20-12-2013, 03:40 PM
Queridos hermanos: Ramón ha sido muy claro, y el pasaje que cita me hizo recordar un aporte que escribí hace tiempo para otro sitio, que quisiera reproducir en parte para que lo consideren:
"Como en cualquier otro asunto referido a las prácticas de la iglesia, para lograr una comprensión cabal del tema que nos ocupa, debemos recurrir necesariamente a la enseñanza de las doctrinas del Nuevo Testamento, siendo oportuno recordar que el antiguo régimen de la ley no tiene aplicación en la Asamblea cristiana.
Según leemos en el pasaje bíblico precedente, en el orden del Nuevo Pacto la generosidad del creyente está motivada por la gracia que Dios le ha dado para socorrer a otros.
Las Escrituras distinguen apropiadamente el acto de ofrendar como un "servicio para los santos", utilizando indistintamente términos como: "ofrenda", "socorro", "donativo", "contribución", "ministración para los santos", etc. (nunca "diezmo")
Entonces, el creyente no ofrenda simplemente por acatar un mandato obligatorio, sino que lo hace impulsado por la gracia que Dios le concede para dar. Toda contribución forzada carece de valor genuino, más allá de su cuantía material, porque: "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2ª Cor. 9:7. (...)
Observemos que las Escrituras señalan tres fines básicos de las ofrendas:
1) Para los pobres que hay entre los santos (Romanos 15:26)
2) Para los obreros encomendados a la gracia de Dios (Fil. 4:15-16)
3) Para los ancianos o pastores de la iglesia local (1ª Timoteo 5:17-18)
Respecto del primer punto, sólo como referencia para comprender mínimamente la importancia que encierra, recordemos el caso de la ciudad de Sodoma, que fue destruida por fuego y azufre. En Génesis 18:20 leemos: "...Por cuanto el pecado de ellos se ha agravado en extremo." Pensamos inmediatamente en las repulsivas desviaciones morales de sus habitantes, por las cuales cayó sobre ellos el justo juicio de Dios. Sin embargo, es notable lo que la Escritura declara en Ezequiel 16:49: "He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: Orgullo, abundancia de pan y despreocupada tranquilidad tuvieron ella y sus hijas, pero ella no dio la mano al pobre y necesitado" (Versión R.V. actualizada)
Obviando más detalles; la peor de las maldades de Sodoma fue tener abundancia de pan, y no dar la mano al pobre y necesitado. Claro que eso ocurrió con los impíos, pero en la iglesia bíblica el asunto nunca se consideró como un tema menor. Tanta importancia reviste, que la mayoría de los versículos que se citan para enseñar sobre la ofrenda, están referidos esencialmente a un sólo tipo: la ofrenda para los pobres entre los santos. Dios establece que el socorro para ellos debe provenir de la iglesia, antes que del mundo. Vemos, entonces, que esto no es secundario, y tiene prioridad sobre cualquier otro proyecto de inversión. "Para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos. (2 Cor. 8:14-15)
(...) es preciso recordar que, como en cualquier otro servicio, lo que damos o hacemos deberá ser siempre "en el Nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él" (Colosenses 3:16) y "de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís (Colosenses 3:23-24.
Por lo tanto, dada en el Nombre del Señor, la ofrenda de un creyente no le otorga a éste ninguna atribución sobre la persona u obra que recibe su ayuda." (...)
Bien, quizás esto ayude a SoloEscritura a ubicarse mejor en el tema, pero también a nosotros a recordar aspectos que a veces descuidamos como iglesia.
Un abrazo,
Heriberto
"Como en cualquier otro asunto referido a las prácticas de la iglesia, para lograr una comprensión cabal del tema que nos ocupa, debemos recurrir necesariamente a la enseñanza de las doctrinas del Nuevo Testamento, siendo oportuno recordar que el antiguo régimen de la ley no tiene aplicación en la Asamblea cristiana.
Según leemos en el pasaje bíblico precedente, en el orden del Nuevo Pacto la generosidad del creyente está motivada por la gracia que Dios le ha dado para socorrer a otros.
Las Escrituras distinguen apropiadamente el acto de ofrendar como un "servicio para los santos", utilizando indistintamente términos como: "ofrenda", "socorro", "donativo", "contribución", "ministración para los santos", etc. (nunca "diezmo")
Entonces, el creyente no ofrenda simplemente por acatar un mandato obligatorio, sino que lo hace impulsado por la gracia que Dios le concede para dar. Toda contribución forzada carece de valor genuino, más allá de su cuantía material, porque: "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2ª Cor. 9:7. (...)
Observemos que las Escrituras señalan tres fines básicos de las ofrendas:
1) Para los pobres que hay entre los santos (Romanos 15:26)
2) Para los obreros encomendados a la gracia de Dios (Fil. 4:15-16)
3) Para los ancianos o pastores de la iglesia local (1ª Timoteo 5:17-18)
Respecto del primer punto, sólo como referencia para comprender mínimamente la importancia que encierra, recordemos el caso de la ciudad de Sodoma, que fue destruida por fuego y azufre. En Génesis 18:20 leemos: "...Por cuanto el pecado de ellos se ha agravado en extremo." Pensamos inmediatamente en las repulsivas desviaciones morales de sus habitantes, por las cuales cayó sobre ellos el justo juicio de Dios. Sin embargo, es notable lo que la Escritura declara en Ezequiel 16:49: "He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: Orgullo, abundancia de pan y despreocupada tranquilidad tuvieron ella y sus hijas, pero ella no dio la mano al pobre y necesitado" (Versión R.V. actualizada)
Obviando más detalles; la peor de las maldades de Sodoma fue tener abundancia de pan, y no dar la mano al pobre y necesitado. Claro que eso ocurrió con los impíos, pero en la iglesia bíblica el asunto nunca se consideró como un tema menor. Tanta importancia reviste, que la mayoría de los versículos que se citan para enseñar sobre la ofrenda, están referidos esencialmente a un sólo tipo: la ofrenda para los pobres entre los santos. Dios establece que el socorro para ellos debe provenir de la iglesia, antes que del mundo. Vemos, entonces, que esto no es secundario, y tiene prioridad sobre cualquier otro proyecto de inversión. "Para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos. (2 Cor. 8:14-15)
(...) es preciso recordar que, como en cualquier otro servicio, lo que damos o hacemos deberá ser siempre "en el Nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él" (Colosenses 3:16) y "de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís (Colosenses 3:23-24.
Por lo tanto, dada en el Nombre del Señor, la ofrenda de un creyente no le otorga a éste ninguna atribución sobre la persona u obra que recibe su ayuda." (...)
Bien, quizás esto ayude a SoloEscritura a ubicarse mejor en el tema, pero también a nosotros a recordar aspectos que a veces descuidamos como iglesia.
Un abrazo,
Heriberto

