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Los diez ataques contra la historicidad de la Biblia
#1
Los diez ataques principales contra la historicidad de la Biblia (parte I)
 
 
Muchos escépticos aseguran que la Biblia simplemente provee a los lectores modernos mitos y ficciones literarias del mundo antiguo. Basándose en esto, niegan las verdades que hay en ella y rechazan la necesidad de una fe personal. Estos ataques contra la confiabilidad histórica de la Palabra de Dios son a menudo publicados, justo antes de los principales días de fiesta judíos o cristianos…¡Argumentando que se trata de sensibilidad multicultural!
 
Una noticia de primera página en el periódico Los Angeles Times se titulaba «Dudando de la historia del Éxodo». Presentaba el reportaje del moderno rabino conservador David Wolpe del templo Sinaí en Westwood, California, quien compartió su escepticismo acerca del recuento histórico del Éxodo bíblico en su sermón de Pascua, dijo: «La realidad es que virtualmente todos los arqueólogos modernos que han investigado la historia del Éxodo, con unas pocas excepciones, están de acuerdo en que la forma cómo se describe, no fue cómo ocurrió, si es que acaso ocurrió». ¡Qué manera tan extraña de conmemorar la Pascua!
 
No sorprende, que la revista Newsweek, notoria por su punto de vista super crítico de la fe evangélica, iniciara la temporada de Pascua del año 2010, con nada más y nada menos, que una historia de fe en su propia portada, que decía: «Reevaluando la Resurrección», citando a continuación al erudito alemán del Nuevo Testamento Gerd Lüdemann, quien llamó el reclamo histórico de la resurrección física de Jesús, «una fórmula vacía que debe ser rechazada por cualquiera que tiene un punto de vista científico del mundo». El autor del artículo de buena gana incluyó la opinión del erudito de «que el cuerpo de Jesús se descompuso en la tumba». ¡Qué hermosa manera de decir: «Feliz día de resurrección»! Estos ataques contra el valor histórico de la Biblia no son nada nuevo, y no cesarán. Podemos esperar diversas formas de saludar las temporadas festivas, de parte de los canales estadounidenses de televisión de History Channel, Discovery, de los sistemas públicos de transmisión, y otros canales “educacionales”. Pero el problema real es que la mayoría de estos reclamos, están encaminados a eliminar las historias más importantes de la Escritura.
 
Si las afirmaciones históricas de la Biblia no son ciertas, entonces lo lógico es dudar también de las doctrinales. Pablo, el rabino y apóstol del primer siglo, dijo a los creyentes en Corinto: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan” (1 Co. 15:14, 15).
 
Uno puede decir de manera similar, que si el Éxodo no ocurrió, nuestra fe en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo es en vano. O tal como algunos han cuestionado sobre la historia bíblica de Josué y la conquista de Jericó, diciendo: «Si los muros de Jericó no se cayeron milagrosamente, ¿es nuestra fe vana?». Obviamente, las implicaciones para nuestra fe son enormes si hacemos concesiones a todas las críticas que se hacen para tratar de rebajar la confiabilidad histórica de la Biblia. La siguiente lista nos provee las diez objeciones más comunes en contra de la Palabra de Dios, entre los círculos académicos hoy:
 
• Moisés realmente no escribió el Tora, los cinco primeros libros de la Biblia.
• El registro de la creación es una copia de diversas mitologías antiguas.
• La historia del diluvio que narra el Génesis fue copiada de la mitología.
• Las narrativas bíblicas sobre los patriarcas no son históricas.
• El libro de Isaías en su mayor parte, fue escrito por otras personas, y probablemente ninguno de ellos era Isaías.
• El libro de Daniel no es profético, en lugar de eso, es una historia fabricada de manera muy inteligente, para que parezca profecía.
• El problema sinóptico: Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, no coinciden el uno con el otro, ni con Juan.
• El evangelio de Juan es antisemita y diferente de los otros.
• La historia real de Jesús es diferente a la que retratan los evangelios en el Nuevo Testamento.
• Pablo fundó una nueva religión que abandonó casi todas las enseñanzas de Jesús.
 
