fue todo lo necesario para hacer apto para aquel lugar al pecador que cree, y solo estamos esperando hasta que Él venga para ser llevados al lugar para el que Él nos ha hecho aptos. Si somos llamados a morir, no será para sufrir un proceso adicional mediante un fuego purificador del Purgatorio, sino para «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor</span>» (Filipenses 1:23), Partir y estar con Cristo es algo muy diferente a partir para estar en el Purgatorio, ¿no es cierto?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Había cristianos en Corinto que no actuaban bien, y como consecuencia muchos dormían. ¿Qué hay acerca de ellos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Este caso no invalida en absoluto la verdad en la que estamos insistiendo. El mismo apóstol Pablo dijo a estos mismos cristianos: «mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios». El lugar para el que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no</span> eran aptos era Corinto. En lugar de estar viviendo para la gloria de Dios y de ser testigos brillantes y luminosos para Cristo, su reprobable conducta estaba causando deshonra a Su nombre y haciendo del cristianismo un escarnio entre los paganos. Esta es la razón de que Dios interviniese y los extrajese de la tierra mediante la muerte.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Hay toda la diferencia del mundo entre ser «aptos para participar de la herencia de los santos en luz», por una parte, y ser «útil al Señor» (2 Timoteo 2:21). Hay muchos de los que son aptos para la gloria que distan mucho de ser instrumentos útiles para el Señor aquí en la tierra. De modo que Dios tiene que castigarlos y disciplinarlos, y a veces quitarlos totalmente de la tierra.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Es el caso de aquellos creyentes de Corinto un ejemplo del «pecado para muerte»? </span></span></span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(1 Juan 5:16)</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, me parece que sí. Si Dios se nos ha dado a conocer en gracia, no debemos llegar a la conclusión de que él deja de ser un Gobernante sabio y justo. Él no puede permitir la persistencia del pecado sin trabas entre Su pueblo. Pero incluso si el pecado llega a ser de tal naturaleza que Dios vea necesario refrenarlo quitando a aquel que peca, sin embargo, el tal, si es un creyente en Jesús, es quitado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">al cielo.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Supongamos que un padre, sentado en su casa, oye la voz de su hijo mezclada con las voces de algunos chicos violentos y problemáticos en la calle. Se siente profundamente disgustado al oír las palabras que salen de boca de su propio hijo. Abriendo la ventana, llama: «Jorge, ¡sube aquí!» Jorge vuelve la cabeza hacia él, y su padre continúa: «He visto lo mal que te has estado comportando. No puedo confiar más en ti allá abajo. ¡Sube en el acto!»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Así, llama a su hijo quitándolo de la calle, donde estaba deshonrando el nombre de su padre; pero, ¿adónde llama al muchacho? Lo llama de vuelta <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">al hogar.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esto es lo que Dios tiene que hacer a veces con Sus hijos. El pecado de ellos es un pecado para muerte. Dios los saca de la tierra (el lugar para el que no son aptos) y los lleva al cielo (el lugar para el que, por la sangre de Jesús, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sí </span>que son aptos).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Hay algún otro caso en la Biblia que ilustre este mismo principio?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, el caso de Moisés. Fue desde luego un maravilloso siervo de Dios, pero pecó al desobedecer las instrucciones de Dios en una ocasión, y no mantuvo el honor de Dios a los ojos del pueblo. Por esta razón, Dios le dijo: «Sube a este monte de Abarim, … y <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">muere</span> en el monte al cual subes» (Deuteronomio 32:49, 50). A Moisés no le fue permitido conducir al pueblo de Dios a la tierra prometida. Su servicio fue dado a Josué, y Dios lo llamó fuera de la tierra.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si alguien pregunta: «Pero, ¿cómo sabe que después de su fracaso Moisés fue al cielo?», respondo, «Porque cuando el Señor Jesús fue transfigurado en el monte, Moisés fue uno de Sus compañeros que apareció con Él en gloria» (Lc. 9:30, 31).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La aptitud de Moisés para el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cielo</span> no dependía de su fidelidad, o nunca hubiera llegado allí. Su continuidad como siervo escogido de Dios en la tierra sí que dependía de su fidelidad, y debido a que fracasó, fue llamado fuera de la tierra. Y así es con nosotros. Si no somos fieles, no somos «útiles al Señor», y Dios tendrá que tratar con nosotros como le parezca adecuado. Pero nuestra aptitud para la gloria depende de algo cuyo valor nunca podrá quedar menoscabado por ninguno de nuestros fracasos, </span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">la preciosa sangre de Cristo</span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Al hablar así, ¿no está usted exponiendo una doctrina muy peligrosa?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para mí es suficiente con que esta sea la doctrina de la Escritura. Pero, después de todo, ¿le parecen tan malos sus efectos prácticos? ¿Es que aquellos que tienen la seguridad de que la preciosa sangre de Cristo es todo lo que necesitan para hacerlos aptos para el cielo son una gente tan negligente y terrible? En realidad, es bien al revés, y en la vida real se encuentra que la plena confianza en el poder de la sangre de Cristo para purificar, y la certidumbre de que mediante la misma hemos sido hechos aptos para la gloria, van de la mano con una forma piadosa de vivir y con un interés en glorificar a Dios en la tierra.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Verdad que el caso del ladrón muriendo en la cruz ilustra cómo un pecador es hecho apto para el cielo sin ningunas obras de su parte?