Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Los diez ataques principales contra la historicidad de la Biblia (parte II)
#1
(Segunda parte y final)

3. La historia del diluvio, fue copiada de leyendas antiguas
 
Es igualmente cierto que en la historia del diluvio del Génesis, aparecen algunas similitudes con otras leyendas antiguas. Aquí una vez más es necesario examinar no sólo las semejanzas, sino también las diferencias. Las inundaciones que tuvieron lugar en el antiguo Medio Oriente, parece que evolucionaron a lo largo de los siglos, comenzando con la versión sumeria, el Génesis Eridu, seguido por una fábula acadia en la cual a Noé se le llama Atrakhasis, y finalmente la narrativa incluida en la tan conocida Épica babilónica de Gilgamesh. Estas leyendas extra bíblicas difieren del relato del Génesis en varias formas importantes:
 
• Incluyen tramas secundarias de conflictos entre los dioses.
• La inundación es de una duración más corta, por ejemplo de una semana en la historia de Babilonia, en lugar del año completo de que habla el Génesis, y
• Carecen de la dimensión moral y espiritual que es fundamental en la narrativa de Génesis, a saber que el juicio de Dios fue motivado por la rebelión de la humanidad y su corrupción espiritual.
 
Estas referencias a una inundación catastrófica, procedente de una amplia variedad de fuentes antiguas, sólo sirve para confirmar la historicidad del diluvio bíblico.
 
El hecho que fuentes no bíblicas no puedan explicar por qué ocurrió la inundación, aparte de la dudosa explicación que ofrecen los babilonios de que los dioses se molestaron porque la humanidad era demasiado ruidosa y no podían dormir, demuestra la superioridad del punto de vista bíblico. La Biblia nos expone de manera clara, que la justicia de Dios no permite ni tolera el pecado y la rebelión abierta en contra de Él mismo. Tal como declara en su Palabra: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Ro. 1:18).
 
4. Las narrativas bíblicas sobre los patriarcas no son históricas
 
Las promesas de Dios a los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob, son centrales al mensaje de la Biblia de redención y restauración final. Note la prominencia de Abraham, incluso en los escritos de Pablo en el Nuevo Testamento. Son muchos los pasajes donde se mencionan, pero sólo citaremos unos pocos como ejemplo:
 
• “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Ro. 4:1-3).
• “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros” (Ro. 4:16).
• “Ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia” (Ro. 9:7).
• “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín” (Ro. 11:1).
• “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gá. 3:6-9).
• “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo” (Gá. 3:16).
• “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gá.3:29).
• “Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre” (Gá. 4:22).
 
No asombra entonces, que teólogos de construccionistas como Thomas Thompson, hayan centrado sus ataques en las historias de Abraham, Isaac y Jacob en el libro de Génesis.
 
El estudio de la arqueología revisa lo débil de sus argumentos claves, tal como leemos en la página 73 del libro publicado en inglés La historicidad de las narrativas de los patriarcas. Por ejemplo, ¿por qué debemos esperar encontrar referencias extra bíblicas a Abraham, Isaac o Jacob, cuando ellos vivieron hace cuatro mil años «como nómadas en la periferia de las áreas pobladas... errantes, en medio de los grandes imperios de Mesopotamia y Egipto?». No hay ninguna buena razón por qué este pequeño clan nómada atrajera la atención de los analistas seculares de ese día. Por lo tanto, la ausencia de los patriarcas en la historia secular es un argumento poco convincente contra la existencia de ellos.
 
Tal como dice el viejo adagio, la ausencia de evidencia no es certeza de que no hubiera existido. Además hay abundantes pruebas arqueológicas, por descubrimientos tales como las Tabletas de Nuzi y las Cartas Mari, que las costumbres sociales que reflejan las narrativas del Génesis, podrían fácilmente remontarse al año 2000 A. C. e incluso mucho antes.
 
5. El libro de Isaías en su mayor parte, fue escrito por otras personas, y probablemente ninguno de ellos era Isaías
 
El libro de Isaías, en su versículo inicial dice: “Visión de Isaías hijo de Amoz...” (Is. 1:1a). No obstante, los eruditos críticos han asegurado que su texto es una composición literaria que fue recopilada dos o más siglos después, combinando el trabajo de dos o tres autores. El punto de vista tradicional sostiene que el libro de Isaías es la obra de un solo autor: el profeta Isaías. Mientras los eruditos críticos modernos especulan, que la aparición de la unidad provino de un proceso de cuidadosa edición por una “escuela” de escritores que se especializaron en la vida y obra de la figura histórica de Isaías.
 
