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Preguntas en el milenio
#23
Queridos hermanos: Lo siguiente es un fragmento de un estudio más amplio, no de mi autoría, que me pareció interesante, específicamente en lo relacionado con el tema que acá nos ocupa. Aunque no necesariamente estemos de acuerdo con todas y cada una de sus conclusiones, podríamos considerar si tiene visos de realidad bíblica.

La Restauración de los Sacrificios en el Reino Milenial

Estos detalles no dejan duda de la realidad del templo que será erigido en los días en que el caído tabernáculo de David sea reconstruido por el Hijo de David. La razón por la que los intérpretes tradicionalistas no pueden ver esto es porque no tienen conocimiento del reino del cual el templo y su servicio forman parte.
Otra razón probablemente se encuentra en el hecho de que los sacrificios sustituidos por la muerte de Cristo son restaurados en este templo. Holocaustos y ofrendas de toros y carneros son requeridos con todo el minucioso ceremonial observado bajo la ley de Moisés. Para la mayoría de la gente, esto es una gran piedra de tropiezo. Ellos razonan contra la posibilidad de que sean restaurados los sacrificios después del cumplimiento del sacrificio del "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo."
Sin embargo, una pequeña reflexión disipará la fuerza de esta dificultad. Es evidente que el reino de Cristo en la tierra es un reino sacerdotal. Esto es establecido en el testimonio de que "habrá sacerdote a su lado" (Zacarías 6:13). También es evidente por la declaración de Apocalipsis 1:6: "nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre," una doble función que según aparece en Apocalipsis 5:10, se refiere al tiempo cuando Cristo reine en la tierra: "Nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra." Entonces, si la dispensación milenial es sacerdotal, es apropiado que el pueblo tenga algo que ofrecer en señal de su obediencia; y los sacerdotes, algo que presentar a nombre de ellos.
Pero podría preguntarse, ¿cómo puede ser restaurado el sacrificio de animales cuando el que fue muerto está presente en la tierra como un perfecto mediador entre Dios y los hombres? Y puesto que el sacerdocio de Cristo está vigente aún ahora, sin el uso de sacrificios materiales por parte de aquellos por los que oficia, es decir, su propia casa, ¿por que habrá necesidad de sacrificios materiales en la era venidera, cuando su sacerdocio sea solamente transferido de su propia casa a todo el mundo?
La respuesta a esto debe tomar una forma general. Así como los sacrificios bajo la ley de Moisés prefiguraban la muerte de Cristo, así puede que los sacrificios bajo el "profeta como Moisés" vuelvan nuestra mirada hacia la muerte de Cristo en el pasado. En la ley de Moisés los sacrificios prefiguraban y simbolizaban lo que había de venir. Bajo la ley de Cristo, pueden ser una retrospectiva conmemoración de lo que ha sido, de la misma manera que la cena del Señor, en ausencia de Cristo, es un memorial permanente de su cuerpo torturado y su sangre derramada. Cualquiera que sea la explicación que pueda sugerirse, no puede ser puesto en duda el hecho mismo de que los sacrificios forman parte de la institución de la era venidera. Esto se deduce no sólo de Ezequiel sino de una variedad de testimonios bíblicos de los cuales cito los siguientes ejemplos:
"Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos." (Malaquías 1:11)
"Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová. Todo el ganado de Cedar será juntado para ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria." (Isaías 60:6,7)
"Y Jehová será conocido de Egipto, y los de Egipto conocerán a Jehová en aquel día, y harán sacrificio y oblación; y harán votos a Jehová y los cumplirán." (Isaías 19:21)
"Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días." (Oseas 3:4,5)
"Y toda olla en Jerusalén y Judá será consagrada a Jehová de los ejércitos; y todos los que sacrificaren vendrán y tomarán de ellas, y cocerán en ellas; y no habrá en aquel día más mercader en la casa de Jehová de los ejércitos." (Zacarías 14:21)
"Jehová es Dios, y nos ha dado luz; atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar." (Salmos 118:27)
A primera vista parecería contradictorio que la gloriosa administración de poder y justicia, característica del reino de Cristo, sea mezclada con un ritual que ha sido obsoleto por siglos, habiendo entre ella y la verdad muy pocos elementos de afinidad. Sin embargo, hay una consideración que revela la sabiduría del arreglo.