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¡Desde luego que sí! ¡Pobre hombre! Con las manos clavadas en la cruz, ¿qué clase de obras podía hacer? Sólo podía volverse al Señor tal como era, con toda su vileza e impotencia. Y así lo hizo, y recibió en el acto la bendición de esta promesa: «hoy estarás conmigo en el paraíso». Poco importa lo que digan o piensen los hombres acerca de dónde estaba el «paraíso». El argumento es que él estaba en aquella cruz, y que entonces fue hecho apto para la compañía de Cristo, y que recibió la certidumbre de que estaría <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">con </span>Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Para qué instituyó Cristo el sacramento si, como usted dice, no nos ayuda a hacernos aptos para el cielo?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En modo alguno estoy implicando que la Cena del Señor, o el sacramento, como usted lo llama, carezca de importancia. Yo mismo lo tomo, cuando es posible, cada domingo. Pero al hacer esto no tengo ni el más remoto pensamiento de que por ello mismo yo sea hecho más apto para el cielo. Si usted desea saber por qué el Señor Jesús instituyó la Cena, solo tiene que volverse a las Escrituras para encontrar la razón. Esta razón se da con toda claridad. Vea en Lucas 22:19. Él mismo lo dijo: «Haced esto en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">memoria</span> de Mí».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Esto es algo muy diferente a decir: «Haced esto para ser más aptos para el cielo».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La verdad es que el pan y el vino nos han sido dados para que tengamos el recuerdo constante de nuestro ausente Señor, en Su muerte. Él desea que no le olvidemos como el copero se olvidó de José, y para ello instituyó la Cena como un sencillo medio de recuerdo. No hay ninguna indicación en ninguna parte de la Biblia de que sea un «medio de la gracia», ni de que tenga ninguna virtud en sí para ayudarnos a ser aptos para el cielo. Solo aquellos que saben que son salvos y que han sido hechos aptos para el cielo por la preciosa sangre de Cristo tienen derecho a tomar la Cena, porque solo ellos pueden recordarle como Sus amados, aquellos que deben toda su bendición a Su muerte.</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Doce Diálogos Bíblicos (7)]]></title>
			<link>https://www.forodelabiblia.net/thread-2299.html</link>
			<pubDate>Fri, 19 May 2017 00:27:19 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://www.forodelabiblia.net/member.php?action=profile&uid=3">Heriberto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://www.forodelabiblia.net/thread-2299.html</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 7</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tema: LA SANTIFICACIÓN</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">E. C. Mais</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #330099;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">LA importancia del tema que vamos ahora a considerar se puede deducir del hecho de que se habla tanto del mismo en la Biblia.</span></span></span> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">A veces los hombres dividen las verdades de la revelación divina en «esenciales» y «no esenciales». Por estos términos designan aquellas verdades que son esenciales para la salvación y las que no lo son. Pero esta es una manera muy egoísta de considerar las cosas. Desde luego, el hecho de que Dios nos haya dado una comunicación acerca de cualquier asunto demuestra que Él considera la cuestión como esencial para Su propia gloria y para nuestra bendición. Desde luego, no podemos permitirnos ser indiferentes a ninguna verdad divina, tanto si nos damos cuenta inmediatamente de la importancia que tiene para nosotros como si no. Y desde luego la santificación es una cuestión que no podemos descuidar sin llegar a ser grandes perdedores.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué significa ser santificado?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El significado de la palabra es ser separado o puesto aparte para un propósito. Hay un versículo en el Salmo 4 que comunica este pensamiento: «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jehová ha hecho apartar al piadoso para sí</span>» (v. 3, V.M.).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es importante que tengamos esto presente, porque muchos contemplan la santificación como un proceso de mejora por el que las personas son gradualmente hechas más santas, y hechas aptas para habitar en el cielo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un examen de los pasajes de la Escritura que hablan de esta cuestión demostrará la falsedad de esta idea. Por ejemplo, en Deuteronomio 15:19 encontramos que se santificaban becerros y ovejas. Desde luego, esto no puede significar que fuesen mejorados y hechos más santos; significa sencillamente que eran apartados para un propósito.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En Isaías 66:17 se dice de los malvados que se han santificado para hacer el mal. Es decir, se han puesto aparte para cumplir sus malvados propósitos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En Juan 17:19 el Señor Jesús dice: «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por ellos yo me santifico a mí mismo</span>». No es posible que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Él</span> tuviera que ser mejorado y hecho santo, porque Él fue siempre perfecto e intachablemente santo. Pero por causa de los «Suyos» Él estaba a punto de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">apartarse</span> de la tierra, y de las cosas en medio de las que había venido, e iba a regresar al cielo. Él iba así a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ponerse aparte a Sí mismo,</span> para servir a Su pueblo como su Abogado e Intercesor.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Estos pasajes exponen claramente el verdadero significado de la santificación.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Quiénes son los santificados?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Queda claro en el Nuevo Testamento que todos los verdaderos creyentes en Cristo son santificados. Junto con el perdón de los pecados va la «herencia entre los santificados» (Hechos 26:18).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Escribiendo a los creyentes en Corinto, el apóstol dice: «Habéis sido lavados … <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">habéis sido santificados</span>» (1 Corintios 6:11).