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La Gran Comisión en el Evangelio según San Mateo
#1
Por J.S.  (Adaptado)

Ha pasado más de una semana, no lo sabemos exactamente, desde el primer día de la Pascua. Los discípulos de Jesús han regresado al norte, a Galilea, y allí, en un monte, Jesús se les acerca como les había prometido. Probablemente se trate de la ocasión que menciona Pablo, cuando Jesús apareció a más de 500 hermanos a la vez.  (1ª Co.15:6)

Cuando lo vieron (al principio, por supuesto, a la distancia) sus reacciones fueron diversas, que iban desde del extremo de la adoración al de la incredulidad. Algunos “le adoraron” pero “algunos dudaban” (vs.17) 
Entonces el Señor Jesús se acercó y les habló. Primero les hizo una declaración  (vs.18); después les dio una orden (vs.19/20); finalmente les hizo una promesa. (vs.20 b) 
 
1)    La declaración que les hizo
 
Cristo dijo: “Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra” (vs.18). Es de vital importancia  observar que esta afirmación fue expresada inmediatamente antes de darles la orden a sus discípulos de que fueran por todo el mundo a predicar el Evangelio. De hecho, sin esta afirmación de su autoridad, la comisión de Cristo a los suyos se hubiera resentido de una falta de justificación. No es hasta que estamos convencidos plenamente de la autoridad total y absoluta del Señor Jesucristo que nos encontramos en condiciones de escuchar y obedecer el mandato de ir.
 
 a) ¿Cuál es esa autoridad a la que Cristo se refiere? Se trata de “toda autoridad en el cielo y en la tierra”  Intencionadamente hay una distinción entre las dos esferas sobre las que Él tiene poder: la terrena y la celestial.          
 
AUTORIDAD EN LA TIERRA.
 
Consideremos primero su autoridad terrena. Si tiene autoridad total en la tierra, tiene autoridad sobre nosotros; esto es, indudablemente, una parte del significado. Su autoridad total abarca la vida de todos sus siervos. Es como un general del ejército que puede disponer de sus soldados y desplegar sus fuerzas como quiere. Tiene autoridad para decir a cualquiera: “Ve”, y él va. De hecho, lo ha dicho a su Iglesia en su totalidad, y la Iglesia se ha atrevido a desobedecer a su Señor soberano.
 
Toda vez que tiene autoridad en la tierra, ésta se extiende más allá de nosotros, los enviados. Abarca todas las naciones a las cuales nos envía. Este hecho implica inequívocamente que la fe cristiana comprende a todas las naciones que existen ahora y las que han de existir. Está llamada a trascender todas las barreras del lenguaje y la cultura , la nacionalidad y el color, la raza y el rango.
 
AUTORIDAD EN EL CIELO
 
Pero, Cristo declaró que tiene autoridad plena también en el cielo. ¿Qué significa esto? Sin duda, significa, en parte, que la autoridad que tiene en la tierra es reconocida también en el cielo, y que sus discípulos ganados en la tierra son reconocidos en el cielo y serán recibidos en el cielo. Pero implica más que esto. Quiere decir que el Señor Jesucristo tiene suprema autoridad en aquellas “regiones celestes” (como lo refiere Pablo en la carta a los Efesios) en los cuales todavía operan “principados y potestades” malignos en guerra sin cuartel (Ef.6:12)  Una vez resucitado Jesucristo de los muertos, Dios lo hizo sentar a su diestra “en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder  y señorío, y sobre todo nombre que se nombran no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies…” (Ef.1:20/22)   La autoridad de Jesucristo se extiende sobre todas las criaturas humanas o sobrehumanas, sobre la Iglesia, sobre las naciones, sobre el diablo y todas sus obras.
 
b) ¿Cómo le fue entregada a Cristo esta autoridad?  Él habló de su autoridad en aquel monte de Galilea como un hecho consumado (aoristo edothe: “me fue dada”. Probablemente estaremos de acuerdo en que le fue dada por el Padre en virtud de la cruz y como anticipo de la ascensión. Esta afirmación queda confirmada por el resto del Nuevo Testamento, fue en la cruz en donde “despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz “ (Col.2:15) Fue por su sangre que nos redimió para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación”  (Ap.5:9)  Y fue en su ascensión que también Dios “Lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un Nombre que es sobre todo nombre, para que en el Nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre”  (Fil2:9/11)   
 
