Y a propósito también querido Heriberto voy a contar algo que es "insólito" para muchos pero no para mí. Son dos relatos.
En 1997 un amigo que llegó a serlo luego de trabajar para mí (muy querido) me pidió que llevara a su casa a un pastor para que ore con su madre; ella padecía de cáncer y ya estaba "en las últimas"; oramos y OCHO DÍAS DESPUÉS FALLECIÓ. Es oportuno aclarar que eran muy humildes, sumamente humildes.
Me pidió que "oficiara" el servicio fúnebre y yo estaba sin saber cómo, pero allá en su casita en un barrio muy pobre (Villa María del Triunfo) en el velatorio saqué mi biblia de bolsillo y había una ayuda para estas ocasiones. Súbitamente ya sabía qué decir pero lo sorprendente es que en esa zona cada quien construye el "nicho"; cada quien amortaja a su muerto; cada quien y con la ayuda de los vecinos construye el féretro, esto muy emotivo.
Subimos a pie al cementerio y es un largo trecho. Ya en el sepulcro el clásico fulano que hace las veces de sacerdote con los clásicos rezos católicos. Espere a que acabe.
Luego Biblia en mano leí ante unos 300 familiares, amigos de la familia y vecinos lo pertinente y con fuerte voz, mirando a todos exclamé:
¡Estaremos contigo, tú estarás con nosotros, porque tu muerte no es por toda la eternidad, como la nuestra tampoco; estaremos todos los Hijos de Dios contigo y tú con nosotros; EN EL REINO PROMETIDO; porque la resurrección de Jesucristo es prueba de que resucitaremos!
Y lo dije con júbilo, y todos ellos rompieron en aplausos, no a mí sino al Señor, y cantamos sin saber qué pero eran alabanzas.
---
El segundo relato fue hace poco. Un hermano que dedicó 60 años al Evangelio murió e hicimos "fiesta" en el cementerio, cantamos a más no poder.
Y alguien se nos acercó y preguntó:
¿Cuánto cobran por estas ceremonias?
Todos los que escuchamos arrancamos en carcajadas y nos fuimos más contentos de lo que imaginamos.
Roberto
En 1997 un amigo que llegó a serlo luego de trabajar para mí (muy querido) me pidió que llevara a su casa a un pastor para que ore con su madre; ella padecía de cáncer y ya estaba "en las últimas"; oramos y OCHO DÍAS DESPUÉS FALLECIÓ. Es oportuno aclarar que eran muy humildes, sumamente humildes.
Me pidió que "oficiara" el servicio fúnebre y yo estaba sin saber cómo, pero allá en su casita en un barrio muy pobre (Villa María del Triunfo) en el velatorio saqué mi biblia de bolsillo y había una ayuda para estas ocasiones. Súbitamente ya sabía qué decir pero lo sorprendente es que en esa zona cada quien construye el "nicho"; cada quien amortaja a su muerto; cada quien y con la ayuda de los vecinos construye el féretro, esto muy emotivo.
Subimos a pie al cementerio y es un largo trecho. Ya en el sepulcro el clásico fulano que hace las veces de sacerdote con los clásicos rezos católicos. Espere a que acabe.
Luego Biblia en mano leí ante unos 300 familiares, amigos de la familia y vecinos lo pertinente y con fuerte voz, mirando a todos exclamé:
¡Estaremos contigo, tú estarás con nosotros, porque tu muerte no es por toda la eternidad, como la nuestra tampoco; estaremos todos los Hijos de Dios contigo y tú con nosotros; EN EL REINO PROMETIDO; porque la resurrección de Jesucristo es prueba de que resucitaremos!
Y lo dije con júbilo, y todos ellos rompieron en aplausos, no a mí sino al Señor, y cantamos sin saber qué pero eran alabanzas.
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El segundo relato fue hace poco. Un hermano que dedicó 60 años al Evangelio murió e hicimos "fiesta" en el cementerio, cantamos a más no poder.
Y alguien se nos acercó y preguntó:
¿Cuánto cobran por estas ceremonias?
Todos los que escuchamos arrancamos en carcajadas y nos fuimos más contentos de lo que imaginamos.
Roberto