Hay diversas hipótesis y muchos críticos, incluso católicos y protestantes. Creen que el libro no fue escrito por un solo hombre, sino por tres. A falta de nombres mejores, se conoce al primer autor como «Proto-Isaías», quien supuestamente escribió los capítulos 1 al 39 en el siglo VIII A.C. y bien pudo ser el profeta o alguien más; al segundo como «Deutero-Isaías» y al tercero «Trito-Isaías». Estos dos últimos vivieron siglos después. Sin embargo, en tiempos más recientes el consenso entre los eruditos críticos ha cambiado y ahora reconocen el libro como un todo, ya que muestra unidad de temas y motivos.
 
De acuerdo a los críticos, las diferencias en tema, estilo y vocabulario entre las principales secciones de Isaías, a saber los capítulos 1 al 39, 40 al 55 y 56 al 66, indican diferentes autores. Sin embargo, hay clara evidencia de su unidad porque las secciones también comparten muchas palabras y expresiones, como por ejemplo el título divino «El Santo de Israel». Quizá la tendencia de los críticos de concentrarse sólo en los hechos que ellos creen que apoyan sus conclusiones es evidencia de la falsedad de su hipótesis.
 
La Biblia English Standard Versión de Estudio, hace esta observación sobre la unidad de Isaías: «El testimonio de Jesús en Juan 12:41 es especialmente instructivo, Él afirmó:‘Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él’. Lo que vio se refiere a dos citas previas, la de Juan 12:38, que dice: ‘...¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?’, la que a su vez es una repetición de Isaías 53:1 ‘¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?’, y se le atribuye al proto-Isaías. Lo que se asigna al llamado ‘Segundo Isaías’ y Juan 12:40 que dice ‘Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane’ es una cita de Isaías 6:10: ‘Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad’, y se le atribuye al llamado ‘Primer Isaías’. Sin embargo, Jesús se refiere a una persona, quien ‘vio su gloria, y habló acerca de él’. En esta forma, entonces, el Señor atribuyó el entero libro a Isaías. De hecho, el entero testimonio unánime del Nuevo Testamento, es que Isaías y sólo Isaías es el autor. Esto se afirma en Mateo 3:3; 4:14-16; 8:17; 12:17-21; 13:14-15; 15:7-9; Marcos 7:6-7; Lucas 3:4- 6; 4:17-19; Juan 1:23; 12:37-41; Hechos 8:27-35; 28:25-27; Romanos 9:27-29; 10:16, 20-21; y 15:12. El propio Dios es su fuente de origen. El mensaje de Dios fue entregado fielmente al histórico profeta Isaías».
 
6. El libro de Daniel no es profético, en lugar de eso, es una historia fabricada de manera muy inteligente, para que parezca profecía
 
Las profecías en el libro de Daniel describen con precisión esquemática el curso de la historia del mundo antiguo a lo largo de un período de cerca mil años, los cuales se extienden a todo lo largo de los imperios: el babilónico, medo- persa, griego y romano, todos los cuales estaban todavía en el futuro cuando Daniel vivía. Los críticos alegan que el libro no pudo haber sido escrito en un tiempo previo al segundo siglo antes de Cristo, debido a la descripción tan detallada que ofrece Daniel en el capítulo 11, sobre el período de los Macabeos, el cual nosotros ahora mirando retrospectivamente, sabemos que tuvo lugar durante el reinado del rey Seléucida Antíoco Cuarto, entre los años 175 al 164 A.C. Arrinconados y sin saber qué responder, estos eruditos de la crítica hacen las increíbles afirmaciones, de que...
 
• Las profecías de Daniel no son profecías, sino que todo fue escrito después de haber ocurrido, y
• Que el libro de Daniel, contrario a lo que dice el propio Señor Jesucristo en Mateo 24:15, no fue escrito por el profeta.
 