Es parte de la verdad eterna que sin fe y prueba, es imposible ser aceptado por Dios. Este principio no es afectado por el tiempo o las circunstancias; será tan verdadero en la era futura como lo es ahora. Hombres y mujeres, viviendo como súbditos del reino del Mesías, tendrán que obtener el derecho de comer del árbol de la vida por medio de su fe y obediencia, de la misma manera que muchos de los que ahora tienen que perseverar en ausencia de una revelación completa. Pero, ¿cómo puede ser ejercida su fe y puesta a prueba su obediencia en presencia del abrumador hecho del gobierno visible de Dios sobre las naciones por medio de Jesús y sus santos? ¿No parecería como si toda oportunidad para ejercer fe sería anulada por los sublimes e indiscutibles hechos de aquella época, y como si la obediencia voluntaria sería eclipsada y sustituida por la compulsión práctica ejercida sobre los hombres por la existencia y supervisión del gobierno divino?
Me parece que la restitución del sacrificio proporciona una solución del problema. Llamados a adorar a Dios por medio de actos que en sí mismos parecen innecesarios e inconvenientes, la fe y la obediencia de los hombres será puesta bajo tan poderosa prueba como lo fue en los días antiguos, cuando cosas similares fueron requeridas de la mano de los israelitas. Sus mentes serán instruidas para someterse a la voluntad divina y tener fe en las divinas intenciones por medio de un ritualismo tan irrazonable como para no tener ningún atractivo para la mente, excepto en la medida en que proviene de la divina autoridad. Al mismo tiempo, su intelecto será iluminado por las lecciones alegóricas impartidas por este medio. Debemos recordar que en la era venidera, las naciones sujetas a Cristo y a su pueblo estarán compuestas de hombres y mujeres constituidos como los hombres y las mujeres de hoy: necesitados de educación espiritual.
El reino de Dios en su fase milenial es una adaptación a esta necesidad. Con la ayuda de este hecho podemos ver la sabiduría de una dispensación que sería innecesaria en una generación espiritualmente perfecta. Las naciones serán instruidas en los principios básicos y ejercitadas continuamente en una dirección divina. Sin estímulo externo o actividades para mantenerla ocupada, la mente humana se vuelve perezosa y retrógrada. Las más brillantes impresiones morales decaen en un estado de inactividad. Esta clase de degeneración será prevenida por un sistema de religión compulsiva universal que requerirá la presencia de cada persona una vez al año en el centro de gobierno y adoración divinos, y el cual por cada ofensa contra las leyes demandará la penitencia cumplida en el sacrificio de un animal de su propiedad. La mente de todo el mundo será mantenida en continua actividad dentro de un ámbito espiritual. Por estos medios, la humanidad como un todo se volverá de los caminos de la ignorancia y la maldad, mientras la poderosa mano del gobierno, aplicada sobre todo lo que se opone al bienestar espiritual y temporal de la gente, permitirá la completa y efectiva operación de estas influencias perfeccionadoras.
De este modo vemos belleza y fuerza en esa cláusula del pacto hecho con David, la cual asigna al Mesías la tarea de construir una casa para el Señor de toda la tierra. Desde luego, la parte mecánica del proceso será realizada por extraños. El trabajo manual requerido para elaborar la espléndida y espaciosa arquitectura mostrada a Ezequiel será obra de los extranjeros; pero el trabajo será ejecutado bajo la supervisión de Cristo, así como el templo de Salomón fue construido según las instrucciones de David:
"Extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia...Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel. En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo de todos los siglos." (Isaías 60:10,14,15)
"Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. Y extranjeros apacentarán vuestras ovejas, y los extraños serán vuestros labradores y vuestros viñadores." (Isaías 61:4,5)
"Así dijo Jehová el Señor: He aquí, yo tenderé mi mano a las naciones, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros. Reyes serán tus ayos, y sus reinas tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que esperan en mí." (Isaías 49:22,23)
Será el honor particular de Jesús traer a todas las naciones a adorar delante de Dios: y esto lo hará en virtud del pacto hecho con David.
