28-06-2013, 04:29 PM
LOS TESTIGOS DE JEHOVA
Andres. E. Johnson
"Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios" (Isaías 43:12). Cuando el profeta Isaías escribió este pasaje, de seguro que ni siquiera se imaginó que alrededor de 2.500 años más tarde surgiría un grupo religioso que tomaría de este texto el nombre con que se identifican: los "testigos de Jehová." Aparte de esto, si el profeta viviera hoy en día, denunciaría las herejías de este grupo en igual forma que denunciaba a los falsos maestros de su día.
Es importante que los creyentes cristianos conozcan algo acerca de esta moderna secta falsa. Los testigos de Jehová ponen mucho énfasis en la visitación de casa en casa y en los estudios bíblicos en los hogares. Por eso, los cristianos deben estar preparados para enfrentarse a sus sutiles y engañosas enseñanzas.
El grupo que ahora lleva el nombre de "testigo de Jehová" empezó como una clase de estudio bíblico en la ciudad de Pittsburg, estado de Pensilvania, Estado Unidos de Norteamérica, alrededor de 1870 y bajo la dirección de Carlos Taze Rusell. Posteriormente, la clase le confirió el título de "pastor." Con esta clase Rusell se propuso y se empeñó en refutar la idea del castigo eterno de los perdidos, concepto que le disgustaba profundamente. Predicaba también en contra de lo que él llamaba "las religiones organizadas."
En el año de 1879 Rusell inició la publicación de una revista intitulada La Atalaya de Sión. El tiraje inicial de dicha revista fue de unos seis mil ejemplares. Pero para 1959 la revista, que llevaba ya el nombre de La Atalaya Anunciando el Reino de Jehová, había alcanzado una circulación de tres millones de ejemplares. A principios de la década del 70 el tiraje promedio de cada número había llegado a casi ocho millones de copias, con ediciones en setenta y cuatro idiomas.
Rusell también escribió una serie de libros llamada Estudios en las Escrituras. Esta serie consta de siete volúmenes, habiéndose publicado el último de ellos después de su muerte acaecida en 1916. muchos de sus seguidores pensaron que este último volumen, que se intitulaba El Misterio Terminado, no fue realmente escrito por el "pastor" Rusell. Esto determinó que un grupo abandonara la organización y formara la "Asociación Aurora de Estudiantes de la Biblia." En la actualidad dicho grupo patrocina el programa radial en idioma inglés "Frank and Earnest" (Franco y Alerta). Los que permanecieron con el grupo original, optaron por la denominación "La sociedad de Tratados de la Atalaya de Sión," pero en 1931 decidieron que el nombre era muy largo y lo cambiaron por otro más corto. Así adoptaron el nombre de "testigos de Jehová." Las disensiones internas han causado múltiples divisiones y muchos grupos han salido de la organización original, sin embargo, el último de los nombrados ha sido más numeroso y el más consistente en predicar las doctrinas de Rusell.
Rusell recibió mucha publicidad adversa a causa de sus constantes y numerosos proyectos de negocios de evidente enriquecimiento fácil, sus absuras maquinaciones y no muy claros negocios. Dos veces entabló juicio de demanda a otras tantas personas por difamación y calumnia, pero perdió ambos casos. Rusell conceptuó estos reveses como persecución, y como resultado de ello su organización creció en forma considerable.
José F. Rutherford, el cual, en forma accidental y transitoria, alguna vez había desempeñado por un breve tiempo el cargo de juez en Missouri, dirigió la sociedad a partir de 1917 hasta su muerte acaecida en 1942. era un orador dinámico y un prolífico escritor. Sus discursos eran grabados en discos fonográficos, los cuales, a su vez, eran usados en la obra de visitación. El testigo que no podía explicar su fe podía usar los discos haciendo que aquellos a quienes visitaba escuchen las grabaciones.
Bajo el liderazgo del "juez" Rutherford los testigos de Jehová erigieron una radioemisora en la isla estatal de la ciudad de Nueva York para transmitir su propaganda. Con esto, aumentó grandemente el número de suscriptores a la revista La Atalaya.
Rutherford era extremadamente anticlerical y por eso se oponía rotunda y ásperamente a toda predicador e iglesia. Dedicó gran parte de su vida a denunciar agriamente a todo aquel que discordaba con sus ideas en cualquier manera.
Cuando Rutherford murió en 1942, Natán H. Knorr tomó las riendas de la organización. Desde entonces, ésta ha crecido en forma fantástica. Las estadísticas de los testigos de Jehová dicen que en 1942 había solamente 106.000 adeptos en todo el mundo. El 1960 tal número había crecido hasta los 851.000, y en 1971 su lista de miembros registrados incluía a 1.502.180 personas.