La base fundamental de toda obra misionera cristiana es la autoridad universal del Señor Jesucristo “en el cielo y en la tierra” Si la autoridad de Cristo se limitara a la tierra, si sólo fuera uno de los muchos maestros religiosos, uno de los muchos profetas judíos, una de las muchas supuestas encarnaciones, no tendríamos mandato que presentar a las naciones, porque no podríamos presentarlo como Señor y Salvador del mundo. Si la autoridad del Señor Jesús se limitara al cielo, si no hubiese triunfado definitivamente sobre los principados y poderes, podríamos anunciarlo todavía a las naciones, pero nadie se convertiría “de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios.” (Hch.26:18)   
 
Solamente porque toda autoridad en la tierra pertenece al Señor Jesucristo nos atrevemos a ir a todas las naciones . Y solamente porque toda autoridad en el cielo le pertenece igualmente, abrigamos esperanzas de éxito en nuestros trabajos. Para muchos debió parecer ridículo enviar aquel pequeño núcleo de obreros a ganar al mundo para Cristo. Para la Iglesia de Cristo, hoy, la tarea es igualmente gigantesca si pensamos en los muchos millones que no conocen ni reconocen al Señor. Es la autoridad única, universal y absoluta del Señor Jesucristo lo que nos da derecho y confianza de buscar a los perdidos para hacer discípulos entre todos los pueblos. Ante Su autoridad en la tierra, todas las naciones deben inclinarse. Ante Su autoridad en los cielos, ningún demonio puede permanecer en pie.  
 
(Continuará)                
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#2
2)      El mandato que les dio    

 
“Por tanto, id”  (vs.19)  Observamos que este imperativo “id” sigue inmediatamente después de la afirmación de su autoridad total en los cielos y en la tierra. Así, pues, el anuncio de la autoridad universal de Cristo fue un preliminar esencial de la gran comisión.
 
Nosotros vamos en obediencia al “id” imperativo, porque nosotros mismos nos hallamos bajo autoridad, y vamos a “todas las naciones” porque están también bajo la autoridad de Cristo. La comisión ya no se reduce a ir en pos de las ovejas perdidas de la casa de Israel  (Mt.10:6), sino a hacer discípulos entre “todos los gentiles” (esto es lo que significa la palabra “naciones”). Así, en la providencia de Dios, termina el más judío, el más particular, de los cuatro libros del Evangelio. El Evangelio según San Mateo comienza con la llegada de unos gentiles extranjeros que vienen a adorar al Cristo infante; y concluye con una orden a los creyentes para que vayan a ganar almas en el mundo de los gentiles. 
 
TRES  ETAPAS DISTINTAS
 
En tanto que vamos, tenemos instrucciones precisas que cumplir. Cristo usó tres verbos: “hacer discípulos”, “bautizar”, y “enseñar”. Algunos eruditos interpretan esto como una sola orden de “id y haced discípulos”; y bautizar y enseñar lo consideran como una explicación de la manera de hacer discípulos. Yo prefiero tomar los tres verbos por separado como descripción de tres partes, tres etapas distintas, de la única y sola comisión de Cristo: “id”.
 
a)      Hemos de hacer discípulos.
 
La versión “The New English Bible” consigna acertadamente: “haced discípulos míos a todas las naciones”. La adición del posesivo “míos” tiene un sentido muy importante, por cuanto no podemos hacer discípulos en abstracto, ya que no puede haber discípulos sin un maestro personal que entra en contacto personal con ellos. De manera que “hacer discípulos a todas las naciones” equivale a ganar discípulos para Jesucristo de entre todas las naciones de la tierra. Cómo hemos de llevar a cabo esta tarea es lo que nos enseña en las otras versiones de la gran comisión que nos dan los demás escritores del Evangelio. Hemos de cumplir esta orden predicando el Evangelio. Porque al predicar el Evangelio predicamos a Cristo, y los hombres se convierten a Él y se hacen sus discípulos. Nunca podremos cambiar o echar en olvido esta verdad elemental que evangelizar es predicar a Cristo y hacer discípulos para Cristo. 
 