La desesperación de los escépticos se refleja en el carácter altamente especulativo y poco convincente de sus reclamos. Por ejemplo, han tratado de probar que el texto de Daniel data del siglo II, en lugar del siglo VI A.C., cuando vivía Daniel, debido a que en él aparecen algunas palabras en griego y persa.
 
Sin embargo, investigaciones más recientes de parte de los eruditos y la evidencia lingüística de los rollos del mar Muerto ha demostrado, que el lenguaje en el que está escrito el libro de Daniel proviene de un período anterior al segundo siglo. Note que ciertos términos que aparecen en el capítulo 3 ya eran obsoletos para el tiempo en que se tradujo el Antiguo Testamento en griego, la Septuaginta o Versión de los Setenta, el cual fue entre los años 300 al 132 A.C. Sabemos esto porque La Septuaginta los traduce incorrectamente. Esto implica que es improbable que el texto de Daniel se remonte casi al mismo tiempo de esta traducción.
 
Por el contrario, los Rollos del mar Muerto y otros manuscritos antiguos indican que el libro de Daniel era ampliamente conocido ya para el segundo siglo, lo cual es prueba de que el original debió haberse publicado mucho antes. Sabemos que la comunidad de Qumrán, la cual era parte del judaísmo de Jerusalén, entre los años 171 al 167 A.C., aceptó el libro de Daniel como parte de la Escritura autorizada, algo que nunca habrían hecho si hubiera apareciendo recientemente. Asombrosamente, una profecía mesiánica en el capítulo 9 predice que el «Mesías sería cortado» durante el propio tiempo en que Jesús de Nazaret vivió y fue ejecutado en Jerusalén. Para gran disgusto de los liberales críticos, la fecha de datación para la crucifixión es tan precisa, que prácticamente todos los métodos de cálculo, la ubican en algún momento entre el año 29 al 34 de la era cristiana.
 
7. El problema sinóptico: Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, no coinciden el uno con el otro, ni con Juan
 
Tal como dice Robert H. Stein profesor de interpretación del Nuevo Testamento del Seminario Teológico Bautista en Louisville, Kentucky; «Al leer los cuatro evangelios es aparente que tres de ellos se asemejan el uno con el otro, pero uno no. Un breve tiempo en la sinopsis de cualquier evangelio indicará que Mateo, Marcos y Lucas, comparten un buen número de similitudes impactantes. El ‘Problema Sinóptico’ es el término que se le ha dado al hecho que los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son muy parecidos. Pero... ¿Por qué son similares en contenido, en palabras y en el orden los eventos narrados en ellos?».
 
El problema sinóptico que surge en parte, por las supuestas contradicciones entre estos tres recuentos de la vida terrenal de Jesús, es bien complejo. Una comparación matemática muestra que 91% del evangelio de Marcos, está contenido en Mateo, mientras que 53% de Marcos se encuentra en Lucas. Sin embargo, los lectores modernos no se dan cuenta que los evangelios son narrativas antiguas, no documentales modernos.
 
Las citas, por ejemplo, no están dadas palabra por palabra, en el formato de una narración. También los evangelios tienden más a estar en conformidad a sus temas, que en orden cronológico; por lo tanto no debemos preocuparnos mucho respecto a la secuencia de los eventos tal como están, sino en encontrar significado de esos acontecimientos.
 
El otro problema que surge es el hecho que el Señor Jesús hablaba en arameo, tal como comprobamos por Marcos 5:41, cuando, “tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate”, lo cual fue traducido al griego, y luego al español, haciendo difícil encontrar una perfecta uniformidad en las citas directas de los biógrafos.
 
El doctor Norman Geisler, quien es autor y co-autor de más de 70 libros y cientos de artículos y ha enseñado teología y apologética por más de 50 años en varios seminarios, comenta: «Aunque Jesús pronunció sus discursos en arameo, la confiabilidad histórica no depende en tener estas palabras exactas, sino en que la traducción griega preserve el significado correcto».
 