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La palabra «santo» significa simplemente una persona santificada; y este era el nombre usual por el que todo se conocía al pueblo de Dios en aquellos primeros tiempos. Eran llamados «discípulos», «hermanos», «cristianos», «amigos», «creyentes», pero el nombre más comúnmente usado era el de «santos». Y este nombre no se aplicaba meramente a ciertos hombres santos y devotos, sino a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">todos</span> los verdaderos cristianos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En la actualidad la palabra casi ha caído en desuso, y si sucede que decimos que hemos ido a visitar a algunos de los «santos», ¡nos miran como si hubiéramos estado comunicándonos con los espíritus de los muertos! La verdad es que la pobre Elisabet, que yace enferma en su casa en la siguiente calle, es tan santa como el mismo San Pedro; y que el viejo Tomás, que trabaja de picapedrero, tiene tanto derecho a este título como el apóstol San Pablo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pedro y Pablo no eran santos debido a su celo, santidad y devoción. Eran santos porque habían sido purificados de sus pecados por la preciosa sangre de Cristo, y esto es lo que ha constituido a cada verdadero creyente en santo, o «persona santificada».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Deben incluso los creyentes llenos de imperfecciones considerarse como santificados?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si solo los que se han librado de sus imperfecciones fuesen santificados, tendríamos que andar buscando largo tiempo antes que los encontrásemos. Incluso los mejores entre nosotros están llenos de imperfección, y los que viven en una comunión más estrecha con Dios sienten sus imperfecciones con mayor intensidad.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero la santificación no depende de lo que seamos en nosotros mismos. Cada cristiano tiene en sí lo que la Escritura designa como «la carne»; y «la carne», sea en un santo o en un pecador no convertido, es desesperada e irremediablemente mala. Es evidente, entonces, que lo que constituye nuestra santificación no es ninguna mejora de «la carne».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Y en 1 Corintios 1:2 vemos que es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Cristo Jesús</span> que somos santificados, no en nosotros mismos. Y en el versículo 30 del mismo capítulo se nos dice que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo Jesús</span> (no un estado más santo o más perfecto) «nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">santificación</span> y redención».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Debo explicar aquí que los cristianos deben aprender a pensar de sí mismos de dos formas totalmente diferentes. Primero, tal como somos realmente aquí en este mundo, con «la carne» todavía en nosotros, con tentaciones y pruebas en torno a nosotros, y con nuestros cuerpos todavía llevando la semejanza de Adán. Como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tales,</span> nuestra historia acabará cuando abandonemos este mundo. Segundo, como somos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Cristo,</span> de pie sobre todo el valor de Su obra consumada, y puestos ante Dios para gozar de Su favor, sin una mancha, defecto ni imperfección. Esto último es lo que seremos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">realmente</span> en el cielo, pero Dios nos ve ya así <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Cristo,</span> y la fe cuenta las cosas como Él las cuenta.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Como hombres en «la carne», hijos de Adán, Dios no puede agradarse de nosotros. Él ha declarado que el hombre según este orden no podrá ser de Su agrado. Sus propósitos de gracia y bendición han de ser asegurados mediante Otro, es decir, Cristo, y, como nueva creación según el orden <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">de Cristo,</span> Dios puede agradarse en nosotros. De ahí se desprende que nuestra santificación (o ser puestos aparte para el beneplácito de Dios) ha de ser <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Cristo.</span> Ningunas imperfecciones en nosotros pueden jamás afectar nuestra posición <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Él,</span> ni tocar lo que tenemos en Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Puede que no sea fácil para nuestras almas comprender esto en el acto. Pero es tan importante que le he dedicado un buen espacio de tiempo, y pido a todos los presentes que lo consideren cuidadosamente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cuándo es santificado un creyente?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La Escritura habla de nuestra santificación en relación con más de un período de tiempo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(1) Antes que el mundo fuese, en la mente y en el propósito de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(2) En la cruz, cuando Jesús murió, hace diecinueve siglos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(3) Cuando el Evangelio es aplicado por el Espíritu Santo con poder, y lo recibimos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Será bueno usar una sencilla ilustración para exponer cómo esto puede ser así.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un lunes por la mañana una señora está haciendo unas compras en uno de los grandes almacenes en la Calle del Puerto. Mientras está haciendo sus compras, un sombrero muy atractivo llama su atención. Ella piensa: «¡Qué sombrero más encantador!», y descubre desilusionada que no tiene suficiente dinero para comprarlo en el momento. Pero toma nota mental de aquel sombrero, y decide adquirirlo lo más pronto posible.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El martes la señora está de nuevo en la tienda. Pide el sombrero, lo paga, y pasa a ser su propietaria. Ahora es su sombrero, para hacer con el mismo lo que le plazca. «Apártelo,» dice ella, «y enviaré a buscarlo mañana.»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El miércoles, la señora envía a su criada. La criada entra en la tienda, expone su encargo, menciona el nombre de su señora, y vuelve con la bolsa que contiene el sombrero.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora preguntaré, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿cuándo</span> fue que aquella señora santificó, o apartó, aquel sombrero para su propio uso?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El lunes, por lo que respecta a su mente y propósito; el martes, al asegurarlo mediante el pago del precio; el miércoles, al enviar a su criada a buscarlo, por medio de la cual el sombrero pasó <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">efectivamente</span> de la tienda a la casa de la señora.