Haríamos bien en no perder de vista las solemnes condiciones del discipulado que Cristo mismo estableció como Maestro. A menos que tomemos nuestra cruz y renunciemos a todo lo que tenemos (poniendo a Cristo delante de nuestros familiares, ambiciones y posesiones) no podremos ser sus discípulos, según sus propias palabras.
 
b)      Hemos de bautizar
 
Los convertidos, (los que creyeron por fe en el Señor Jesucristo y renacieron a una vida nueva en Él) y, en consecuencia, han sido hechos también Sus discípulos, deben  ser bautizados “en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. La implicación teológica de este mandamiento es muy vasta. Significa que ser discípulo de Cristo es tener relación con el Padre y con el Espíritu Santo también. Quiere decir que aunque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas, poseen un Nombre común en el cual los discípulos deben ser bautizados. El bautismo cristiano no es solamente "en" el Nombre, sino que en un sentido es “dentro” del Nombre de la Trinidad, porque significa, simbólicamente, la unión con Dios, que se ha revelado a sí mismo en su triple “Nombre” como Padre, Hijo y Espíritu Santo.
 
El bautismo es esencialmente un acto público. La gente puede hacerse cristiana secretamente, pero debe ser bautizada públicamente. En definitiva, el bautismo es la confesión pública y el reconocimiento público de aquellos que dicen ser discípulos de Cristo, por el cual son admitidos a la iglesia visible. Al ir del discipulado al bautismo, Jesús nos lleva de lo privado a lo público, de lo personal a lo corporativo, de la conversión a la membresía de iglesia.
 
c)      Hemos de enseñar
 
El propósito de Cristo no se ha completado después de hacer discípulos y de ser bautizados. Los convertidos deben ser enseñados. Después de la conversión sigue toda una vida de aprendizaje y de obediencia, hasta que los discípulos son hechos conforme a la imagen de su Señor. 
 
TODAS LAS COSAS
 
Aún más, la sustancia de la enseñanza que hay que dar a los discípulos es la que Cristo mismo impartió: “todas las cosas que os he mandado”. Es importante notar qué hemos de enseñar a los convertidos. No se trata de lo que ellos quieran escuchar ni de lo que nosotros queramos decir, sino de lo que Cristo mismo ha enseñado. Esto es lo que tienen que “guardar”, es decir, lo que tienen que creer y obedecer. ¿Dónde hallaremos toda la enseñanza del Señor Jesucristo?  La enseñanza correcta  no es “en los discursos suyos que nos han conservado los libros del Evangelio”, sino “en toda la Biblia”. Bien entendida, la enseñanza de Jesucristo incluye el Antiguo Testamento (porque Él mismo puso su sello de aprobación sobre su verdad y autoridad), los libros del Evangelio (en los cuales tenemos registradas sus propias palabras) y el resto del Nuevo Testamento (que contiene la enseñanza de los apóstoles a quienes Cristo continuó enseñando para completar Su revelación)    
 
De manera que tenemos una orden de Cristo mismo para instruir a los convertidos con enseñanza bíblica . Y es muy importante que desde el principio entiendan que la enseñanza de la Biblia es la enseñanza de Cristo. Los convertidos han sido hechos discípulos de Cristo; han sido bautizados  en Cristo, y han de ser enseñados en todo aquello que Cristo ha revelado. Deben aprender a someter sus mentes a todo, no sólo a algunos puntos de lo que Cristo afirma en su Palabra, si queremos que su conversión alcance también a su inteligencia. Los discípulos de Jesús no pueden escoger lo que más les guste de sus enseñanzas, tomando de aquí y de allí y desechando lo que les desagrade. No se hallan el libertad de discrepar, como tampoco la tienen para desobedecer al Señor Jesucristo, porque Él es su Maestro y Señor, y se encuentran bajo Su autoridad y Su instrucción: “Me llamáis Maestro y Señor” –les dijo- “Y decís bien porque los soy” (Jn. 13:13)  Esto coloca sobre el evangelista la solemne responsabilidad  de ser él mismo un buen discípulo, porque ¿cómo podrá enseñar a los convertidos todo lo que Cristo ha mandado, si él mismo no se somete humildemente a ello?
Tal es el concepto que del evangelismo tiene nuestro Señor resucitado. Un concepto considerablemente más equilibrado y total que nuestra manera actual de evangelizar. Jesús no envió a los suyos solamente a hacer discípulos, esto era únicamente la primera etapa de la gran comisión. Quedaban todavía dos aspectos más, bautizar y enseñar. Por lo tanto, el evangelista que quiera ser fiel a su vocación, debe tener siempre presente  primero, conversiones a Cristo; segundo, en el contexto que consideramos, membresía de los convertidos en una iglesia local; y, tercero, su instrucción en toda la enseñanza de Cristo.

