20-07-2013, 04:52 PM
Gracias, Caminito, por tu atinado comentario, y has interpretado perfectamente mi posición.
Ahora quisiera examinar el contexto del pasaje citado por Edison:
“Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.
Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo.
Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.
Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor.
Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.
Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.” (1ª Co.11:17/22)
El primer problema que menciona el pasaje es que en la iglesia en Corinto había divisiones. El segundo es que había hermanos que comían y bebían sin ninguna consideración por los demás, sin compartir nada, y sin moderación alguna, hasta el extremos de embriagarse.
Obviamente que ese ambiente no era para nada adecuado si pretendían celebrar la Cena del Señor, y de ahí la exhortación y corrección del Apóstol. .
Pero convengamos en que fuera de lo que expresamente señala la Escritura, no hay ningún esquema “obligatorio” al que debamos amoldarnos para celebrar esa reunión. Y lo menciono a propósito de lo que Edison cita como “la tradición de los ancianos”.que, buena o no, es precisamente tradición, y así debe estimarse. De cualquier modo, no crean que cuestiono las experimentadas tradiciones basadas generalmente en las buenas costumbres, que, de hecho, solemos mantener. No obstante, consideren que el problema surge cuando las tradiciones se transforman en cuasi supersticiones, y francamente eso ocurre en algunos grupos de exclusivismo extremo cuando se apartan de la sencillez de las Escrituras. Por ejemplo, hay congregaciones donde ciertos misioneros establecieron su impronta. No hablo de doctrina, que es inamovible, sino de imposiciones humanas, a veces cargadas de enfermizo celo, que restringen la lícita libertad de los hermanos. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” (2ª Co 3:17)
Recuerdo el caso de un buen hermano anciano que llegó de visita a una iglesia. Cuando lo invitaron a tomar el mensaje, él les advierte a los responsables que sólo accederá si la congregación se limita a cantar un solo himno, como corresponde hacerlo en una congregación...
No califico negativamente a ese hermano ni tengo la facultad de hacerlo, pero el caso es que este tipo de cosas produce división entre las congregaciones “espirituales” que cantan un himno y las “liberales" que cantan más de uno. ¿Entienden el ejemplo? . .
Otra discusión típica: ¿El momento de compartir las Escrituras en la Cena del Señor, debe ser antes o después de participar de los símbolos? ¿O no se debería hacerlo? Y miren, podríamos echar mano de cualquier argumento, pero creo que quien plantea estas cuestiones como algo crucial, aún no ha madurado en el Señor.como debiera Podemos tener la cabeza llena de conocimiento, y eso es bastante bueno en su contexto, pero a veces con las imposiciones “por tradición” podemos quedar vacíos de amor y de consideración hacia quienes no nos parecen tan “santos” como nosotros porque no siguen nuestras costumbres.
Y no hablemos de algún bebé que se atrevió a quebrar el silencio con su llanto en una reunión… Qué fuerte reprimenda recibió su madre que por no quedarse en otro lugar, su bebé interrumpió al predicador, haciéndole perder el hilo de su mensaje...
Miren, los ejemplos podrían seguir, pero creo ya son suficientes como para entender la idea.
En lo personal. me encanta que toda la familia, niños incluidos, asistan a cualquier reunión, sin ser excluidos como ocurre a veces en algunas asambleas respetuosas de la “tradición”
Y, francamente, si cuando doy un mensaje no logro concentrarme debido a algún ruidito, será hora de dar un paso al costado y reconocer que ya soy un viejito distraído. Eso sería preferible a exigir que se saquen a los niños de la reunión.
Pero. como ya se dijo antes, cada lugar tiene su propia realidad, Tal vez la dinámica de la ciudad en la que vivo, con intenso y ruidoso tránsito, incluyendo camiones y máquinas que trabajan constantemente, haya posibilitado que nos hayamos acostumbrado a los ruidos. Incluso el sonido del viento patagónico y el estruendo del mar en tempestad llega a ser intenso. Pero si puedes dormir en medio de todo ese bullicio, no tendrás problemas por algún ruidito en la reunión...