Uno no puede menos que sentirse impresionado por el tremendo celo y devoción de los testigos de Jehová.
Distribuyen una cantidad increíble de literatura cada año. Al contrario de su fundador, muchos de los testigos de Jehová son gente moralmente buena. Son opuestos a fumar y a beber, y consideran que la honestidad es una virtud importante.
Algunas de las creencias de esta agrupación salen de lo común. Por ejemplo, no aceptan las transfusiones de sangre, por cuanto creen que tal práctica es una violación del mandamiento de Dios que prohíbe comer sangre. Algunas personas han rehusado recibir o permitir una transfusión de sangre, aún en casos críticos y de vida o muerte, cuando la vida del enfermo dependía de dicha transfusión.
Los testigos de Jehová creen en la obediencia a las leyes del gobierno y en ser buenos ciudadanos, pero con dos excepciones. Primera, que son extremadamente pacifistas; por eso, rehúsan prestar servicio militar en cualquier de sus formas, y mucho menos ir a la guerra para defender a su patria. Segunda, se oponen a que se salude a la bandera, al himno nacional, al escudo de la nación y a los demás símbolos patrios; ellos dicen que tales actos son idolatría.
Sin embargo, las más sutiles y peligrosas creencias de los testigos de Jehová no son sus consideraciones en cuanto a la bandera nacional, sino sus desviaciones doctrinales. Es interesante notar que todas las sectas falsas, tales como la de los testigos de Jehová, caen en el mismo error de torcer, distorsionar o negar una o varias doctrinas básicas de las Sagradas Escrituras. Estas doctrinas básicas incluyen la naturaleza de Dios, la naturaleza del hombre, la naturaleza de Cristo y el camino de salvación. Los testigos de Jehová sostienen doctrinas equivocadas y erróneas en cada uno de estos casos.
Una de las razones para los errores doctrinales sostenidos por los testigos de Jehová es su peculiar manera de interpretar las Escrituras. Dicen que creen que la Biblia es la Palabra de Dios e insisten que apoyan una interpretación literal de las Escrituras. En efecto, interpretan literalmente muchos pasajes, sin embargo, no se adhieren a este principio cuando interpretan los pasajes que tratan de varias doctrinas importantes.
Una de las doctrinas falsas que sostienen los testigos de Jehová es la que concierne a la naturaleza de Dios. Con vehemencia, y a veces violentamente, niegan la doctrina de la Trinidad y dicen que es una doctrina originada por Satanás.
Andres. E. Johnson
"Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios" (Isaías 43:12). Cuando el profeta Isaías escribió este pasaje, de seguro que ni siquiera se imaginó que alrededor de 2.500 años más tarde surgiría un grupo religioso que tomaría de este texto el nombre con que se identifican: los "testigos de Jehová." Aparte de esto, si el profeta viviera hoy en día, denunciaría las herejías de este grupo en igual forma que denunciaba a los falsos maestros de su día.
Es importante que los creyentes cristianos conozcan algo acerca de esta moderna secta falsa. Los testigos de Jehová ponen mucho énfasis en la visitación de casa en casa y en los estudios bíblicos en los hogares. Por eso, los cristianos deben estar preparados para enfrentarse a sus sutiles y engañosas enseñanzas.
El grupo que ahora lleva el nombre de "testigo de Jehová" empezó como una clase de estudio bíblico en la ciudad de Pittsburg, estado de Pensilvania, Estado Unidos de Norteamérica, alrededor de 1870 y bajo la dirección de Carlos Taze Rusell. Posteriormente, la clase le confirió el título de "pastor." Con esta clase Rusell se propuso y se empeñó en refutar la idea del castigo eterno de los perdidos, concepto que le disgustaba profundamente. Predicaba también en contra de lo que él llamaba "las religiones organizadas."
En el año de 1879 Rusell inició la publicación de una revista intitulada La Atalaya de Sión. El tiraje inicial de dicha revista fue de unos seis mil ejemplares. Pero para 1959 la revista, que llevaba ya el nombre de La Atalaya Anunciando el Reino de Jehová, había alcanzado una circulación de tres millones de ejemplares. A principios de la década del 70 el tiraje promedio de cada número había llegado a casi ocho millones de copias, con ediciones en setenta y cuatro idiomas.
Rusell también escribió una serie de libros llamada Estudios en las Escrituras. Esta serie consta de siete volúmenes, habiéndose publicado el último de ellos después de su muerte acaecida en 1916. muchos de sus seguidores pensaron que este último volumen, que se intitulaba El Misterio Terminado, no fue realmente escrito por el "pastor" Rusell. Esto determinó que un grupo abandonara la organización y formara la "Asociación Aurora de Estudiantes de la Biblia." En la actualidad dicho grupo patrocina el programa radial en idioma inglés "Frank and Earnest" (Franco y Alerta). Los que permanecieron con el grupo original, optaron por la denominación "La sociedad de Tratados de la Atalaya de Sión," pero en 1931 decidieron que el nombre era muy largo y lo cambiaron por otro más corto. Así adoptaron el nombre de "testigos de Jehová." Las disensiones internas han causado múltiples divisiones y muchos grupos han salido de la organización original, sin embargo, el último de los nombrados ha sido más numeroso y el más consistente en predicar las doctrinas de Rusell.