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora bien, esta ilustración servirá al menos para clarificar <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cuándo</span> fuimos santificados o puestos aparte por Dios para Sus propios propósitos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Primero, hace largo tiempo en la eternidad pasada, Dios nos predestinó para que fuésemos Sus hijos. Por así decirlo, Él dijo: «Serán Míos para deleite de Mi corazón y para que los bendigan Mis manos». De modo que en Su propósito Dios nos apartó, o santificó, antes que el mundo fuese (véase Ro. 8:29, 30; Ef. 1:4; 2 Ts. 2:13).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego, cuando Jesús murió, quedó pagado el precio de nuestra redención. Cada obstáculo que el pecado había levantado para que fuésemos de Dios para toda la eternidad quedó eliminado, y abierto el camino para el cumplimiento de Su propósito en gracia. Fuimos así puestos aparte mediante el pago del inmenso precio por el que Él nos compró y nos hizo Suyos (véase 1 Co. 6:29). De modo que además de ser santificados por el propósito y la voluntad de Dios, «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre</span>» (He. 10:10).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Finalmente, cuando, por la operación del Espíritu Santo, nuestros corazones son abiertos para recibir el evangelio, somos efectiva y personalmente traídos a Él. Somos separados de nuestros pecados; ya no formamos parte de este mundo que está precipitándose al juicio. Somos efectivamente apartados para Dios. Este aspecto de nuestra santificación se expresa en 2 Tesalonicenses 2:13: «que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio</span>».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No existe un proceso de santificación que vaya en progreso de día en día en la vida del creyente?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego que s</span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">í. No hemos tocado todavía este lado práctico del tema, porque quería que todos comprendieran claramente lo que es ser santificados <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">una vez para siempre</span> por el propósito de Dios, por la obra de Cristo y por la operación del Espíritu Santo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero el aspecto práctico de la santificación es también de inmensa importancia. En 1 Tesalonicenses 5:23 el apóstol ora que el Dios de paz santifique plenamente a los creyentes a los que él escribe. ¿Qué quiere decir con ello?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Volvamos de nuevo a la ilustración de la señora y su sombrero. Después que lo ha comprado, y que la criada lo ha ido a buscar, ¿se acaba ahí la historia? En absoluto. Ahora que ha llegado a ser posesión efectiva de la propiedad de la señora, es apartado de día en día para su propio uso; es decir, lo lleva. Nadie más lo usa. Es apartado para el uso exclusivo de su propietaria.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora bien, Dios, tras haber propuesto nuestra bendición, y habiendo muerto Cristo para conseguirla, y habiendo el Espíritu Santo obrado eficazmente en nosotros de modo que hemos sido llevados a Dios—¿es esto el final de todo? En absoluto. El Espíritu Santo sigue realizando Su obra en nosotros, separándonos más y más de las cosas de este mundo, separándonos de los deseos de la carne, de los malos caminos en los que antes anduvimos, y promoviendo de esta manera nuestra santificación <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">práctica.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero esto no se lleva a cabo, tengamos esto en cuenta, mediante la gradual erradicación de nuestra naturaleza pecaminosa, o la mejora de la carne, sino siendo conducidos al bendito secreto de la libertad respecto al amargo yugo del pecado, de la victoria sobre el poder del mal interior, y del gozo en el Espíritu Santo. Al adherirse más y más nuestros corazones a Cristo, nos apartamos con creciente aborrecimiento de todo lo que pertenece al yo, y el resultado es que en nuestro andar y caminos somos «santidad al Señor», verdaderamente separados para Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué es lo que Dios usa para promover nuestra santificación práctica?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Él puede obrar, e indudablemente lo hace, por medio de muchas cosas. La aplicación de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la verdad</span> a nuestras almas es uno de los medios más eficaces. Cuando el Señor Jesús estaba orando por nosotros, en Juan 17, Él dijo: «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad</span>».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Espero que todos aquellos que hace poco se han convertido llegarán a ser diligentes estudiantes del Libro de Dios. Si no os alimentáis de la sincera leche de la Palabra, vuestras almas desfallecerán. Al leer, Dios lo bendecirá en vosotros, y ello tendrá un efecto separador y santificador sobre vosotros. Al familiarizaros más con sus maravillosas verdades, podréis discernir mejor lo que es de Dios y lo que es del mundo, de la carne y del diablo. Muchas cosas en las que ahora no veis ningún mal serán puestas a descubierto por la verdad que aprenderéis, y de esta manera seréis separados de las mismas. Aprenderéis que vuestro Señor y Salvador no tiene lugar en la tierra, que está rechazado aquí, y que ha sido echado del mundo. Decidme, ¿acaso el pensamiento de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">esto</span> no os separará, en corazón y alma, de la escena donde <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Él</span> fue rechazado?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Otra cosa que Dios usa es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la ira y persecución de los inicuos.</span> De esto tenemos un ejemplo en Juan 9. El ciego había sido sanado por Jesús, y había confesado abiertamente Su nombre. Esto fue demasiado para los dirigentes judíos. Era intolerable que nadie se manifestase a favor de Aquel a quien ellos odiaban. De modo que, tras injuriar al hombre que le había confesado, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">le expulsaron.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¿No pensáis que su acción debió tener un poderosísimo efecto sobre aquel hombre, separando su corazón del sistema de cosas en medio del que se había criado, y fijando sus afectos en Cristo? Estoy seguro de que su excomunión por parte de los dirigentes religiosos de su tiempo fue una gran ayuda para su santificación.