(Continuará)
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#3
3)     La promesa que pronunció

 “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. La promesa del primer capítulo de Mateo sobre “Emanuel, Dios con nosotros” (Mt.1:23) queda confirmada y halla final cumplimiento.
Nunca debiéramos aislar la gran comisión del contexto. Aquí en la versión que nos ofrece Mateo, va precedida del anuncio de la autoridad de Cristo, y seguida de la promesa de la presencia de Cristo. Sin ello, no podríamos obedecer el mandato del Señor. ¿Cómo podríamos ir a hacer discípulos para Cristo, bautizarlos y enseñarles, si no tuviéramos seguridad de su autoridad que nos respalda, y si no sintiéramos su presencia junto a nosotros?
 
No fue ésta la primera vez que Cristo prometió su presencia como Señor resucitado. Antes en este mismo Evangelio  (18:20) había prometido que estaría en medio de ellos aún si sólo dos o tres discípulos se encontraran reunidos en su Nombre. Ahora, la repetición de la promesa de su presencia va unida al aspecto de testificar, aparte del de orar. No es solamente cuando nos reunimos en su Nombre, sino también cuando vamos en su Nombre, que Él ha prometido estar con nosotros. El “Yo” enfático, que asegura su presencia, es el único que tiene autoridad universal y el único que puede mandar a su pueblo. De modo que, dudamos mucho de que una iglesia que se aísla desobedeciendo la gran comisión y siendo indiferente a las necesidades espirituales de los demás, pueda pretender heredar la plenitud de la promesa de Cristo concerniente a Su presencia.
 
Pero la presencia del Cristo vivo ha sido prometida a los que van al mundo como Cristo fue al mundo, a los que sacrifican su comodidad e independencia, a los que arriesgan sus vidas en la búsqueda de discípulos. Al enviarlos, Cristo los acompaña. “Id”, dice, pero añade: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días”, en días de seguridad y de peligro, en días de fracaso y de éxito, en días de libertad para predicar y en días de restricción, en días de paz y en días de conflicto y guerra. “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. La promesa de Cristo abarca toda la era del Evangelio. El Cristo que les está hablando hacía muy poco que había muerto y resucitado de los muertos, pero ya mira a su segunda venida. Acaba de inaugurar una nueva época y promete estar con su pueblo desde el principio hasta el fin, desde la inauguración hasta la consumación 
 
Al repasar esta conocida versión de la gran comisión del Señor Jesucristo que Mateo escribió por la inspiración del Espíritu Santo (Su anuncio, Su mandato y Su promesa) nos maravilla la cuádruple repetición del término “todo”. 
 
1-     Cristo declaró tener toda autoridad en los cielos y en la tierra.
2-     Por consiguiente, envía a los suyos a hacer discípulos a todas las naciones.
3-     Nos manda que trasmitamos a los nuevos discípulos toda Su enseñanza.
4-     Promete estar con nosotros todos los días, “hasta el fin del mundo”   
  
"Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano." (1ª Co.15:58)     
 
  
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#4
Saludos hermanos:  

En relación con el tema, creo que en muchos círculos se ha desvirtuado la premisa que refiere el autor del escrito: "la verdad elemental que evangelizar es predicar a Cristo y hacer discípulos para Cristo." 
En este tiempo de "facilidades" se suele emplear cualquier tipo de recursos para atraer a las personas a la "fe", aunque rara vez queda claro cuál es el objeto y la motivación de esa fe. Por ejemplo, con la "ayuda" de métodos tomados indebidamente de la psicología, hoy se pretende predicar el evangelio "motivacional", poniendo énfasis en las vastas capacidades "escondidas" del hombre, que le permitirían alcanzar cualquier meta o sueño, por supuesto... con la ayuda de Dios. Es decir, el poder de Dios estará a disposición del hombre para que el hombre lo reclame a discreción. Para el caso, Dios vendría a ser el ayudante, y su criatura el jefe.  

Días pasados se realizó en mi ciudad una campaña de evangelización, cuya publicidad se trasmitió por muchos medio de difusión. Hacía tiempo que no veía en T.V. algo tan degradante para la causa del verdadero Evangelio. La gente bailaba grotescamente y se tiraba al piso fuera de sí, algo patético, seguramente atribuido a la operación del Espíritu Santo... 