Thomas D. Lea y David Alan Black en su libro El Nuevo Testamento: Su trasfondo y su mensaje, ofrecen varios conceptos muy acertados sobre los evangelios. Dicen en la página 126: «Debe reconocerse primero que los evangelios son como Jesús mismo, únicos. Describen una Persona única y eventos únicos, de tal manera que las comparaciones con otras unidades literarias deben ser limitadas. En segundo lugar, debe recordarse que su material sirvió para integrar la iglesia, no a la inversa; los eruditos críticos que ven a la Iglesia como la fuente del material de los evangelios deben ser rechazados. Finamente, debe recordarse que el Espíritu Santo guió su formación; el hecho que usó diferentes autores y materiales como fuente de origen no afecta en ninguna forma la confiabilidad o veracidad de los mismos. Cuando se trata de los orígenes y formación de los evangelios del Nuevo Testamento, es mucho lo que hay involucrado en su proceso que todavía no entendemos; sin embargo, lo importante es el producto: uno autorizado y libre de errores».
 
8. El evangelio de Juan es antisemita y diferente de los otros
 
Es bien cierto que el cuarto evangelio difiere de los otros tres en gran medida. De hecho, el 90% del material de Juan no aparece en los evangelios sinópticos. Por ejemplo, Juan no registra ninguna parábola. Tampoco incluye el Discurso del Monte de los Olivos, que es tan prominente en Mateo 24:1-51, Marcos 13:1-37 y Lucas 21:5-36. En Juan 11:1-44, el apóstol dedica un espacio considerable contando el dramático relato de la muerte y resurrección de Lázaro, el amigo querido de Jesús, algo que no mencionan por la razón que fuere Mateo, Marcos o Lucas. Estas diferencias no deben molestarnos, especialmente cuando nos damos cuenta que cada uno de los cuatro evangelios fue diseñado para retratarnos al Mesías en una luz diferente. Si los cuatro evangelios fueran idénticos o casi idénticos, eso significaría que tres de ellos eran innecesarios.
 
¿Y qué con respecto a la acusación de que Juan era anti-semita? Cuando Juan, quien era judío usaba el término “los judíos” en una forma negativa o en un sentido aparentemente despectivo, es perfectamente razonable suponer que no se estaba refiriendo al pueblo judío en general, ¡porque habría estado condenándose a mismo!
 
Otro enfoque consiste en admitir lo que todos los estudiosos de las lenguas bíblicas ya reconocen, que cuando una palabra hebrea o griega tiene más de un significado posible, la traducción es en última instancia determinada por el contexto. Hay frases griegas que se traducen en algunos pasajes en forma positiva y en algunas negativamente. En contextos negativos, Juan bien puede estarse refiriendo a los judíos que vivían en y alrededor de Jerusalén y se asociaron con los líderes religiosos, no al pueblo judío en general. Los historiadores nos dicen que durante la ocupación de Judea por los seléucidas, muchos judíos huyeron de Jerusalén a Qumrán, especialmente después de que Menelao compró el oficio de sumo sacerdote en el año 171 A.C. Esos que huyeron a Qumrán no sólo despreciaban a Antíoco, sino que estaban desilusionados por la corrupción de la clase dirigente judía religiosa que se había multiplicado alrededor del templo.
 
De tal manera que las referencias negativas de Juan respecto a los líderes de Judea, a quienes llamaba “los judíos”, son entonces consistentes con la situación histórica durante el período del segundo templo. Sus palabras duras, más parecen una reprensión familiar que antisemitismo. En cualquier caso, los antisemitas que usan las palabras de Juan para reforzar sus propios puntos de vista retorcidos, están equivocados y son culpables de pervertir las Escrituras.
 
9. La historia real de Jesús es diferente a la que retratan los evangelios en el Nuevo Testamento
 
Según esta teoría sólo se puede reconstruir un retrato fiel de Jesús de Nazaret, partiendo de la evidencia histórica confiable, el criticismo histórico y un uso cuidadoso de los textos del Nuevo Testamento. Este enfoque integral fundamental del Nuevo Testamento rechaza simultáneamente puntos claves cristológicos, tales como su nacimiento virginal, su naturaleza divina, y su resurrección.
 
El teólogo Albert Schweitzer quien nació en 1875 y murió en 1965, publicó su libro Búsqueda del Jesús histórico en 1906. A pesar de que su obra no contiene ninguna propuesta realmente novedosa, es decir algo que no hubiera sido sugerido décadas antes por la crítica bíblica, tal como Strauss y Renan, el libro tuvo éxito al popularizar un enfoque crítico y humanista de la vida de Jesús de Nazaret. Para ese tiempo, en los años 1900, encajó perfectamente con el movimiento de «libres pensadores» liderados por el flamante ateo Robert Ingersoll. El principio básico del libro de Albert Schweitzer, es que la vida de Jesús debe ser “desmitificada”, es decir, que debe ser despojada de los elementos sobrenaturales o exagerados para ser realmente significativa.
 