Poco queda por decir para ilustrar las restantes provisiones del pacto. Que Dios establecerá el trono de su reino para siempre, en las manos de Jesús, y bajo el control de éste dará a Israel la segura morada de la cual nunca será removido, ya se ha hecho evidente en estudios anteriores. Estas dos conclusiones están entre las doctrinas más copiosamente respaldadas en la palabra de Dios. A la luz de ellas toda la profecía es inteligible. Sin ellas, el Antiguo Testamento es lo que los tradicionalistas prácticamente encuentran: una visión oscura y una letra muerta.
La apostasía es la responsable de esto. Mezclando dogmas paganos con las doctrinas de la revelación, ha tenido éxito en mistificar los oráculos de Dios hasta volverlos incomprensibles para la mayoría de la gente. Ha puesto un grueso velo sobre sus ojos. Ha complicado el estudio la Biblia, exponiéndola al ridículo y el desprecio de muchos, quienes con un mejor entendimiento se inclinarían delante de la sublimidad y esplendor del plan que revela la redención de este bello planeta del mal que actualmente reina. Este resultado lamentable no puede ser remediado por ahora en un grado significativo. Ocasionalmente unos cuantos se rendirán ante el poder del juicio y del testimonio; pero la gran mayoría continuará esclavizada al poder del error apoyado por la mayoría.
Seducidos por el engaño de la sociedad, están sordos a la voz de la razón. Miran a su alrededor y ven una multitud caminando por las sendas convencionales de la religión popular; aunque considerados individualmente podrían estimar sus opiniones en su verdadero valor (el cual, en la mayoría de los casos, debido a la ignorancia prevaleciente, es nulo). Aun así el simple peso de las cifras da al sentimiento colectivo un poder al cual no pueden resistir; y se dejan arrastrar como esclavos atados al carro de un sistema de fe que no se sostendrá ni por un momento cuando sea juzgado en base a sus méritos propios. Cada hombre en la multitud ve al resto como una multitud, y abrumado por la multitud, se dobla ante la opinión colectiva, aunque sólo se trate de un mero prejuicio tradicional y no de una convicción basada en la evidencia. De este modo, cada hombre en las grandes comunidades religiosas es atrapado en la servidumbre por todo el resto, y esta esclavitud es reforzada por medio de la influencia de la iglesia, capilla, colegio, sacristía, escuela, ferias de caridad, retiros, reuniones sociales, intereses privados, y toda la maquinaria en general del sistema.
Nada podrá romper esta esclavitud intelectual, sino la vara de hierro del Hijo de David. Cuando él venga, investido en su sola persona con la autoridad actualmente ejercida por todos los reyes y parlamentos del mundo; cuando él retire, con mano inmisericorde, los intereses creados que obstruyen el paso del progreso general; cuando reduzca a polvo la tela corrompida de la superstición respetable; cuando destruya las instituciones ante las cuales las multitudes insensatas se arrodillan y adoran por la sola influencia de la tradición humana; cuando promulgue ante el mundo entero los decretos de un absolutismo divino y omnipotente; cuando establezca un sistema de adoración para el cual demandará conformidad so pena de muerte; cuando exija que la lealtad de cada alma sea ofrecida personalmente en Jerusalén, la ciudad del gran rey; cuando venga a barrer de la faz de la tierra la enmarañada red de las instituciones existentes que fomentan la ignorancia, el vicio y la miseria, mientras pretenden estar basadas en la justicia, la religión y la moralidad, administrando con igualdad los poderosos y rápidos premios de una justicia inequívoca; cuando efectivamente haga pedazos toda la estructura de la sociedad humana tal como ahora existe, y la sustituya por un nuevo orden de cosas, estableciendo el restaurado reino de David en la tierra de Palestina como su centro de operaciones. Entonces y sólo entonces, verá la humanidad su insensatez y "vendrán desde los extremos de la tierra y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho" (Jeremías 16:19). Hasta entonces, no hay esperanza. "Juzgarás los pueblos con equidad, y pastorearás las naciones en la tierra" (Salmos 67:4). "En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre" (Zacarías 14:9).
Robert Roberts
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