Pero... ¿hay alguna respuesta para estos escépticos? ¿Cómo podemos responder por nuestra fe en la confiabilidad de la Biblia? Mientras se han ofrecido objeciones específicas por eruditos creyentes, la mejor forma de evaluar estos reclamos es considerar el punto de vista mundial detrás de cada difamación. Pero... ¿Cuáles son las suposiciones previas que motivan a una persona para leer la Biblia con incredulidad, con el sólo propósito de buscar supuestos errores? Cuando entendemos el punto de vista básico sobre la vida, la realidad, verdad o credulidad que yace debajo de todo este criticismo, es fácil ver cómo se llega a tales conclusiones respecto a la Palabra de Dios, cómo A conduce a B, y B termina por llevar a C.
 
Pero... ¿Qué hay en el corazón de todos estos ataques? ¿Por qué los críticos desean que aceptemos un Jesús históricamente fabricado, complemente opuesto al Jesús de la Biblia? ¿Se trata acaso de inquietud honesta de parte de los eruditos tratando de descubrir los hechos históricos sobre el Señor y sus enseñanzas? ¿O es algo mucho más siniestro lo que está obrando detrás de esta búsqueda por pruebas arqueológicas y exactitud histórica?
 
¿No será acaso que el mensaje de la Biblia de un Dios Todopoderoso que juzga los asuntos del hombre (y a quien todos tendremos un día que rendirle cuentas), ya no es aceptable para las sensibilidades contemporáneas? Tal vez es el reclamo exclusivo de Jesús, quien dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6), ya no es aceptable en la diversidad cultural y religiosa de la arena pública del posmodernismo. Estos ataques no están dirigidos a una comprensión mejor, y más históricamente exacta de la Biblia, sino en desacreditarla.
 
Es por esta razón que no podemos simplemente quedarnos cruzados de brazos esperando por las consabidas “críticas educacionales”, que no son más que nuevos ataques contra la historicidad de la Biblia y luego preparar nuestra defensa. Debemos ocuparnos de los sistemas subyacentes que causan este tipo de ataques que son recibidos de muy buena gana. Tenemos que ser más hábiles para participar en la visión apologética del mundo, defendiendo la fe bíblica de una manera que penetre más allá de los ataques individuales y que averigüe qué es lo que los causa. Que investigue cuáles son las suposiciones previas que se sostienen comúnmente en nuestra cultura, que permiten que tales ataques ganen fuerza.
 
Pero... ¿por qué este punto de vista mundial es tan importante? Un punto de vista mundial es un enfoque global para responder a las grandes preguntas de la vida, tal como: por qué estamos aquí, hacia dónde avanza el mundo, lo que deberíamos hacer o no hacer, lo que es verdadero o falso, y así sucesivamente. Nuestra visión del mundo, proporciona una estructura o punto de partida desde el cual podemos interpretar toda la vida, como por ejemplo, la política, historia, cultura, ciencia, religión, economía, ética, etc. La realidad es que todo es interpretado a través de los lentes de nuestra visión mundial. Y así estemos conscientes o no de ello, todos tenemos un punto de vista mundial.
 
Es posible dividir la historia intelectual en tres épocas fundamentales: premoderna, moderna y posmoderna. Un breve repaso general de estas eras nos permitirá hacer algunas pocas observaciones respecto a la Biblia y la historia. El punto de vista premoderno de la realidad de la civilización europea u occidental, traza su historia más del Oriente, la cuna de la civilización, mucho más de lo que la mayoría de nosotros nos damos cuenta. En lugar de comenzar en Atenas y Roma, el occidente tiene raíces más profundas en el oriente, en centros intelectuales como Babilonia, Egipto, Jerusalén y Estambul, es decir Constantinopla. La filosofía griega, que proveyó los principios y guías del pensamiento occidental, estaba saturada de la mitología pagana politeísta. No había ateos en los tiempos antiguos, el concepto de la vida aparte de la creencia religiosa, simplemente no encajaba con la visión del mundo de entonces. Algunos desarrollaron prácticas supersticiosas, tal como la idea de que los seres no humanos y los objetos naturales tenían alma, creencia que se conoce como animismo. Cada sociedad adoraba y creía en lo divino. Fue así como se le dio nombre de dioses a las diversas virtudes; tal como la diosa del amor, de las fuerzas, como las tormentas, la cantidad de dioses en que creía la gente tuvo que ser reducida a un número manejable.
 
Incluso a pesar de la propagación de las tres religiones monoteístas: el judaísmo, cristianismo y el islam, muchas comunidades europeas retuvieron las supersticiones locales. Como el catolicismo romano creció en poder, terminó por producir una mezcla de ortodoxia bíblica y paganismo que mantuvo por siglos a los pueblos europeos víctimas del engaño.
 