Hermanos, qué poco discernimiento de quienes se dicen "evangelistas" y promueven semejantes espectáculos para lograr afiliados a su propia causa.    

Sólo cito el ejemplo para que evitemos imitar esos desenfrenos, y procuremos predicar el verdadero Evangelio del Señor Jesucristo.

¿Qué les parece si compartimos aquí el modo o modos de hacerlo, de forma que el pueblo de Dios sea edificado en la fe una vez dada a los santos?  

Sin duda que la realidad (condiciones políticas, culturales, clima, etc,) ha de ser distinta en diferentes lugares, pero creo que podremos encontrar aspectos en común en cuanto al contenido del Mensaje y los modos de hacerlo. 

¿Nos animamos a aportar humildemente algo al respecto, de tal modo que nos ayudemos mutuamente a cumplir debidamente la gran comisión en nuestras respectivas comunidades? 

Un abrazo!  
Heriberto    
  
   
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#5
Bien, hermanos, mientras esperamos otros aportes, compartiré alguna de mis inquietudes en relación con el tema.

Creo que es importante considerar que al anunciar el Evangelio debemos hacerlo conforme con las Escrituras, según 1ª Pe 4:11  “Si alguno habla,  hable conforme a las palabras de Dios;  si alguno ministra,  ministre conforme al poder que Dios da,  para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo,  a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.  Amén.”
 
No es un tema menor. Podemos comprobar que en este tiempo de diferentes “evangelios”,  muchas veces se suele poner en la boca de  Dios lo que Dios en realidad nunca dijo.  Después del “Dios te dice:” sigue un rosario de declaraciones demasiado alejadas de lo revelado en las Escrituras como Palabra de Dios. Esto es más grave de lo que pensamos.  Hay “evangelistas” enredados con la masonería, psicología, prácticas orientales (ocultistas o no) y vaya uno a saber con cuántas filosofías más. Los conceptos del “marketing” y “desarrollo personal” han invadido los púlpitos, y, francamente, tenemos serias dudas de que los que emplean esos “recursos” siquiera puedan ser hijos de Dios, pues van por ahí anunciando sus propias virtudes y torciendo, o directamente ignorando, las Escrituras.   
 
El hermano Todd Friel comparte lo siguiente: 
"¿Por qué (en la iglesia) hay tantos falsos convertidos? Porque ellos han respondido a un evangelio incompleto o a uno falso.
A muchos se les ha dicho que tienen un vacío en su corazón que sólo Jesús puede llenar, y que si tan sólo le pidieran a Jesús que entre en su corazón, Él los hará sentir llenos y completos. Este es un concepto del evangelismo moderno que recurre a las “necesidades personales”. Determina cuál es la necesidad personal de una persona, y entonces, presenta a Jesús como la respuesta a dicha necesidad. ¿Estás divorciado? Jesús te hará sentir completo. ¿Tus padres no te amaron lo suficiente? Dios quiere amarte y será tu Padre. ¿No te satisface tu dinero? Jesús sí lo hará.
Ahora, ¿hará Dios todas esas cosas? Por supuesto. Sin embargo, y esto es crucial, si una persona acepta a Jesús en su corazón sólo para sentirse completa, es un motivo equivocado y es poco probable que esa persona sea realmente salva. El vacío en el corazón de todos no es la tristeza ni la falta de realización, es la falta de justicia.
Esto es muy importante. Jesús no vino a esta tierra para entregar su vida de una manera cruel sólo para que nosotros pudiéramos estar felices. Él vino para hacernos justos.Y todos tiene que venir a Él por la misma razón—para ser hechos justos (para la justificación). Si le pedimos a Él que entre en nuestro corazón para hacernos felices, Él no entrará y nosotros no recibiremos la mera cosa que buscamos. En vez de esto, si venimos a Él humildemente (¿recuerdas nuestro principio?) buscando misericordia, Él entonces nos la dará… y además llenará ese vacío en nuestros corazones. Pero lo primero es lo primero: Nuestra motivación para pedirle que nos salve debería ser la misericordia y no la felicidad.
¿Nos da Jesús amor, gozo, paz, paciencia, bondad, templanza, fe y dominio propio? Sí, pero sólo después de que nos hemos arrepentido y hemos puesto nuestra fe en Él. Dios nos da estos asombrosos regalos como frutos (los resultados) de la salvación, pero no podemos y no debemos usar dichos regalos como una atracción para la salvación. Considera esto, si alguien pasa tiempo contigo sólo para obtener lo que tienes que ofrecerle (dinero, regalos, comida, servicio de lavandería), te sentirás usado, y con razón. Tú quieres que alguien pase tiempo contigo por lo que tú eres, no por lo que podrías darle. Así es con Dios. Si le seguimos sólo porque queremos Sus regalos, no es una fe aceptable. Esto es usar a Dios como nuestro plan de autorrealización.” 
 