Rusell recibió mucha publicidad adversa a causa de sus constantes y numerosos proyectos de negocios de evidente enriquecimiento fácil, sus absuras maquinaciones y no muy claros negocios. Dos veces entabló juicio de demanda a otras tantas personas por difamación y calumnia, pero perdió ambos casos. Rusell conceptuó estos reveses como persecución, y como resultado de ello su organización creció en forma considerable.
José F. Rutherford, el cual, en forma accidental y transitoria, alguna vez había desempeñado por un breve tiempo el cargo de juez en Missouri, dirigió la sociedad a partir de 1917 hasta su muerte acaecida en 1942. era un orador dinámico y un prolífico escritor. Sus discursos eran grabados en discos fonográficos, los cuales, a su vez, eran usados en la obra de visitación. El testigo que no podía explicar su fe podía usar los discos haciendo que aquellos a quienes visitaba escuchen las grabaciones.
Bajo el liderazgo del "juez" Rutherford los testigos de Jehová erigieron una radioemisora en la isla estatal de la ciudad de Nueva York para transmitir su propaganda. Con esto, aumentó grandemente el número de suscriptores a la revista La Atalaya.
Rutherford era extremadamente anticlerical y por eso se oponía rotunda y ásperamente a toda predicador e iglesia. Dedicó gran parte de su vida a denunciar agriamente a todo aquel que discordaba con sus ideas en cualquier manera.
Cuando Rutherford murió en 1942, Natán H. Knorr tomó las riendas de la organización. Desde entonces, ésta ha crecido en forma fantástica. Las estadísticas de los testigos de Jehová dicen que en 1942 había solamente 106.000 adeptos en todo el mundo. El 1960 tal número había crecido hasta los 851.000, y en 1971 su lista de miembros registrados incluía a 1.502.180 personas.
Uno no puede menos que sentirse impresionado por el tremendo celo y devoción de los testigos de Jehová.
Distribuyen una cantidad increíble de literatura cada año. Al contrario de su fundador, muchos de los testigos de Jehová son gente moralmente buena. Son opuestos a fumar y a beber, y consideran que la honestidad es una virtud importante.
Algunas de las creencias de esta agrupación salen de lo común. Por ejemplo, no aceptan las transfusiones de sangre, por cuanto creen que tal práctica es una violación del mandamiento de Dios que prohíbe comer sangre. Algunas personas han rehusado recibir o permitir una transfusión de sangre, aún en casos críticos y de vida o muerte, cuando la vida del enfermo dependía de dicha transfusión.
Los testigos de Jehová creen en la obediencia a las leyes del gobierno y en ser buenos ciudadanos, pero con dos excepciones. Primera, que son extremadamente pacifistas; por eso, rehúsan prestar servicio militar en cualquier de sus formas, y mucho menos ir a la guerra para defender a su patria. Segunda, se oponen a que se salude a la bandera, al himno nacional, al escudo de la nación y a los demás símbolos patrios; ellos dicen que tales actos son idolatría.
Sin embargo, las más sutiles y peligrosas creencias de los testigos de Jehová no son sus consideraciones en cuanto a la bandera nacional, sino sus desviaciones doctrinales. Es interesante notar que todas las sectas falsas, tales como la de los testigos de Jehová, caen en el mismo error de torcer, distorsionar o negar una o varias doctrinas básicas de las Sagradas Escrituras. Estas doctrinas básicas incluyen la naturaleza de Dios, la naturaleza del hombre, la naturaleza de Cristo y el camino de salvación. Los testigos de Jehová sostienen doctrinas equivocadas y erróneas en cada uno de estos casos.
Una de las razones para los errores doctrinales sostenidos por los testigos de Jehová es su peculiar manera de interpretar las Escrituras. Dicen que creen que la Biblia es la Palabra de Dios e insisten que apoyan una interpretación literal de las Escrituras. En efecto, interpretan literalmente muchos pasajes, sin embargo, no se adhieren a este principio cuando interpretan los pasajes que tratan de varias doctrinas importantes.
Una de las doctrinas falsas que sostienen los testigos de Jehová es la que concierne a la naturaleza de Dios. Con vehemencia, y a veces violentamente, niegan la doctrina de la Trinidad y dicen que es una doctrina originada por Satanás.