La corrupción en el papado, la construcción de grandes catedrales a costa de altos impuestos sobre los ciudadanos, las conversiones forzadas bajo los cruzados, la venta de indulgencias y otras prácticas problemáticas fueron impuestas sobre una población mayoritariamente analfabeta que no tenía la habilidad para leer la Biblia por sí misma y ciertamente mucho menos en sus propios idiomas. Tales problemas crearon un clima en el que muchos estuvieron dispuestos a considerar las demandas de los reformadores protestantes y aprender a leer la Biblia en su lengua materna.
 
La edad de la razón
 
La fundación de nuestro sistema educativo moderno es el racionalismo. Todos somos afectados por la edad científica de la razón. Después del renacimiento italiano, la Reforma protestante, y la propagación de los ideales de la Ilustración en Europa, la razón se convirtió en el fundamento de la sociedad moderna. Las personas educadas ya no podían ser mantenidas en la oscuridad por esos que los manipulaban política o religiosamente, porque ahora tenían «ilustración», conocimiento. Ya no había más poblaciones analfabetas que creían simplemente lo que les decían sus filósofos, los gobiernos y los líderes religiosos. Muchos de los que fueron víctimas de los poderes religiosos abusivos a través de toda Europa estaban dispuestos a adoptar un nuevo enfoque de la verdad. El modelo empírico sugería que el conocimiento se obtiene a través de los sentidos. Uno sólo puede creer las cosas que puede tocar, gustar, ver, oír, u oler, es decir, cualquier cosa que se experimente por medio de la percepción sensorial.
 
El escepticismo científico proveía seguridad contra los estafadores intelectuales que se nutrían de las personas ingenuas. La revolución científica del racionalismo se impuso en todo occidente, en Europa y América, y los filósofos empezaron a cuestionar la noción de la fe religiosa por completo. Empezaron a preguntarse: tal vez no hay Dios, y si no hay Dios las profecías no pueden suceder, y si las profecías no se cumplen, entonces sus reclamos deben ser afirmaciones falsas, inventadas para que luzcan como profecía. Claro está, esto no deja espacio para el reclamo de la Biblia que es divinamente inspirada.
 
Esos que intentaron fusionar sus compromisos religiosos con el racionalismo posterior a la Ilustración, esperaban que la arqueología bíblica solucionaría el asunto de la confiabilidad histórica de la Escritura. Si la arqueología podía probar que los eventos ocurrieron tal como afirma la Biblia, entonces podríamos estar seguros que es verdad. Pero la arqueología no es una ciencia exacta. Los hallazgos deben ser interpretados.
 
Además, de no proporcionar un registro completo, muchos sitios no han sido excavados, y uno no puede predecir cuál será el siguiente descubrimiento. A pesar de estas limitaciones científicas de la investigación arqueológica, el enfoque histórico-crítico del modernismo asume que los textos bíblicos son culpables hasta que se demuestre lo contrario. No es que la arqueología desmienta la Biblia, sino que los textos históricos como la Escritura no merecen nuestra confianza hasta tanto no son juzgados dignos de la evidencia y la autoridad superior del racionalismo científico. La arqueología nunca puede satisfacer las demandas del racionalismo y el escepticismo siempre puede producir más preguntas que las que responden las pruebas.
 
La posmodernidad del mundo en que vivimos
 
El posmodernismo no tiene lugar para la verdad. Es éticamente neutral. En este sistema nadie está equivocado, a menos que demuestre que otros sí lo están. Frases como estas que son tan populares en Estados Unidos y que pueden verse pegadas en calcomanías en las defensas traseras de los autos y en carteles, resumen la mentalidad que prevalece en nuestros días: «Detesto a las personas intolerantes», «Mi karma supera a tu dogma», «Las hadas son reales» y «Todas las generalizaciones son falsas, incluyendo ésta».
 
Como los métodos científicos de los modernistas no podían responder los insolubles misterios del mundo sobrenatural, el posmodernismo le abrió la puerta al misticismo y al neopaganismo: a la creencia en las energías espirituales en la naturaleza, tal como en el fen shui, un arte milenario que intenta utilizar los elementos a nuestro alcance para hacernos más favorables las energías del planeta, la autorealización, la meditación, los viajes en el tiempo, los horóscopos, los guías espirituales, la adivinación y cosas similares.
 