Creo que es un buen enfoque para iniciar el tema que nos ocupa. Espero vuestras opiniones.   
 
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#6
Querido Heriberto.
 
Creo que el mayor problema es que el ego ha crecido tanto que este ya ha desalojado al discernimiento de la mente de muchos “cristianos”. La razón y el discernimiento se han hecho muy escasos y ya casi no tiene cabida en la mente de muchas personas. Como declaro Isaias “a lo bueno le dicen malo y a lo malo bueno”.
 
Celebres y notables como Marx, Jung, Darwin, Freud, aportaron muy bien en poner su granito de arena para apartar aun mas a las personas torciendo y rechazando las verdades de Dios en estos últimos tiempos.  
 
Isa 5:20  ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

La gran comisión es el hacer discípulos de Cristo por medio de la fe en El. No de las señales y milagros como actualmente se predica mucho. Si fuera asi ¿entonces que discípulos se obtienen? Solo discípulos hipócritas que solo cantan a voz en cuello con palabras fingidas.
 
1Ti 1:4  ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.
1Ti 1:5  Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de FE NO FINGIDA,
1Ti 1:6  de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería,
1Ti 1:7  queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.


Palabras fingidas, amor fingido, risas fingidas, cuan aborrecible es todo esto. Hasta una persona natural lo puede sentir. Tratan de disimular su falta de fe en Cristo con gritos eufóricos de aleluyas y amen. Tratan de sobrecargarse a sí mismos porque en el fondo no creen lo que predican y es por esto que se esfuerzan en ello. Se ufanan como grandes conocedores de lo que ya es evidente de Su creación pero repiten y repiten lo que les cuesta creer de Su Palabra como si a fuerza de repetición su falsa fe se mejorara. Es una vergüenza. Es patético. El Señor Jesus detestaba esto:
 
Mat 16:1   Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.
Mat 16:2  Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.
Mat 16:3  Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!
Mat 16:4  La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.

Tenían al Mesías ante ellos y no lo podían ver. Sabiamente el Señor les dice que solo les daría la señal del profeta Jonás porque los de Nínive creyeron solo por la simple predica de Jonás y no porque tuvo que recurrir a la argucia de contarles de su milagrosa travesía aprovechando como una señal y gritarles a viva voz que por ello crean en Dios.

Aun cuando el Señor estuvo en la cruz lo desafiaron. Se burlaban pero al mismo tiempo daban lugar a que podrían creerle si les demostraba un poder sobrenatural:

Mat 27:42  A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

¿Qué hermoso no? Creencia a conveniencia “haz el milagro y luego creo en ti. Luego testifico”.
 
Estos señores aplican la gran comisión pero no de Cristo sino del papado. El milagro primero y tienen su  creyente. Es por esto que ya se llevan bien y hasta llamándose hermanos entre “evangélicos” y católicos. Fe en los milagros de donde sea que provengan, vale.
 
Un abrazo.
Willy
 
 
  Responder
#7
Hola Willy: Gracias por tu reflexión. Oportunamente seguiremos con este tema de tanta actualidad. 
Un abrazo! 
Heriberto  
  Responder
#8
Impacto

"Bienaventurados los perfectos de camino,
Los que andan en la ley del Señor" (Salmos 119:1).

"Un líder de evangelización de una iglesia convocó a un grupo de sus pares para planear una reunión que llamase la atención de los moradores de la  ciudad.
Traerían  a alguien que fuese la expresión de un verdadero milagro. Alguien sugirió, y la mayoría apoyó la idea, de traer no una sino, por lo menos, tres personas que tuvieran un pasado negro y que fueron alumbrados por el poder de Dios. Buscaron a un ex asesino, un ex traficante de drogas y un ex asaltante que hubiersen aparecido en los noticieros policiales de todo el país.