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Bienaventurados seréis» dijo el Señor Jesús, «cuando los hombres os aborrezcan, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">y cuando os aparten de sí,</span> y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre» (Lc. 6:22).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Por qué es necesario que seamos santificados?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para que seamos preparados de manera práctica para el propósito de Dios, y útiles para el uso del Señor. Veamos lo que se dice en 2 Timoteo 2:21 acerca del vaso «útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¿No hace esto vibrar una cuerda de deseo en tu corazón, querido hermano en la fe? ¿No deseas ardientemente ser un vaso útil para el Señor? Tú <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">puedes</span> ser uno, pero para que puedas ser útil para el Señor, tienes que separarte de manera práctica de todo lo que no es de Él, tu corazón destetado del mundo, tu alma emancipada de la esclavitud del pecado y de la carne. En una palabra, debes ser puesto aparte, mediante la obra efectiva del Espíritu Santo en ti, para <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Usted estaba hablando ahora mismo de los medios que Dios usa para nuestra santificación práctica. ¿No es la aflicción uno de ellos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, Dios tiene que disciplinarnos y hacernos pasar por la tribulación, pero es siempre para nuestro bien, para que lo que es de Dios en nosotros pueda ser desarrollado, y para que podamos ser crecientemente preparados para el agrado de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La palabra «tribulación» procede del latín <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tribulum,</span> que era una especie de triple azote que usaban los romanos para batir el grano. El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tribulum</span> separaba el grano de la cáscara, y esto es lo que la tribulación hace por nosotros. Hay mucha «cáscara» de la que tenemos que ser liberados. De ahí la disciplina que Dios aplica a Sus hijos. Él nos purifica para que podamos dar más fruto.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No es la esperanza de la venida del Señor otro medio de la santificación práctica?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ciertamente. Leemos que «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro</span>» (1 Juan 3:3).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es fácil ver que así es. Si esperamos el regreso del Señor en cualquier momento, tendremos cuidado acerca de lo que hacemos y decimos. No querremos que Él llegue y nos encuentre leyendo libros dudosos o en medio de malas compañías, o sentados en lugares de diversión mundana, o diciendo algo que no querríamos que Él oyera. El pensamiento de Su venida, si lo mantenemos presente en nuestras mentes, y lo abrigamos como esperanza en nuestros corazones, tendrá un marcado efecto sobre nosotros, y nos purificará de lo que no es de Él, y nos santificará, o separará más y más para Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
La palabra «santificar», ¿significa «separar» en todos los casos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No digo que las dos palabras se puedan emplear siempre de manera indistinta, pero, por lo general, sí se puede. Desde luego, el sentido usual de la palabra tal como se emplea en las Escrituras es «poner aparte» para algún propósito divino.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero nosotros somos demasiado propensos a limitar nuestros pensamientos acerca de esta cuestión a aquello DE lo que somos santificados. La felicidad reside en comprender algo de aquello PARA lo que somos santificados.</span></span></span> </div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Número 7</span></span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Tema: LA SANTIFICACIÓN</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Preguntas por </span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">E. C. Mais</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">; Respuestas por H. P. Barker</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #330099;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">LA importancia del tema que vamos ahora a considerar se puede deducir del hecho de que se habla tanto del mismo en la Biblia.</span></span></span> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">A veces los hombres dividen las verdades de la revelación divina en «esenciales» y «no esenciales». Por estos términos designan aquellas verdades que son esenciales para la salvación y las que no lo son. Pero esta es una manera muy egoísta de considerar las cosas. Desde luego, el hecho de que Dios nos haya dado una comunicación acerca de cualquier asunto demuestra que Él considera la cuestión como esencial para Su propia gloria y para nuestra bendición. Desde luego, no podemos permitirnos ser indiferentes a ninguna verdad divina, tanto si nos damos cuenta inmediatamente de la importancia que tiene para nosotros como si no. Y desde luego la santificación es una cuestión que no podemos descuidar sin llegar a ser grandes perdedores.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué significa ser santificado?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El significado de la palabra es ser separado o puesto aparte para un propósito. Hay un versículo en el Salmo 4 que comunica este pensamiento: «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jehová ha hecho apartar al piadoso para sí</span>» (v. 3, V.M.).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es importante que tengamos esto presente, porque muchos contemplan la santificación como un proceso de mejora por el que las personas son gradualmente hechas más santas, y hechas aptas para habitar en el cielo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un examen de los pasajes de la Escritura que hablan de esta cuestión demostrará la falsedad de esta idea. Por ejemplo, en Deuteronomio 15:19 encontramos que se santificaban becerros y ovejas. Desde luego, esto no puede significar que fuesen mejorados y hechos más santos; significa sencillamente que eran apartados para un propósito.