Créanme que comprendo a quien piense distinto.
Un abrazo,
Heriberto
Ahora quisiera examinar el contexto del pasaje citado por Edison:
“Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.
Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo.
Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.
Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor.
Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.
Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.” (1ª Co.11:17/22)
El primer problema que menciona el pasaje es que en la iglesia en Corinto había divisiones. El segundo es que había hermanos que comían y bebían sin ninguna consideración por los demás, sin compartir nada, y sin moderación alguna, hasta el extremos de embriagarse.
Obviamente que ese ambiente no era para nada adecuado si pretendían celebrar la Cena del Señor, y de ahí la exhortación y corrección del Apóstol. .
Pero convengamos en que fuera de lo que expresamente señala la Escritura, no hay ningún esquema “obligatorio” al que debamos amoldarnos para celebrar esa reunión. Y lo menciono a propósito de lo que Edison cita como “la tradición de los ancianos”.que, buena o no, es precisamente tradición, y así debe estimarse. De cualquier modo, no crean que cuestiono las experimentadas tradiciones basadas generalmente en las buenas costumbres, que, de hecho, solemos mantener. No obstante, consideren que el problema surge cuando las tradiciones se transforman en cuasi supersticiones, y francamente eso ocurre en algunos grupos de exclusivismo extremo cuando se apartan de la sencillez de las Escrituras. Por ejemplo, hay congregaciones donde ciertos misioneros establecieron su impronta. No hablo de doctrina, que es inamovible, sino de imposiciones humanas, a veces cargadas de enfermizo celo, que restringen la lícita libertad de los hermanos. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” (2ª Co 3:17)
Recuerdo el caso de un buen hermano anciano que llegó de visita a una iglesia. Cuando lo invitaron a tomar el mensaje, él les advierte a los responsables que sólo accederá si la congregación se limita a cantar un solo himno, como corresponde hacerlo en una congregación...
No califico negativamente a ese hermano ni tengo la facultad de hacerlo, pero el caso es que este tipo de cosas produce división entre las congregaciones “espirituales” que cantan un himno y las “liberales" que cantan más de uno. ¿Entienden el ejemplo? . .
Otra discusión típica: ¿El momento de compartir las Escrituras en la Cena del Señor, debe ser antes o después de participar de los símbolos? ¿O no se debería hacerlo? Y miren, podríamos echar mano de cualquier argumento, pero creo que quien plantea estas cuestiones como algo crucial, aún no ha madurado en el Señor.como debiera Podemos tener la cabeza llena de conocimiento, y eso es bastante bueno en su contexto, pero a veces con las imposiciones “por tradición” podemos quedar vacíos de amor y de consideración hacia quienes no nos parecen tan “santos” como nosotros porque no siguen nuestras costumbres.
Y no hablemos de algún bebé que se atrevió a quebrar el silencio con su llanto en una reunión… Qué fuerte reprimenda recibió su madre que por no quedarse en otro lugar, su bebé interrumpió al predicador, haciéndole perder el hilo de su mensaje...
Miren, los ejemplos podrían seguir, pero creo ya son suficientes como para entender la idea.
En lo personal. me encanta que toda la familia, niños incluidos, asistan a cualquier reunión, sin ser excluidos como ocurre a veces en algunas asambleas respetuosas de la “tradición”
Y, francamente, si cuando doy un mensaje no logro concentrarme debido a algún ruidito, será hora de dar un paso al costado y reconocer que ya soy un viejito distraído. Eso sería preferible a exigir que se saquen a los niños de la reunión.
Pero. como ya se dijo antes, cada lugar tiene su propia realidad, Tal vez la dinámica de la ciudad en la que vivo, con intenso y ruidoso tránsito, incluyendo camiones y máquinas que trabajan constantemente, haya posibilitado que nos hayamos acostumbrado a los ruidos. Incluso el sonido del viento patagónico y el estruendo del mar en tempestad llega a ser intenso. Pero si puedes dormir en medio de todo ese bullicio, no tendrás problemas por algún ruidito en la reunión...
Créanme que comprendo a quien piense distinto.
Un abrazo,
Heriberto