El mal llamado Seminario de Jesús, fue una organización que se integró en 1985, bajo el patrocinio del Instituto Westar, con la meta declarada de «renovar la búsqueda del Jesús histórico». Treinta académicos participaron en la primera reunión, y en la actualidad cuenta con unas 200 personas que se denominan «miembros». El Seminario se reúne dos veces al año para debatir documentos técnicos que han sido preparados con anterioridad. Típicamente, cada expediente se enfoca en la disección de pasajes bíblicos. Al terminar el debate de cada uno, los miembros del Seminario votan sobre la «autenticidad de las palabras y obras de Jesús».
 
La meta del Seminario de Jesús es, supuestamente, “separar los hechos históricos de la mitología”. El trabajo de este seminario es reconocido hoy por las corrientes principales de eruditos y muchos “creyentes liberales”, pero realmente es una crítica académica feroz, no una investigación científica honesta.
 
10. Pablo fundó una nueva religión que abandonó casi todas las enseñanzas de Jesús
 
Es históricamente cierto que gran parte del cristianismo organizado, especialmente el que se desarrolló en las partes más dominantes, tal como las tradiciones romanas en el occidente y las griegas en el oriente, se apartaron de sus raíces mesiánicas judeo-cristianas, en los siglos que siguieron a la muerte de los apóstoles. En la época de Constantino, correspondiente a los años 300 de la era cristiana, la iglesia institucional fue evolucionando hasta convertirse en una entidad claramente gentil, en contraste con la iglesia primitiva de sólo unos siglos antes, que había sido distintivamente judía.
 
Según el finado profesor David Flusser de la Universidad Hebrea, el «cristianismo judío» del primer siglo, finalmente llegó a ser considerado por la iglesia no judía, como herético. Por lo tanto, hay que admitir que ciertamente hubo un proceso de helenización que tuvo lugar en esos primeros siglos formativos, cuando la iglesia institucional pasó por el proceso transicional de ser una entidad judía para convertirse en una predominantemente gentil. Sin embargo, esto nada tuvo que ver con el apóstol Pablo.
 
En ninguno de sus escritos, Pablo apoya ideas paganas como esas que más tarde caracterizaron mucho a la iglesia institucional, tal como la adoración de María, la veneración de los santos, la creencia que la salvación puede ganarse por medio de buenas obras, o incluso el uso de iconos e imágenes en la adoración. Todo esto tuvo lugar mucho después de la muerte de Pablo, y de ninguna forma demuestran que el apóstol cambió las enseñanzas de Jesús y fundó su propia religión. Los intentos por crear una brecha entre Jesús y Pablo, de hecho son mal intencionados, e incluso algo irónicos por un par de razones.
 
1. Pablo es muy claro al afirmar que su evangelio lo recibió por medio de revelación directa de Jesús, incluyendo su conversión milagrosa cuando iba camino a Damasco: “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hch. 9:1-6). Asimismo también declaró “Pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gá. 1:12).
 
2. Pablo reconoció que se benefició de información de segunda mano de Pedro y Jacobo, con los cuales pasó tiempo en Jerusalén después de recibir a Cristo como su Señor y Salvador, y quienes habían visto al Señor después de su resurrección. Como dijo: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles” (1 Co. 15:3-7). 
 
De tal manera que el mensaje del evangelio de Pablo tiene su fundamento tanto en Jesús como en los dos apóstoles que fueron testigos, no sólo del ministerio del Señor, sino también de su resurrección. El efecto neto es que la teología de Pablo, está sólida
Responder


Posibles temas similares…
Tema Autor Respuestas Vistas Último mensaje
  Los diez ataques contra la historicidad de la Biblia Willy 0 21 01-07-2019, 12:52 PM
Último mensaje: Willy
  Los diez ataques principales contra la historicidad de la Biblia Willy 0 5,386 25-08-2014, 06:07 PM
Último mensaje: Willy

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)