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En Isaías 66:17 se dice de los malvados que se han santificado para hacer el mal. Es decir, se han puesto aparte para cumplir sus malvados propósitos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En Juan 17:19 el Señor Jesús dice: «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por ellos yo me santifico a mí mismo</span>». No es posible que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Él</span> tuviera que ser mejorado y hecho santo, porque Él fue siempre perfecto e intachablemente santo. Pero por causa de los «Suyos» Él estaba a punto de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">apartarse</span> de la tierra, y de las cosas en medio de las que había venido, e iba a regresar al cielo. Él iba así a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ponerse aparte a Sí mismo,</span> para servir a Su pueblo como su Abogado e Intercesor.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Estos pasajes exponen claramente el verdadero significado de la santificación.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Quiénes son los santificados?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Queda claro en el Nuevo Testamento que todos los verdaderos creyentes en Cristo son santificados. Junto con el perdón de los pecados va la «herencia entre los santificados» (Hechos 26:18).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Escribiendo a los creyentes en Corinto, el apóstol dice: «Habéis sido lavados … <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">habéis sido santificados</span>» (1 Corintios 6:11).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La palabra «santo» significa simplemente una persona santificada; y este era el nombre usual por el que todo se conocía al pueblo de Dios en aquellos primeros tiempos. Eran llamados «discípulos», «hermanos», «cristianos», «amigos», «creyentes», pero el nombre más comúnmente usado era el de «santos». Y este nombre no se aplicaba meramente a ciertos hombres santos y devotos, sino a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">todos</span> los verdaderos cristianos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En la actualidad la palabra casi ha caído en desuso, y si sucede que decimos que hemos ido a visitar a algunos de los «santos», ¡nos miran como si hubiéramos estado comunicándonos con los espíritus de los muertos! La verdad es que la pobre Elisabet, que yace enferma en su casa en la siguiente calle, es tan santa como el mismo San Pedro; y que el viejo Tomás, que trabaja de picapedrero, tiene tanto derecho a este título como el apóstol San Pablo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pedro y Pablo no eran santos debido a su celo, santidad y devoción. Eran santos porque habían sido purificados de sus pecados por la preciosa sangre de Cristo, y esto es lo que ha constituido a cada verdadero creyente en santo, o «persona santificada».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Deben incluso los creyentes llenos de imperfecciones considerarse como santificados?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Si solo los que se han librado de sus imperfecciones fuesen santificados, tendríamos que andar buscando largo tiempo antes que los encontrásemos. Incluso los mejores entre nosotros están llenos de imperfección, y los que viven en una comunión más estrecha con Dios sienten sus imperfecciones con mayor intensidad.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero la santificación no depende de lo que seamos en nosotros mismos. Cada cristiano tiene en sí lo que la Escritura designa como «la carne»; y «la carne», sea en un santo o en un pecador no convertido, es desesperada e irremediablemente mala. Es evidente, entonces, que lo que constituye nuestra santificación no es ninguna mejora de «la carne».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Y en 1 Corintios 1:2 vemos que es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Cristo Jesús</span> que somos santificados, no en nosotros mismos. Y en el versículo 30 del mismo capítulo se nos dice que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo Jesús</span> (no un estado más santo o más perfecto) «nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">santificación</span> y redención».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Debo explicar aquí que los cristianos deben aprender a pensar de sí mismos de dos formas totalmente diferentes. Primero, tal como somos realmente aquí en este mundo, con «la carne» todavía en nosotros, con tentaciones y pruebas en torno a nosotros, y con nuestros cuerpos todavía llevando la semejanza de Adán. Como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tales,</span> nuestra historia acabará cuando abandonemos este mundo. Segundo, como somos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Cristo,</span> de pie sobre todo el valor de Su obra consumada, y puestos ante Dios para gozar de Su favor, sin una mancha, defecto ni imperfección. Esto último es lo que seremos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">realmente</span> en el cielo, pero Dios nos ve ya así <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Cristo,</span> y la fe cuenta las cosas como Él las cuenta.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Como hombres en «la carne», hijos de Adán, Dios no puede agradarse de nosotros. Él ha declarado que el hombre según este orden no podrá ser de Su agrado. Sus propósitos de gracia y bendición han de ser asegurados mediante Otro, es decir, Cristo, y, como nueva creación según el orden <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">de Cristo,</span> Dios puede agradarse en nosotros. De ahí se desprende que nuestra santificación (o ser puestos aparte para el beneplácito de Dios) ha de ser <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Cristo.</span> Ningunas imperfecciones en nosotros pueden jamás afectar nuestra posición <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">en Él,</span> ni tocar lo que tenemos en Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Puede que no sea fácil para nuestras almas comprender esto en el acto. Pero es tan importante que le he dedicado un buen espacio de tiempo, y pido a todos los presentes que lo consideren cuidadosamente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Cuándo es santificado un creyente?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La Escritura habla de nuestra santificación en relación con más de un período de tiempo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(1) Antes que el mundo fuese, en la mente y en el propósito de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(2) En la cruz, cuando Jesús murió, hace diecinueve siglos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">(3) Cuando el Evangelio es aplicado por el Espíritu Santo con poder, y lo recibimos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Será bueno usar una sencilla ilustración para exponer cómo esto puede ser así.