El posmodernismo aprecia lo espiritual y lo sobrenatural, pero no puede aceptar a nadie que asegure conocer la verdad acerca de tales temas. Dios está en todo, ¡pero el Señor Jesucristo está claramente fuera! Usted puede ser espiritual, pero no moleste a las personas con la Biblia y su reclamo de que es la Palabra infalible de Dios. Este escepticismo extremo permite la verdad personal, pero no la verdad absoluta, de ahí la frase tan popular: «Tal vez sea verdad para usted, pero no para mí».
 
Entonces... ¿Quién está en lo correcto?
 
Esta comparación de las épocas intelectuales de la historia, no pretende sugerir que una de ellas ofrece la mejor opción. Cada una tiene cualidades positivas, pero ninguno de ellas está plenamente correcta. Por el contrario, ninguna puede proporcionar un punto de vista bíblico, un punto que lo evalúe todo a través del lente de lo que Dios ha revelado en las Escrituras. Un punto de vista bíblico implica que Dios ha hablado con veracidad absoluta en las Escrituras. Pero el escepticismo del modernismo pregunta: «¿Quién escribió realmente los textos bíblicos?». Y el escepticismo radical: «¿Qué propaganda están tratando de conseguir que la gente crea?».
 
El erudito alemán Gerd Lüdemann, a quien me referí anteriormente y quien llamó el reclamo histórico de la resurrección física de Jesús, «una fórmula vacía que debe ser rechazada por cualquiera que tiene un punto de vista científico del mundo», estaba en lo correcto respecto a una cosa: el asunto de la posible historicidad de la Biblia es determinado por adelantado por el punto de vista personal.
 
Entonces, si concluimos que el modernismo, el cual niega lo sobrenatural y exige que la prueba científica debe preceder la creencia, provee los lentes apropiados a través de los cuales interpretamos todo lo de la vida, entonces claro está, los recuentos históricos de la Biblia no pueden ser verdaderos. Los eventos sobrenaturales narrados en ella deben ser reinterpretados para que se ajusten a las suposiciones previas del racionalismo científico, el cual no tiene espacio para lo divino o lo milagroso. Y si tomamos el escepticismo extremo del posmodernismo como nuestro punto de partida, la Biblia no pasaría las pruebas para neutralidad ética y sería reducida a un texto humano útil, que puede ser manipulado para que se ajuste a nuestras agendas cuando consideremos oportuno citarla en nuestros intentos de liberar a los oprimidos.
 
¿Debemos tratar de probar la historicidad de la Biblia?
 
Historicidad, como se entiende comúnmente, la exactitud histórica, el orden cronológico, etc., es una noción moderna occidental que no debería ser impuesta sobre la Biblia, porque hablando estrictamente, la historicidad sólo puede ser evaluada cuando se cuenta con declaraciones múltiples sobre el mismo evento. Historicidad no es exactamente lo mismo que veracidad histórica. Si la Biblia provee el único relato de un acontecimiento histórico, esta página bíblica, debe entenderse a la luz del marco general de la historia, proporcionado por nuestro punto de vista del mundo. La negación de la historicidad de la Biblia se basa en la predisposición de cada persona en contra de las verdades que proclama, no en evidencia que demuestre lo contrario. La Biblia se refiere a personas y eventos reales en una manera que verdaderamente transmite el mensaje del Autor Divino.
 
Cuando tanto la Biblia como las fuentes extra bíblicas verifican el mismo evento, se confirma su historicidad. Sin embargo, los creyentes verdaderos no tenemos por qué esperar que los arqueólogos recuperen un grupo de textos que corroboren la historia narrada en el texto sagrado para que creamos en su infalibilidad. Cada vez que ha sido puesta a prueba, la Escritura ha sido aprobada.
 
La evidencia puede estimular nuestra fe, pero no es un remplazo para ella. Debemos admitir que no podemos demostrar la historicidad de toda la Biblia, pero sí podemos defender la racionalidad de nuestra fe en ella como un documento histórico, especialmente cuando la comparamos con las opciones que nos ofrece el mundo. Examinemos a continuación las objeciones de los escépticos.
 