Hicieron gran publicidad, y la iglesia se llenó completamente. Los organizadores sonrieron al ver el gran éxito alcanzado."

Es muy común en los días de hoy que las iglesias se encaminen por el camino del show. Son nombres de ex eso y ex aquello que llaman la atención. Son nombres de artistas que hacen llenar los templos, sin que haya una preocupación respecto de si ellos tienen o no un verdadero compromiso con el Señor o si los que comparecieron se interesan en buscar a Dios y ser una bendición en sus manos. Lo que importa son las luces... el glamour... el momento de estar delante del "ídolo"!

¿Y los hermanos qué nunca cometieron crímenes? ¿Y las hermanas fieles que nunca grabaron un CD o se presentaron en un teatro o televisión, o quien nunca fue tapa de ningún diario de la ciudad? ¿No son una bendición? ¿No tienen bendiciones que contar?

En aquel culto imaginario, que he esbozado al inicio de nuestra reflexión, creo que el testimonio que causaría más impacto sería el del hermano o de la hermana que fuese a la frente y dijese: "Glorifico a mi Dios por el milagro de conservarme en Su casa desde mi infancia; de no haber permitido que yo matase o robase a nadie; que no experimentase los vicios del humo, de la bebida y de las drogas. Sí, alabo a Dios por la felicidad de no haber experimentado nada malo para contar en mi vida."

* * * * * * * * * *

Paulo Roberto Barbosa. Un ciego en Internet! Visite mi sitio:
Ministerio Para Reflexionar

(Tomado de la lista de correo de "Siguiendo sus Pisadas")  
  Responder
#9
He compartido la reflexión anterior del hermano Paulo Barbosa puntualmente en esta sección, porque es un tema de rigurosa actualidad, cuando en ciertas ocasiones el protagonista de los esfuerzos de evangelización suele ser algún personaje de renombre, a quien se le atribuye el mérito de salvar almas.  Leo en mi Biblia que "el Evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree" pero ocurre que muchas veces se cree que ese poder lo ejerce el propio evangelista por su carisma o su entretenido estilo personal, sin hablar del artista que con su frívolo show atrae a multitudes ávidas de diversión.

Hermanos, es un asunto serio que debemos examinar a la luz de las Escrituras, y para ello es necesario volver a las Escrituras, pues muchas "iglesias" se han convertido en meros clubes religiosos de entretenimiento mundano por los que pasa la autopista del camino ancho que lleva a la perdición. 

Los cristianos genuinos siguen a Cristo, y no necesitan ser "retenidos" por las actividades mundanas que algunos "líderes" proponen, por ejemplo, para que los jóvenes "no se vayan".  Y he resaltado "actividades mundanas" para diferenciarlas debidamente de las acciones que contribuyen al crecimiento espiritual de la familia de Dios, en las que puede incluirse aún sano esparcimiento, sin imitar las propuestas pecaminosas de los perdidos. 

Espero sus opiniones, dado que ignoro cuál es la realidad en sus propios países o lugares.

Un abrazo,
Heriberto
  Responder
#10
Saludos Heriberto:
Sabías palabras mencionas, pero esto pasa por que la escritura no es estudiada, ni leída, ni creída , ni practicada, la biblia pasó a ser una NINI* (NI Leida, Ni creida).
Por otro lado contrasta lo siguiente, recuerdo una hermana en Cristo que me comentaba que en algunas regiones de africa donde se predica el evangelio los predicadores verdaderamente tenían que hacer uso de "genialidades" para que el evangelio fuera entendido, me comentaba que en alguna región no conocían el trigo, por ende el pan, y el predicador al tratar de explicar el Espíritu de Dios le iluminó y tuvo que usar la figura de una papa, que era lo conocido en esa región, vamos hasta las alabanzas referentes al pan de vida cantaban la papa de vida.
Lamentablemente se habla de modernizar el evangelio como si fuera caduco ó en desuso, el problema es que al usar música llamativa a los jóvenes el mensaje se diluye en el ritmo de la música.
Me acuerdo alguna vez un padre católico que tomaba música como Jhonny Be God y le ponía letra "cristiana", la verdad cuando la escuche me pareció genial pero solamente era la música, el mensaje lo relacione con Johhny Be God, nada de Cristo.
Ing. Ramón Lozano Cervantes
*NINI: Término por el cual se denimona a un jóven mexicano que Ni estudia Ni trabaja.
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