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Un lunes por la mañana una señora está haciendo unas compras en uno de los grandes almacenes en la Calle del Puerto. Mientras está haciendo sus compras, un sombrero muy atractivo llama su atención. Ella piensa: «¡Qué sombrero más encantador!», y descubre desilusionada que no tiene suficiente dinero para comprarlo en el momento. Pero toma nota mental de aquel sombrero, y decide adquirirlo lo más pronto posible.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El martes la señora está de nuevo en la tienda. Pide el sombrero, lo paga, y pasa a ser su propietaria. Ahora es su sombrero, para hacer con el mismo lo que le plazca. «Apártelo,» dice ella, «y enviaré a buscarlo mañana.»</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El miércoles, la señora envía a su criada. La criada entra en la tienda, expone su encargo, menciona el nombre de su señora, y vuelve con la bolsa que contiene el sombrero.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora preguntaré, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿cuándo</span> fue que aquella señora santificó, o apartó, aquel sombrero para su propio uso?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El lunes, por lo que respecta a su mente y propósito; el martes, al asegurarlo mediante el pago del precio; el miércoles, al enviar a su criada a buscarlo, por medio de la cual el sombrero pasó <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">efectivamente</span> de la tienda a la casa de la señora.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora bien, esta ilustración servirá al menos para clarificar <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cuándo</span> fuimos santificados o puestos aparte por Dios para Sus propios propósitos.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Primero, hace largo tiempo en la eternidad pasada, Dios nos predestinó para que fuésemos Sus hijos. Por así decirlo, Él dijo: «Serán Míos para deleite de Mi corazón y para que los bendigan Mis manos». De modo que en Su propósito Dios nos apartó, o santificó, antes que el mundo fuese (véase Ro. 8:29, 30; Ef. 1:4; 2 Ts. 2:13).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Luego, cuando Jesús murió, quedó pagado el precio de nuestra redención. Cada obstáculo que el pecado había levantado para que fuésemos de Dios para toda la eternidad quedó eliminado, y abierto el camino para el cumplimiento de Su propósito en gracia. Fuimos así puestos aparte mediante el pago del inmenso precio por el que Él nos compró y nos hizo Suyos (véase 1 Co. 6:29). De modo que además de ser santificados por el propósito y la voluntad de Dios, «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre</span>» (He. 10:10).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Finalmente, cuando, por la operación del Espíritu Santo, nuestros corazones son abiertos para recibir el evangelio, somos efectiva y personalmente traídos a Él. Somos separados de nuestros pecados; ya no formamos parte de este mundo que está precipitándose al juicio. Somos efectivamente apartados para Dios. Este aspecto de nuestra santificación se expresa en 2 Tesalonicenses 2:13: «que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio</span>».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No existe un proceso de santificación que vaya en progreso de día en día en la vida del creyente?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Desde luego que s</span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">í. No hemos tocado todavía este lado práctico del tema, porque quería que todos comprendieran claramente lo que es ser santificados <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">una vez para siempre</span> por el propósito de Dios, por la obra de Cristo y por la operación del Espíritu Santo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero el aspecto práctico de la santificación es también de inmensa importancia. En 1 Tesalonicenses 5:23 el apóstol ora que el Dios de paz santifique plenamente a los creyentes a los que él escribe. ¿Qué quiere decir con ello?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Volvamos de nuevo a la ilustración de la señora y su sombrero. Después que lo ha comprado, y que la criada lo ha ido a buscar, ¿se acaba ahí la historia? En absoluto. Ahora que ha llegado a ser posesión efectiva de la propiedad de la señora, es apartado de día en día para su propio uso; es decir, lo lleva. Nadie más lo usa. Es apartado para el uso exclusivo de su propietaria.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ahora bien, Dios, tras haber propuesto nuestra bendición, y habiendo muerto Cristo para conseguirla, y habiendo el Espíritu Santo obrado eficazmente en nosotros de modo que hemos sido llevados a Dios—¿es esto el final de todo? En absoluto. El Espíritu Santo sigue realizando Su obra en nosotros, separándonos más y más de las cosas de este mundo, separándonos de los deseos de la carne, de los malos caminos en los que antes anduvimos, y promoviendo de esta manera nuestra santificación <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">práctica.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero esto no se lleva a cabo, tengamos esto en cuenta, mediante la gradual erradicación de nuestra naturaleza pecaminosa, o la mejora de la carne, sino siendo conducidos al bendito secreto de la libertad respecto al amargo yugo del pecado, de la victoria sobre el poder del mal interior, y del gozo en el Espíritu Santo. Al adherirse más y más nuestros corazones a Cristo, nos apartamos con creciente aborrecimiento de todo lo que pertenece al yo, y el resultado es que en nuestro andar y caminos somos «santidad al Señor», verdaderamente separados para Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Qué es lo que Dios usa para promover nuestra santificación práctica?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Él puede obrar, e indudablemente lo hace, por medio de muchas cosas. La aplicación de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la verdad</span> a nuestras almas es uno de los medios más eficaces. Cuando el Señor Jesús estaba orando por nosotros, en Juan 17, Él dijo: «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad</span>».