1. Moisés realmente no escribió el Los cinco primeros libros de la Biblia
 
La noción de que Moisés no escribió los cinco primeros libros de la Biblia se remonta al segundo siglo de la era cristiana. Ciertas sectas de la antigüedad sostenían que debieron ser redactados después de la muerte de Moisés. A ellos evidentemente les molestaba algunos pasajes que incluían porciones de información que sentían que Moisés no podía saberla, como algunas referencias geográficas anacrónicas y el recuento de su propia muerte al final del libro de Deuteronomio. Sin embargo, el Señor Jesucristo claramente apoyó su autoría, como dicen estos versículos:
 
“Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos” (Mt. 8:4).
“Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así” (Mt. 19:8).
“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lc. 24:44).
“Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él” (Jn. 5:46).
“¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme?” (Jn. 7:19).
 
La mayoría de eruditos conservadores no tienen dificultad en aceptar la posibilidad de que después de morir Moisés, el Pentateuco hubiera sido editado y le hubieran añadidos cosas menores, tal como el recuento de su propia muerte, todo bajo la influencia y dirección del Espíritu de Dios, tal como afirma 2 Pedro 1:20, 21: “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.
 
Uno de estas pequeñas añadiduras es Deuteronomio 34:10, que dice: “Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara”. Esto ciertamente suena como si hubiera sido escrito por alguien más, un poco tiempo después de la muerte de Moisés. Las actualizaciones menores no disminuyen la autoría de Moisés, porque él todavía escribió el 99% de ese Tora, por lo tanto podemos concluir que el texto final fue divinamente inspirado.
 
Sin embargo, varios eruditos críticos liberales del siglo XIX, llevaron la teoría antigua, de que estos libros no habían sido escritos por Moisés, a un entero nuevo nivel. Esgrimiéndola como un arma en su cruzada por desacreditar enteramente el Tora, adoptaron la hipótesis que estos cinco libros en su forma actual, son una mezcla de cuatro fuentes posteriores representadas por el acróstico JEDP: La J - que representa la fuente Jahwist, siendo la más antigua se remonta hasta el siglo X A.C.; mientras que la E - la fuente Elohist, la D – la Deuteronomista y la P - la Sacerdotal, datan de los siglos VIII al seis. Según ellos, la compilación final del texto existente se remonta a los siglos VI o V A.C. 
 
Usándola como un arma en su cruzada por destruir y desacreditar el Tora enteramente, argumentaron que estos cinco libros en su forma actual, son como una mezcla de cuatro fuentes posteriores, representadas por el acróstico JEDP, y categorizadas de acuerdo a su uso de los nombres hebreos de Dios y otros criterios estilísticos. La teoría ganó amplia aceptación en el medio académico por más de medio siglo, pero comenzó a perder atractivo a mediados y finales del siglo XX, como varios de sus pilares fundamentales, incluyendo la noción de que la escritura antigua no evolucionó, sino mucho tiempo después de Moisés, ya que fue desacreditada por los descubrimientos arqueológicos y los avances en la investigación.
 
2. El registro de la creación, es una copia de diversas mitologías antiguas
 
Nadie niega que hay similitudes superficiales entre el recuento del Génesis de la creación y otros mitos antiguos del Medio Oriente. En la leyenda de Enuma Elish, por ejemplo, el dios Marduk formó los cielos y la tierra, y en la Épica de Atra-hasis, los humanos son creados de la arcilla. Sin embargo, es importante notar las diferencias significativas entre estos mitos y la historia del Génesis.
 
En la crónica de Enuma Elish y la Épica de Atra-hasis, ni un solo dios es supremo o suficientemente poderoso para crear independientemente, y cuando crean, ciertamente lo hecho no es perfecto. En contraste, el Dios de la Biblia es autosuficiente. Habló y por su Palabra creó el mundo. Está separado de Su creación y crea en forma absolutamente perfecta. La pregunta entonces con respecto al recuento del Génesis y las otras leyendas de la creación, es ¿quién tomó prestado de quién? Es obvio que los mitos extrabíblicos de la creación, así sean babilónicos, semíticos, de los indígenas norteamericanos, o cualquier otra forma de tradición, son versiones corruptas del recuento original de la creación que ha sido preservado con exactitud para nosotros en el libro de Génesis.
 
El hecho que algunas de estas leyendas sean supuestamente más antiguas que el libro de Génesis, no es algo crucial en este caso, porque en primera instancia, nadie puede demostrar su antigüedad, asimismo el hecho que una supuesta leyenda sea más antigua, eso no implica necesariamente que es más exacta, particularmente en este caso que se trata de una revelación Divina.
 
mente enraizada y completamente integrada con las enseñanzas del Señor Jesús y los apóstoles.
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