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Espero que todos aquellos que hace poco se han convertido llegarán a ser diligentes estudiantes del Libro de Dios. Si no os alimentáis de la sincera leche de la Palabra, vuestras almas desfallecerán. Al leer, Dios lo bendecirá en vosotros, y ello tendrá un efecto separador y santificador sobre vosotros. Al familiarizaros más con sus maravillosas verdades, podréis discernir mejor lo que es de Dios y lo que es del mundo, de la carne y del diablo. Muchas cosas en las que ahora no veis ningún mal serán puestas a descubierto por la verdad que aprenderéis, y de esta manera seréis separados de las mismas. Aprenderéis que vuestro Señor y Salvador no tiene lugar en la tierra, que está rechazado aquí, y que ha sido echado del mundo. Decidme, ¿acaso el pensamiento de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">esto</span> no os separará, en corazón y alma, de la escena donde <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Él</span> fue rechazado?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Otra cosa que Dios usa es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la ira y persecución de los inicuos.</span> De esto tenemos un ejemplo en Juan 9. El ciego había sido sanado por Jesús, y había confesado abiertamente Su nombre. Esto fue demasiado para los dirigentes judíos. Era intolerable que nadie se manifestase a favor de Aquel a quien ellos odiaban. De modo que, tras injuriar al hombre que le había confesado, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">le expulsaron.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¿No pensáis que su acción debió tener un poderosísimo efecto sobre aquel hombre, separando su corazón del sistema de cosas en medio del que se había criado, y fijando sus afectos en Cristo? Estoy seguro de que su excomunión por parte de los dirigentes religiosos de su tiempo fue una gran ayuda para su santificación.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Bienaventurados seréis» dijo el Señor Jesús, «cuando los hombres os aborrezcan, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">y cuando os aparten de sí,</span> y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre» (Lc. 6:22).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿Por qué es necesario que seamos santificados?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Para que seamos preparados de manera práctica para el propósito de Dios, y útiles para el uso del Señor. Veamos lo que se dice en 2 Timoteo 2:21 acerca del vaso «útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra».</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¿No hace esto vibrar una cuerda de deseo en tu corazón, querido hermano en la fe? ¿No deseas ardientemente ser un vaso útil para el Señor? Tú <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">puedes</span> ser uno, pero para que puedas ser útil para el Señor, tienes que separarte de manera práctica de todo lo que no es de Él, tu corazón destetado del mundo, tu alma emancipada de la esclavitud del pecado y de la carne. En una palabra, debes ser puesto aparte, mediante la obra efectiva del Espíritu Santo en ti, para <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cristo.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
Usted estaba hablando ahora mismo de los medios que Dios usa para nuestra santificación práctica. ¿No es la aflicción uno de ellos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sí, Dios tiene que disciplinarnos y hacernos pasar por la tribulación, pero es siempre para nuestro bien, para que lo que es de Dios en nosotros pueda ser desarrollado, y para que podamos ser crecientemente preparados para el agrado de Dios.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La palabra «tribulación» procede del latín <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tribulum,</span> que era una especie de triple azote que usaban los romanos para batir el grano. El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tribulum</span> separaba el grano de la cáscara, y esto es lo que la tribulación hace por nosotros. Hay mucha «cáscara» de la que tenemos que ser liberados. De ahí la disciplina que Dios aplica a Sus hijos. Él nos purifica para que podamos dar más fruto.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
¿No es la esperanza de la venida del Señor otro medio de la santificación práctica?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ciertamente. Leemos que «<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro</span>» (1 Juan 3:3).</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Es fácil ver que así es. Si esperamos el regreso del Señor en cualquier momento, tendremos cuidado acerca de lo que hacemos y decimos. No querremos que Él llegue y nos encuentre leyendo libros dudosos o en medio de malas compañías, o sentados en lugares de diversión mundana, o diciendo algo que no querríamos que Él oyera. El pensamiento de Su venida, si lo mantenemos presente en nuestras mentes, y lo abrigamos como esperanza en nuestros corazones, tendrá un marcado efecto sobre nosotros, y nos purificará de lo que no es de Él, y nos santificará, o separará más y más para Él.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
La palabra «santificar», ¿significa «separar» en todos los casos?</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No digo que las dos palabras se puedan emplear siempre de manera indistinta, pero, por lo general, sí se puede. Desde luego, el sentido usual de la palabra tal como se emplea en las Escrituras es «poner aparte» para algún propósito divino.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Pero nosotros somos demasiado propensos a limitar nuestros pensamientos acerca de esta cuestión a aquello DE lo que somos santificados. La felicidad reside en comprender algo de aquello PARA lo que somos santificados.</span></span></span> </div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Doce Diálogos Bíblicos -</span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Harold P. Barker y otros.</span></span></span></span><span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><br />
 Traducción del inglés: Santiago Escuain<br />
 © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.</span></span></span><br />
<span style="color: #000066;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">SEDIN-Servicio Evangélico<br />
 Apartat 2002<br />
 08200 SABADELL<br />
 (Barcelona) ESPAÑA<br />
 Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.</span></span></span>]]></content:encoded>
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